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14 de mayo 2012    /   DIGITAL
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Socionomía: “Somos mejores gracias a lo vivido y aprendido en internet”

14 de mayo 2012    /   DIGITAL     por          
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Internet ha amplificado de forma radical la capacidad en que las personas pueden comunicarse y colaborar entre ellas. “Somos mejores gracias a lo vivido y aprendido en internet”, dice Dolors Reig. “Las sociedades híbridas ya reflejan e irán reflejando cada vez más los valores de esa nueva especie de individuos conectados que las habitan”.

La psicóloga social desarrolla esta teoría en su libro Socionomía. Reig asegura que dar nombres distintos a lo que se hace dentro y fuera de internet no encaja en esta nueva sociedad, la “sociedad postdigital”, apunta. “Una sociedad híbrida entre lo real y la capa aumentada a la realidad que supone la red, la nube o como queramos llamarla. El término destaca que ya no tiene sentido hablar de lo digital y lo real como cosas separadas, que para los nacidos después de los 90 la distinción es innecesaria”.

Hablas de que desarrollaremos un potencial hacia sociabilidades e inteligencias que irán aumentando entre lo natural y lo tecnológico. ¿Cuál es ese potencial?

Es mucha la potencia de la reunión de seres humanos, incluso hasta el punto de que algunos consideran lo social como una de las fuerzas de la evolución, junto a la selección natural. Somos animales extraordinariamente sociales, con cerebros ya preparados para serlo. La abundancia de entornos y posibilidades de colaboración actuales en el campo abonado de nuestra naturaleza puede llevarnos a extremos nunca antes vistos.

En cuanto a la inteligencia resulta obvio observar el potencial de la inteligencia colectiva en el contexto de redes: Wikipedia o Linux serían ilustres ejemplos. En cuanto a sociabilidad creo que tenemos una oportunidad única para basar el mundo en principios nuevos, como la colaboración, la solidaridad o compartir desde la vivencia constante de un espacio común y, por tanto, un aumento de la empatía. Quizás, como diría [Zygmunt] Bauman y también explico en el libro, el sistema actual que prioriza el consumo se fraguó desde la desintegración de lo social, de lo comunitario. Es importante ver cómo gracias a las redes sociales, gracias a que volvemos a estar juntos, podemos refundarlo.

¿Qué hábitos y habilidades tiene que tener cualquier persona, cualquier profesional, en este nuevo entorno? ¿Qué características y competencias debe tener una empresa o un trabajador que quiera tener éxito en este mundo conectado?

Varias. Debe tener las capacidades de organizar la inteligencia colectiva, dinamizar grupos, analizar datos y entender cómo se comporta el individuo cuando vive conectado de forma permanente a su círculo social. Debe filtrar de forma crítica la información existente, mostrar que se es experto en un producto o servicio determinado a partir de esas competencias de “curación de contenidos”. Pero, sobre todo, mostrar una actitud permanente y positiva hacia el aprendizaje. Si hay algo cada vez más importante, es aprender a aprender como individuos y organizaciones lo que es más relevante en cada momento.

Dices en tu libro que “ser más sociables nos hace más solidarios”.

Ser sociables y poder ponerlo en práctica de forma abundante, gracias a las TIC, nos hace más fuertes cuando volvemos a estar juntos, en los nuevos espacios públicos de internet. Diversos estudios demuestran cómo la conexión virtual se vivencia, física (neuroquímica, neurobiológica) y psíquicamente como real. Estar conectados a un “nosotros” más amplio, más global, más diverso, aumenta el alcance y la calidad de nuestra empatía, como así lo demuestran muchas investigaciones.

¿Cuáles son los elementos básicos de la cibercultura?

Dicen que están destinados a cambiar la realidad. ¿Cómo la están cambiando ya? Pacifismo, diálogo, participación, transparencia, autenticidad (es más necesario que nunca ser auténtico y transparente, en ausencia de los criterios de confianza tradicional), diversidad, muchos de ellos tiñen ya, creo, las movilizaciones sociales, desde el 15M al Occupy, pasando por las denominadas revoluciones en los países árabes. Como rasgo evidente, el de la resolución de conflictos de forma dialogante y pacífica por parte de unos ciudadanos a veces más evolucionados que sus gobiernos se dejó ver en aquellos casos.

Comento a menudo que lo que está cambiando con la experiencia de internet es la persona… Somos distintos, como observa Castells, desde que estamos en redes sociales y eso no tiene vuelta atrás a la hora de ir cambiando la realidad. En el libro amplío el tema desde el concepto de disonancia cognitiva como detonante de la insatisfacción individual y por lo tanto como elemento esencial de las movilizaciones colectivas.

Hablas de prosumidores en vez de consumidores. ¿En qué han cambiado? ¿No es hora ya de dejar de definir a alguien por lo que compra y por sus pertenencias?

