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8 de febrero 2015    /   IDEAS
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Sondeos: el arte de predecir ¿lo impredecible?

8 de febrero 2015    /   IDEAS     por          
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Andan los pitonisos de la política locos en estos meses. Hemos empezado un año en el que, de momento, habrá un mínimo de tres procesos electorales: votarán los andaluces, votarán los catalanes y votaremos todos juntos para elegir nuestros Ayuntamientos y la mayoría de Comunidades autónomas. Además, podría haber elecciones generales (en teoría tocan, pero podrían retrasarse hasta dentro de un año) y -quién sabe- caer algún adelanto adicional.
El problema no es tanto la concentración de procesos electorales, aunque también. Suponen un enorme gasto de dinero y un riesgo tremendo por varias razones, como por ejemplo que, con tanta elección junta, los votantes acaban cansándose y la abstención se dispare, arrojando resultados irreales.
Sin embargo, el gran ‘riesgo’ llega desde el punto de vista del ‘establishment‘: ‘riesgo’ a que con la situación de desencanto que hay se den varios terremotos electorales. Seguramente los poderes del Estado hubieran preferido que hubiera sólo unas elecciones, que saliera el resultado que fuera, y que antes de las siguientes citas, y siempre desde su punto de vista, la ‘burbuja’ de determinadas formaciones chocara contra la realidad, se desinflara y los votantes se dejaran de experimentos.
Pero las cosas son las que son, y el calendario y los intereses de cada cual (de Susana Díaz y Artur Mas) son como son. Así que no queda más remedio que ir a las urnas, para algunos puede que hasta tres veces en un mismo año.
Como fórmula de prevención de riesgos, los chamanes de cada formación andan augurando qué demonios puede suceder y cómo deberían actuar en cada casa para intentar capear las citas electorales lo mejor posible. Claro, que en medio de una tormenta política como la que vive España, no es fácil: el PP anda desgastado por su gobierno y por la corrupción; el PSOE sigue buscando su suelo electoral sin haber sido capaz de recuperarse ni con su lavado de cara; IU anda pegándose tiros en el pie en Madrid y Andalucía tras años de inacción y metiéndose en cajas de ahorros y ‘tarjetas black’; y UPyD sigue empeñado en llevarse mal hasta consigo mismo y sus críticos internos.
Y ahí están Podemos y Ciudadanos, encantados de la vida.
Pero ¿de verdad Podemos puede ganar las elecciones? ¿De verdad Ciudadanos puede ser la cuarta fuerza del Congreso? Según el chamán al que se consulte los resultados varían.
El chamán que pagamos todos
Hay un ‘gran chamán’ al que todos miramos cuando le da por hablar, y lo hace cada tanto. Es el CIS y, con sus barómetros, lanza ideas sobre supuestas intenciones de voto. La clave de este chamán es que se supone que suele acertar porque basa sus predicciones en que pregunta a un montón de gente que configura un universo (así se llama) representativo. Dicho de otra forma: que monta un grupo suficientemente numeroso y compuesto de una forma similar a como está compuesta la sociedad española: tantos hombres y mujeres, tantos de ciudad o de pueblo, tantos de tales provincias, tantos parados y empresarios, tantos jóvenes y ancianos…
El problema, que no es tan fiable como parece. Hace algunos años la entonces vicepresidenta destituyó a la jefa chamana del CIS, según se dijo entonces por no ceñir las fechas de sus predicciones a las que el Ejecutivo de entonces prefería. ¿Quiere esto decir que los sondeos del CIS están manipulados al antojo del Gobierno de turno? Eso es lo que arguyen los críticos de esta chamanería, que denuncian lo que se suele llamar ‘cocina’, que es, por explicarlo de forma simple, el cálculo estadístico adicional que se aplica a los resultados de la encuesta para -se supone- dotarlo de contexto y verosimilitud. Sin ir más lejos, este último sondeo ha sido criticado por -dicen- un excesivo aderezo de los resultados. Algo, en cualquier caso, que suele decirse mucho, sobre todo cuando se está en la oposición.
¿Y qué dice este chamán? En enero, la última estimación hasta la fecha, dice esto. A la izquierda, la estimación directa de voto; y a la derecha, lo que el CIS ‘cocina’. Nótese lo mucho que sube el PP: siendo el tercero en apoyos a la izquierda, pasa a ser el primero a la derecha. Quizá, quién sabe, sea cosa de la espiral del silencio
 

