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16 de febrero 2018    /   DIGITAL
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¡Somos hombres muertos!

16 de febrero 2018    /   DIGITAL     por          
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Este Piensódromo iba de un tema normal que es de interés público: cómo el caso Endibias quiere ser aplicado al campo almeriense para salvar otro tipo de cultivos.

Lo que ocurrió a mitad de semana cambio la perspectiva de todo. DE TODO. Boston Dynamics, una de las empresas más punteras del mundo en el campo de la robótica, publicó un vídeo que muestra a dos SpotMini, sus robots con aspecto de perro –¿de verdad tenéis perros así?–. El vídeo muestra a esos dos perros haciendo cosas de perricos, como mantenerse en pie y caminar. Pero hay una que no hacen los perros: abrir puertas utilizando el pomo. Estos roboses son capaces de abrir puertas.

La conclusión es clara: ESTAMOS TODOS MUERTOS. Estamos todos muertos porque un robot capaz de abrir puertas es capaz también de preparar un bloody mary perfecto con el toque justo de arsénico; o es capaz de meterte en el coche, conectar tubo de escape y habitáculo con una goma naranja de butano, arrancar el motor y hacer que todo parezca un accidente. Y, por supuesto, es capaz de dejar la puerta abierta en invierno para que mueras de neumonía.

Como explican en este artículo de ElDiario.es, no es el único robot capaz de aniquilarnos. Atlas, que fue presentado en noviembre, es capaz de saltar entre plataformas y finalizar con una voltereta mortal hacia atrás. No sé si es suficiente para acabar contigo, pero sí es más que suficiente para que te cagues de miedo.

Y aquí vamos al quid de la cuestión: cagarse de miedo. ¿Por qué te produce pavor ver estos vídeos de robots haciendo cosas de humanos cabrones como abrir puertas o saltar entre plataformas? Por una cosa que se llama teoría del valle inquietante y cuyo nombre, de por sí, es de sobra inquietante.

«Me parece todo fetén, Engelbert».
«Me parece todo fetén, Engelbert».

El investigador japonés Masahiro Mori planteó la hipótesis en 1970, dos años antes de que se presentase Mazinger Z, por ejemplo. Los autómatas que parecen casi humanos dan un mal rollo espectacular.

La teoría dice que los seres humanos desarrollan afinidad y empatía por los androides cuanto más se parecen a las personas. Sin embargo, llegado a un punto en el que se parecen demasiado, lo que producen es rechazo y zozobra emocional (adoro esta expresión).

 Podemos apreciar la respuesta emocional de un sujeto humano ante el antropoformismo de un robot, según los resultados de Mori. El Valle Inexplicable es la región de respuesta emocional negativa para un robot que parece "casi humano". El movimiento amplifica esta respuesta emocional. Gráfico de Edgar Talamantes - Original de es.Wikipedia, CC BY-SA 3.0, Enlace

Podemos apreciar la respuesta emocional de un sujeto humano ante el antropoformismo de un robot, según los resultados de Mori. El Valle Inexplicable es la región de respuesta emocional negativa para un robot que parece «casi humano». El movimiento amplifica esta respuesta emocional. Gráfico de Edgar Talamantes – Original de es.Wikipedia, CC BY-SA 3.0Enlace

Esa bajona en la gráfica que da un robot demasiado parecido a Bigote Arrocet es lo que se denomina valle inquietante. Y no se sabe con certeza por qué ocurre.

Acerca de la inteligencia artificial, planteaba Miguel Ángel Furones en Yorokobu, tu revista amiga, la conveniencia o no de desobedecer a los humanos. «Vamos conduciendo nuestro coche por una carretera mojada. Tomamos una curva demasiado deprisa y el vehículo comienza a derrapar. En cuestión de milésimas de segundo, el ordenador de a bordo detecta el desplazamiento y toma los mandos sin preguntarnos. Sirviéndose del ESP (control de estabilidad), el ABS (sistema antibloqueo de ruedas) y el EBV (reparto de frenado electrónico) consigue corregir la trayectoria del automóvil y evitar el accidente. El ordenador de abordo nos ha salvado la vida. Pero también nos ha desobedecido, puesto que ha comenzado a tomar decisiones sin nuestro permiso», explica.

¿Deberíamos tener miedo de que, en lugar de controlar la velocidad y la derrapada en la bajada de Navacerrada, mi viejo Focus decidiese ponerse a quemar rueda de motu proprio para ligarse a un vehículo más joven que él? ¿Es malo que las máquinas nos desobedezcan? Habrá que acostumbrarse.

«Muchas de las especies que poblamos este planeta llevamos milenios sobreviviendo gracias a las relaciones simbióticas que hemos establecido entre animales muy diferentes. La única diferencia es que, en esta ocasión, los creadores de las otras especies somos nosotros mismos».

Aquí van tres platos más para el fin de semana

Como creemos que la tontuna, venga en la cantidad que venga, nunca es suficiente, aquí va un hilo de Twitter que reflexiona acerca lo chungo que es que el libre mercado ocupe los espacios de limpieza intestinal.

