19 de julio 2012    /   IDEAS
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Som Energia, la eléctrica verde e indie

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Que las personas son capaces de organizarse para encontrar soluciones alternativas a las ya existentes no es algo que, a estas alturas y tras empujón a la participación ciudadana que supuso el 15M, pueda sorprender a nadie. Otra cosa bien diferente es que se sepa que la energía eléctrica no es coto cerrado para las grandes compañías eléctricas. Som Energía es la apuesta es verde, cooperativista y totalmente independiente.

Debe ser como la extraña sensación de llegar a un lugar en el que se experimenta un retraso social de, como poco, una década. Uno llega a un sitio pensando que lo que va a encontrar es como lo que tenía en casa y lo que encuentra es una sarta de opciones escasamente satisfactorias.

Con algo así debió toparse Gijsbert Huijink cuando llegó a Girona a mitad de la pasada década. Huijink es holandés y llegaba a Cataluña para trabajar como profesor en la Universidad de Girona. Necesitaba invertir para llevar energía a su casa y pensó que podía producirla él mismo ayudado por unas placas solares y algunas baterías. En poco tiempo, se vio buscando información acerca de cómo generar más para venderla a la red.

Fue hace dos años, en la primavera de 2010, cuando una serie de personas de su entorno en la universidad decidieron unirse al experimento. Lo primero que hicieron, teniendo en cuenta que lo que estaban haciendo era algo pionero en España, fue mirar de fronteras afuera. En países como el de Huijink, las cooperativas eléctricas eran una realidad consolidada en el tiempo. Aquí, sería como poco una aventura larga e incierta y tendría por nombre Som Energia. “Nuestro objetivo es convertirnos en una cooperativa sin ánimo de lucro capaz de cambiar el modelo energético actual y trabajar para alcanzar un modelo 100% renovable”. Quien lo cuenta es Laia Blasco, miembro de la plataforma.

La energía que Som Energía comercializa a sus abonados está garantizada como procedente de renovables a través de los certificados de energía verde. Estos certificados, que son emitidos por la Comisión Nacional de la Energía, se emiten en función de la demanda de renovables que exista en ese momento, es decir, cuantos más certificados de energía verde compre una comercializadora, más energía procedente de fuentes renovables se producirá. En realidad, la energía que se encuentra en la red no puede diferenciarse entre la que es verde y la que no, pero sí se sabe qué cantidad de la misma procede de fuentes renovables. Eso se conoce gracias a esos certificados emitidos.

La asamblea constituyente de la cooperativa se llevó a cabo en diciembre de 2010. 150 personas con el mismo derecho a voto formaron parte de la misma. Ahora se acercan a los tres millares de socios y están dando el siguiente paso: saltar de la mera comercialización de energía generada por otros a la producción propia. “Es posible poner en marcha proyectos de generación a partir de fuentes renovables de manera independiente”, declara Blasco.

Han comenzado con una pequeña planta de energía fotovoltaica en el techo de una empresa en Lleida. También están en pleno proceso de creación de una planta de biogás. “Esta es una pequeña parte del volumen de consumo de nuestros socios, pero con el tiempo tenemos el objetivo de llegar a producir el 100% de la energía consumida”, señala la cooperativista. Som Energia instalará durante este verano cubiertas fotovoltaicas en un almacén, una nave municipal y un polideportivo de Riudarenes, así como en el tejado del pabellón deportivo de Camallera i Llampaies.

El proyecto no tiene corsés geográficos. Cualquiera puede formar parte de Som Energia y recibir energía verde en casa. “Es necesaria una aportación al capital social de 100€. Entre los socios que lo han querido, hemos invertido 665.000 euros para inversión en proyectos producción de energía renovable con un rendimiento entre el 3 y 6 por ciento”, cuenta Laia Blasco. A partir de ahí, el abonado tendría únicamente que a elegir entre dos tarifas, la 2.0 y 2.1, y comenzar a recibir el servicio como si de cualquier otra compañía “de las de toda la vida” se tratase.

“No debemos esperar a que los gobiernos lo hagan por nosotros, lo podemos hacer nosotros si nos lo proponemos”, resalta Blasco. Som Energia apuesta por el desarrollo de una economía sostenible, por la igualdad en la toma de decisiones dentro del régimen cooperativista y por la creación de un movimiento social a favor de las renovables que permite a los ciudadanos ampliar su abanico de elección. Acaban de comenzar una carrera larga, tediosa e ingrata pero, quizá algún día no muy lejano, ningún porcentaje de la energía que brote de nuestros enchufes provendrá de fuentes no renovables. Me lo quiero creer.

