31 de marzo 2014    /   ENTRETENIMIENTO
por
 

Soy caníbal

31 de marzo 2014    /   ENTRETENIMIENTO     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

¡Descarga Yorokobu gratis en formato digital!

Llévate el PDF del Gran Reseteo por la cara haciendo clic aquí.

Así es, porque devoraré a mi mujer… pero solo si ella se muere antes que yo. Para mí sería un póstumo acto sexual más que culinario, pero como me encanta la cocina, quiero hacer bien las cosas. El amor y los fogones siempre han estado más conectados de lo que nos gustaría admitir, así que permítanme explicarles cómo voy a proceder… si llega el caso.
Lejos de la ampulosidad que el cine atribuye a este asunto, y los ejemplos son muy notorios, desde El silencio de los corderos hasta Holocausto caníbal, pasando por Caníbal o ¡Viven!, mis motivaciones son totalmente distintas y no comparto ni el fondo ni las formas con los protagonistas de esas películas. Tampoco los argumentos ecologistas que se exponían en aquel artículo publicado aquí, titulado Los beneficios de comer carne humana que, por cierto, firmé yo mismo… aunque eso fue antes de conocerla.
Y es que mi amor por ella no tiene límites, y si un día llega ese tristísimo momento en que el aliento de la vida la abandone antes que a mí, no quiero que el duelo nuble mis sentidos y renuncie al más excelso acto de amor que puede existir: comérmela.
Pero seamos prácticos, y si algún lector siente que algo se despierta en su interior al leer mis palabras, que sepa que no está solo (o sola), y que este texto puede serle útil. Vayan pues un par de consejos prácticos y un puñado de recetas de fácil pero sabrosa preparación.
Respecto a los consejos, lo primero es la refrigeración. Si nuestra pareja fallece en casa, antes de llamar a las autoridades o al SAMUR, que ya nada pueden hacer, proveámonos con carácter urgente de un congelador de hostelería, de esos horizontales. Aquí va un ejemplo, para que me entiendan:
1donb
Porque, por mucho apetito que pueda tener, no me voy a comer cincuenta y cinco deliciosos kilos de carne en un día ni en una semana. Ni probablemente en un mes.
Lo segundo, los cortes. Hay que dividir el cuerpo en muy diversas porciones, que incluyan los músculos, las vísceras, etc. Todo compartimentado para que no se nos eche a perder. Para ello precisaremos de instrumental adecuado, a nadie le apetece perpetrar una carnicería con su ser querido en la bañera, como en esos sangrientos telefilmes de sobremesa inspirados en las novelas de Stephen King. De nuevo, permítanme recomendarles que echen un vistazo a esta maquinaria:
meatkutter-premium-mkp-sierra-de-cinta-huincha-cortando-carne-de-res-vaca
Y poco más, además del temple necesario. Nuestra media naranja ha muerto. Y la amábamos. Y no la hemos matado nosotros (no… ¿verdad?). Así que, vayamos a las cinco recetas que he seleccionado para ustedes, aunque se basan en mi historia de amor, estoy seguro de que sabrán adaptarlas a sus propias vivencias de pareja.
1.- A ella le encanta la tempura. Por eso rebozaría los dedos de sus pies (que tanto he besado y adorado) en harina de garbanzos y los freiría a muy elevada temperatura. Esta receta de rollitos de tempura con cebollas tiernas es exquisita, y el jengibre le da un toque muy romántico, a mi humilde parecer. La piel debe quedar crujiente, para que permita roer después los huesecillos de las falanges. (Aquí la receta)
2.- Con las dos deliciosas orejas de mi mujer, a las que he susurrado tantas palabras bonitas durante tanto tiempo, prepararía una tapa exquisita, con ajos morados, pimentón agridulce y reducción de Pedro Ximénez, según estas indicaciones.
3.- y 4.- Con sus intestinos, tan bellos y tan largos y estilizados, y que tantas veces he oído gemir en ayunas, cuando nos entregábamos a los goces más hermosos, haría dos platillos. Los zarajos, que a ella le pirran; y unos espectaculares callos con garbanzos a la madrileña con esta receta popular castiza (ella es de Vallecas).
5.- Para sus pulmones, que tantas veces han suspirado por nuestro amor, nada mejor que una típica receta escocesa, el haggis, que consiste en un estómago relleno de fragmentos de pulmón, hígado y otras vísceras, muy especiadas, plato perfecto para un clima tan duro como el de las Highlands. Aquí están las directrices, pero aviso a las almas sensibles de que algunos párrafos son… digamos… demasiado explícitos.
Por último, y cuando ya no nos quede nada más que los huesos, podemos utilizar los más interesantes para el cocido o para caldos que nos puedan reconfortar en invierno y recordarnos con su sabor a nuestro ser más querido… que ya no está. Y no olviden que nada hay más sabroso que mojar pan en el tuétano. ¿Se puede imaginar un mayor grado de intimidad con alguien?
Pero tengan cuidado, debo confesarles que desde que escribí este artículo y ella lo leyó accidentalmente, cada vez que miro a mi mujer siento algo más que amor y lujuria… siento hambre.
Y ella… siente miedo.

