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5 de julio 2018    /   ENTRETENIMIENTO
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El ‘sobreturismo’ o por qué quizá deberías dejar de viajar

5 de julio 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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La playa de Kuta es la más fotografiada de Bali. Pero el año pasado las fotos no las hacían los turistas sino la prensa. Retrataban una emergencia sanitaria bastante atípica: la arena dorada y las aguas turquesas se habían sumergido bajo una montaña de mierda. La basura había devorado la playa y los voluntarios llegaron a recoger hasta 100 toneladas de desechos al día. La naturaleza avisaba de que el turismo desaforado que lleva años arrasando la isla era insostenible. Obviamente, nadie hizo caso.

Bali es uno de los lugares que más sufre los efectos del sobreturismo, un concepto popular en la prensa anglosajona que suena a novedad por estos lares. Se ha hablado mucho de sus consecuencias, la turistificación de las ciudades y la turismofobia de sus habitantes, pero poco de este palabro, que vendría a describir la raíz del problema.

Es barato, es fácil y está de moda. Viajar es la panacea del siglo XXI. En 1950 se producían 25 millones de viajes al año. En 1996 se contabilizaron 560 millones. En 2016 esta cifra se dobló, llegando a los 1.200 millones de viajes. La industria ha crecido hasta límites mastodónticos, convirtiéndose en el negocio más productivo del planeta. Una de cada 11 personas en el mundo trabaja en turismo y viajes, un sector que genera más de siete billones al año, el 10% de la riqueza mundial.

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Estas cifras mareantes explican, que no justifican, la pasividad de las autoridades a la hora de analizar otros efectos secundarios del turismo. La degradación ambiental, el aumento en los costes de vida y el empobrecimiento cultural son los más destacados. Mientras estos problemas aumentan y llegan a la puerta de nuestra casa quizá haya llegado el momento de plantearse una pregunta radical: ¿Deberíamos dejar de viajar?

Puede que la premisa parezca exagerada. Hay medidas menos extremas que igual podrían atajar los perjuicios del sobreturismo. Ibiza ha puesto aforo a sus playas más populares cortando carreteras. México ha llegado a cerrar totalmente algunas por exceso de turismo. Filipinas y Tailandia han hecho lo propio con islas enteras, que serán reabiertas, con ciertos límites, en el futuro. Sin embargo, cualquier habitante de estos lugares, incluso cualquier turista, puede comprobar que estas medidas son ciertamente insuficientes, insignificantes.

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Menos es nada. En un contexto en el que el éxito turístico se analiza en cifras y la máxima cuanto más, mejor, es la ley, no podemos más que aplaudir estas iniciativas. Los ejemplos opuestos abundan y ponen los pelos de punta. El año pasado, en Tanzania, las operadoras turísticas quemaron unas 185 casas de masais porque eran un estorbo para los safaris que organizaban en la zona. Dejaron más de 6.800 personas sin hogar.

En India, decenas de miles de indígenas están siendo expulsados ilegalmente de las zonas donde hay reservas de tigres para fomentar su visita por parte de los turistas. La expulsión de los habitantes no tiene por qué ser violenta. En 1950 el centro histórico de Venecia tenía 179.000 habitantes. Ahora apenas quedan 49.000. Es el mayor descenso de población que haya sufrido la ciudad desde el siglo XVII, cuando hubo una epidemia de la peste. La UNESCO ha dado un toque de atención al Gobierno italiano y ha asegurado que si no toma medidas extremas, la ciudad morirá.

El año pasado, en Tanzania las operadoras turísticas quemaron unas 185 casas de masais porque eran un estorbo para los safaris que organizaban en la zona

Los ejemplos salpican el globo hasta tal punto que en su evento del año pasado, el International Tribunal on Evictions, una organización que analiza los desahucios a nivel global, avisaba de los producidos por el turismo. Se centraba en los casos de India, Sri Lanka, Argentina, Kenia e Italia, pero hay muchos más. La organización llegaba a afirmar que «el sobreturismo está atacando los derechos humanos».

¿Qué puedes hacer para ser un buen turista?

