26 de abril 2013    /   CREATIVIDAD
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¿Cómo se construye una ciudad inteligente?

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Hace años empezaron a aparecer titulares que hablaban de la smart city. El término sonaba a ciudad futurista donde unos individuos, vestidos en esas ropas extrañas de Blade Runner, apagarían la luz de casa con solo un parpadeo.
Los primeros anuncios de la ciudad inteligente llegaron de grandes corporaciones que mostraban cómo sus empresas estaban construyendo los nuevos modelos de habitabilidad. Parecía que el futuro estaría diseñado, en gran medida, por las corporaciones que habían empezado a construir infraestructuras más sofisticadas para el suministro de energía o la conexión de telecomunicaciones. Pero pronto surgió la voz de muchos diseñadores, urbanistas, tecnólogos y ciudadanos que no querían verse encerrados en una ‘inteligencia’ cerrada y sometida a unos intereses comerciales.
Las propuestas de estos colectivos hablaban de ciudades en las que sus habitantes pudieran crear y utilizar herramientas abiertas para organizarse, participar y tomar decisiones. Es la dinámica del bottom up (de las bases hacia arriba) frente el top down (de las compañías o gobiernos hacia la población).
Las ciudades del futuro, en la actualidad, se están construyendo con proyectos de los dos tipos. La iniciativa colectiva y los servicios privados crecen en paralelo y, en ocasiones, resultan complementarios. Aunque, a veces, se produce la fricción y, a menudo, tiene que ver con las pretensiones monopolísticas de una corporación.
La reflexión sobre la smart city se ha llevado a CentroCentro (Madrid). En ese espacio se muestra, hasta finales de septiembre, una exposición titulada Smartcitizens (y organizada por Paisaje transversal y el Centro nacional de tecnologías de la accesibilidad) con información sobre 53 proyectos de inteligencia ciudadana (entre ellos, Repara, MyTaxi, Red de huertos, ThinkCommons, Air Quality Egg, ZAWP o VdB Virgen de Begoña). Pero el planteamiento va más allá de modelos abiertos o cerrados.
Paisaje Transversal, la plataforma especializada en nuevos modelos de intervención urbana, considera que la ciudad inteligente es una idea mucho más amplia de lo que se ha difundido hasta ahora. No solo se refiere a infraestructuras y desarrollos tecnológicos. “La tecnología nos permite mejorar la calidad de las ciudades pero no es solo una cuestión ultratecnológica. Es también un asunto de espacios colectivos. La tecnología se entiende como cacharros y sensores, pero puede tener muchas formas. Puede ser un huerto urbano, por ejemplo”, explica Jon Aguirre Such, socio fundador de la plataforma.
“En esta exhibición abrimos los conceptos de smart city y de ciudadano”, indica. “La ciudad inteligente va desde Renfe Mobi [versión móvil de la página de la red de ferrocarriles] a la rehabilitación de Pumarejo [una asociación que se ha organizado para restaurar esta casa palacio sin ayuda de la administración]”.
El arquitecto urbanista explica que la muestra sitúa su foco de interés en la ciudadanía. Es, a su juicio, una forma de hackear el concepto de smart city. “Le damos la vuelta”, apunta. “Hablamos de inteligencia ciudadana como el uso que hacemos de la ciudad. Y eso incluye movimientos de autoorganización y todo tipo de proyectos que surgen de los ciudadanos. Frente a la idea de smart city de las grandes corporaciones, nosotros hablamos de las ciudades inteligentes que crea la población mediante experiencias. En Madrid, por ejemplo, se está generando mucha inteligencia ciudadana. Esto significa que se está haciendo mucho uso de la ciudad”.

Urbanismo en beta permanente

La intención de #smartcitizens_CC es hacer “pedagogía urbana”, es decir, difundir estos proyectos para que se repliquen en otros lugares. “Queremos dar ideas a la gente y que reproduzcan estas experiencias si les parecen interesantes”, comenta el arquitecto.
Paisaje transversal va a publicar los contenidos de esta exposición en un microsite para que cualquier colectivo pueda mostrarla en otro lugar. “Las imágenes de los paneles estarán disponibles en alta resolución para que se puedan reproducir en buena calidad”, matiza.
Esta invitación a compartir el contenido tiene una finalidad colectiva: aprender todos de todos. “Las comunidades que quieran montar esta exposición pueden llamarnos para que estudiemos juntos su localidad y ver qué se está haciendo allí. Pensamos en un urbanismo en beta permanente. Traemos prácticas del software libre a la arquitectura y el urbanismo. Trabajamos en código abierto. Ponemos nuestras herramientas y tecnologías en manos de quien quiera utilizarlas para revisarlas y mejorarlas entre todos”.
La idea de beta se aplica también a la exposición. “La propia muestra va a ir mutando de aquí a septiembre”, apunta Aguirre Such.
Y al beta, Paisaje Transversal añade dos conceptos más: ciudadano inteligente y open data. Los individuos tienen, entre sus atributos, la función de sensor o detector de información. “Somos fuentes de datos”, especifica el arquitecto. “Es imprescindible que esta información sea pública y abierta, pero lo importante no es solo acumular datos. Es lo que haces con ellos y cómo los traduces para generar proyectos urbanos que mejoren el hábitat”.

