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9 de octubre 2015    /   IDEAS
por
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Solidaridad rumbo a Grecia

9 de octubre 2015    /   IDEAS     por        imagen  Malcolm Chapman
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Hace algo más de un mes, las imágenes del drama de los exiliados sirios vapuleó la conciencia de esta parte del mundo. Una corriente de indignación generalizada se esparció a través de ese maldito pellizco, haciendo que muchos se preguntaran qué podían hacer para aliviar el sufrimiento de los niños, jóvenes, mujeres y hombres, que se la jugaban —y juegan— camino a una tierra donde no llovieran proyectiles. Como muchos otros, Rita Rueff y Alberto Caio, una pareja de lisboetas afincados en Barcelona, desayunaron y cenaron con esas imágenes durante varios días, hasta que decidieron sacudirse la tristeza y la impotencia.
El primer paso fue acudir a varias ONG y preguntar directamente «¿cómo podemos ayudar?». Pero la cosa no funcionó. Las organizaciones no contaban con un plan concreto porque estaban esperando a que el Gobierno anunciara su plan concreto. Y entre que unos no concretaban y los otros esperaban la concreción, la respuesta se reducía a un «aporta dinero». Bueno. Vale. Nada que objetar. Pero el caso es que, puestos a donar, a Rita y Alberto les apetecía más compartir su tiempo y su energía. Así que decidieron echar por la calle de en medio montando un grupo de recogida de ropa en Facebook que llamaron Refugees Aid Barcelona. La idea era recoger material para enviarlo a los campamentos de refugiados de Grecia.
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El mensaje original decía:

«Estamos recopilando bienes para enviar al campamento de los refugiados en la isla de Kos. Principalmente necesitan productos para niños: zapatos, slings para transportar bebés, artículos de higiene personal como pañales, cepillos de dientes, pasta de dientes, etc … pero el invierno se acerca y todo el material para calentarse es bienvenido»


La pareja pensaba que, con un poco de tiempo, podrían recolectar material para llenar diez cajas. Pero los cálculos fallaron. En solo media hora recibieron material para llenar el doble. Al día siguiente, el proyecto Refugees Aid Barcelona ya era imparable:

«What an incredible 1st day. Unstoppable messages and 97 donated items»


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Cuatro días después, ya tenían web; una semana más tarde, mil seguidores; y pasado un mes, dos mil. Ante tal avalancha de solidaridad, no quedó más remedio que organizarse de verdad. «Decidimos entonces convertir nuestra vivienda en un punto de entrega de material», explica Rita. «Por la noche, después de trabajar, llegábamos a casa y recibíamos la ropa; la catalogábamos, la limpiábamos, la planchábamos y la empaquetábamos». Durante las primeras semanas, la pareja aprendió a convivir en un piso donde ya no había ni rastro del antiguo suelo. El plástico lo inundó todo. «¡Era una locura! Le tuvimos que hacer un pasillo entre bolsas a nuestra hija de tres años para que pudiera jugar».
 
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Muchos de los donantes que acudieron aquellos primeros días de septiembre a casa de los portugueses han terminado habilitando también sus casas como punto de entrega. Otros, se han metido de lleno en el núcleo organizativo —formado por 6 personas—, creando en solo un mes una red de 15 puntos de recogida en Barcelona y alrededores y el apoyo de más de 200 voluntarios. Alberto reconoce que aunque ellos dos tuvieron la idea, el proyecto ganó vida propia a partir del tercer día. «Se ha convertido en un proyecto esencialmente colaborativo. Cada uno que llega aporta lo que sabe hacer en su vida. Un periodista escribe; un diseñador, diseña campañas; si una sabe griego, traduce documentos y contacta con personas allí».

«Hola otra vez. Necesitamos alguien con una furgo para recoger bolsas de uno de los English Supermarket (uno en florida Blanca y el otro en Sitges) hasta Poble Nou. Es urgente, están casi sin espacio! quien se apunta?»


Gracias a mensajes como este colgado en el muro, Refugees Aid Barcelona ha tejido una estructura de colaboración que ya lleva recogidas, catalogadas, empaquetadas y almacenadas cerca de 30 toneladas de ropa. Unas 3.000 cajas. Rita es consciente de que ahora llega el momento clave. Sin envío nada tiene sentido. «Hay días que le digo a Alberto ¡qué hemos hecho!, tenemos aquí miles de cajas y no van a salir. Y de repente, como hoy mismo, te llega una llamada de una escuela infantil, que se han organizado y han recolectado 1.500 euros vendiendo pasteles. ¡La mitad de lo que vale enviar un camión! Eso es lo que nos da confianza».
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Todos sus esfuerzos se centran ahora en financiar los envíos (acaban de abrir un crowdfunding aquí) y en asegurar que la carga llega a los campos de refugiados. El invierno ya está aquí y la prioridad es la que es en este punto. Por eso han aparcado temporalmente la recogida de material en casas particulares. Sin embargo, durante toda esta semana y hasta hoy viernes, aquellos que quieran colaborar con ropa de abrigo, calzado y material de higiene podéis acercaros al espacio Transforma BCN (C/ Consell de Cent, 394 de Barcelona), donde la empresa Wallapop ha creado un punto de recogida. Todas las donaciones irán directamente a Refugees Aid Barcelona, quien se encargará de la gestión del envío.
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Fotos de Refugees Aid Barcelona