Los propios agentes del sector han empezado a darse cuenta del problema e intentan, de forma tímida, concienciar sobre él. En la Organización Mundial del Turismo han incluido el sobreturismo en su agenda y han propuesto un decálogo de buenas prácticas para el viajero llamado Is it too much to ask?

La primera es evitar viajar a ciertos lugares que sepamos que están masificados. La segunda, no visitar, dentro de esos lugares, los monumentos o zonas más transitadas. La idea es que, aunque quede muy bien en tu Instagram, igual deberías pasar de la Torre Eiffel en tus próximas vacaciones.

En un interesante artículo titulado ‘El turismo mata los barrios’, el diario The Guardian alertaba de que el auge de las pequeñas escapadas urbanas había hecho que aumentara el número de turistas, pero no los lugares que visitaban. «Las mismas atracciones se han utilizado para comercializar ciudades como París, Barcelona y Venecia durante décadas, y los visitantes utilizan la misma infraestructura que los residentes para llegar a ellas», alertaban. «Demasiadas personas hacen lo mismo al mismo tiempo».

turismo-barcelona

Sin embargo, quizá lo más importante para ser un buen visitante sea asumir que eres parte del problema. Todos queremos trascender al turista y convertirnos en viajeros, mochileros, aventureros. Pero dan igual los eufemismos, los juicios de valor o las ínfulas de Robinson Crusoe que podamos tener: todos formamos parte del mismo problema. Y deberíamos formar parte de la solución.

Todos queremos trascender al turista y convertirnos en viajeros, pero dan igual los eufemismos: todos formamos parte del mismo problema

En los últimos años se ha empezado a hablar de turismo sostenible. Esta modalidad no solo se preocupa por el impacto ambiental del turismo, sino por el social y económico. Países como Bután, Costa Rica y Canadá están a la cabeza en esta modalidad y se vanaglorian de no haber reducido por ello sus ingresos. Esta modalidad es especialmente importante en los países en vías de desarrollo, pues anima a gastar el dinero del viaje en la comunidad que se visita.

benidorm

El turismo es la primera o segunda fuente de ingresos de exportación en 20 de los 48 países menos desarrollados del mundo, según la Organización Mundial del Turismo. Sin embargo, un informe de 2013 de la organización señaló que solo cinco de cada 100 dólares gastados en un país en desarrollo se queda en ese destino.

A pesar de los nobles motivos fundacionales, este tipo de turismo tampoco está exento de problemas. El más generalizado es que aumenta considerablemente el precio de los viajes y hace que solo unos pocos privilegiados puedan permitírselo.

En Camboya, el turismo de orfanatos proporciona un afán de lucro que convierte a los niños en productos sobre los que pivota toda una industria

El segundo es que incluyendo en la millonaria ecuación a los más necesitados se pueden producir efectos perversos. En África, la inclusión de muchos poblados en la ruta turística incentiva que sus moradores abandonen sus costumbres y modo de vida y se conviertan en meros extras de un parque de temático, con resultados más que desagradables.

En Camboya, el turismo de orfanatos proporciona un afán de lucro que convierte a los niños en productos sobre los que pivota toda una industria. Entre 2005 y 2015, el número de orfanatos camboyanos aumentó en un 60%, a pesar de que aproximadamente el 80% de los niños ingresados en estas instituciones tiene al menos un progenitor vivo.

¿Viajar está sobrevalorado?

La idea de que el mero hecho de desplazarse a países extranjeros contribuye a la formación y transformación del individuo es una herencia de Le Grand Tour. Este itinerario, muy popular entre la clase pudiente inglesa de mediados del siglo XIX, es el antecedente del turismo moderno y basaba su éxito precisamente en la idea de que viajar abre la mente.

El argumento podía tener sentido entonces, cuando el acceso a la información y el contacto con otras culturas era limitado. Cuando el viaje tenía más de aventura, menos de negocio. Pero las circunstancias han cambiado.