Este Piensódromo iba de un tema normal que es de interés público: cómo el caso Endibias quiere ser aplicado al campo almeriense para salvar otro tipo de cultivos.

Lo que ocurrió a mitad de semana cambio la perspectiva de todo. DE TODO. Boston Dynamics, una de las empresas más punteras del mundo en el campo de la robótica, publicó un vídeo que muestra a dos SpotMini, sus robots con aspecto de perro –¿de verdad tenéis perros así?–. El vídeo muestra a esos dos perros haciendo cosas de perricos, como mantenerse en pie y caminar. Pero hay una que no hacen los perros: abrir puertas utilizando el pomo. Estos roboses son capaces de abrir puertas.

La conclusión es clara: ESTAMOS TODOS MUERTOS. Estamos todos muertos porque un robot capaz de abrir puertas es capaz también de preparar un bloody mary perfecto con el toque justo de arsénico; o es capaz de meterte en el coche, conectar tubo de escape y habitáculo con una goma naranja de butano, arrancar el motor y hacer que todo parezca un accidente. Y, por supuesto, es capaz de dejar la puerta abierta en invierno para que mueras de neumonía.

Como explican en este artículo de ElDiario.es, no es el único robot capaz de aniquilarnos. Atlas, que fue presentado en noviembre, es capaz de saltar entre plataformas y finalizar con una voltereta mortal hacia atrás. No sé si es suficiente para acabar contigo, pero sí es más que suficiente para que te cagues de miedo.

Y aquí vamos al quid de la cuestión: cagarse de miedo. ¿Por qué te produce pavor ver estos vídeos de robots haciendo cosas de humanos cabrones como abrir puertas o saltar entre plataformas? Por una cosa que se llama teoría del valle inquietante y cuyo nombre, de por sí, es de sobra inquietante.

«Me parece todo fetén, Engelbert».
«Me parece todo fetén, Engelbert».

El investigador japonés Masahiro Mori planteó la hipótesis en 1970, dos años antes de que se presentase Mazinger Z, por ejemplo. Los autómatas que parecen casi humanos dan un mal rollo espectacular.

La teoría dice que los seres humanos desarrollan afinidad y empatía por los androides cuanto más se parecen a las personas. Sin embargo, llegado a un punto en el que se parecen demasiado, lo que producen es rechazo y zozobra emocional (adoro esta expresión).

 Podemos apreciar la respuesta emocional de un sujeto humano ante el antropoformismo de un robot, según los resultados de Mori. El Valle Inexplicable es la región de respuesta emocional negativa para un robot que parece "casi humano". El movimiento amplifica esta respuesta emocional. Gráfico de Edgar Talamantes - Original de es.Wikipedia, CC BY-SA 3.0, Enlace

Podemos apreciar la respuesta emocional de un sujeto humano ante el antropoformismo de un robot, según los resultados de Mori. El Valle Inexplicable es la región de respuesta emocional negativa para un robot que parece «casi humano». El movimiento amplifica esta respuesta emocional. Gráfico de Edgar Talamantes – Original de es.Wikipedia, CC BY-SA 3.0Enlace

Esa bajona en la gráfica que da un robot demasiado parecido a Bigote Arrocet es lo que se denomina valle inquietante. Y no se sabe con certeza por qué ocurre.

Acerca de la inteligencia artificial, planteaba Miguel Ángel Furones en Yorokobu, tu revista amiga, la conveniencia o no de desobedecer a los humanos. «Vamos conduciendo nuestro coche por una carretera mojada. Tomamos una curva demasiado deprisa y el vehículo comienza a derrapar. En cuestión de milésimas de segundo, el ordenador de a bordo detecta el desplazamiento y toma los mandos sin preguntarnos. Sirviéndose del ESP (control de estabilidad), el ABS (sistema antibloqueo de ruedas) y el EBV (reparto de frenado electrónico) consigue corregir la trayectoria del automóvil y evitar el accidente. El ordenador de abordo nos ha salvado la vida. Pero también nos ha desobedecido, puesto que ha comenzado a tomar decisiones sin nuestro permiso», explica.

¿Deberíamos tener miedo de que, en lugar de controlar la velocidad y la derrapada en la bajada de Navacerrada, mi viejo Focus decidiese ponerse a quemar rueda de motu proprio para ligarse a un vehículo más joven que él? ¿Es malo que las máquinas nos desobedezcan? Habrá que acostumbrarse.

«Muchas de las especies que poblamos este planeta llevamos milenios sobreviviendo gracias a las relaciones simbióticas que hemos establecido entre animales muy diferentes. La única diferencia es que, en esta ocasión, los creadores de las otras especies somos nosotros mismos».

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Como creemos que la tontuna, venga en la cantidad que venga, nunca es suficiente, aquí va un hilo de Twitter que reflexiona acerca lo chungo que es que el libre mercado ocupe los espacios de limpieza intestinal.

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