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26 de julio 2016    /   IDEAS
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Sologamia: Ella se casó consigo misma (y no es la única)

26 de julio 2016    /   IDEAS     por          
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Era lunes por la mañana. Grace Gelder llevaba soltera desde hacía seis años. En ese tiempo se convirtió en una viajera incansable, disfrutó tomando sus propias decisiones y estudió un máster en fotografía. Sólo a finales de la veintena descubrió quién era, qué quería y qué podía ofrecer al mundo. En ese tiempo se dio cuenta de que si hubiese habido alguien más en su vida sentimental, «habría querido señalar ciertas fechas y tomar decisiones sobre un futuro compartido».

Aquel lunes por la mañana se encontraba reflexionando sobre la noción de los acuerdos y entonces descubrió que extraería algunos beneficios personales, emocionales, si llegara a ciertos acuerdos consigo misma sobre cuáles eran sus prioridades en la vida.

Sólo hay una persona en el mundo a la que se puede jurar permanencia con total seguridad «hasta que la muerte nos separe». Casarse consigo misma, aquella mañana, se reveló como la opción más lógica. Entonces, recordó aquella canción de Börk que solía escuchar cuando tenía 18 años: «My name is Isobel, married to myself» (Mi nombre es Isobel, casada conmigo misma), decía la letra.

«Yo no soy nada religiosa, así que he creado mi propio rito de paso para marcar la transición a una nueva fase de mi vida», cuenta la fotógrafa Grace Gelder a Yorokobu.

Devon March_112 copy

En su boda no faltó nada. Para Gelder fue un día «divertido, brillante y una aventura colaborativa». Contó incluso con wedding planner que le ayudó a organizar el día más importante de su vida. «Sugirieron un montón de ideas, por ejemplo, hacer los votos ante un espejo. Eso fue, al menos, una decisión divertida de última hora. Decir mis votos en voz alta frente a mis amigos y seres queridos fue realmente empoderador, puesto que sabía que aquella gente me lo recordaría durante años».

Para la fotógrafa, aquel momento fue, además, un ejercicio de amor propio que le permitió darse cuenta de cuáles eran sus prioridades en la vida. «Fue increíblemente importante para mí que cada uno de los que estaban allí ese día tuvieron la oportunidad de considerar lo que significa realmente el amor propio y la promesa de mantener una relación sana con nosotros mismos. La gente me dijo al final del día que aquello realmente les hizo pensar. ¡Una señora llegó a decirme que era la mejor boda a la que había asistido!», recuerda.

Lo que quiero decir es que no me importaría ser la novia y celebrar una boda, si pudiera hacerlo sin tener un marido

No es que fuera previsible que se casara consigo misma, pero tampoco causó extrañeza en su entorno. Hacer algo semejante no sorprendió a sus seres queridos, que ya se habían acostumbrado a una mujer peculiar y rebelde que hace las cosas a su manera. En cualquier situación, siempre se expresó de una manera creativa e inusual. «Tengo que admitir que siempre ha habido un lado rebelde en mi personalidad, así que fue muy divertido crear mi propia versión de una boda, centrándome en lo que realmente importa sin pasar por las mociones de algo que nos ha dictado la religión», cuenta.

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Lo que fue una ceremonia privada comenzó a circular por el mundo entero. Seis meses después de la boda le ofrecieron la primera entrevista, nada más y nada menos que en The Guardian. «Yo pensaba que iba a ser un artículo pequeño, sin más. ¡Pero se convirtió en viral de la noche a la mañana!», exclama, todavía sorprendida y abrumada por el eco de su peculiar decisión. Una semana después de aquella entrevista estaba en Hollywood y, a la siguiente, en Beirut. Su e-mail y su teléfono trabajaron sin cesar durante un tiempo.

