12 de octubre 2021    /   CREATIVIDAD
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‘Somos agua’: las fotografías ‘a pulmón’ con las que Isabel Muñoz alerta sobre la salud de los océanos

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Isabel Muñoz guarda en su memoria una imagen de sus veranos en la playa cuando era niña: «Al bañarme en el mar, solía ver el rastro del camino que dejaban las estrellas de mar. ¿Cuántas estrellas de mar he podido enseñar a mis nietos?».

Como buena mediterránea, la fotógrafa barcelonesa «necesita del mar», aunque su preocupación por la salud de los océanos va mucho más allá. «Es una necesidad que tenemos los humanos. Porque si nos retrotraemos a nuestros orígenes, venimos del agua, somos agua. El mar es vida».

Su inquietud por lo que somos, de dónde venimos y lo que dejaremos a las generaciones venideras cuando nosotros ya no estemos ha estado presente a lo largo de su dilatada y exitosa carrera en el mundo de la fotografía. Con su proyecto Somos agua, la fotógrafa galardonada con dos premios WordPress, Premio Nacional de fotografía 2016 o Premio PHOTOEspaña 2, entre otros, rubrica que lo sigue y lo seguirá estando.

Isabel Muñoz contestaba a esta entrevista por teléfono mientras contemplaba las piezas de Somos agua expuestas en el festival de fotografía analógica Revela’T. Era la primera vez que, después de cinco años, se mostraban todas juntas, motivo por el que las miraba con una emoción similar a la de quien pudiera contemplarlas por primera vez. Como si no hubiera sido ella misma quien las hubiese ideado y captado. 

Un lustro atrás, la fotógrafa decidió emprender el proyecto mientras grababa un documental para La 2 con Yolanda García Villaluenga. «Uno de los cámaras comentó algo acerca de la problemática de los microplásticos que me dejó pensando». Fue el acicate definitivo para la fotógrafa.

Poco después de aquello, ella y todo el equipo se ponían en marcha rumbo a Águilas, en Murcia, donde comenzarían a dar forma un proyecto que les haría viajar a otros lugares, pero siempre con el mar como destino.

Al multidisciplinar grupo de trabajo, en el que tampoco faltaban periodistas y activistas, se iba a sumar la figura de la embajadora y apneista japonesa Ai Futaki, poseedora de dos récords Guinness en esta disciplina. Su presencia han sido esencial para lograr el resultado final que Muñoz pretendía conseguir con sus fotos: que estas se conviertan en un cóctel de emociones capaz de azuzar la conciencia de quien las ve.

«Se trata de que reflexionemos, que empecemos a entender que nos estamos cargando ese mar tan maravilloso que nos da tanto sin pedir nada a cambio»

A su manera de ver, una de las razones del arte es esa: la de contar historias y mostrar la realidad tal cual es. «Es necesario mostrar la naturaleza como es para que podamos amarla, porque si no conoces algo no puedes amarlo».

La forma de «hablar» y mostrar la realidad preferida de Muñoz es a través de «la belleza, la luz y de la esperanza. «Y en esta problemática en concreto creo que hay esperanza. Porque existe la posibilidad de cambio y está en manos de los jóvenes. El hecho de conocer lo que está pasando con los mares les posibilita el concienciarse y tratar de cambiar lo que sea necesario».

BAJO EL MAR…

La mitología iba a cumplir un papel importante en el proyecto: «Quería relacionarlo con Amaterasu, diosa del sol y de la luz en la mitología japonesa. Quería representarla bajo el agua y relacionarla, así, con el origen de todo. Y entonces, me presentaron a Ai Futaki…»

Una de las cosas de la japonesa que más admira Isabel Muñoz es que no es una apneista al uso. Su relación con el agua es casi terapéutica y su vínculo con el mar, más emocional que deportivo. Así lo decía la propia Futaki en una entrevista en Telva: «Bajo el agua no hay simulación. La vida y la naturaleza es tal cual la percibes. Bucear es volver al inicio, cuando todo era océano».