 
Sea eso u otra cosa, la cuestión es que los sondeos tienden a equivocarse. Y últimamente mucho, además. Si no, recordad el ejemplo de las últimas elecciones catalanas.
Lo que nos dice el chamanismo
Como en el enlace anterior, que explica que una de las posibles causas de los fallos de estimación de las encuestas en las elecciones catalanas fue la cuestión idiomática, a algunas encuestas a veces parece fallarles el contexto. Porque dentro de esos grandes datos y porcentajes hay mucha intrahistoria.
Kiko Llaneras, profesor de ingeniería y sistemas y miembro de Politikon, analiza en El Español algunos de los datos de dichos sondeos, como el voto por edad, situación económica o laboral. Y hay datos significativos. Por ejemplo, que los más jóvenes tienen como primera opción a Podemos y como última al PP, mientras que los mayores tienen como primera al PP y como últimas a UPyD y Podemos. O que quienes no tienen estudios prefieren al PSOE y tienen como última opción a UPyD o Podemos, mientras que quienes tienen estudios superiores se inclinan por Ciudadanos o UPyD y obvian a PP y PSOE. O que Ciudadanos es un partido netamente urbano, y el PP más rural, siendo el resto más transversales. O que las clases ‘bajas’ votan más al PSOE y menos a Ciudadanos y UPyD, mientras que las altas prefieren a Ciudadanos… e IU, y menos al PSOE.
Curiosamente en este último dato, las clases ‘altas’ prefieren a Podemos antes que al PP y al PSOE. En lo referente al contexto social hay menos sorpresas. Los parados prefieren enormemente a Podemos (27 %) más que al PSOE (18 %) o al PP (8 %). O los estudiantes, que prefieren a Podemos (34%) antes que al PSOE (12 %) o el PP (7 %), mientras que los jubilados y pensionistas prefieren a PP (27 %) y PSOE (20 %) antes que a Podemos (12 %)

 El chamanismo de la opinión
Pero hay más chamanes ahí fuera que los que pagamos entre todos. De hecho, los medios de comunicación suelen tirar de chamanes variados para hacer sondeos de tanto en tanto y llenar titulares, especialmente los fines de semana. Y cuando no hay sondeos, hay estimaciones. El diario El País publicaba este fin de semana un gráfico con este texto aclaratorio: 

El gráfico es resultado de un ejercicio de simulación efectuado por Metroscopia dando a los datos ahora obtenidos (y que expresan solo estados de opinión -en parte sin duda momentáneos y susceptibles en variación en el tiempo-) el mismo valor que a datos que procedieran de un sondeo preelectoral. La intención directa de voto ha sido sometida a los mismos procesos de refinamiento y depuración usualmente utilizados.

Los datos, en columnas comparadas a imagen de las de los datos del CIS de arriba, quedarían así:
 

Los chamanes de las redes sociales
Hay varias cosas que suelen darse en las redes sociales. Por ejemplo, que la gente que estamos dentro de las redes sociales solemos pensar que el mundo real es lo que pasa allí dentro… y no. Apenas una pequeña porción de la ciudadanía está en las redes sociales, y una parte aún menor de esa pequeña porción muestra opiniones políticas, suponiendo que fueran sinceras. Es decir, que las redes sociales son cualquier cosa menos representativas.
Sin embargo, no es infrecuente encontrar valoraciones exageradas de lo que pasa en las redes sociales. Candidatos con listas de seguidores hinchadas por seguidores falsos o automáticos, militantes que repiten como cacatúas los hashtags que les indican desde el partido para convertirlo en ‘trending topic’ (y luego, aún peor, presumir de que son ‘trending topic’)… Y eso obviando que muchas veces los partidos o candidatos no son seguidos precisamente por sus votantes.
En cualquier caso, a propios y extraños les vuelven locos los rankings, las listas de políticos más seguidos y las estimaciones sobre cómo sería un hipotético Parlamento de Twitter. Y a eso se dedica, por ejemplo, Tuitocracia. Es una iniciativa curiosa, aunque no sirva para nada más que eso, curiosear, y para que los líderes de turno vean sus evoluciones semana a semana en comparación con sus rivales más cercanos. Bueno, sí, sirve para una cosa más: medir el impacto de un hecho determinado en los seguidores de partidos o políticos (una entrevista, una designación o un escándalo, por ejemplo)
En el combate entre partidos en Twitter, por ejemplo, Podemos sería la primera fuerza y ni una alianza entre PSOE y PP, segunda y tercera, le quitaría esa posición.

