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20 de abril 2017    /   DIGITAL
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fotografia  AlesiaKan - Shutterstock

La lección Snapchat: si Zuckerberg te vacila, tú te callas y lo asimilas

20 de abril 2017    /   DIGITAL     por        fotografia  AlesiaKan - Shutterstock
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La película de David Fincher sobre Mark Zuckerberg y el origen de Facebook nos dejó varias lecciones de cara a la vida en el siglo XXI. Si alguien hace algo y te gusta tanto como para imaginarte a ti mismo haciéndolo, la parte difícil ya la tienes hecha; si alguien hace algo y te molesta tanto como para imaginarte a ti mismo copiándolo, ya tienes la mitad del camino hecho. Ambas redundan en una base de indiscutible fundamento: si Mark Zuckerberg te vacila, tú te callas y lo asimilas. Es lo que le ha sucedido a Snapchat.

Evan Spiegel, CEO de Snapchat, no debió de ver la película de Fincher. No podemos culparle: al fin y al cabo, solo tenía 20 años cuando se estrenó. Así se podrá explicar que Spiegel lleve cerca de cuatro años tratando de esquivar la implacable realidad de los negocios con Zuckerberg. Concretamente desde 2013, momento en el que rechazó la oferta de 3.000 millones de dólares que el dueño de Facebook le hizo en una de sus visitas. Un año después, el mandamás de Snapchat, en la cresta de la ola, lo explicaba en Forbes: «Hay muy pocas personas en el mundo capaces de levantar un negocio como este. Vender por un beneficio a corto plazo no es muy interesante».

En esa entrevista (que iba acompañada de una portada que captaba la carcajada poco sutil de Spiegel) se hacía pública la estrategia de Facebook: la oferta de Zuckerberg para comprar Snapchat llegó en la segunda de las visitas que le rindió; en la primera fue más agresivo. «Fue básicamente como “vamos a machacaros”’», declaraba Spiegel, que además ponía en evidencia que había visto el farol de Zuckerberg a 50 millas con respecto a lanzar una aplicación idéntica días después de su reunión. Lo que ocurre a continuación te sorprenderá.

A partir de entonces se pusieron en marcha las dos lecciones más importantes que se extraen de la película de Fincher. El fusilamiento tecnológico y creativo de Facebook con respecto a las funcionalidades de Snapchat ha sido tan evidente y, sobre todo, tan burdo en su ejecución que, si nos concentramos un poco, podríamos llegar a percibir la textura del odio que Zuckerberg ha querido imprimirle a su mensaje. Eso sí que es realidad aumentada. El hijo predilecto de esta relación de amor-odio de manual —amor por la creatividad de los demás, odio porque no se trata de la tuya— es, claro, Instagram Stories. Esa oda a la comunicación efímera que se autodestruye en 24 horas partió de Snapchat, pero en solo un día ya contaba con 150 millones de usuarios en Instagram.

Instagram Stories era el paso previo, el aviso, el toque de atención. La cabeza de caballo de Facebook bajo las sábanas de la cama de Snapchat. Zuckerberg entiende la competencia como algo pasajero que dura muy poco: el tiempo justo para asimilarla a cambio de un cheque o para hacerla desaparecer. Facebook Stories (ni se molestó en cambiarle el nombre) es el paso definitivo con el que pretende ocupar el lugar de Snapchat y, más allá de la imitación sistemática de las funciones de la aplicación fundada por Evan Spiegel y Bobby Murphy, hay dos acontecimientos recientes que lo demuestran.

El primero de ellos es tecnológico. El mismo Mark Zuckerberg se ha encargado de anunciar en la F8 (Conferencia de Desarrolladores de Facebook) el siguiente paso: crear una plataforma de realidad aumentada. Por si había dudas de hacia dónde va encaminada esa decisión, lo ha puesto en palabras: «Hay muchas aplicaciones que hacen realidad aumentada, pero nadie ha construido una plataforma todavía». AR Studio y Frames Studio son las herramientas con las que Facebook quiere sacar de la carretera a Snapchat. Zuckerberg ofrece a desarrolladores de todo el mundo la opción de mejorar los efectos y los filtros de su plataforma.

El segundo acontecimientos revelador de intenciones se aleja bastante de lo tecnológico. Es más del barro. Si algo aprendimos de la película de Fincher es que a Mark le gusta el barro. Todo se remonta a 2015, cuando Snapchat contrató a Anthony ‘Pomp’ Pompliano, anterior product manager de Facebook; la cosa no salió bien y terminó en una denuncia de Pompliano que en 2017 ofrece testimonios sobre cómo Snapchat inflaba sus cifras de usuarios o esa presunta afirmación de Spiegel en la que aseguraba que la aplicación era solo para ricos y que no tenía ningún interés en crecer en países pobres como India o España. «Lo que nosotros hacemos es innovación para servir a todo el mundo en la comunidad, no solo a la clase alta». Lo deslizó sutilmente Zuckerberg en una entrevista publicada días después de la polémica de Snapchat. No es nada personal, son solo negocios.