A raíz de estas entrevistas que la llevaron a visitar distintos puntos del planeta, pudo ver las diferentes reacciones que su boda en solitario despertaba en cada país y entre distintos trasfondos culturales. «En Líbano intentaron tenderme la trampa con un hombre en un programa televisivo en directo, pero educadamente lo rechacé. También he recibido unas 50 propuestas de matrimonio de hombres de todo el mundo que querían casarse conmigo porque pensaban que me sentía sola», relata.

En cada lugar se encontró con gente que la criticó por su decisión de practicar la sologamia. «Pero cuando haces algo inusual siempre te vas a encontrar con una opinión dividida, así que no me molestó. Yo creía en lo que hice y realmente disfruté de todas las discusiones y conversaciones que mantuve con la gente», recuerda.

Su amiga Amy Grubb, también fotógrafa, fue la encargada de documentar la boda.

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Gelder lleva una relación consigo misma muy parecida a la que llevaría si tuviese un marido. Ha celebrado los dos aniversarios que ha cumplido hasta la fecha y luce un anillo en el dedo, según cuenta, para recordarse a sí misma sus votos y aquel día tan especial. «Suelo planear viajes sola y voy a un spa para relajarme. Cuidarse es importante y esencial para todo el mundo, pero mi ceremonia me ayuda a recordar y aferrarme a mis votos», explica.

Lo único que no ha considerado, al menos hasta la fecha, ha sido la posibilidad de adoptar en solitario.

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Una de las muchas dudas que suelen asaltar al conocer a Gelber es si es posible ser infiel con una misma o si se puede ligar con otras personas. «Me parece divertido que la gente crea que porque me he casado conmigo misma no puedo quedar con otra gente. No es una atadura legal y no me gustaría que lo fuera. Sólo es un ritual simbólico para cuidarme y quererme en serio y ser lo más sana que pueda llegar a ser. Esto significa que tendré relaciones más sanas con los demás humanos», aclara.

Devon-March_129-copy

 

 

Gelder reconoce que ha tenido citas y que lleva una sologamia muy abierta. «Suele ser un buen indicador del tipo de hombre con el que estoy quedando. A menudo la gente se ha interesado en mi situación y ha querido saber más». Gracias a estas placenteras experiencias, no descarta casarse con otra persona, siempre que se sienta a gusto en la relación.

Cada persona necesita aprender desde la infancia cómo pasar tiempo con uno mismo. Eso no significa que uno deba ser solitario, sino que no debiera aburrirse consigo mismo porque la gente que se aburre en su propia compañía me parece que está en peligro en lo que a autoestima se refiere

Si tiene que comparar, Gelder relativiza al máximo. La relación más larga que ha tenido «con alguien más» (aclara), duró dos años y tuvo pros y contras en la misma medida que su matrimonio actual consigo misma.

«Creo que casarte contigo misma significa que no hay ruta de escape. Si estás con otra persona siempre puedes elegir dejarla, pero contigo misma estás durante toda la vida. Por supuesto, la gente me ha preguntado sobre el divorcio —es imposible tener una conversación sobre el matrimonio sin que aparezca ese tema— pero eso nunca estuvo en mi mente como una opción».

Devon-March_108

 

Los beneficios de invertir en su relación consigo misma le han reportado una mayor confianza tanto en su trabajo como fotógrafa como a la hora de comunicarse con los demás. «Mi sentido del ‘self’ es más o menos sólido dependiendo de lo que otros piensen y soy capaz de priorizar más fácilmente», remacha.

La sologamia está de moda

Hacer promesas entre amigos del tipo «si llegamos solteros a los 30 nos casamos» son habituales. Lo que no es habitual es lo que hizo Yasmin Eleby: «Si no encuentro el amor de mi vida antes de los 40, me caso conmigo misma», se prometió. Eleby cumplió su palabra y, tras llegar soltera a los 40, se casó sola el año pasado en Houston.