Hordas de turistas son conducidos en autobuses con pasividad bobina. Van de una atracción a otra sin salirse de la fila, esperando su turno para hacer un rápido selfi ante la Mona Lisa, cruzar el puente Rialto, encajar una toalla en una playa masificada o comprar un suvenir. ¿Son esas experiencias tan enriquecedoras y transformadoras?

replica-venecia-en-las-vegas

Decía Martin Parr, el fotógrafo que mejor ha retratado los excesos del turismo, que lo que más le llama la atención de este fenómeno es «la contradicción entre la mitología de estos sitios y la realidad». Sirva para ilustrar esa diferencia dos noticias recientes.

Dicen que Venecia es única, pero la ciudad italiana tiene 27 réplicas solo en EEUU. Aún así, es la urbe original la que ha colocado, como si se tratara de un parque temático, torniquetes en su entrada. Dicen que Ibiza es la isla libre por excelencia, pero el año pasado lo fue un poco menos: había huelga de hippies. Los famosos tambores que amenizaban los atardeceres de la playa de Benirras se silenciaron de pronto. Los hippies que los tocaban decidieron dejar de hacerlo ante la negativa de los bares de la zona de pagarles 700 euros por sesión.

benirras

Las ciudades se han convertido en decorados y sus habitantes, en extras hasta extremos esperpénticos. El turismo ha transformado el planeta en un espectáculo uniforme, homogeneizando ciertos elementos y exagerando hasta la caricatura otros supuestamente pintorescos.

El turista se convierte así en un espectador pasivo que deambula por la imitación de un lugar que una vez quiso visitar. Consume experiencias empaquetadas, esterilizadas, envueltas en un halo de falsa autenticidad. Por eso, quizá, ha llegado el momento de preguntarse si deberíamos seguir viajando. O, al menos, si deberíamos hacerlo tal y como lo hacemos ahora.

La playa de Kuta es la más fotografiada de Bali. Pero el año pasado las fotos no las hacían los turistas sino la prensa. Retrataban una emergencia sanitaria bastante atípica: la arena dorada y las aguas turquesas se habían sumergido bajo una montaña de mierda. La basura había devorado la playa y los voluntarios llegaron a recoger hasta 100 toneladas de desechos al día. La naturaleza avisaba de que el turismo desaforado que lleva años arrasando la isla era insostenible. Obviamente, nadie hizo caso.

Bali es uno de los lugares que más sufre los efectos del sobreturismo, un concepto popular en la prensa anglosajona que suena a novedad por estos lares. Se ha hablado mucho de sus consecuencias, la turistificación de las ciudades y la turismofobia de sus habitantes, pero poco de este palabro, que vendría a describir la raíz del problema.

Es barato, es fácil y está de moda. Viajar es la panacea del siglo XXI. En 1950 se producían 25 millones de viajes al año. En 1996 se contabilizaron 560 millones. En 2016 esta cifra se dobló, llegando a los 1.200 millones de viajes. La industria ha crecido hasta límites mastodónticos, convirtiéndose en el negocio más productivo del planeta. Una de cada 11 personas en el mundo trabaja en turismo y viajes, un sector que genera más de siete billones al año, el 10% de la riqueza mundial.

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Estas cifras mareantes explican, que no justifican, la pasividad de las autoridades a la hora de analizar otros efectos secundarios del turismo. La degradación ambiental, el aumento en los costes de vida y el empobrecimiento cultural son los más destacados. Mientras estos problemas aumentan y llegan a la puerta de nuestra casa quizá haya llegado el momento de plantearse una pregunta radical: ¿Deberíamos dejar de viajar?

Puede que la premisa parezca exagerada. Hay medidas menos extremas que igual podrían atajar los perjuicios del sobreturismo. Ibiza ha puesto aforo a sus playas más populares cortando carreteras. México ha llegado a cerrar totalmente algunas por exceso de turismo. Filipinas y Tailandia han hecho lo propio con islas enteras, que serán reabiertas, con ciertos límites, en el futuro. Sin embargo, cualquier habitante de estos lugares, incluso cualquier turista, puede comprobar que estas medidas son ciertamente insuficientes, insignificantes.

cascais2

Menos es nada. En un contexto en el que el éxito turístico se analiza en cifras y la máxima cuanto más, mejor, es la ley, no podemos más que aplaudir estas iniciativas. Los ejemplos opuestos abundan y ponen los pelos de punta. El año pasado, en Tanzania, las operadoras turísticas quemaron unas 185 casas de masais porque eran un estorbo para los safaris que organizaban en la zona. Dejaron más de 6.800 personas sin hogar.