La película de David Fincher sobre Mark Zuckerberg y el origen de Facebook nos dejó varias lecciones de cara a la vida en el siglo XXI. Si alguien hace algo y te gusta tanto como para imaginarte a ti mismo haciéndolo, la parte difícil ya la tienes hecha; si alguien hace algo y te molesta tanto como para imaginarte a ti mismo copiándolo, ya tienes la mitad del camino hecho. Ambas redundan en una base de indiscutible fundamento: si Mark Zuckerberg te vacila, tú te callas y lo asimilas. Es lo que le ha sucedido a Snapchat.

Evan Spiegel, CEO de Snapchat, no debió de ver la película de Fincher. No podemos culparle: al fin y al cabo, solo tenía 20 años cuando se estrenó. Así se podrá explicar que Spiegel lleve cerca de cuatro años tratando de esquivar la implacable realidad de los negocios con Zuckerberg. Concretamente desde 2013, momento en el que rechazó la oferta de 3.000 millones de dólares que el dueño de Facebook le hizo en una de sus visitas. Un año después, el mandamás de Snapchat, en la cresta de la ola, lo explicaba en Forbes: «Hay muy pocas personas en el mundo capaces de levantar un negocio como este. Vender por un beneficio a corto plazo no es muy interesante».

En esa entrevista (que iba acompañada de una portada que captaba la carcajada poco sutil de Spiegel) se hacía pública la estrategia de Facebook: la oferta de Zuckerberg para comprar Snapchat llegó en la segunda de las visitas que le rindió; en la primera fue más agresivo. «Fue básicamente como “vamos a machacaros”’», declaraba Spiegel, que además ponía en evidencia que había visto el farol de Zuckerberg a 50 millas con respecto a lanzar una aplicación idéntica días después de su reunión. Lo que ocurre a continuación te sorprenderá.

A partir de entonces se pusieron en marcha las dos lecciones más importantes que se extraen de la película de Fincher. El fusilamiento tecnológico y creativo de Facebook con respecto a las funcionalidades de Snapchat ha sido tan evidente y, sobre todo, tan burdo en su ejecución que, si nos concentramos un poco, podríamos llegar a percibir la textura del odio que Zuckerberg ha querido imprimirle a su mensaje. Eso sí que es realidad aumentada. El hijo predilecto de esta relación de amor-odio de manual —amor por la creatividad de los demás, odio porque no se trata de la tuya— es, claro, Instagram Stories. Esa oda a la comunicación efímera que se autodestruye en 24 horas partió de Snapchat, pero en solo un día ya contaba con 150 millones de usuarios en Instagram.

Instagram Stories era el paso previo, el aviso, el toque de atención. La cabeza de caballo de Facebook bajo las sábanas de la cama de Snapchat. Zuckerberg entiende la competencia como algo pasajero que dura muy poco: el tiempo justo para asimilarla a cambio de un cheque o para hacerla desaparecer. Facebook Stories (ni se molestó en cambiarle el nombre) es el paso definitivo con el que pretende ocupar el lugar de Snapchat y, más allá de la imitación sistemática de las funciones de la aplicación fundada por Evan Spiegel y Bobby Murphy, hay dos acontecimientos recientes que lo demuestran.

El primero de ellos es tecnológico. El mismo Mark Zuckerberg se ha encargado de anunciar en la F8 (Conferencia de Desarrolladores de Facebook) el siguiente paso: crear una plataforma de realidad aumentada. Por si había dudas de hacia dónde va encaminada esa decisión, lo ha puesto en palabras: «Hay muchas aplicaciones que hacen realidad aumentada, pero nadie ha construido una plataforma todavía». AR Studio y Frames Studio son las herramientas con las que Facebook quiere sacar de la carretera a Snapchat. Zuckerberg ofrece a desarrolladores de todo el mundo la opción de mejorar los efectos y los filtros de su plataforma.

El segundo acontecimientos revelador de intenciones se aleja bastante de lo tecnológico. Es más del barro. Si algo aprendimos de la película de Fincher es que a Mark le gusta el barro. Todo se remonta a 2015, cuando Snapchat contrató a Anthony ‘Pomp’ Pompliano, anterior product manager de Facebook; la cosa no salió bien y terminó en una denuncia de Pompliano que en 2017 ofrece testimonios sobre cómo Snapchat inflaba sus cifras de usuarios o esa presunta afirmación de Spiegel en la que aseguraba que la aplicación era solo para ricos y que no tenía ningún interés en crecer en países pobres como India o España. «Lo que nosotros hacemos es innovación para servir a todo el mundo en la comunidad, no solo a la clase alta». Lo deslizó sutilmente Zuckerberg en una entrevista publicada días después de la polémica de Snapchat. No es nada personal, son solo negocios.

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