16 agosto, 2018    /   IDEAS
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Cómo ser un hombre

16 agosto, 2018    /   IDEAS     por
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En medio del reciente bum de revistas independientes del Reino Unido, la publicación más interesante podría ser Sonshine (juego de palabras entre el ‘brillo del sol’ y el ‘hijo que brilla’). Una publicación flamante en formato y contenido dirigida a progenitores que desean criar varones amables, sensibles y empáticos en un mundo que no ayuda.

«No tenemos una receta para lograrlo. Pero esperamos que cambiar nuestra manera de ver la infancia los ayude a ellos a cambiar lo que entienden por ‘ser hombres’», afirman las directoras de la revista. Hayley Grove y Kirstie Beaven son escritoras, feministas y madres de varones. Además saben que se adentran en un territorio que debe ser atravesado con prudencia.

Los temas van desde la ropa de género neutro hasta las entrevistas a comadrones (no es un error de tecleo). Y a menudo hacen referencia a estudios académicos e investigaciones de las que no aparecen en el telediario y aún menos en las conversaciones sobre feminismo. Podría decirse que el enfoque de las editoras es el de Jiddu Krishnamurti, defensor de que la mayor revolución es revolucionarse. Es decir, priorizar el cambio individual antes de intentar cambiar el mundo.

En vez de intentar convencer a 1.500 millones de angloparlantes de modificar su idioma, las editoras de Sonshine comienzan por la inusual tarea de adaptar su mirada. Por eso en 5 cosas que puedes hacer para cambiar el mundo de niños y niñas, sugieren: «Reentrena tu cerebro. Ya es difícil para nosotros los adultos atravesar la sopa sexista en la que nadamos. Imagina lo difícil que debe de ser para los niños».

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Otro eje de la revista son los juguetes. El artículo ‘Por qué los varones necesitan muñecas’ enumera los beneficios de jugar con muñecas, y sus argumentos son, como siempre, contemporizadores y contundentes. «Según un estudio de la Western Sydney University, los varones de hasta cinco meses de edad prefieren juguetes con caras». Es decir, que los niños buscan una empatía que no hallan en cochecitos, ladrillos tipo Lego, y probablemente más de un adulto.

Es cierto que las extrañas muñecas mutantes de los escaparates progres parecen provenir de un universo lejano. Pero al menos «promueven la creatividad y el desarrollo emocional a través de decisiones que toman los propios niños». Todo lo contrario a los Action Man o GI Joes, que determinan la clase de juego enviando un mensaje unívoco. «Desarrollando una única emoción: la agresividad».

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Alguien dijo: quien piense que la moda es solo ropa no ha entendido nada. Por eso la vestimenta es otro de los pilares temáticos de la revista. Uno de sus artículos más interesantes cita un estudio sobre los estampados que las grandes marcas ofrecen a sus clientes menudos.

Según la investigación, la ropa de los varones tiende a lucir calaveras, símbolo de la muerte y de la pulsión de muerte. Mientras que la ropa para niñas suele mostrar flores y frutas, símbolos de la vida y la abundancia. De hecho, el texto señala con gran agudeza que las prendas para varones suelen llevar estampadas bestias depredadores, tigres o tiburones. Las de las niñas, en cambio, suelen lucir en sus pecheras animalitos tiernos y esponjosos: las presas.

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Y aunque haya excepciones unisex, la lógica que se aplica es similar. En el caso de prendas infantiles con dinosaurios, por ejemplo, las versiones para niñas convierten al temible monstruo en un emoji con lentejuelas. Por eso es que el contenido de Sonshine da mucha importancia a marcas especializadas en ropa de género neutro, ya que estas prendas rompen la divisoria de la moda que tanto influye sobre párvulos de ambos sexos.

vgvgv

Y, por supuesto, la revista presta un cuidado especial en tono y el vocabulario. Además del omnipresente empoderamiento (calco del término inglés empowered), Sonshine pone su foco sobre otra palabra igual de importante: entitlement. Este sustantivo, que suele traducirse como ‘derecho’, se refiere en realidad a ‘la sensación de potestad’ que sienten los hombres sobre las mujeres por la simple virtud de producir testosterona.