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Debe ser como la extraña sensación de llegar a un lugar en el que se experimenta un retraso social de, como poco, una década. Uno llega a un sitio pensando que lo que va a encontrar es como lo que tenía en casa y lo que encuentra es una sarta de opciones escasamente satisfactorias.

Con algo así debió toparse Gijsbert Huijink cuando llegó a Girona a mitad de la pasada década. Huijink es holandés y llegaba a Cataluña para trabajar como profesor en la Universidad de Girona. Necesitaba invertir para llevar energía a su casa y pensó que podía producirla él mismo ayudado por unas placas solares y algunas baterías. En poco tiempo, se vio buscando información acerca de cómo generar más para venderla a la red.

Fue hace dos años, en la primavera de 2010, cuando una serie de personas de su entorno en la universidad decidieron unirse al experimento. Lo primero que hicieron, teniendo en cuenta que lo que estaban haciendo era algo pionero en España, fue mirar de fronteras afuera. En países como el de Huijink, las cooperativas eléctricas eran una realidad consolidada en el tiempo. Aquí, sería como poco una aventura larga e incierta y tendría por nombre Som Energia. “Nuestro objetivo es convertirnos en una cooperativa sin ánimo de lucro capaz de cambiar el modelo energético actual y trabajar para alcanzar un modelo 100% renovable”. Quien lo cuenta es Laia Blasco, miembro de la plataforma.

La energía que Som Energía comercializa a sus abonados está garantizada como procedente de renovables a través de los certificados de energía verde. Estos certificados, que son emitidos por la Comisión Nacional de la Energía, se emiten en función de la demanda de renovables que exista en ese momento, es decir, cuantos más certificados de energía verde compre una comercializadora, más energía procedente de fuentes renovables se producirá. En realidad, la energía que se encuentra en la red no puede diferenciarse entre la que es verde y la que no, pero sí se sabe qué cantidad de la misma procede de fuentes renovables. Eso se conoce gracias a esos certificados emitidos.

La asamblea constituyente de la cooperativa se llevó a cabo en diciembre de 2010. 150 personas con el mismo derecho a voto formaron parte de la misma. Ahora se acercan a los tres millares de socios y están dando el siguiente paso: saltar de la mera comercialización de energía generada por otros a la producción propia. “Es posible poner en marcha proyectos de generación a partir de fuentes renovables de manera independiente”, declara Blasco.

Han comenzado con una pequeña planta de energía fotovoltaica en el techo de una empresa en Lleida. También están en pleno proceso de creación de una planta de biogás. “Esta es una pequeña parte del volumen de consumo de nuestros socios, pero con el tiempo tenemos el objetivo de llegar a producir el 100% de la energía consumida”, señala la cooperativista. Som Energia instalará durante este verano cubiertas fotovoltaicas en un almacén, una nave municipal y un polideportivo de Riudarenes, así como en el tejado del pabellón deportivo de Camallera i Llampaies.

El proyecto no tiene corsés geográficos. Cualquiera puede formar parte de Som Energia y recibir energía verde en casa. “Es necesaria una aportación al capital social de 100€. Entre los socios que lo han querido, hemos invertido 665.000 euros para inversión en proyectos producción de energía renovable con un rendimiento entre el 3 y 6 por ciento”, cuenta Laia Blasco. A partir de ahí, el abonado tendría únicamente que a elegir entre dos tarifas, la 2.0 y 2.1, y comenzar a recibir el servicio como si de cualquier otra compañía “de las de toda la vida” se tratase.

“No debemos esperar a que los gobiernos lo hagan por nosotros, lo podemos hacer nosotros si nos lo proponemos”, resalta Blasco. Som Energia apuesta por el desarrollo de una economía sostenible, por la igualdad en la toma de decisiones dentro del régimen cooperativista y por la creación de un movimiento social a favor de las renovables que permite a los ciudadanos ampliar su abanico de elección. Acaban de comenzar una carrera larga, tediosa e ingrata pero, quizá algún día no muy lejano, ningún porcentaje de la energía que brote de nuestros enchufes provendrá de fuentes no renovables. Me lo quiero creer.

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