 

Isabel Muñoz comparte con ella esa visión del agua como el principio de todo y concibe la apnea como una de las formas que el ser humano tiene para mostrar su capacidad de adaptación.

Pese al tiempo invertido, Isabel Muñoz no considera Somos agua su proyecto más retante y desdramatiza cuando se le pregunta sobre las dificultades de los rodajes: «Todas las dificultades con las que nos hemos podido encontrar, como las inclemencias meteorológicas o el miedo que en algunos momentos puedas sentir, ahora no las tengo en cuenta».

Pese a la espectacularidad de las imágenes, asegura, la producción de las mismas ha sido mucho más modesta de lo que se pueda pensar: «Todo el trabajo lo he podido realizar gracias a mi equipo (Verónica y Esther, especialmente) porque ahora mismo, por razones de salud, no puedo levantar más de dos kilos de peso, pero puedo pasarme bajo el agua el tiempo que haga falta. No ha hecho falta una gran producción. Lo importante es que hayamos podido hacerlo y que las fotos transmitan lo que tienen que transmitir».

También quita hierro al hecho de trabajar en un medio tan imprevisible como el agua. «Suelo ser bastante caótica, en general, pero cuando planteo una sesión, hago unos dibujos previos para plasmar la idea que tengo. Aunque luego me fío mucho de la intuición. Cuando ocurre algún imprevisto, lo suelo considerar como un regalo de la vida, y lo cojo. La fotografía está abierta a este tipo de regalos. Y descubres tantas cosas de ellos…»

«Cuando ocurre algún imprevisto, lo suelo considerar como un regalo de la vida, y lo cojo. La fotografía está abierta a este tipo de regalos. Y descubres tantas cosas de ellos…» Clic para tuitear

LA DANZA Y JAPÓN

En Somos aguas, los guiños a la danza son constantes. El tema es uno de los preferidos de la fotógrafa porque «la danza está presente en nuestras vidas. Siempre digo que nacemos bailando y morimos bailando».

Le gusta trabajar con bailarines por su autenticidad: «Tienen una conciencia de su cuerpo, una generosidad… Son personas que “se dan” al 100% y eso se nota. Me ha pasado también con deportistas».

Detalles que la fotografía, dice, puede captar y contar por su capacidad para parar el tiempo por un instante y «ponerte dentro de la foto, incluso. Ser tú el personaje».

Isabel Muñoz, en Revela’t

La cultura japonesa es otra de las protagonistas de la muestra. Isabel Muñoz cuenta que su primer acercamiento al país nipón tuvo lugar hace treinta años: «Estaba interesada en la danza buto, pero era mujer y joven y no tuve forma de ir allí y realizar el trabajo tal y como pretendía».

Hace un lustro, cuando se le volvió a abrir esa puerta, Isabel la sujetó fuerte para que no se le volviera a cerrar. «Me alegro de haber esperado todos estos años porque entonces no hubiera visto Japón como lo veo ahora».

LA EVOLUCIÓN DE LA FOTOGRAFÍA

Que Somos agua se mostrase por entero por primera vez en un festival de fotografía analógica como como Revela’t no es es un asunto menor para Muñoz. «Para mí es como si la exposición mostrarse la evolución de la fotografía a través de las técnicas utilizadas, desde las piezas en platinopia, técnica que utilizaba en el XIX, hasta las piezas que recurren a las últimas tecnologías y que permiten piezas interactivas e inmersivas».

La fotografía es una forma de contar historias y de ahí que tanto la analógica como la digital tenga su propia manera de narrar las cosas. En el caso de Somos agua, las distintas técnicas fotográficas no se han empleado como un mero recurso formal, sino como una vía para «nutrir» el mensaje y lograr que sea más potente. «Porque nunca sabes quién va a estar al otro lado viendo esas imágenes y qué lección puede aprender de ellas».