Pero Sonshine contemporiza. Si esta supuesta autoridad se manifiesta de diferentes formas –la agresión al débil, el maltrato a los animales o la destrucción del medioambiente—, también aclara con sensatez que los varones no son agresivos por naturaleza ya que el nivel de testosterona de niños y niñas es el mismo hasta llegar a la pubertad.

Desde luego, el problema del entitlement tiene su origen en la educación de los varones. Pero la educación implica a ambos sexos, pues suele ser la madre la que impone las normas (como ocurre con las niñas que, tras la cena, debe recoger los platos de sus hermanos). Una división de roles que Hayley Grove y Kirstie Beaven quieren difuminar entrevistando a futbolistas sensibles, mujeres astronautas y hombres que trabajan de comadronas.

Sonshine no busca aprovecharse la nueva ola feminista, simplemente modernizando el mensaje conservador de siempre (para eso ya están Hollywood y otros productores culturales). Y tampoco promete entregarles a los jóvenes un planeta prístino, porque eso es difícil de cumplir. Pero sí quiere brindar a los niños una nueva manera de entender la sociedad, una manera más armoniosa de relacionarse, más justa y menos agresiva.

La aspiración de la revista no es nueva. Pedagogos de la talla de María de Maeztu, María Montessori o Rudolf Steiner plantearon la necesidad de una educación más igualitaria hace más de un siglo. Y si bien las escuelas que han continuado sus preceptos no están al alcance de todos, sus ideas renovadoras se han ido filtrando en la educación pública.

Lo bueno es que, gracias a Sonshine y otras publicaciones similares, esta mirada ahora puede llegar a cualquier hogar. Y de allí transmitirse a ese hogar extendido que es la sociedad. Porque es allí –y no en una nueva normativa de la Real Academia— donde realmente se cambia el mundo.

En medio del reciente bum de revistas independientes del Reino Unido, la publicación más interesante podría ser Sonshine (juego de palabras entre el ‘brillo del sol’ y el ‘hijo que brilla’). Una publicación flamante en formato y contenido dirigida a progenitores que desean criar varones amables, sensibles y empáticos en un mundo que no ayuda.

«No tenemos una receta para lograrlo. Pero esperamos que cambiar nuestra manera de ver la infancia los ayude a ellos a cambiar lo que entienden por ‘ser hombres’», afirman las directoras de la revista. Hayley Grove y Kirstie Beaven son escritoras, feministas y madres de varones. Además saben que se adentran en un territorio que debe ser atravesado con prudencia.

Los temas van desde la ropa de género neutro hasta las entrevistas a comadrones (no es un error de tecleo). Y a menudo hacen referencia a estudios académicos e investigaciones de las que no aparecen en el telediario y aún menos en las conversaciones sobre feminismo. Podría decirse que el enfoque de las editoras es el de Jiddu Krishnamurti, defensor de que la mayor revolución es revolucionarse. Es decir, priorizar el cambio individual antes de intentar cambiar el mundo.

En vez de intentar convencer a 1.500 millones de angloparlantes de modificar su idioma, las editoras de Sonshine comienzan por la inusual tarea de adaptar su mirada. Por eso en 5 cosas que puedes hacer para cambiar el mundo de niños y niñas, sugieren: «Reentrena tu cerebro. Ya es difícil para nosotros los adultos atravesar la sopa sexista en la que nadamos. Imagina lo difícil que debe de ser para los niños».

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Otro eje de la revista son los juguetes. El artículo ‘Por qué los varones necesitan muñecas’ enumera los beneficios de jugar con muñecas, y sus argumentos son, como siempre, contemporizadores y contundentes. «Según un estudio de la Western Sydney University, los varones de hasta cinco meses de edad prefieren juguetes con caras». Es decir, que los niños buscan una empatía que no hallan en cochecitos, ladrillos tipo Lego, y probablemente más de un adulto.

Es cierto que las extrañas muñecas mutantes de los escaparates progres parecen provenir de un universo lejano. Pero al menos «promueven la creatividad y el desarrollo emocional a través de decisiones que toman los propios niños». Todo lo contrario a los Action Man o GI Joes, que determinan la clase de juego enviando un mensaje unívoco. «Desarrollando una única emoción: la agresividad».