Seguidores de partidos políticos en Twitter a 8 de febrero
Seguidores de partidos políticos en Twitter a 8 de febrero

En lo que respecta a los líderes políticos, Pablo Iglesias tiene más seguidores que el propio presidente del Gobierno. A ambos les siguen algunos políticos mucho más mediáticos que relevantes, como el expresidente cántabro Miguel Ángel Revilla, o uno de los precursores de la tecnopolítica, el alcalde de la pequeña localidad andaluza de Jun, José Antonio Rodríguez, seguido por el candidato de IU, Alberto Garzón.
Para encontrar a los líderes de los otros tres principales partidos habría que descender hasta las posiciones decimosegunda (Albert Rivera, de Ciutadans) o decimonovena (Pedro Sánchez, del PSOE). Rosa Díez de UPyD cerró su cuenta años atrás, pero el primer político de su formación es el diputado Toni Cantó, en decimocuarta posición
Clasificación de líderes políticos en Twitter en febrero de 2015
Clasificación de líderes políticos en Twitter en febrero de 2015

Hilando por hilar, también esbozan el dibujo de cómo sería el Parlamento según Twitter, y además de tener un montón de partidos (porque la distribución de escaños aquí  se antoja difícil y se cuentan los seguidores, que sería como contar los votos directos), la cosa quedaría de forma que Podemos ganaría con claridad por delante de PSOE y PP
El Parlamento, según Twitter
El Parlamento, según Twitter

Los chamanes del aire
Pero hay otras bolas de cristal. Ni preguntar a un colectivo representativo, ni explicar esas cifras, ni tomar opiniones como si fuera una encuesta preelectoral, ni medir los números de las redes sociales. ¿Qué pasa si se busca el nombre de los principales partidos en la lista de términos más buscados de Google?
Esta sería la evolución de los últimos cinco años, con un bipartidismo sucediéndose en picos electorales de forma relativamente plácida… hasta las pasadas elecciones europeas.
Si se amplía la selección a lo sucedido en el último año, la cosa sería muy diferente: Podemos tiene una notoriedad que es casi el doble de la notoriedad de las otras fuerzas combinadas.
El retrato geográfico de cada una de esas búsquedas sería tal que así:

¿Y qué dice este chamán?
Entonces, vistos todos estos datos, interpretaciones y cábalas… ¿qué pasará? Ni idea, la verdad. Pero va a ser un año divertido.

Foto portadaStefano Ember / Shutterstock.com

Andan los pitonisos de la política locos en estos meses. Hemos empezado un año en el que, de momento, habrá un mínimo de tres procesos electorales: votarán los andaluces, votarán los catalanes y votaremos todos juntos para elegir nuestros Ayuntamientos y la mayoría de Comunidades autónomas. Además, podría haber elecciones generales (en teoría tocan, pero podrían retrasarse hasta dentro de un año) y -quién sabe- caer algún adelanto adicional.
El problema no es tanto la concentración de procesos electorales, aunque también. Suponen un enorme gasto de dinero y un riesgo tremendo por varias razones, como por ejemplo que, con tanta elección junta, los votantes acaban cansándose y la abstención se dispare, arrojando resultados irreales.
Sin embargo, el gran ‘riesgo’ llega desde el punto de vista del ‘establishment‘: ‘riesgo’ a que con la situación de desencanto que hay se den varios terremotos electorales. Seguramente los poderes del Estado hubieran preferido que hubiera sólo unas elecciones, que saliera el resultado que fuera, y que antes de las siguientes citas, y siempre desde su punto de vista, la ‘burbuja’ de determinadas formaciones chocara contra la realidad, se desinflara y los votantes se dejaran de experimentos.
Pero las cosas son las que son, y el calendario y los intereses de cada cual (de Susana Díaz y Artur Mas) son como son. Así que no queda más remedio que ir a las urnas, para algunos puede que hasta tres veces en un mismo año.
Como fórmula de prevención de riesgos, los chamanes de cada formación andan augurando qué demonios puede suceder y cómo deberían actuar en cada casa para intentar capear las citas electorales lo mejor posible. Claro, que en medio de una tormenta política como la que vive España, no es fácil: el PP anda desgastado por su gobierno y por la corrupción; el PSOE sigue buscando su suelo electoral sin haber sido capaz de recuperarse ni con su lavado de cara; IU anda pegándose tiros en el pie en Madrid y Andalucía tras años de inacción y metiéndose en cajas de ahorros y ‘tarjetas black’; y UPyD sigue empeñado en llevarse mal hasta consigo mismo y sus críticos internos.
Y ahí están Podemos y Ciudadanos, encantados de la vida.
Pero ¿de verdad Podemos puede ganar las elecciones? ¿De verdad Ciudadanos puede ser la cuarta fuerza del Congreso? Según el chamán al que se consulte los resultados varían.
El chamán que pagamos todos
Hay un ‘gran chamán’ al que todos miramos cuando le da por hablar, y lo hace cada tanto. Es el CIS y, con sus barómetros, lanza ideas sobre supuestas intenciones de voto. La clave de este chamán es que se supone que suele acertar porque basa sus predicciones en que pregunta a un montón de gente que configura un universo (así se llama) representativo. Dicho de otra forma: que monta un grupo suficientemente numeroso y compuesto de una forma similar a como está compuesta la sociedad española: tantos hombres y mujeres, tantos de ciudad o de pueblo, tantos de tales provincias, tantos parados y empresarios, tantos jóvenes y ancianos…
El problema, que no es tan fiable como parece. Hace algunos años la entonces vicepresidenta destituyó a la jefa chamana del CIS, según se dijo entonces por no ceñir las fechas de sus predicciones a las que el Ejecutivo de entonces prefería. ¿Quiere esto decir que los sondeos del CIS están manipulados al antojo del Gobierno de turno? Eso es lo que arguyen los críticos de esta chamanería, que denuncian lo que se suele llamar ‘cocina’, que es, por explicarlo de forma simple, el cálculo estadístico adicional que se aplica a los resultados de la encuesta para -se supone- dotarlo de contexto y verosimilitud. Sin ir más lejos, este último sondeo ha sido criticado por -dicen- un excesivo aderezo de los resultados. Algo, en cualquier caso, que suele decirse mucho, sobre todo cuando se está en la oposición.
¿Y qué dice este chamán? En enero, la última estimación hasta la fecha, dice esto. A la izquierda, la estimación directa de voto; y a la derecha, lo que el CIS ‘cocina’. Nótese lo mucho que sube el PP: siendo el tercero en apoyos a la izquierda, pasa a ser el primero a la derecha. Quizá, quién sabe, sea cosa de la espiral del silencio
 