Nadine Schweigert se casó en 2012 en Dakota del norte tras superar varios traumas. El sobrepeso durante su juventud la llevó a fumar y beber en exceso. Cuando se divorció, sus hijos decidieron irse a vivir con su padre. Mientras esperaba al amor de su vida, un amigo le dijo: «¿Por qué necesitas a alguien para ser feliz? Cásate contigo misma». Y lo hizo.

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Antes que ella, Chen Wei-yih se había casado consigo misma en 2010. Celebró su boda en Taiwan, para sorpresa de todos los asistentes. Lo hizo, en parte, para acabar con la idea tan arraigada en su cultura (y en tantas otras en las que las mujeres se enfrentan a presiones constantes) de que una mujer que no se casa está incompleta.

Sasha Cagen escribe libros de autoayuda y está casada consigo misma. La autora de ‘Quirkyalone: un manifiesto de los románticos sin compromiso’, se ha convertido en una especie de abanderada de la soltería que incluso imparte conferencias sobre sus beneficios.

La también escritora Sophie Tanner se casó en Brighton después de 20 años buscando al hombre de su vida. La idea de casarse sola partió de un personaje literario que ella misma había creado. Estaba inmersa en una novela en la que la protagonista era una chica muerta que se negaba a aceptar su propia muerte, pero se vio bloqueada. Ante tanta negatividad no logró inspirarse, así que se dijo: «¿Y si escribo sobre cosas y personajes felices? ¿Por qué no sobre una chica que se casa consigo misma?».

Tanner llegó a solicitar el matrimonio como si pudiera hacerlo de manera legal. La respuesta fue un tajante no. Para ella fue una auténtica revelación descubrir que en un libro escrito hace 150 años ya se planteó la misma idea. Cuando vio en el cine una adaptación de Lejos del mundanal ruido, de Thomas Hardy, no daba crédito a estas palabras en boca de Bathsheba: «Lo que quiero decir es que no me importaría ser la novia y celebrar una boda, si pudiera hacerlo sin tener un marido. Pero como una mujer no puede hacerlo sola, no me casaré. Al menos por el momento».

En Japón y en Canadá ya han aparecido agencias especializadas en bodas para uno. Aunque quizá habría que aclarar que son bodas, en su mayoría, para una. Solo Wedding, de Japón, ofrece un paquete que incluye hasta luna de miel y la posibilidad de elegir un marido figurante para las fotos.

En la web I married me es posible comprar anillos de compromiso para una sola persona, así como cartas para uno mismo y camisetas para llevar la sologamia con orgullo.

I-married-meNo son bodas legales, aunque sí bastante reales. En los eventos no faltan detalles ni wedding planners. Estos rituales simbólicos se han convertido en una forma muy aceptada de demostrar el amor propio entre quienes han decido quedarse solteras para siempre o quererse por encima de todo.

¿Por qué se da sobre todo entre mujeres? La empresa Solo Wedding, por ejemplo, está directamente dirigida a mujeres que anteponen su carrera a encontrar pareja pero que, de todos modos, sueñan con que el día de su boda sea el más especial de sus vidas. En la mayoría de los casos, se trata de mujeres que han decidido quererse más, algunas incluso han pasado por relaciones fallidas, pero lo que todas ellas tienen en común es que han aprendido a estar solas y a quererse así, sin necesitar que las quieran.

Se trata de mujeres que, aunque se enfrentan a las críticas, han superado la que para Tarkovski era la mayor falla de la juventud: no saber estar solos.

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Imágenes: Amy Grubb y I married me

Era lunes por la mañana. Grace Gelder llevaba soltera desde hacía seis años. En ese tiempo se convirtió en una viajera incansable, disfrutó tomando sus propias decisiones y estudió un máster en fotografía. Sólo a finales de la veintena descubrió quién era, qué quería y qué podía ofrecer al mundo. En ese tiempo se dio cuenta de que si hubiese habido alguien más en su vida sentimental, «habría querido señalar ciertas fechas y tomar decisiones sobre un futuro compartido».

