10 de julio 2015    /   ENTRETENIMIENTO
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¿El smartwatch es la nueva riñonera?

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La riñonera y el mosquetón con las llaves, todo eso es el smartwatch.
(Opinión)
¿Que no? A ver, ¿quién le tose al defensor de la utilidad de la riñonera? Sobre todo en verano: las llaves, el móvil, la cartera, unas cuantas monedas y solo tienes los bolsillos de un pantalón slim fit. O de los shorts que, por supuesto, no tienen 9 bolsillos bisiestos porque ya no se llevan. ¿Dónde metes todo eso? En una riñonera.
Pero las riñoneras tienen un problema: si las llaves rozan el móvil, puedes rayar la pantalla. Qué dolor. No te preocupes, que llega el mosquetón al rescate. Supermosquetón. Se cuelga de una trabilla del pantalón con las llaves y, ¡voilà!, pantalla a salvo. La edición reloaded del supermosquetón incluye un cable retráctil que permite acercar las llaves a la cerradura sin descolgarlo de la trabilla. Retráctil, ojo.
Todo eso es el smartwatch.
¿Que no? A ver, ¿quién le tose a quien te diga lo incómodo que es sacar el móvil del bolsillo de un pantalón slim fit para ver quién es el que te ha wasapeado, telegrameado, retuiteado, refacebookeado o lo que sea -ado. Las notificaciones, vamos. En cambio, si tienes un smartwatch, estiras el brazo como si fueses a pedir un taxi, pero no; parándote a medio camino para colocar la muñeca ante tus ojos. Y entonces ves ese smartwatch, tan bonito, diciéndote qué notificaciones tienes. Tipo cable retráctil del supermosquetón reloaded. Retráctil, ojo.
Es muy práctico. O eso dicen los propietarios del invento. Todos.
A ver:
Antes del smartwatch, solo usaban reloj los que sentían la necesidad de expresar que podían gastar mucho dinero en tecnología sin utilidad práctica: saber qué hora es. La hora ya está en el móvil desde hace mucho –entre una docena de lugares a nuestro alrededor-.
Pero llegó el smartwatch, y por alguna razón sus propietarios sienten la necesidad de decir que es útil. Que no. Tampoco. Dejadlo.
Todo lo que pueda hacer cualquier smartwatch está en el móvil. Si no eres un chófer al que multan si miras el móvil, pero no el reloj, no lo necesitas excepto para expresar que puedes gastar mucho dinero en tecnología sin utilidad práctica. Que no es ningún problema hacerlo, faltaría más. Pero si se trata de mostrar poderío económico, échale imaginación. O no, y vuelve al reloj caro de toda la vida; por lo menos no tendrás que cargarlo todos los días.
Se trata de tecnologizarse y la idea se llama ‘el internet de las cosas’. Superará ese inicio tímido con el reloj, porque tenemos partes del cuerpo bastante más interesantes que la muñeca.

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La riñonera y el mosquetón con las llaves, todo eso es el smartwatch.
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¿Que no? A ver, ¿quién le tose al defensor de la utilidad de la riñonera? Sobre todo en verano: las llaves, el móvil, la cartera, unas cuantas monedas y solo tienes los bolsillos de un pantalón slim fit. O de los shorts que, por supuesto, no tienen 9 bolsillos bisiestos porque ya no se llevan. ¿Dónde metes todo eso? En una riñonera.
Pero las riñoneras tienen un problema: si las llaves rozan el móvil, puedes rayar la pantalla. Qué dolor. No te preocupes, que llega el mosquetón al rescate. Supermosquetón. Se cuelga de una trabilla del pantalón con las llaves y, ¡voilà!, pantalla a salvo. La edición reloaded del supermosquetón incluye un cable retráctil que permite acercar las llaves a la cerradura sin descolgarlo de la trabilla. Retráctil, ojo.
Todo eso es el smartwatch.
¿Que no? A ver, ¿quién le tose a quien te diga lo incómodo que es sacar el móvil del bolsillo de un pantalón slim fit para ver quién es el que te ha wasapeado, telegrameado, retuiteado, refacebookeado o lo que sea -ado. Las notificaciones, vamos. En cambio, si tienes un smartwatch, estiras el brazo como si fueses a pedir un taxi, pero no; parándote a medio camino para colocar la muñeca ante tus ojos. Y entonces ves ese smartwatch, tan bonito, diciéndote qué notificaciones tienes. Tipo cable retráctil del supermosquetón reloaded. Retráctil, ojo.
Es muy práctico. O eso dicen los propietarios del invento. Todos.
A ver:
Antes del smartwatch, solo usaban reloj los que sentían la necesidad de expresar que podían gastar mucho dinero en tecnología sin utilidad práctica: saber qué hora es. La hora ya está en el móvil desde hace mucho –entre una docena de lugares a nuestro alrededor-.
Pero llegó el smartwatch, y por alguna razón sus propietarios sienten la necesidad de decir que es útil. Que no. Tampoco. Dejadlo.
Todo lo que pueda hacer cualquier smartwatch está en el móvil. Si no eres un chófer al que multan si miras el móvil, pero no el reloj, no lo necesitas excepto para expresar que puedes gastar mucho dinero en tecnología sin utilidad práctica. Que no es ningún problema hacerlo, faltaría más. Pero si se trata de mostrar poderío económico, échale imaginación. O no, y vuelve al reloj caro de toda la vida; por lo menos no tendrás que cargarlo todos los días.
Se trata de tecnologizarse y la idea se llama ‘el internet de las cosas’. Superará ese inicio tímido con el reloj, porque tenemos partes del cuerpo bastante más interesantes que la muñeca.

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