Hace algo más de un mes, las imágenes del drama de los exiliados sirios vapuleó la conciencia de esta parte del mundo. Una corriente de indignación generalizada se esparció a través de ese maldito pellizco, haciendo que muchos se preguntaran qué podían hacer para aliviar el sufrimiento de los niños, jóvenes, mujeres y hombres, que se la jugaban —y juegan— camino a una tierra donde no llovieran proyectiles. Como muchos otros, Rita Rueff y Alberto Caio, una pareja de lisboetas afincados en Barcelona, desayunaron y cenaron con esas imágenes durante varios días, hasta que decidieron sacudirse la tristeza y la impotencia.
El primer paso fue acudir a varias ONG y preguntar directamente «¿cómo podemos ayudar?». Pero la cosa no funcionó. Las organizaciones no contaban con un plan concreto porque estaban esperando a que el Gobierno anunciara su plan concreto. Y entre que unos no concretaban y los otros esperaban la concreción, la respuesta se reducía a un «aporta dinero». Bueno. Vale. Nada que objetar. Pero el caso es que, puestos a donar, a Rita y Alberto les apetecía más compartir su tiempo y su energía. Así que decidieron echar por la calle de en medio montando un grupo de recogida de ropa en Facebook que llamaron Refugees Aid Barcelona. La idea era recoger material para enviarlo a los campamentos de refugiados de Grecia.
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El mensaje original decía:

«Estamos recopilando bienes para enviar al campamento de los refugiados en la isla de Kos. Principalmente necesitan productos para niños: zapatos, slings para transportar bebés, artículos de higiene personal como pañales, cepillos de dientes, pasta de dientes, etc … pero el invierno se acerca y todo el material para calentarse es bienvenido»


La pareja pensaba que, con un poco de tiempo, podrían recolectar material para llenar diez cajas. Pero los cálculos fallaron. En solo media hora recibieron material para llenar el doble. Al día siguiente, el proyecto Refugees Aid Barcelona ya era imparable:

«What an incredible 1st day. Unstoppable messages and 97 donated items»


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Cuatro días después, ya tenían web; una semana más tarde, mil seguidores; y pasado un mes, dos mil. Ante tal avalancha de solidaridad, no quedó más remedio que organizarse de verdad. «Decidimos entonces convertir nuestra vivienda en un punto de entrega de material», explica Rita. «Por la noche, después de trabajar, llegábamos a casa y recibíamos la ropa; la catalogábamos, la limpiábamos, la planchábamos y la empaquetábamos». Durante las primeras semanas, la pareja aprendió a convivir en un piso donde ya no había ni rastro del antiguo suelo. El plástico lo inundó todo. «¡Era una locura! Le tuvimos que hacer un pasillo entre bolsas a nuestra hija de tres años para que pudiera jugar».
 
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Muchos de los donantes que acudieron aquellos primeros días de septiembre a casa de los portugueses han terminado habilitando también sus casas como punto de entrega. Otros, se han metido de lleno en el núcleo organizativo —formado por 6 personas—, creando en solo un mes una red de 15 puntos de recogida en Barcelona y alrededores y el apoyo de más de 200 voluntarios. Alberto reconoce que aunque ellos dos tuvieron la idea, el proyecto ganó vida propia a partir del tercer día. «Se ha convertido en un proyecto esencialmente colaborativo. Cada uno que llega aporta lo que sabe hacer en su vida. Un periodista escribe; un diseñador, diseña campañas; si una sabe griego, traduce documentos y contacta con personas allí».

«Hola otra vez. Necesitamos alguien con una furgo para recoger bolsas de uno de los English Supermarket (uno en florida Blanca y el otro en Sitges) hasta Poble Nou. Es urgente, están casi sin espacio! quien se apunta?»


Gracias a mensajes como este colgado en el muro, Refugees Aid Barcelona ha tejido una estructura de colaboración que ya lleva recogidas, catalogadas, empaquetadas y almacenadas cerca de 30 toneladas de ropa. Unas 3.000 cajas. Rita es consciente de que ahora llega el momento clave. Sin envío nada tiene sentido. «Hay días que le digo a Alberto ¡qué hemos hecho!, tenemos aquí miles de cajas y no van a salir. Y de repente, como hoy mismo, te llega una llamada de una escuela infantil, que se han organizado y han recolectado 1.500 euros vendiendo pasteles. ¡La mitad de lo que vale enviar un camión! Eso es lo que nos da confianza».
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Todos sus esfuerzos se centran ahora en financiar los envíos (acaban de abrir un crowdfunding aquí) y en asegurar que la carga llega a los campos de refugiados. El invierno ya está aquí y la prioridad es la que es en este punto. Por eso han aparcado temporalmente la recogida de material en casas particulares. Sin embargo, durante toda esta semana y hasta hoy viernes, aquellos que quieran colaborar con ropa de abrigo, calzado y material de higiene podéis acercaros al espacio Transforma BCN (C/ Consell de Cent, 394 de Barcelona), donde la empresa Wallapop ha creado un punto de recogida. Todas las donaciones irán directamente a Refugees Aid Barcelona, quien se encargará de la gestión del envío.
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Fotos de Refugees Aid Barcelona

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