Aquel lunes por la mañana se encontraba reflexionando sobre la noción de los acuerdos y entonces descubrió que extraería algunos beneficios personales, emocionales, si llegara a ciertos acuerdos consigo misma sobre cuáles eran sus prioridades en la vida.

Sólo hay una persona en el mundo a la que se puede jurar permanencia con total seguridad «hasta que la muerte nos separe». Casarse consigo misma, aquella mañana, se reveló como la opción más lógica. Entonces, recordó aquella canción de Börk que solía escuchar cuando tenía 18 años: «My name is Isobel, married to myself» (Mi nombre es Isobel, casada conmigo misma), decía la letra.

«Yo no soy nada religiosa, así que he creado mi propio rito de paso para marcar la transición a una nueva fase de mi vida», cuenta la fotógrafa Grace Gelder a Yorokobu.

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En su boda no faltó nada. Para Gelder fue un día «divertido, brillante y una aventura colaborativa». Contó incluso con wedding planner que le ayudó a organizar el día más importante de su vida. «Sugirieron un montón de ideas, por ejemplo, hacer los votos ante un espejo. Eso fue, al menos, una decisión divertida de última hora. Decir mis votos en voz alta frente a mis amigos y seres queridos fue realmente empoderador, puesto que sabía que aquella gente me lo recordaría durante años».

Para la fotógrafa, aquel momento fue, además, un ejercicio de amor propio que le permitió darse cuenta de cuáles eran sus prioridades en la vida. «Fue increíblemente importante para mí que cada uno de los que estaban allí ese día tuvieron la oportunidad de considerar lo que significa realmente el amor propio y la promesa de mantener una relación sana con nosotros mismos. La gente me dijo al final del día que aquello realmente les hizo pensar. ¡Una señora llegó a decirme que era la mejor boda a la que había asistido!», recuerda.

Lo que quiero decir es que no me importaría ser la novia y celebrar una boda, si pudiera hacerlo sin tener un marido

No es que fuera previsible que se casara consigo misma, pero tampoco causó extrañeza en su entorno. Hacer algo semejante no sorprendió a sus seres queridos, que ya se habían acostumbrado a una mujer peculiar y rebelde que hace las cosas a su manera. En cualquier situación, siempre se expresó de una manera creativa e inusual. «Tengo que admitir que siempre ha habido un lado rebelde en mi personalidad, así que fue muy divertido crear mi propia versión de una boda, centrándome en lo que realmente importa sin pasar por las mociones de algo que nos ha dictado la religión», cuenta.

No es que fuera previsible que se casara consigo misma, pero tampoco causó extrañeza en su entorno. Hacer algo semejante no sorprendió a sus seres queridos, que ya se habían acostumbrado a una mujer peculiar y rebelde que hace las cosas a su manera. En cualquier situación, siempre se expresó de una manera creativa e inusual. «Tengo que admitir que siempre ha habido un lado rebelde en mi personalidad, así que fue muy divertido crear mi propia versión de una boda, centrándome en lo que realmente importa sin pasar por las mociones de algo que nos ha dictado la religión», cuenta.

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Lo que fue una ceremonia privada comenzó a circular por el mundo entero. Seis meses después de la boda le ofrecieron la primera entrevista, nada más y nada menos que en The Guardian. «Yo pensaba que iba a ser un artículo pequeño, sin más. ¡Pero se convirtió en viral de la noche a la mañana!», exclama, todavía sorprendida y abrumada por el eco de su peculiar decisión. Una semana después de aquella entrevista estaba en Hollywood y, a la siguiente, en Beirut. Su e-mail y su teléfono trabajaron sin cesar durante un tiempo.

A raíz de estas entrevistas que la llevaron a visitar distintos puntos del planeta, pudo ver las diferentes reacciones que su boda en solitario despertaba en cada país y entre distintos trasfondos culturales. «En Líbano intentaron tenderme la trampa con un hombre en un programa televisivo en directo, pero educadamente lo rechacé. También he recibido unas 50 propuestas de matrimonio de hombres de todo el mundo que querían casarse conmigo porque pensaban que me sentía sola», relata.

