4 de marzo 2020    /   ENTRETENIMIENTO
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Sexo con calma en tiempos de multitarea

4 de marzo 2020    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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No parece ser algo ideal, pero es innegable que vivimos en la época de la multitarea. En la de ser capaces de realizar varios proyectos a la vez para llegar a las fechas de entrega. Poder tener una cena con amigos, pero a la vez contestar al resto de los grupos de WhatsApp. Ir al partido de fútbol del primogénito y utilizar el tiempo para llamar al servicio de atención al cliente (aprovechando la mala leche acumulada). No nos da la vida, y por eso parece necesario casi hacer una proyección astral para estar en varios sitios a la vez.

El problema llega cuando, en medio de ese estrés diario, intentamos centrarnos en una sola tarea. En estar realmente presentes en la misma, sin estar pendientes de lo que toca hacer después. Por ejemplo, conseguir echar un buen polvo sin repasar mentalmente lo que hay que apuntar en la lista de la compra.

Porque no solo realizamos varias tareas a la vez, sino que además intentamos realizarlas lo más rápido posible para hacer check y pasar a la siguiente. Y, por desgracia, con el sexo comienza a ocurrir lo mismo.

En medio de esta caótica vida sexual surge lo que se conoce como slow sex. Que no significa necesariamente «follar despacio», sino disfrutar más del tiempo que tenemos para hacerlo.

NO SOLO UNA CUESTIÓN DE TIEMPOS

Para entender este concepto quizás lo primero es aclarar la cuestión del tiempo. Del deprisa y del despacio. Para ello, habría que saber si hay una cantidad de tiempo «ideal» para dedicar a las artes amatorias. La ciencia también se ha hecho esta pregunta y se han encontrado resultados interesantes.

Estudios sobre el tiempo perfecto de las relaciones sexuales, como el realizado por la Sociedad de Terapia e Investigación Sexual, establecían que las relaciones sexuales satisfactorias, según las propias parejas, duraban de 3 a 13 minutos  y no largas horas, en contra de la fantasía popular. Pero este tipo de estudios cronometraban la duración del coito, no el encuentro sexual completo.

De hecho, cuando se decidió investigar si el tiempo de los preliminares (mal llamados así porque son prácticas sexuales que pueden realizarse antes, después, en medio o ser simplemente las protagonistas del encuentro), se descubrió que tanto hombres como mujeres desearían dedicar más tiempo a los besos, las caricias o el sexo oral.

Más recientemente, una encuesta realizada por la marca Bijoux Indiscrets, lanzada para la confección de su nueva colección Slow Sex, desvelaba que «de una muestra de más de 2.000 personas, solo el 6,59% prefiere la penetración frente al 66,86% que disfruta más con la masturbación o con el sexo oral. El 26,54% elige los besos y las caricias».

DEGUSTAR EL MOMENTO

Quizás la cuestión no está en dedicar más tiempo al sexo, sino más tiempo de calidad. La idea del slow sex proviene del movimiento slow food, que comenzó a finales de los 80.

Este movimiento defendía la necesidad de tomarse la comida como un placer que degustar con tiempo, justo cuando comenzó el auge de la comida rápida. No solo se trataba de comer con calma, sino de disfrutar de la preparación. De masticar y experimentar cada uno de los sabores. De prestar también más atención a las personas que nos acompañan.

Aplicar este concepto al sexo supone no solo tomarse más tiempo para el encuentro sexual, sino también disfrutar de la seducción previa, de la excitación anticipada y de usar los cinco sentidos.

Si en la comida el slow food trata de amplificar la intensidad de los sabores de los alimentos, de los olores, del tacto al comer con las manos, de la vista al cuidar la presentación de los platos y del oído al incluir la conversación de las comidas como un elemento más de las mismas, en el slow sex también se busca ampliar esta experiencia. No solo como una opción personal, sino con el objetivo de mejorar realmente el placer del encuentro sexual.

REACTIVAR EL DESEO

El concepto de slow sex lo desarrolló originalmente la norteamericana Diana Richardson en su libro titulado también así, Slow Sex.

Una de las claves de este libro es precisamente la de «hacer del sexo una decisión consciente en vez de un encuentro accidental». Una idea que puede resultar útil para las parejas en las que el deseo, con el paso del tiempo, ya no surge tan espontáneamente como antes, sino que para encontrarlo hay que proponerse buscarlo.

Se trata de aceptar que ese impulso sexual no va a surgir siempre, pero que cuando cocinamos el encuentro a fuego lento, de forma consciente, conseguimos también volver a avivar la llama.