En India, decenas de miles de indígenas están siendo expulsados ilegalmente de las zonas donde hay reservas de tigres para fomentar su visita por parte de los turistas. La expulsión de los habitantes no tiene por qué ser violenta. En 1950 el centro histórico de Venecia tenía 179.000 habitantes. Ahora apenas quedan 49.000. Es el mayor descenso de población que haya sufrido la ciudad desde el siglo XVII, cuando hubo una epidemia de la peste. La UNESCO ha dado un toque de atención al Gobierno italiano y ha asegurado que si no toma medidas extremas, la ciudad morirá.

El año pasado, en Tanzania las operadoras turísticas quemaron unas 185 casas de masais porque eran un estorbo para los safaris que organizaban en la zona

Los ejemplos salpican el globo hasta tal punto que en su evento del año pasado, el International Tribunal on Evictions, una organización que analiza los desahucios a nivel global, avisaba de los producidos por el turismo. Se centraba en los casos de India, Sri Lanka, Argentina, Kenia e Italia, pero hay muchos más. La organización llegaba a afirmar que «el sobreturismo está atacando los derechos humanos».

¿Qué puedes hacer para ser un buen turista?

Los propios agentes del sector han empezado a darse cuenta del problema e intentan, de forma tímida, concienciar sobre él. En la Organización Mundial del Turismo han incluido el sobreturismo en su agenda y han propuesto un decálogo de buenas prácticas para el viajero llamado Is it too much to ask?

La primera es evitar viajar a ciertos lugares que sepamos que están masificados. La segunda, no visitar, dentro de esos lugares, los monumentos o zonas más transitadas. La idea es que, aunque quede muy bien en tu Instagram, igual deberías pasar de la Torre Eiffel en tus próximas vacaciones.

En un interesante artículo titulado ‘El turismo mata los barrios’, el diario The Guardian alertaba de que el auge de las pequeñas escapadas urbanas había hecho que aumentara el número de turistas, pero no los lugares que visitaban. «Las mismas atracciones se han utilizado para comercializar ciudades como París, Barcelona y Venecia durante décadas, y los visitantes utilizan la misma infraestructura que los residentes para llegar a ellas», alertaban. «Demasiadas personas hacen lo mismo al mismo tiempo».

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Sin embargo, quizá lo más importante para ser un buen visitante sea asumir que eres parte del problema. Todos queremos trascender al turista y convertirnos en viajeros, mochileros, aventureros. Pero dan igual los eufemismos, los juicios de valor o las ínfulas de Robinson Crusoe que podamos tener: todos formamos parte del mismo problema. Y deberíamos formar parte de la solución.

Todos queremos trascender al turista y convertirnos en viajeros, pero dan igual los eufemismos: todos formamos parte del mismo problema

En los últimos años se ha empezado a hablar de turismo sostenible. Esta modalidad no solo se preocupa por el impacto ambiental del turismo, sino por el social y económico. Países como Bután, Costa Rica y Canadá están a la cabeza en esta modalidad y se vanaglorian de no haber reducido por ello sus ingresos. Esta modalidad es especialmente importante en los países en vías de desarrollo, pues anima a gastar el dinero del viaje en la comunidad que se visita.

benidorm

El turismo es la primera o segunda fuente de ingresos de exportación en 20 de los 48 países menos desarrollados del mundo, según la Organización Mundial del Turismo. Sin embargo, un informe de 2013 de la organización señaló que solo cinco de cada 100 dólares gastados en un país en desarrollo se queda en ese destino.

A pesar de los nobles motivos fundacionales, este tipo de turismo tampoco está exento de problemas. El más generalizado es que aumenta considerablemente el precio de los viajes y hace que solo unos pocos privilegiados puedan permitírselo.