En cada lugar se encontró con gente que la criticó por su decisión de practicar la sologamia. «Pero cuando haces algo inusual siempre te vas a encontrar con una opinión dividida, así que no me molestó. Yo creía en lo que hice y realmente disfruté de todas las discusiones y conversaciones que mantuve con la gente», recuerda.

Su amiga Amy Grubb, también fotógrafa, fue la encargada de documentar la boda.

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Gelder lleva una relación consigo misma muy parecida a la que llevaría si tuviese un marido. Ha celebrado los dos aniversarios que ha cumplido hasta la fecha y luce un anillo en el dedo, según cuenta, para recordarse a sí misma sus votos y aquel día tan especial. «Suelo planear viajes sola y voy a un spa para relajarme. Cuidarse es importante y esencial para todo el mundo, pero mi ceremonia me ayuda a recordar y aferrarme a mis votos», explica.

Lo único que no ha considerado, al menos hasta la fecha, ha sido la posibilidad de adoptar en solitario.

Devon-March_101

 

Una de las muchas dudas que suelen asaltar al conocer a Gelber es si es posible ser infiel con una misma o si se puede ligar con otras personas. «Me parece divertido que la gente crea que porque me he casado conmigo misma no puedo quedar con otra gente. No es una atadura legal y no me gustaría que lo fuera. Sólo es un ritual simbólico para cuidarme y quererme en serio y ser lo más sana que pueda llegar a ser. Esto significa que tendré relaciones más sanas con los demás humanos», aclara.

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Gelder reconoce que ha tenido citas y que lleva una sologamia muy abierta. «Suele ser un buen indicador del tipo de hombre con el que estoy quedando. A menudo la gente se ha interesado en mi situación y ha querido saber más». Gracias a estas placenteras experiencias, no descarta casarse con otra persona, siempre que se sienta a gusto en la relación.

Cada persona necesita aprender desde la infancia cómo pasar tiempo con uno mismo. Eso no significa que uno deba ser solitario, sino que no debiera aburrirse consigo mismo porque la gente que se aburre en su propia compañía me parece que está en peligro en lo que a autoestima se refiere

Si tiene que comparar, Gelder relativiza al máximo. La relación más larga que ha tenido «con alguien más» (aclara), duró dos años y tuvo pros y contras en la misma medida que su matrimonio actual consigo misma.

«Creo que casarte contigo misma significa que no hay ruta de escape. Si estás con otra persona siempre puedes elegir dejarla, pero contigo misma estás durante toda la vida. Por supuesto, la gente me ha preguntado sobre el divorcio —es imposible tener una conversación sobre el matrimonio sin que aparezca ese tema— pero eso nunca estuvo en mi mente como una opción».

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Los beneficios de invertir en su relación consigo misma le han reportado una mayor confianza tanto en su trabajo como fotógrafa como a la hora de comunicarse con los demás. «Mi sentido del ‘self’ es más o menos sólido dependiendo de lo que otros piensen y soy capaz de priorizar más fácilmente», remacha.

La sologamia está de moda

Hacer promesas entre amigos del tipo «si llegamos solteros a los 30 nos casamos» son habituales. Lo que no es habitual es lo que hizo Yasmin Eleby: «Si no encuentro el amor de mi vida antes de los 40, me caso conmigo misma», se prometió. Eleby cumplió su palabra y, tras llegar soltera a los 40, se casó sola el año pasado en Houston.

Nadine Schweigert se casó en 2012 en Dakota del norte tras superar varios traumas. El sobrepeso durante su juventud la llevó a fumar y beber en exceso. Cuando se divorció, sus hijos decidieron irse a vivir con su padre. Mientras esperaba al amor de su vida, un amigo le dijo: «¿Por qué necesitas a alguien para ser feliz? Cásate contigo misma». Y lo hizo.