SEXUALIDAD CONSCIENTE

Otra de las claves para dejar de estar pensando en a quién le toca sacar la basura o en si hemos enviado o no ese correo es aprender a conectar más con el momento.

«Si profundizamos en la sexualidad, el piloto automático fomenta relaciones sexuales más impulsivas, ansiosas, con los sentidos dormidos, sin conciencia plena», aporta por su parte la psicóloga Yolanda Cuevas.

De forma contraria, «escuchar a tu cuerpo y aprender a despertar los sentidos en el desarrollo de una actividad sexual va a aumentar no solo la conexión con la pareja, sino el disfrute propio y mutuo. Cuando la mente no acompaña, el disfrute disminuye boicoteando el orgasmo en muchas ocasiones».

Por ello, el slow sex no sirve de nada si no somos capaces de conectar con la persona y el momento para realmente ser capaces de disfrutar del mismo.

DESAPRENDER EN EL CAMINO

Pese a todo, el slow sex no supone despreciar el placer de los «rapiditos». Es cierto que en ocasiones una sesión de sexo rápido, un aquí te pillo y aquí te mato, es justo lo que el cuerpo necesita y lo que la situación requiere. El problema es que los rapiditos no pueden ser la norma, sino que lo ideal es que sean un aderezo. Un de vez en cuando. Y que el sexo consciente y degustado sea lo normal.

«Es difícil, pero siempre podemos desaprender si realmente queremos mejorar o cambiar nuestra vida sexual», insiste Elsa Viegas, experta en sexualidad y cofundadora de Bijoux Indiscrets.

Para Viegas, el slow sex es, en definitiva, aprender a realizar nuestras propias recetas sexuales que nos lleven a probar nuevos sabores, y dejar un poco de lado el libro de recetas.

«Alejarse de los paradigmas del porno mainstream, de la ficción, del escenificado y de lo establecido. Un sexo placentero donde nos concentramos en lo que nos gusta. De esta forma, si decidimos cambiar las reglas del juego y decir, “venga, va; hoy toca descubrir nuestro cuerpo, sentir piel con piel, olvidar las prisas” (incluso si le quieres dedicar 20 minutos), lo más importante es volver a conectar con el otro, aunque sea en una sesión de masajes y besos», concluye la experta.

No parece ser algo ideal, pero es innegable que vivimos en la época de la multitarea. En la de ser capaces de realizar varios proyectos a la vez para llegar a las fechas de entrega. Poder tener una cena con amigos, pero a la vez contestar al resto de los grupos de WhatsApp. Ir al partido de fútbol del primogénito y utilizar el tiempo para llamar al servicio de atención al cliente (aprovechando la mala leche acumulada). No nos da la vida, y por eso parece necesario casi hacer una proyección astral para estar en varios sitios a la vez.

El problema llega cuando, en medio de ese estrés diario, intentamos centrarnos en una sola tarea. En estar realmente presentes en la misma, sin estar pendientes de lo que toca hacer después. Por ejemplo, conseguir echar un buen polvo sin repasar mentalmente lo que hay que apuntar en la lista de la compra.

Porque no solo realizamos varias tareas a la vez, sino que además intentamos realizarlas lo más rápido posible para hacer check y pasar a la siguiente. Y, por desgracia, con el sexo comienza a ocurrir lo mismo.

En medio de esta caótica vida sexual surge lo que se conoce como slow sex. Que no significa necesariamente «follar despacio», sino disfrutar más del tiempo que tenemos para hacerlo.

NO SOLO UNA CUESTIÓN DE TIEMPOS

Para entender este concepto quizás lo primero es aclarar la cuestión del tiempo. Del deprisa y del despacio. Para ello, habría que saber si hay una cantidad de tiempo «ideal» para dedicar a las artes amatorias. La ciencia también se ha hecho esta pregunta y se han encontrado resultados interesantes.

Estudios sobre el tiempo perfecto de las relaciones sexuales, como el realizado por la Sociedad de Terapia e Investigación Sexual, establecían que las relaciones sexuales satisfactorias, según las propias parejas, duraban de 3 a 13 minutos  y no largas horas, en contra de la fantasía popular. Pero este tipo de estudios cronometraban la duración del coito, no el encuentro sexual completo.

De hecho, cuando se decidió investigar si el tiempo de los preliminares (mal llamados así porque son prácticas sexuales que pueden realizarse antes, después, en medio o ser simplemente las protagonistas del encuentro), se descubrió que tanto hombres como mujeres desearían dedicar más tiempo a los besos, las caricias o el sexo oral.