 
Sea eso u otra cosa, la cuestión es que los sondeos tienden a equivocarse. Y últimamente mucho, además. Si no, recordad el ejemplo de las últimas elecciones catalanas.
Lo que nos dice el chamanismo
Como en el enlace anterior, que explica que una de las posibles causas de los fallos de estimación de las encuestas en las elecciones catalanas fue la cuestión idiomática, a algunas encuestas a veces parece fallarles el contexto. Porque dentro de esos grandes datos y porcentajes hay mucha intrahistoria.
Kiko Llaneras, profesor de ingeniería y sistemas y miembro de Politikon, analiza en El Español algunos de los datos de dichos sondeos, como el voto por edad, situación económica o laboral. Y hay datos significativos. Por ejemplo, que los más jóvenes tienen como primera opción a Podemos y como última al PP, mientras que los mayores tienen como primera al PP y como últimas a UPyD y Podemos. O que quienes no tienen estudios prefieren al PSOE y tienen como última opción a UPyD o Podemos, mientras que quienes tienen estudios superiores se inclinan por Ciudadanos o UPyD y obvian a PP y PSOE. O que Ciudadanos es un partido netamente urbano, y el PP más rural, siendo el resto más transversales. O que las clases ‘bajas’ votan más al PSOE y menos a Ciudadanos y UPyD, mientras que las altas prefieren a Ciudadanos… e IU, y menos al PSOE.
Curiosamente en este último dato, las clases ‘altas’ prefieren a Podemos antes que al PP y al PSOE. En lo referente al contexto social hay menos sorpresas. Los parados prefieren enormemente a Podemos (27 %) más que al PSOE (18 %) o al PP (8 %). O los estudiantes, que prefieren a Podemos (34%) antes que al PSOE (12 %) o el PP (7 %), mientras que los jubilados y pensionistas prefieren a PP (27 %) y PSOE (20 %) antes que a Podemos (12 %)

 El chamanismo de la opinión
Pero hay más chamanes ahí fuera que los que pagamos entre todos. De hecho, los medios de comunicación suelen tirar de chamanes variados para hacer sondeos de tanto en tanto y llenar titulares, especialmente los fines de semana. Y cuando no hay sondeos, hay estimaciones. El diario El País publicaba este fin de semana un gráfico con este texto aclaratorio: 

El gráfico es resultado de un ejercicio de simulación efectuado por Metroscopia dando a los datos ahora obtenidos (y que expresan solo estados de opinión -en parte sin duda momentáneos y susceptibles en variación en el tiempo-) el mismo valor que a datos que procedieran de un sondeo preelectoral. La intención directa de voto ha sido sometida a los mismos procesos de refinamiento y depuración usualmente utilizados.