En Camboya, el turismo de orfanatos proporciona un afán de lucro que convierte a los niños en productos sobre los que pivota toda una industria

El segundo es que incluyendo en la millonaria ecuación a los más necesitados se pueden producir efectos perversos. En África, la inclusión de muchos poblados en la ruta turística incentiva que sus moradores abandonen sus costumbres y modo de vida y se conviertan en meros extras de un parque de temático, con resultados más que desagradables.

En Camboya, el turismo de orfanatos proporciona un afán de lucro que convierte a los niños en productos sobre los que pivota toda una industria. Entre 2005 y 2015, el número de orfanatos camboyanos aumentó en un 60%, a pesar de que aproximadamente el 80% de los niños ingresados en estas instituciones tiene al menos un progenitor vivo.

¿Viajar está sobrevalorado?

La idea de que el mero hecho de desplazarse a países extranjeros contribuye a la formación y transformación del individuo es una herencia de Le Grand Tour. Este itinerario, muy popular entre la clase pudiente inglesa de mediados del siglo XIX, es el antecedente del turismo moderno y basaba su éxito precisamente en la idea de que viajar abre la mente.

El argumento podía tener sentido entonces, cuando el acceso a la información y el contacto con otras culturas era limitado. Cuando el viaje tenía más de aventura, menos de negocio. Pero las circunstancias han cambiado.

Hordas de turistas son conducidos en autobuses con pasividad bobina. Van de una atracción a otra sin salirse de la fila, esperando su turno para hacer un rápido selfi ante la Mona Lisa, cruzar el puente Rialto, encajar una toalla en una playa masificada o comprar un suvenir. ¿Son esas experiencias tan enriquecedoras y transformadoras?

replica-venecia-en-las-vegas

Decía Martin Parr, el fotógrafo que mejor ha retratado los excesos del turismo, que lo que más le llama la atención de este fenómeno es «la contradicción entre la mitología de estos sitios y la realidad». Sirva para ilustrar esa diferencia dos noticias recientes.

Dicen que Venecia es única, pero la ciudad italiana tiene 27 réplicas solo en EEUU. Aún así, es la urbe original la que ha colocado, como si se tratara de un parque temático, torniquetes en su entrada. Dicen que Ibiza es la isla libre por excelencia, pero el año pasado lo fue un poco menos: había huelga de hippies. Los famosos tambores que amenizaban los atardeceres de la playa de Benirras se silenciaron de pronto. Los hippies que los tocaban decidieron dejar de hacerlo ante la negativa de los bares de la zona de pagarles 700 euros por sesión.

benirras

Las ciudades se han convertido en decorados y sus habitantes, en extras hasta extremos esperpénticos. El turismo ha transformado el planeta en un espectáculo uniforme, homogeneizando ciertos elementos y exagerando hasta la caricatura otros supuestamente pintorescos.

El turista se convierte así en un espectador pasivo que deambula por la imitación de un lugar que una vez quiso visitar. Consume experiencias empaquetadas, esterilizadas, envueltas en un halo de falsa autenticidad. Por eso, quizá, ha llegado el momento de preguntarse si deberíamos seguir viajando. O, al menos, si deberíamos hacerlo tal y como lo hacemos ahora.

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Opiniones 36
  • Llevo años trabajando en el sector y no podría estar más de acuerdo. Viajar es mi pasión y algo que nunca podría dejar de hacer, pero eso no significa que no tengamos que replantearnos la industria y la forma de viajar actual.

    Y sí, viajar, en muchas ocasiones, está sobrevalorado.