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Antes que ella, Chen Wei-yih se había casado consigo misma en 2010. Celebró su boda en Taiwan, para sorpresa de todos los asistentes. Lo hizo, en parte, para acabar con la idea tan arraigada en su cultura (y en tantas otras en las que las mujeres se enfrentan a presiones constantes) de que una mujer que no se casa está incompleta.

Sasha Cagen escribe libros de autoayuda y está casada consigo misma. La autora de ‘Quirkyalone: un manifiesto de los románticos sin compromiso’, se ha convertido en una especie de abanderada de la soltería que incluso imparte conferencias sobre sus beneficios.

La también escritora Sophie Tanner se casó en Brighton después de 20 años buscando al hombre de su vida. La idea de casarse sola partió de un personaje literario que ella misma había creado. Estaba inmersa en una novela en la que la protagonista era una chica muerta que se negaba a aceptar su propia muerte, pero se vio bloqueada. Ante tanta negatividad no logró inspirarse, así que se dijo: «¿Y si escribo sobre cosas y personajes felices? ¿Por qué no sobre una chica que se casa consigo misma?».

Tanner llegó a solicitar el matrimonio como si pudiera hacerlo de manera legal. La respuesta fue un tajante no. Para ella fue una auténtica revelación descubrir que en un libro escrito hace 150 años ya se planteó la misma idea. Cuando vio en el cine una adaptación de Lejos del mundanal ruido, de Thomas Hardy, no daba crédito a estas palabras en boca de Bathsheba: «Lo que quiero decir es que no me importaría ser la novia y celebrar una boda, si pudiera hacerlo sin tener un marido. Pero como una mujer no puede hacerlo sola, no me casaré. Al menos por el momento».

En Japón y en Canadá ya han aparecido agencias especializadas en bodas para uno. Aunque quizá habría que aclarar que son bodas, en su mayoría, para una. Solo Wedding, de Japón, ofrece un paquete que incluye hasta luna de miel y la posibilidad de elegir un marido figurante para las fotos.

En la web I married me es posible comprar anillos de compromiso para una sola persona, así como cartas para uno mismo y camisetas para llevar la sologamia con orgullo.

I-married-meNo son bodas legales, aunque sí bastante reales. En los eventos no faltan detalles ni wedding planners. Estos rituales simbólicos se han convertido en una forma muy aceptada de demostrar el amor propio entre quienes han decido quedarse solteras para siempre o quererse por encima de todo.

¿Por qué se da sobre todo entre mujeres? La empresa Solo Wedding, por ejemplo, está directamente dirigida a mujeres que anteponen su carrera a encontrar pareja pero que, de todos modos, sueñan con que el día de su boda sea el más especial de sus vidas. En la mayoría de los casos, se trata de mujeres que han decidido quererse más, algunas incluso han pasado por relaciones fallidas, pero lo que todas ellas tienen en común es que han aprendido a estar solas y a quererse así, sin necesitar que las quieran.

Se trata de mujeres que, aunque se enfrentan a las críticas, han superado la que para Tarkovski era la mayor falla de la juventud: no saber estar solos.

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Imágenes: Amy Grubb y I married me

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  • Bravo!
    Me ha encantado.

    Yo llevo un tiempo dándole vueltas .
    Creo que es porque no encajo esta forma de pensar de que para ser feliz dicha felicidad tiene que ser compartida.

    No hay nada mas bonito que ser feliz con uno mismo.
    Primero, siempre con uno mismo, y si se da el lugar de que se presenta una persona con la cual se pueda compartir dicha felicidad… pues genial! Para mi es precioso que las personas compartan su felicidad, siempre.

    El problema, yo creo que se da cuando muchas personas se desesperan por encontrar la felicidad y el amor y se dedican a buscarlo fuera de uno mismo. Cuando lo tenemos frente al espejo.

    Tenemos que querernos más,
    y esperar menos.
    He dicho 🙂
    Yo también me casaré conmigo!!!!

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