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Alguien dijo: quien piense que la moda es solo ropa no ha entendido nada. Por eso la vestimenta es otro de los pilares temáticos de la revista. Uno de sus artículos más interesantes cita un estudio sobre los estampados que las grandes marcas ofrecen a sus clientes menudos.

Según la investigación, la ropa de los varones tiende a lucir calaveras, símbolo de la muerte y de la pulsión de muerte. Mientras que la ropa para niñas suele mostrar flores y frutas, símbolos de la vida y la abundancia. De hecho, el texto señala con gran agudeza que las prendas para varones suelen llevar estampadas bestias depredadores, tigres o tiburones. Las de las niñas, en cambio, suelen lucir en sus pecheras animalitos tiernos y esponjosos: las presas.

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Y aunque haya excepciones unisex, la lógica que se aplica es similar. En el caso de prendas infantiles con dinosaurios, por ejemplo, las versiones para niñas convierten al temible monstruo en un emoji con lentejuelas. Por eso es que el contenido de Sonshine da mucha importancia a marcas especializadas en ropa de género neutro, ya que estas prendas rompen la divisoria de la moda que tanto influye sobre párvulos de ambos sexos.

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Y, por supuesto, la revista presta un cuidado especial en tono y el vocabulario. Además del omnipresente empoderamiento (calco del término inglés empowered), Sonshine pone su foco sobre otra palabra igual de importante: entitlement. Este sustantivo, que suele traducirse como ‘derecho’, se refiere en realidad a ‘la sensación de potestad’ que sienten los hombres sobre las mujeres por la simple virtud de producir testosterona.

Pero Sonshine contemporiza. Si esta supuesta autoridad se manifiesta de diferentes formas –la agresión al débil, el maltrato a los animales o la destrucción del medioambiente—, también aclara con sensatez que los varones no son agresivos por naturaleza ya que el nivel de testosterona de niños y niñas es el mismo hasta llegar a la pubertad.

Desde luego, el problema del entitlement tiene su origen en la educación de los varones. Pero la educación implica a ambos sexos, pues suele ser la madre la que impone las normas (como ocurre con las niñas que, tras la cena, debe recoger los platos de sus hermanos). Una división de roles que Hayley Grove y Kirstie Beaven quieren difuminar entrevistando a futbolistas sensibles, mujeres astronautas y hombres que trabajan de comadronas.

Sonshine no busca aprovecharse la nueva ola feminista, simplemente modernizando el mensaje conservador de siempre (para eso ya están Hollywood y otros productores culturales). Y tampoco promete entregarles a los jóvenes un planeta prístino, porque eso es difícil de cumplir. Pero sí quiere brindar a los niños una nueva manera de entender la sociedad, una manera más armoniosa de relacionarse, más justa y menos agresiva.

La aspiración de la revista no es nueva. Pedagogos de la talla de María de Maeztu, María Montessori o Rudolf Steiner plantearon la necesidad de una educación más igualitaria hace más de un siglo. Y si bien las escuelas que han continuado sus preceptos no están al alcance de todos, sus ideas renovadoras se han ido filtrando en la educación pública.

Lo bueno es que, gracias a Sonshine y otras publicaciones similares, esta mirada ahora puede llegar a cualquier hogar. Y de allí transmitirse a ese hogar extendido que es la sociedad. Porque es allí –y no en una nueva normativa de la Real Academia— donde realmente se cambia el mundo.

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Opiniones 2
  • Que loco leerte escribir sobre educacion infantil. No esperaba menos de tus capacidades.
    Krishnamurti es un grosso. Pero también podemos verlo desde aca:
    https://es.m.wikipedia.org/wiki/Hipótesis_de_Sapir-Whorf
    Toda la forma en la que simbolizamos el mundo nos encajona, da forma y deforma.
    Estimo, porque no lo sé, que venimos a este mundo con una sabiduría que nuestros adultos no comprenden y por eso, nos educan.
    Te dejo un abrazo!

  • Qué bueno, Claudio (con argumentos certeros a la vez). Es cierto que la educación se interioriza desde la célula más pequeña de la sociedad, es decir, la familia.

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