    Muchas gracias por el artículo y la reflexión

  • Totalmente de acuerdo. Creo que medidas como las que plantean para Venecia, de limitar el nro de turistas, ayudaría a mejorar la situación. Lo han hecho en Brasil con la isla Fernando de Noronha, que tiene un cupo y hay que pedir permiso para ingresar. Otra opción es limitar Airbnb y otras web de alquileres temporales porque cuando es más rentable alquilar a turistas, los ciudadanos se ven obligados a buscar casa por fuera de la ciudad y eso es muy triste. Obligar a una persona a viajar más de la cuenta porque los pisos están destinados a turistas es algo a evitar. Varias ciudades del mundo tienen la veda, incluyendo Berlin y Nueva York. Otra medida que se me ocurre es incentivar a ciudades satélite para invitar a estos viajeros con promociones importantes. Por ejemplo, cerca de Barcelona hay muchos sitios bonitos para conocer que la mayoría de los turistas ni saben que existen. Si los ayuntamientos invirtieran en transporte gratuito, por ejemplo, quizás más viajeros se inclinarían por visitar Tarragona, Reus o el monasterio de Poblet, y dejarían al menos un día las calles de Barcelona un poquito más tranquilas.

  • Imposible contar algo bonito tras haber leído este artículo tan interesante como crítico. Es cierto que viajar esta sobrevalorado… Antes te ibas una tarde de sábado al cine a ver una peli… Hoy te pillas un avión por 60€ y te vas a miles de kilómetros a ver cualquier ciudad durante un par de días, como si hubieses ido a ver otra peli… El problema es que ese viajecito ha generado un impacto ambiental enorme y parece que nadie es consciente ni crítico. Eso sí, al llegar dicen: – Uy muy bonita, lástima que hacía mucho calor y estaba sucia y llena de gente…

  • Excelente artículo.
    La masificación del turismo se ha convertido en un problema que crece constantemente y el dinero que mueve hace que las alternativas sustentables sean «impensables», las más de las veces por la corrupción generalizada.
    Somos parte del problema y es nuestra responsabilidad ser parte de la solución.
    No quiero parecer que padezco de turismofobia, pero vivo en Málaga y la ciudad está colapsada por el turismo en verano. La principal responsabilidad, creo, de las empresas que lo manejan, de la falta de control y el favoritismo del gobierno, de la falta de educación de algunos turistas…
    Seamos respetuosos y considerados también cuando viajamos, no nos tomemos vacaciones de los modales.
    Seamos responsables de los servicios que contratamos y de los productos que consumimos.

  • Solo hay que ver la cansina presencia de artículos tipo: «Las 15 playas más paradisiacas», «Las 5 cosas que no te puedes perder en…», «Este verano tienes que viajar a estos 5 sitios». Todo un llamamiento a la masificación de esos lugares, si no lo están ya.

  • Enhorabuena por el artículo, me ha encantado!
    El problema medioambiental y desculturizador que generan los viajes masivos no es mas que el reflejo de nuestro modelo de economía global.
    Nuestra sociedad de consumo es por definición insostenible y no cambiará hasta que la humanidad llevemos una «ostia» bien gorda.
    Mientras tanto, seguiré viajando «a mi bola» como he hecho toda la vida, respetando la naturaleza e intentando dejar el mínimo impacto posible.

  • bastante obvio..sensato… aunque cuando dices que apenas hay diferencia entre turismo y viajar..discrepo bastante..porque hay hay muchos tipos de mochileros, y el.concepto de viajar cambia totalmente el contenido..al menos a priori a buenas intenciones..en cambio turistear lleva intrínseco en no cambio..sino el llenar espacios vacíos..se viaje sin ninguna intensión..irán a museos aunque en su ciudad lleven dos años sin pisar uno..es la estupidez por la estupidez…creo que aún hasta el más simple.viajero..tiene más consciencia de lo que hace.

  • El problema es el de siempre: ¿quién deja de viajar? Todos queremos que deje de viajar el de al lado, para poder hacerlo nosotros.
    Por mucha concienciación que haya, ésta siempre será minoritaria. Las opciones sólo pueden venir de medidas que dificulten el «turismo barato», por así llamarlo. Pero claro, no son populares porque hacen que un montón de gente deje de ingresar dinero, comenzando por la propia Administración.

    Impedir el asentamiento de grandes cadenas (McDonalds, Starbucks…) para favorecer la economía local, dificultar el alojamiento (restringir licencias hoteleras, luchar contra los pisos turísticos…) o restringir los visitantes diarios, etc., son al final las únicas maneras de poner algo de freno a todo eso.