Totalmente de acuerdo. Solamente me gusta del término prosumidor que de alguna forma corrige el de consumidor, neutraliza en cierto modo el servilismo que el último inspira. Prefiero, como aparece en el libro, hablar de cómo el individuo conectado se ha convertido no solo en interactivo, sino que ha ido evolucionando desde ese punto hasta el de demandas de verdadera participación en lo que consume, en lo que le rige, en todas las esferas de su vida pública.

Reflexionas sobre los filtros para la creciente infoxicación (sobreabundancia de información). Hablas también de una nueva figura profesional: el intermediario crítico del conocimiento, capaz de discriminar la calidad de los contenidos mediante una variedad de nuevas y viejas herramientas técnicas. ¿Es una figura distinta al periodista? ¿El periodista tendrá que hacer esta labor también?

Es, creo, una de las nuevas funciones del periodista (junto a la comunicación, la síntesis), pero también de cualquiera que pretenda comunicar en las redes de intereses actuales en los social media. Profesores, community managers, productores culturales y marcas podrán ofrecer como valor añadido el filtraje y la crítica en cada sector en un contexto de sobreabundancia informativa generalizada. Siempre digo que con la del psicólogo social y el pedagogo, la del periodista es una de las profesiones más prometedoras hoy precisamente porque es ya un profesional experto, probablemente como los anteriores, en captar la atención. Buena información y buena dinamización de las motivaciones humanas serían las claves.

Dices que sí hay salida a la crisis, que hay muchos ejemplos de innovación social ligada al cambio. ¿Qué posibilidades de modelos de negocio ves y qué oportunidades en sectores agotados?

Cada sector tendrá que resolverlo pero sí hay algunas de las denominadas “actitudes 2.0” que son transversales y pueden ayudar. El modelo ‘Spotify’ de venta asequible de servicio y no de venta cara de productos funciona bien en un escenario de música abundante y creo que irá generalizándose en el ámbito de la cultura y tal vez en otros. También se trata, en muchos ámbitos, de abrirnos a la comunidad, de dejar que la comunidad se apropie, participe de nuestra marca, producto, servicio…

También en Socionomía amplío muchísimo este aspecto pero para finalizar recuerdo cómo entre las claves para ir adelante en entornos complejos está la flexibilidad. Las mejores aproximaciones serán la observación permanente (análisis de datos, la hemos llamado antes) y la capacidad de cambiar de forma rápida y eficiente en escenarios básicamente imprevisibles. Siempre cito Twitter como ejemplo. En principio era una red destinada a sustituir los sms pero supo dejarse apropiar, cambiar sus objetivos de forma rápida a tenor de lo que su comunidad iba pidiendo.

La evolución y la salida de la crisis parece estar ligada incuestionablemente a la tecnología pero la inversión en I+D ha sido reducida de forma notable. ¿Tienen que asumir los ciudadanos y las empresas ese papel?

Shirky habló en su momento del poder de la organización sin organizaciones. Sí creo que, con mayor poder, más empoderados, siendo micropoderes en sí mismos y haciendo uso de las redes sociales, las responsabilidades también aumentan. Es un error para los gobiernos dar la espalda a un movimiento que como intento demostrar en todo el libro, no tiene vuelta atrás. Leía hace poco cómo la delincuencia lleva la delantera a los movimientos democráticos a la hora de aprovechar las tecnologías… Que los gobiernos democráticos no las apoyen es, desde esa perspectiva, doblemente grave.

Desde la ciudadanía, desde las empresas, debemos pensar en aplicar la palabra mágica, “social”, gracias en gran medida a las TIC, a la innovación que irá reinventando el sistema. Redes energéticas más eficientes si compartimos excedentes, como planteaba recientemente Rifkin, comunidades de conocimiento, comunidades en las que se comparten datos para consumo o investigación son algunos de los elementos que aparecen en el libro como llamada a ciudadanos y empresas.

Hablas de «sociedad aumentada». ¿Qué quieres definir con este concepto?

Significa poner el énfasis en que en la sociedad postdigital el aspecto social el más disruptivo. Significa que lo esencial de internet y las redes sociales es que hace a los individuos más fuertes. El término “aumentado” aquí significa también que no estamos anulando ningún tipo de relación entre seres humanos, sino ampliando enormemente su variedad, sus posibilidades.

Imagen de Kodomut reproducida bajo licencia CC.

Internet ha amplificado de forma radical la capacidad en que las personas pueden comunicarse y colaborar entre ellas. “Somos mejores gracias a lo vivido y aprendido en internet”, dice Dolors Reig. “Las sociedades híbridas ya reflejan e irán reflejando cada vez más los valores de esa nueva especie de individuos conectados que las habitan”.