El nuevo papel del arquitecto

La información que genera la ciudad es el punto de partida sobre el que debe construirse todo lo demás y, con los datos actuales, Aguirre Such se replantea el papel del arquitecto en nuestro país. “No podemos seguir construyendo casas en un país con 6 millones de viviendas y miles de edificios públicos vacíos. La función de un arquitecto no es únicamente edificar. Su papel es crear espacios y dinámicas teniendo en cuenta los edificios y a los ciudadanos”.
“El problema de los arquitectos es que en los últimos años se han convertido en estrellas y se han desprendido de su labor social. Se han distanciado de la sociedad”, afirma el socio fundador de Paisaje Transversal. “La crisis ha provocado que desarrollemos nuestra visión espacial, y nuestra capacidad de construir espacios urbanos y coordinar equipos de distintas disciplinas. Es aquí donde tenemos que jugar nuestras bazas. Nuestra tarea es traducir la información de la ciudad en un proceso urbano aprovechando la formación global de un arquitecto”.

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Hace años empezaron a aparecer titulares que hablaban de la smart city. El término sonaba a ciudad futurista donde unos individuos, vestidos en esas ropas extrañas de Blade Runner, apagarían la luz de casa con solo un parpadeo.
Los primeros anuncios de la ciudad inteligente llegaron de grandes corporaciones que mostraban cómo sus empresas estaban construyendo los nuevos modelos de habitabilidad. Parecía que el futuro estaría diseñado, en gran medida, por las corporaciones que habían empezado a construir infraestructuras más sofisticadas para el suministro de energía o la conexión de telecomunicaciones. Pero pronto surgió la voz de muchos diseñadores, urbanistas, tecnólogos y ciudadanos que no querían verse encerrados en una ‘inteligencia’ cerrada y sometida a unos intereses comerciales.
Las propuestas de estos colectivos hablaban de ciudades en las que sus habitantes pudieran crear y utilizar herramientas abiertas para organizarse, participar y tomar decisiones. Es la dinámica del bottom up (de las bases hacia arriba) frente el top down (de las compañías o gobiernos hacia la población).
Las ciudades del futuro, en la actualidad, se están construyendo con proyectos de los dos tipos. La iniciativa colectiva y los servicios privados crecen en paralelo y, en ocasiones, resultan complementarios. Aunque, a veces, se produce la fricción y, a menudo, tiene que ver con las pretensiones monopolísticas de una corporación.
La reflexión sobre la smart city se ha llevado a CentroCentro (Madrid). En ese espacio se muestra, hasta finales de septiembre, una exposición titulada Smartcitizens (y organizada por Paisaje transversal y el Centro nacional de tecnologías de la accesibilidad) con información sobre 53 proyectos de inteligencia ciudadana (entre ellos, Repara, MyTaxi, Red de huertos, ThinkCommons, Air Quality Egg, ZAWP o VdB Virgen de Begoña). Pero el planteamiento va más allá de modelos abiertos o cerrados.
Paisaje Transversal, la plataforma especializada en nuevos modelos de intervención urbana, considera que la ciudad inteligente es una idea mucho más amplia de lo que se ha difundido hasta ahora. No solo se refiere a infraestructuras y desarrollos tecnológicos. “La tecnología nos permite mejorar la calidad de las ciudades pero no es solo una cuestión ultratecnológica. Es también un asunto de espacios colectivos. La tecnología se entiende como cacharros y sensores, pero puede tener muchas formas. Puede ser un huerto urbano, por ejemplo”, explica Jon Aguirre Such, socio fundador de la plataforma.
“En esta exhibición abrimos los conceptos de smart city y de ciudadano”, indica. “La ciudad inteligente va desde Renfe Mobi [versión móvil de la página de la red de ferrocarriles] a la rehabilitación de Pumarejo [una asociación que se ha organizado para restaurar esta casa palacio sin ayuda de la administración]”.
El arquitecto urbanista explica que la muestra sitúa su foco de interés en la ciudadanía. Es, a su juicio, una forma de hackear el concepto de smart city. “Le damos la vuelta”, apunta. “Hablamos de inteligencia ciudadana como el uso que hacemos de la ciudad. Y eso incluye movimientos de autoorganización y todo tipo de proyectos que surgen de los ciudadanos. Frente a la idea de smart city de las grandes corporaciones, nosotros hablamos de las ciudades inteligentes que crea la población mediante experiencias. En Madrid, por ejemplo, se está generando mucha inteligencia ciudadana. Esto significa que se está haciendo mucho uso de la ciudad”.