Isabel Muñoz lo resume a su manera: «La fotografía lo es todo y poder estar abierto a todo es maravilloso».

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Isabel Muñoz guarda en su memoria una imagen de sus veranos en la playa cuando era niña: «Al bañarme en el mar, solía ver el rastro del camino que dejaban las estrellas de mar. ¿Cuántas estrellas de mar he podido enseñar a mis nietos?».

Como buena mediterránea, la fotógrafa barcelonesa «necesita del mar», aunque su preocupación por la salud de los océanos va mucho más allá. «Es una necesidad que tenemos los humanos. Porque si nos retrotraemos a nuestros orígenes, venimos del agua, somos agua. El mar es vida».

Su inquietud por lo que somos, de dónde venimos y lo que dejaremos a las generaciones venideras cuando nosotros ya no estemos ha estado presente a lo largo de su dilatada y exitosa carrera en el mundo de la fotografía. Con su proyecto Somos agua, la fotógrafa galardonada con dos premios WordPress, Premio Nacional de fotografía 2016 o Premio PHOTOEspaña 2, entre otros, rubrica que lo sigue y lo seguirá estando.

Isabel Muñoz contestaba a esta entrevista por teléfono mientras contemplaba las piezas de Somos agua expuestas en el festival de fotografía analógica Revela’T. Era la primera vez que, después de cinco años, se mostraban todas juntas, motivo por el que las miraba con una emoción similar a la de quien pudiera contemplarlas por primera vez. Como si no hubiera sido ella misma quien las hubiese ideado y captado. 

Un lustro atrás, la fotógrafa decidió emprender el proyecto mientras grababa un documental para La 2 con Yolanda García Villaluenga. «Uno de los cámaras comentó algo acerca de la problemática de los microplásticos que me dejó pensando». Fue el acicate definitivo para la fotógrafa.

Poco después de aquello, ella y todo el equipo se ponían en marcha rumbo a Águilas, en Murcia, donde comenzarían a dar forma un proyecto que les haría viajar a otros lugares, pero siempre con el mar como destino.

Al multidisciplinar grupo de trabajo, en el que tampoco faltaban periodistas y activistas, se iba a sumar la figura de la embajadora y apneista japonesa Ai Futaki, poseedora de dos récords Guinness en esta disciplina. Su presencia han sido esencial para lograr el resultado final que Muñoz pretendía conseguir con sus fotos: que estas se conviertan en un cóctel de emociones capaz de azuzar la conciencia de quien las ve.

«Se trata de que reflexionemos, que empecemos a entender que nos estamos cargando ese mar tan maravilloso que nos da tanto sin pedir nada a cambio»

A su manera de ver, una de las razones del arte es esa: la de contar historias y mostrar la realidad tal cual es. «Es necesario mostrar la naturaleza como es para que podamos amarla, porque si no conoces algo no puedes amarlo».

La forma de «hablar» y mostrar la realidad preferida de Muñoz es a través de «la belleza, la luz y de la esperanza. «Y en esta problemática en concreto creo que hay esperanza. Porque existe la posibilidad de cambio y está en manos de los jóvenes. El hecho de conocer lo que está pasando con los mares les posibilita el concienciarse y tratar de cambiar lo que sea necesario».

BAJO EL MAR…

La mitología iba a cumplir un papel importante en el proyecto: «Quería relacionarlo con Amaterasu, diosa del sol y de la luz en la mitología japonesa. Quería representarla bajo el agua y relacionarla, así, con el origen de todo. Y entonces, me presentaron a Ai Futaki…»

Una de las cosas de la japonesa que más admira Isabel Muñoz es que no es una apneista al uso. Su relación con el agua es casi terapéutica y su vínculo con el mar, más emocional que deportivo. Así lo decía la propia Futaki en una entrevista en Telva: «Bajo el agua no hay simulación. La vida y la naturaleza es tal cual la percibes. Bucear es volver al inicio, cuando todo era océano».