Más recientemente, una encuesta realizada por la marca Bijoux Indiscrets, lanzada para la confección de su nueva colección Slow Sex, desvelaba que «de una muestra de más de 2.000 personas, solo el 6,59% prefiere la penetración frente al 66,86% que disfruta más con la masturbación o con el sexo oral. El 26,54% elige los besos y las caricias».

DEGUSTAR EL MOMENTO

Quizás la cuestión no está en dedicar más tiempo al sexo, sino más tiempo de calidad. La idea del slow sex proviene del movimiento slow food, que comenzó a finales de los 80.

Este movimiento defendía la necesidad de tomarse la comida como un placer que degustar con tiempo, justo cuando comenzó el auge de la comida rápida. No solo se trataba de comer con calma, sino de disfrutar de la preparación. De masticar y experimentar cada uno de los sabores. De prestar también más atención a las personas que nos acompañan.

Aplicar este concepto al sexo supone no solo tomarse más tiempo para el encuentro sexual, sino también disfrutar de la seducción previa, de la excitación anticipada y de usar los cinco sentidos.

Si en la comida el slow food trata de amplificar la intensidad de los sabores de los alimentos, de los olores, del tacto al comer con las manos, de la vista al cuidar la presentación de los platos y del oído al incluir la conversación de las comidas como un elemento más de las mismas, en el slow sex también se busca ampliar esta experiencia. No solo como una opción personal, sino con el objetivo de mejorar realmente el placer del encuentro sexual.

REACTIVAR EL DESEO

El concepto de slow sex lo desarrolló originalmente la norteamericana Diana Richardson en su libro titulado también así, Slow Sex.

Una de las claves de este libro es precisamente la de «hacer del sexo una decisión consciente en vez de un encuentro accidental». Una idea que puede resultar útil para las parejas en las que el deseo, con el paso del tiempo, ya no surge tan espontáneamente como antes, sino que para encontrarlo hay que proponerse buscarlo.

Se trata de aceptar que ese impulso sexual no va a surgir siempre, pero que cuando cocinamos el encuentro a fuego lento, de forma consciente, conseguimos también volver a avivar la llama.

SEXUALIDAD CONSCIENTE

Otra de las claves para dejar de estar pensando en a quién le toca sacar la basura o en si hemos enviado o no ese correo es aprender a conectar más con el momento.

«Si profundizamos en la sexualidad, el piloto automático fomenta relaciones sexuales más impulsivas, ansiosas, con los sentidos dormidos, sin conciencia plena», aporta por su parte la psicóloga Yolanda Cuevas.

De forma contraria, «escuchar a tu cuerpo y aprender a despertar los sentidos en el desarrollo de una actividad sexual va a aumentar no solo la conexión con la pareja, sino el disfrute propio y mutuo. Cuando la mente no acompaña, el disfrute disminuye boicoteando el orgasmo en muchas ocasiones».

Por ello, el slow sex no sirve de nada si no somos capaces de conectar con la persona y el momento para realmente ser capaces de disfrutar del mismo.

DESAPRENDER EN EL CAMINO

Pese a todo, el slow sex no supone despreciar el placer de los «rapiditos». Es cierto que en ocasiones una sesión de sexo rápido, un aquí te pillo y aquí te mato, es justo lo que el cuerpo necesita y lo que la situación requiere. El problema es que los rapiditos no pueden ser la norma, sino que lo ideal es que sean un aderezo. Un de vez en cuando. Y que el sexo consciente y degustado sea lo normal.

«Es difícil, pero siempre podemos desaprender si realmente queremos mejorar o cambiar nuestra vida sexual», insiste Elsa Viegas, experta en sexualidad y cofundadora de Bijoux Indiscrets.

Para Viegas, el slow sex es, en definitiva, aprender a realizar nuestras propias recetas sexuales que nos lleven a probar nuevos sabores, y dejar un poco de lado el libro de recetas.

«Alejarse de los paradigmas del porno mainstream, de la ficción, del escenificado y de lo establecido. Un sexo placentero donde nos concentramos en lo que nos gusta. De esta forma, si decidimos cambiar las reglas del juego y decir, “venga, va; hoy toca descubrir nuestro cuerpo, sentir piel con piel, olvidar las prisas” (incluso si le quieres dedicar 20 minutos), lo más importante es volver a conectar con el otro, aunque sea en una sesión de masajes y besos», concluye la experta.

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