Los datos, en columnas comparadas a imagen de las de los datos del CIS de arriba, quedarían así:
 

Los chamanes de las redes sociales
Hay varias cosas que suelen darse en las redes sociales. Por ejemplo, que la gente que estamos dentro de las redes sociales solemos pensar que el mundo real es lo que pasa allí dentro… y no. Apenas una pequeña porción de la ciudadanía está en las redes sociales, y una parte aún menor de esa pequeña porción muestra opiniones políticas, suponiendo que fueran sinceras. Es decir, que las redes sociales son cualquier cosa menos representativas.
Sin embargo, no es infrecuente encontrar valoraciones exageradas de lo que pasa en las redes sociales. Candidatos con listas de seguidores hinchadas por seguidores falsos o automáticos, militantes que repiten como cacatúas los hashtags que les indican desde el partido para convertirlo en ‘trending topic’ (y luego, aún peor, presumir de que son ‘trending topic’)… Y eso obviando que muchas veces los partidos o candidatos no son seguidos precisamente por sus votantes.
En cualquier caso, a propios y extraños les vuelven locos los rankings, las listas de políticos más seguidos y las estimaciones sobre cómo sería un hipotético Parlamento de Twitter. Y a eso se dedica, por ejemplo, Tuitocracia. Es una iniciativa curiosa, aunque no sirva para nada más que eso, curiosear, y para que los líderes de turno vean sus evoluciones semana a semana en comparación con sus rivales más cercanos. Bueno, sí, sirve para una cosa más: medir el impacto de un hecho determinado en los seguidores de partidos o políticos (una entrevista, una designación o un escándalo, por ejemplo)
En el combate entre partidos en Twitter, por ejemplo, Podemos sería la primera fuerza y ni una alianza entre PSOE y PP, segunda y tercera, le quitaría esa posición.

Seguidores de partidos políticos en Twitter a 8 de febrero
Seguidores de partidos políticos en Twitter a 8 de febrero

En lo que respecta a los líderes políticos, Pablo Iglesias tiene más seguidores que el propio presidente del Gobierno. A ambos les siguen algunos políticos mucho más mediáticos que relevantes, como el expresidente cántabro Miguel Ángel Revilla, o uno de los precursores de la tecnopolítica, el alcalde de la pequeña localidad andaluza de Jun, José Antonio Rodríguez, seguido por el candidato de IU, Alberto Garzón.
Para encontrar a los líderes de los otros tres principales partidos habría que descender hasta las posiciones decimosegunda (Albert Rivera, de Ciutadans) o decimonovena (Pedro Sánchez, del PSOE). Rosa Díez de UPyD cerró su cuenta años atrás, pero el primer político de su formación es el diputado Toni Cantó, en decimocuarta posición
Clasificación de líderes políticos en Twitter en febrero de 2015
Clasificación de líderes políticos en Twitter en febrero de 2015

Hilando por hilar, también esbozan el dibujo de cómo sería el Parlamento según Twitter, y además de tener un montón de partidos (porque la distribución de escaños aquí  se antoja difícil y se cuentan los seguidores, que sería como contar los votos directos), la cosa quedaría de forma que Podemos ganaría con claridad por delante de PSOE y PP
El Parlamento, según Twitter
El Parlamento, según Twitter

Los chamanes del aire
Pero hay otras bolas de cristal. Ni preguntar a un colectivo representativo, ni explicar esas cifras, ni tomar opiniones como si fuera una encuesta preelectoral, ni medir los números de las redes sociales. ¿Qué pasa si se busca el nombre de los principales partidos en la lista de términos más buscados de Google?
Esta sería la evolución de los últimos cinco años, con un bipartidismo sucediéndose en picos electorales de forma relativamente plácida… hasta las pasadas elecciones europeas.
Si se amplía la selección a lo sucedido en el último año, la cosa sería muy diferente: Podemos tiene una notoriedad que es casi el doble de la notoriedad de las otras fuerzas combinadas.
El retrato geográfico de cada una de esas búsquedas sería tal que así:

¿Y qué dice este chamán?
Entonces, vistos todos estos datos, interpretaciones y cábalas… ¿qué pasará? Ni idea, la verdad. Pero va a ser un año divertido.

Foto portadaStefano Ember / Shutterstock.com

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