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5 de julio 2016    /   DIGITAL
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¿Somos yonkis del azúcar?

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¿Qué ocurre cuando decidimos dejar completamente el azúcar? Probablemente, si la sustancia se abandonó hace tiempo, el recuerdo de su paso es lejano y poco traumático,pero para aquellos que están acostumbrados a su consumo, el drama adquiere tintes drogatas.

Sacha Harland es un joven holandés que, por iniciativa de Lifehunters.tv decidió hacer un experimento con su propio cuerpo: decidió dejar durante un mes todos los alimentos que cuentan con azúcar añadido (como los refrescos, salsas, comidas preparadas, zumos envasados) y también el alcohol.

La dieta se basó en mucha fruta, verdura, huevos, yogur natural y hambre, que para alguien no acostumbrado a esta alimentación, esto es un trance.

Los resultados fueron sorprendentes porque van más allá de la pérdida de peso. Los primeros días el cuerpo le pedía azúcar. Tenía una especie de síndrome de abstinencia porque, de hecho, el azúcar es bastante adictivo. La sensación era como de estar en un proceso de desintoxicación.

Sacha tenía hambre constante, estaba irritable, le costaba encontrar, por ejemplo, bebidas con sabor para no beber siempre agua en lugares en los que no hicieran zumos naturales. Tenía que luchar contra el estímulo contínuo de que el entorno estuviera siempre tentándole con todo tipo de productos golosos y de que la gente que le rodeaba se atiborrase sin mirar lo mal que lo estaba pasando.

Hasta que no pasaron tres semanas, el cuerpo no dejó de exigirle su ración dulce. Comenzó entonces a sentirse con más energía y sintió que la necesidad de depender de este tipo de productos había desaparecido.

Tras treinta días, la pérdida de peso fue notable pero no la única consecuencia de la experiencia. ¿Estamos enganchados al azúcar? ¿Permite nuestro entorno social abstraernos de la necesidad de consumirlo?

¿Qué ocurre cuando decidimos dejar completamente el azúcar? Probablemente, si la sustancia se abandonó hace tiempo, el recuerdo de su paso es lejano y poco traumático,pero para aquellos que están acostumbrados a su consumo, el drama adquiere tintes drogatas.

Sacha Harland es un joven holandés que, por iniciativa de Lifehunters.tv decidió hacer un experimento con su propio cuerpo: decidió dejar durante un mes todos los alimentos que cuentan con azúcar añadido (como los refrescos, salsas, comidas preparadas, zumos envasados) y también el alcohol.

La dieta se basó en mucha fruta, verdura, huevos, yogur natural y hambre, que para alguien no acostumbrado a esta alimentación, esto es un trance.

Los resultados fueron sorprendentes porque van más allá de la pérdida de peso. Los primeros días el cuerpo le pedía azúcar. Tenía una especie de síndrome de abstinencia porque, de hecho, el azúcar es bastante adictivo. La sensación era como de estar en un proceso de desintoxicación.

Sacha tenía hambre constante, estaba irritable, le costaba encontrar, por ejemplo, bebidas con sabor para no beber siempre agua en lugares en los que no hicieran zumos naturales. Tenía que luchar contra el estímulo contínuo de que el entorno estuviera siempre tentándole con todo tipo de productos golosos y de que la gente que le rodeaba se atiborrase sin mirar lo mal que lo estaba pasando.

Hasta que no pasaron tres semanas, el cuerpo no dejó de exigirle su ración dulce. Comenzó entonces a sentirse con más energía y sintió que la necesidad de depender de este tipo de productos había desaparecido.

Tras treinta días, la pérdida de peso fue notable pero no la única consecuencia de la experiencia. ¿Estamos enganchados al azúcar? ¿Permite nuestro entorno social abstraernos de la necesidad de consumirlo?

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