 

Isabel Muñoz comparte con ella esa visión del agua como el principio de todo y concibe la apnea como una de las formas que el ser humano tiene para mostrar su capacidad de adaptación.

Pese al tiempo invertido, Isabel Muñoz no considera Somos agua su proyecto más retante y desdramatiza cuando se le pregunta sobre las dificultades de los rodajes: «Todas las dificultades con las que nos hemos podido encontrar, como las inclemencias meteorológicas o el miedo que en algunos momentos puedas sentir, ahora no las tengo en cuenta».

Pese a la espectacularidad de las imágenes, asegura, la producción de las mismas ha sido mucho más modesta de lo que se pueda pensar: «Todo el trabajo lo he podido realizar gracias a mi equipo (Verónica y Esther, especialmente) porque ahora mismo, por razones de salud, no puedo levantar más de dos kilos de peso, pero puedo pasarme bajo el agua el tiempo que haga falta. No ha hecho falta una gran producción. Lo importante es que hayamos podido hacerlo y que las fotos transmitan lo que tienen que transmitir».

También quita hierro al hecho de trabajar en un medio tan imprevisible como el agua. «Suelo ser bastante caótica, en general, pero cuando planteo una sesión, hago unos dibujos previos para plasmar la idea que tengo. Aunque luego me fío mucho de la intuición. Cuando ocurre algún imprevisto, lo suelo considerar como un regalo de la vida, y lo cojo. La fotografía está abierta a este tipo de regalos. Y descubres tantas cosas de ellos…»

«Cuando ocurre algún imprevisto, lo suelo considerar como un regalo de la vida, y lo cojo. La fotografía está abierta a este tipo de regalos. Y descubres tantas cosas de ellos…» Clic para tuitear

LA DANZA Y JAPÓN

En Somos aguas, los guiños a la danza son constantes. El tema es uno de los preferidos de la fotógrafa porque «la danza está presente en nuestras vidas. Siempre digo que nacemos bailando y morimos bailando».

Le gusta trabajar con bailarines por su autenticidad: «Tienen una conciencia de su cuerpo, una generosidad… Son personas que “se dan” al 100% y eso se nota. Me ha pasado también con deportistas».

Detalles que la fotografía, dice, puede captar y contar por su capacidad para parar el tiempo por un instante y «ponerte dentro de la foto, incluso. Ser tú el personaje».

Isabel Muñoz, en Revela’t

La cultura japonesa es otra de las protagonistas de la muestra. Isabel Muñoz cuenta que su primer acercamiento al país nipón tuvo lugar hace treinta años: «Estaba interesada en la danza buto, pero era mujer y joven y no tuve forma de ir allí y realizar el trabajo tal y como pretendía».

Hace un lustro, cuando se le volvió a abrir esa puerta, Isabel la sujetó fuerte para que no se le volviera a cerrar. «Me alegro de haber esperado todos estos años porque entonces no hubiera visto Japón como lo veo ahora».

LA EVOLUCIÓN DE LA FOTOGRAFÍA

Que Somos agua se mostrase por entero por primera vez en un festival de fotografía analógica como como Revela’t no es es un asunto menor para Muñoz. «Para mí es como si la exposición mostrarse la evolución de la fotografía a través de las técnicas utilizadas, desde las piezas en platinopia, técnica que utilizaba en el XIX, hasta las piezas que recurren a las últimas tecnologías y que permiten piezas interactivas e inmersivas».

La fotografía es una forma de contar historias y de ahí que tanto la analógica como la digital tenga su propia manera de narrar las cosas. En el caso de Somos agua, las distintas técnicas fotográficas no se han empleado como un mero recurso formal, sino como una vía para «nutrir» el mensaje y lograr que sea más potente. «Porque nunca sabes quién va a estar al otro lado viendo esas imágenes y qué lección puede aprender de ellas».

Isabel Muñoz lo resume a su manera: «La fotografía lo es todo y poder estar abierto a todo es maravilloso».

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