    De hecho, el «buen viajero» ya hace tiempo que busca destinos poco masificados y los trata con respeto, a ese no hay que concienciarle.

  • El turismo de masas es cáncer metastatizado.

    Llevar miles de borregos de aquí para allà tan rápido como se pueda, enmerdar parajes y ciudades, enriquecer a los de siempre, expulsar a los indígenas y empobrecerlos y, finalmente, dejar tras de si tierra turiscremada.

  • Parece ser que hay por aqui alguien molesto porque al ir a ver un monumento, quien sabe donde, habia demasiada gente y lo ha visto a medias.
    Mira, la gran parte de la humanidad, entre la que me encuentro, tenemos poquísimas oportunidades de hacer grandes viajes, como de los que hablas, dígase Paris. Si, no te extrañe, para la mayoría de la gente que conozco eso es un gran viaje, y no hablemos de Camboya.
    Pero parece ser que ya no es suficiente visitar lugares emblemáticos con respeto y educación, ahora pides que no vayamos a ellos, ¿que no vayamos a la Torre Eiffel si un día visitamos París?
    Me parece que este artículo está destinado a gente de mucho viaje y, por supuesto, de mucho dinero, a esos que en el gran tiempo de vacaciones que tienen deciden libremente a que parte del mundo ir sin problemas para sus cuentas.
    Una verdadera tontería que no se aplica a los viajeros muy ocasionales para los que un gran viaje es de un altísimo valor.
    El papel de la industria, aparte del obvio, es marcar itinerarios o zonas de visita con respeto a lo autóctono, cosa que no está en manos de los pobres currantes de viaje oasional.

  • Hace algunos años ya, hice la tipica vuelta al mundo de la persona que puede permitirse viajar y vivir sin trabajar gracias a una divisa sobrevalorada. Fue un viaje de dos años en los que vi y sentí cosas increibles, pero tambien sentí repugnancia por otras. La peor parte vino de la masificación de algunos sitios y del comportamiento omnioso de los turistas hacia el medioambiente y las personas locales. Desde entonces no he vuelto a hacer ningún viaje largo, ni lo necesito como dice el artículo para abrir mi mente (esto lo puedo hacer en el sofá de mi casa con un buen libro), ni para poder decir que voy a X (poner cualquier destino turistico) para fardar con los compañeros de trabajo. Ahora me gusta ir a sitios cercanos con mi tienda de campaña y con la bicicleta, evitando cualquier sitio que aparezca en una guía de viaje o web de viajes. La naturaleza y la soledad es lo más preciado en una sociedad en la que despreciamos la naturaleza y que vive como sardinas en lata.

  • Este articulo es increible. No puedo estar más de acuerdo, debemos empezar a aceptar cambios. El problema es que cualquier cambio en tal contexto mundial es absurdamente lento, y en muchas ocasiones inexistente hasta que no se llegan a unos extremos. Pongo por ejemplo el reciclaje, todo el mundo hace como que cambia porque sabe lo horrible que es, pero el cambio necesita de compromiso. Y el compromiso de hoy en día son los likes de facebook. ¿Suficiente?

  • Muy interesante. Me sorprende que no haya más referencias a Mallorca porque a mi entender se puede considerar una «buena» síntesis de todos estos males

  • Creo que la última frase resume todo: plantearnos como viajamos.

    Y sobre todo dejar de lado el visitar sitios para tacharlos de una lista imaginaria que supuestamente nos hace más interesantes. El consumo de turismo viene influenciado por cierta presión social que nos «obliga» a viajar mucho y a ciertos destinos para después tener algo que contar.