La psicóloga social desarrolla esta teoría en su libro Socionomía. Reig asegura que dar nombres distintos a lo que se hace dentro y fuera de internet no encaja en esta nueva sociedad, la “sociedad postdigital”, apunta. “Una sociedad híbrida entre lo real y la capa aumentada a la realidad que supone la red, la nube o como queramos llamarla. El término destaca que ya no tiene sentido hablar de lo digital y lo real como cosas separadas, que para los nacidos después de los 90 la distinción es innecesaria”.

Hablas de que desarrollaremos un potencial hacia sociabilidades e inteligencias que irán aumentando entre lo natural y lo tecnológico. ¿Cuál es ese potencial?

Es mucha la potencia de la reunión de seres humanos, incluso hasta el punto de que algunos consideran lo social como una de las fuerzas de la evolución, junto a la selección natural. Somos animales extraordinariamente sociales, con cerebros ya preparados para serlo. La abundancia de entornos y posibilidades de colaboración actuales en el campo abonado de nuestra naturaleza puede llevarnos a extremos nunca antes vistos.

En cuanto a la inteligencia resulta obvio observar el potencial de la inteligencia colectiva en el contexto de redes: Wikipedia o Linux serían ilustres ejemplos. En cuanto a sociabilidad creo que tenemos una oportunidad única para basar el mundo en principios nuevos, como la colaboración, la solidaridad o compartir desde la vivencia constante de un espacio común y, por tanto, un aumento de la empatía. Quizás, como diría [Zygmunt] Bauman y también explico en el libro, el sistema actual que prioriza el consumo se fraguó desde la desintegración de lo social, de lo comunitario. Es importante ver cómo gracias a las redes sociales, gracias a que volvemos a estar juntos, podemos refundarlo.

¿Qué hábitos y habilidades tiene que tener cualquier persona, cualquier profesional, en este nuevo entorno? ¿Qué características y competencias debe tener una empresa o un trabajador que quiera tener éxito en este mundo conectado?

Varias. Debe tener las capacidades de organizar la inteligencia colectiva, dinamizar grupos, analizar datos y entender cómo se comporta el individuo cuando vive conectado de forma permanente a su círculo social. Debe filtrar de forma crítica la información existente, mostrar que se es experto en un producto o servicio determinado a partir de esas competencias de “curación de contenidos”. Pero, sobre todo, mostrar una actitud permanente y positiva hacia el aprendizaje. Si hay algo cada vez más importante, es aprender a aprender como individuos y organizaciones lo que es más relevante en cada momento.

Dices en tu libro que “ser más sociables nos hace más solidarios”.

Ser sociables y poder ponerlo en práctica de forma abundante, gracias a las TIC, nos hace más fuertes cuando volvemos a estar juntos, en los nuevos espacios públicos de internet. Diversos estudios demuestran cómo la conexión virtual se vivencia, física (neuroquímica, neurobiológica) y psíquicamente como real. Estar conectados a un “nosotros” más amplio, más global, más diverso, aumenta el alcance y la calidad de nuestra empatía, como así lo demuestran muchas investigaciones.

¿Cuáles son los elementos básicos de la cibercultura?

Dicen que están destinados a cambiar la realidad. ¿Cómo la están cambiando ya? Pacifismo, diálogo, participación, transparencia, autenticidad (es más necesario que nunca ser auténtico y transparente, en ausencia de los criterios de confianza tradicional), diversidad, muchos de ellos tiñen ya, creo, las movilizaciones sociales, desde el 15M al Occupy, pasando por las denominadas revoluciones en los países árabes. Como rasgo evidente, el de la resolución de conflictos de forma dialogante y pacífica por parte de unos ciudadanos a veces más evolucionados que sus gobiernos se dejó ver en aquellos casos.

Comento a menudo que lo que está cambiando con la experiencia de internet es la persona… Somos distintos, como observa Castells, desde que estamos en redes sociales y eso no tiene vuelta atrás a la hora de ir cambiando la realidad. En el libro amplío el tema desde el concepto de disonancia cognitiva como detonante de la insatisfacción individual y por lo tanto como elemento esencial de las movilizaciones colectivas.

Hablas de prosumidores en vez de consumidores. ¿En qué han cambiado? ¿No es hora ya de dejar de definir a alguien por lo que compra y por sus pertenencias?

Totalmente de acuerdo. Solamente me gusta del término prosumidor que de alguna forma corrige el de consumidor, neutraliza en cierto modo el servilismo que el último inspira. Prefiero, como aparece en el libro, hablar de cómo el individuo conectado se ha convertido no solo en interactivo, sino que ha ido evolucionando desde ese punto hasta el de demandas de verdadera participación en lo que consume, en lo que le rige, en todas las esferas de su vida pública.