Urbanismo en beta permanente

La intención de #smartcitizens_CC es hacer “pedagogía urbana”, es decir, difundir estos proyectos para que se repliquen en otros lugares. “Queremos dar ideas a la gente y que reproduzcan estas experiencias si les parecen interesantes”, comenta el arquitecto.
Paisaje transversal va a publicar los contenidos de esta exposición en un microsite para que cualquier colectivo pueda mostrarla en otro lugar. “Las imágenes de los paneles estarán disponibles en alta resolución para que se puedan reproducir en buena calidad”, matiza.
Esta invitación a compartir el contenido tiene una finalidad colectiva: aprender todos de todos. “Las comunidades que quieran montar esta exposición pueden llamarnos para que estudiemos juntos su localidad y ver qué se está haciendo allí. Pensamos en un urbanismo en beta permanente. Traemos prácticas del software libre a la arquitectura y el urbanismo. Trabajamos en código abierto. Ponemos nuestras herramientas y tecnologías en manos de quien quiera utilizarlas para revisarlas y mejorarlas entre todos”.
La idea de beta se aplica también a la exposición. “La propia muestra va a ir mutando de aquí a septiembre”, apunta Aguirre Such.
Y al beta, Paisaje Transversal añade dos conceptos más: ciudadano inteligente y open data. Los individuos tienen, entre sus atributos, la función de sensor o detector de información. “Somos fuentes de datos”, especifica el arquitecto. “Es imprescindible que esta información sea pública y abierta, pero lo importante no es solo acumular datos. Es lo que haces con ellos y cómo los traduces para generar proyectos urbanos que mejoren el hábitat”.

El nuevo papel del arquitecto

La información que genera la ciudad es el punto de partida sobre el que debe construirse todo lo demás y, con los datos actuales, Aguirre Such se replantea el papel del arquitecto en nuestro país. “No podemos seguir construyendo casas en un país con 6 millones de viviendas y miles de edificios públicos vacíos. La función de un arquitecto no es únicamente edificar. Su papel es crear espacios y dinámicas teniendo en cuenta los edificios y a los ciudadanos”.
“El problema de los arquitectos es que en los últimos años se han convertido en estrellas y se han desprendido de su labor social. Se han distanciado de la sociedad”, afirma el socio fundador de Paisaje Transversal. “La crisis ha provocado que desarrollemos nuestra visión espacial, y nuestra capacidad de construir espacios urbanos y coordinar equipos de distintas disciplinas. Es aquí donde tenemos que jugar nuestras bazas. Nuestra tarea es traducir la información de la ciudad en un proceso urbano aprovechando la formación global de un arquitecto”.

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Opiniones 3
  • Gran articulo y enhorabuena por la iniciativa. Es cierto que todas las corporaciones se quieren alinear en torno al concepto de SmartCities al igual que pasa con el OpenData y realmente no es un problema tecnologico sino de ciudadania y es ella la que debe resolverlo y buscar sinergias abiertas en torno al desarrollo responsables de los espacios habitados y habitables.
    Por si quereis leer algo mas os dejo un articulo que escibri sobre el tema en mi blog…
    http://edipotrebol.jekyllhub.com/reflexion/2013/03/10/smartcities-sobrevaloradas.html

  • Excelente artículo, cada dia mas iniciativas Smart Cities se dan a conocer. En mi opinión las Smart Cities deben estar al servicio de la ciudadanía siempre para que los ciudadanos crean y sientan que son imprescindibles para mejorar nuestra calidad de vida y hacer que la sostenibilidad sea el presente y no el futuro de las ciudades.
    Un saludo,
    os invito a pasaros por mi blog para conocer el libro blanco de las Smart Universities como precursoras de las Smart Cities.
    http://www.librosmartcity.com

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