  • Me ha encantado. Es un artículo coherente, acertado y muy necesario ahora mismo. He estado pensando mucho en esto últimamente y me parece que has expresado muy bien lo que pienso. ¡Bravo! Lo he compartido en Facebook.
    Andrea

  • Una reflexión interesante. El problema de fondo es la superpoblación y sus consecuencias en cualquier ámbito. Cuando el turismo era asequible para lis rocos, claro, era genial para los lugareños y turistas. Turismo de masas, multiplicar cosechas utilizando semillas alteradas….todo por satisfacer a la masa consumidora. Hay poco que se pueda hacer y mejor ni pensar en las soluciones que el problema tiene.
    Genial artículo

  • Hoy visite la casa del arquitecto Antonio Rivas Mercado nos comentaba Sergio el guia el costo de la restauración había sido difícil conseguir q la dependencia del gobierno les comentó que será mejor tirar la casa y que los vecinos tuvieran agua potable , hoy tenemos ambas cosas , nuestros impuestos alcanzan para esto y más , si reconstruimos en lugar de tirar , si cuidamos en lugar de contaminar , si al viajar generamos recursos en lugar de traerse un souvenir que igual contamina en planeta , viviremos mejor , las nuevas generaciones podrán disfrutar lo poco queda .

  • Afortunadamente, existe el turismo sustentable como opción, y aunque es en muy pequeña escala (comparado con el turismo de masas), demuestra que puede ser una opción viable, aunque como todo en el mundo moderno, requiere profundos cambios estructurales político-económicos y de relaciones humanas.

  • Mallorca es hermosa. El turismo no mata Mallorca. La mata el exceso de turismo que no respeta el sitio que visita; el de desenfreno, borracheras y balconing; la mata la especulación, la mala gestión pública y/o privada;las autoridades que temen tomar medidas; la matan determinados intereses privados, el querer ganar dinero (cueste lo que cueste); quienes no respetan naturaleza, historia, identidad ni costumbres. Mallorca es un sitio de verdad hermoso, a respetar y para disfrutarlo con sentido común.

  • Te doy toda la razón el planeta y las personas ya no son lo que eran hace 30 años
    Se ha perdido algo, la magia del viaje ha desaparecido en la mayoría de los países donde antes era todo una aventura y una sorpresa ante lo nuevo ahora es un centro comercial para turistas.

  • se valora el ‘turismo de selfie’ porque hoy la búsqueda de la propia identidad y publicar avances a ese respecto suena ñoño. No publiques lo que aprendas como ser humano, tu filosofía… Publica mejor algo que impresione, bien colorido y atrevido. Si te juegas la vida por ello, tanto mejor. ¡Selfie en un acantilado! Que se vea que te juegas la vida por destacar! Si no, no serás nadie.

    Como buscar, hemos de buscar, por no mirar hacia adentro nos conformamos con mirar hacia afuera. Cada cual intenta definir su yo, o mejor dicho UN yo, o mejor dicho ‘un yo social’ publicando nimiedades. Cosas que a nadie importan pasados 2 minutos después de verlas.
    Hoy no se construye. Hoy se ponen parches. TODO se tapa con parches. Ya reventará todo por donde sea…

  • Por circunstancias he empezado a viajar muy tarde y lo he disfrutado mucho, Por supuesto organizando mi ruta, eligiendo temporada,usando el transporte de cada ciudad,cambiando planes sobre el terreno y sobre todo haciendo destinos que no estan de moda. Eso lo puedo hacer por mi libertad en el trabajo, ¿Como se puede pedir a trabajadores,estudiantes etc que no desborden todas las previsiones en ciertas fechas? Algunos destinos moriran de exito

  • Soy de buenos Aires, geografa , viajera empedernida y fotógrafa. Muy interesante el artículo, el problema de la gentrificacion ya queda muy pequeño en comparación a todo los males que desencadena el turismo en todo el.planeta.
    Buena nota !

  • Buen artículo.soy fotógrafa viajera y geografa, lo que esta pasando es muy serio. La.gentrificacion ya no es el problema más importante. Y el turista medio no tiene idea del.mal que produce.
    Buena nota
    Abrazo desde buenos aires

  • Estimado Enrique, me ha gustado mucho tu artículo. No soy experta en la materia. Pero sí que soy algo más diestra en asuntos lingüísticos y querría preguntarte si tienes modo de corregir los tres errores que he encontrado en tu texto: «aforo» a secas en lugar de aforo limitado, pasividad bovina que no «bobina» y aun así en vez del incorrecto «aún así».
    Atentamente.

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