Reflexionas sobre los filtros para la creciente infoxicación (sobreabundancia de información). Hablas también de una nueva figura profesional: el intermediario crítico del conocimiento, capaz de discriminar la calidad de los contenidos mediante una variedad de nuevas y viejas herramientas técnicas. ¿Es una figura distinta al periodista? ¿El periodista tendrá que hacer esta labor también?

Es, creo, una de las nuevas funciones del periodista (junto a la comunicación, la síntesis), pero también de cualquiera que pretenda comunicar en las redes de intereses actuales en los social media. Profesores, community managers, productores culturales y marcas podrán ofrecer como valor añadido el filtraje y la crítica en cada sector en un contexto de sobreabundancia informativa generalizada. Siempre digo que con la del psicólogo social y el pedagogo, la del periodista es una de las profesiones más prometedoras hoy precisamente porque es ya un profesional experto, probablemente como los anteriores, en captar la atención. Buena información y buena dinamización de las motivaciones humanas serían las claves.

Dices que sí hay salida a la crisis, que hay muchos ejemplos de innovación social ligada al cambio. ¿Qué posibilidades de modelos de negocio ves y qué oportunidades en sectores agotados?

Cada sector tendrá que resolverlo pero sí hay algunas de las denominadas “actitudes 2.0” que son transversales y pueden ayudar. El modelo ‘Spotify’ de venta asequible de servicio y no de venta cara de productos funciona bien en un escenario de música abundante y creo que irá generalizándose en el ámbito de la cultura y tal vez en otros. También se trata, en muchos ámbitos, de abrirnos a la comunidad, de dejar que la comunidad se apropie, participe de nuestra marca, producto, servicio…

También en Socionomía amplío muchísimo este aspecto pero para finalizar recuerdo cómo entre las claves para ir adelante en entornos complejos está la flexibilidad. Las mejores aproximaciones serán la observación permanente (análisis de datos, la hemos llamado antes) y la capacidad de cambiar de forma rápida y eficiente en escenarios básicamente imprevisibles. Siempre cito Twitter como ejemplo. En principio era una red destinada a sustituir los sms pero supo dejarse apropiar, cambiar sus objetivos de forma rápida a tenor de lo que su comunidad iba pidiendo.

La evolución y la salida de la crisis parece estar ligada incuestionablemente a la tecnología pero la inversión en I+D ha sido reducida de forma notable. ¿Tienen que asumir los ciudadanos y las empresas ese papel?

Shirky habló en su momento del poder de la organización sin organizaciones. Sí creo que, con mayor poder, más empoderados, siendo micropoderes en sí mismos y haciendo uso de las redes sociales, las responsabilidades también aumentan. Es un error para los gobiernos dar la espalda a un movimiento que como intento demostrar en todo el libro, no tiene vuelta atrás. Leía hace poco cómo la delincuencia lleva la delantera a los movimientos democráticos a la hora de aprovechar las tecnologías… Que los gobiernos democráticos no las apoyen es, desde esa perspectiva, doblemente grave.

Desde la ciudadanía, desde las empresas, debemos pensar en aplicar la palabra mágica, “social”, gracias en gran medida a las TIC, a la innovación que irá reinventando el sistema. Redes energéticas más eficientes si compartimos excedentes, como planteaba recientemente Rifkin, comunidades de conocimiento, comunidades en las que se comparten datos para consumo o investigación son algunos de los elementos que aparecen en el libro como llamada a ciudadanos y empresas.

Hablas de «sociedad aumentada». ¿Qué quieres definir con este concepto?

Significa poner el énfasis en que en la sociedad postdigital el aspecto social el más disruptivo. Significa que lo esencial de internet y las redes sociales es que hace a los individuos más fuertes. El término “aumentado” aquí significa también que no estamos anulando ningún tipo de relación entre seres humanos, sino ampliando enormemente su variedad, sus posibilidades.

Imagen de Kodomut reproducida bajo licencia CC.

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Opiniones 7
  • ¿Que «somos mejores gracias a lo vivido y aprendido en internet»? ¡¡¡Uaaaaalaaaaa…. como lo lea alguien que yo me se!!!! ¿Pero no decía aquel que eso de Internet «no era el presente, sino un futuro muy lejano…»? ¿No decía el otro que «eso de Internet es mu’ malo, que sólo sirve para alborotadores y para la desobediencia civil»?

    ¡¡Madre mía la que os espera…!!

    ¿O no?

    Quizás es que quien piensa todo eso que he escrito es el pasado más rancio de esta sociedad que nos ha tocado vivir y, afortunadamente, la historia dice que el pasado… va quedando atrás.

  • Yo estoy de acuerdo, se aprende mucho, se conoce mucho, y se interatúa positivamente mucho. La falla está en la caducidad y la rapidez, a penas da tiempo a fijar lo aprendido cuando la información ha volado. Personalmente trato de guardar los enlaces de lo que me interesa y aún así me quedo corta.

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