¡Descarga Yorokobu gratis en formato digital!

Llévate el PDF del Gran Reseteo por la cara haciendo clic aquí.

¡Descarga Yorokobu gratis en formato digital!

Llévate el PDF del Gran Reseteo por la cara haciendo clic aquí.

Así es, porque devoraré a mi mujer… pero solo si ella se muere antes que yo. Para mí sería un póstumo acto sexual más que culinario, pero como me encanta la cocina, quiero hacer bien las cosas. El amor y los fogones siempre han estado más conectados de lo que nos gustaría admitir, así que permítanme explicarles cómo voy a proceder… si llega el caso.
Lejos de la ampulosidad que el cine atribuye a este asunto, y los ejemplos son muy notorios, desde El silencio de los corderos hasta Holocausto caníbal, pasando por Caníbal o ¡Viven!, mis motivaciones son totalmente distintas y no comparto ni el fondo ni las formas con los protagonistas de esas películas. Tampoco los argumentos ecologistas que se exponían en aquel artículo publicado aquí, titulado Los beneficios de comer carne humana que, por cierto, firmé yo mismo… aunque eso fue antes de conocerla.
Y es que mi amor por ella no tiene límites, y si un día llega ese tristísimo momento en que el aliento de la vida la abandone antes que a mí, no quiero que el duelo nuble mis sentidos y renuncie al más excelso acto de amor que puede existir: comérmela.
Pero seamos prácticos, y si algún lector siente que algo se despierta en su interior al leer mis palabras, que sepa que no está solo (o sola), y que este texto puede serle útil. Vayan pues un par de consejos prácticos y un puñado de recetas de fácil pero sabrosa preparación.
Respecto a los consejos, lo primero es la refrigeración. Si nuestra pareja fallece en casa, antes de llamar a las autoridades o al SAMUR, que ya nada pueden hacer, proveámonos con carácter urgente de un congelador de hostelería, de esos horizontales. Aquí va un ejemplo, para que me entiendan:
1donb
Porque, por mucho apetito que pueda tener, no me voy a comer cincuenta y cinco deliciosos kilos de carne en un día ni en una semana. Ni probablemente en un mes.
Lo segundo, los cortes. Hay que dividir el cuerpo en muy diversas porciones, que incluyan los músculos, las vísceras, etc. Todo compartimentado para que no se nos eche a perder. Para ello precisaremos de instrumental adecuado, a nadie le apetece perpetrar una carnicería con su ser querido en la bañera, como en esos sangrientos telefilmes de sobremesa inspirados en las novelas de Stephen King. De nuevo, permítanme recomendarles que echen un vistazo a esta maquinaria:
meatkutter-premium-mkp-sierra-de-cinta-huincha-cortando-carne-de-res-vaca
Y poco más, además del temple necesario. Nuestra media naranja ha muerto. Y la amábamos. Y no la hemos matado nosotros (no… ¿verdad?). Así que, vayamos a las cinco recetas que he seleccionado para ustedes, aunque se basan en mi historia de amor, estoy seguro de que sabrán adaptarlas a sus propias vivencias de pareja.
1.- A ella le encanta la tempura. Por eso rebozaría los dedos de sus pies (que tanto he besado y adorado) en harina de garbanzos y los freiría a muy elevada temperatura. Esta receta de rollitos de tempura con cebollas tiernas es exquisita, y el jengibre le da un toque muy romántico, a mi humilde parecer. La piel debe quedar crujiente, para que permita roer después los huesecillos de las falanges. (Aquí la receta)
2.- Con las dos deliciosas orejas de mi mujer, a las que he susurrado tantas palabras bonitas durante tanto tiempo, prepararía una tapa exquisita, con ajos morados, pimentón agridulce y reducción de Pedro Ximénez, según estas indicaciones.
3.- y 4.- Con sus intestinos, tan bellos y tan largos y estilizados, y que tantas veces he oído gemir en ayunas, cuando nos entregábamos a los goces más hermosos, haría dos platillos. Los zarajos, que a ella le pirran; y unos espectaculares callos con garbanzos a la madrileña con esta receta popular castiza (ella es de Vallecas).
5.- Para sus pulmones, que tantas veces han suspirado por nuestro amor, nada mejor que una típica receta escocesa, el haggis, que consiste en un estómago relleno de fragmentos de pulmón, hígado y otras vísceras, muy especiadas, plato perfecto para un clima tan duro como el de las Highlands. Aquí están las directrices, pero aviso a las almas sensibles de que algunos párrafos son… digamos… demasiado explícitos.
Por último, y cuando ya no nos quede nada más que los huesos, podemos utilizar los más interesantes para el cocido o para caldos que nos puedan reconfortar en invierno y recordarnos con su sabor a nuestro ser más querido… que ya no está. Y no olviden que nada hay más sabroso que mojar pan en el tuétano. ¿Se puede imaginar un mayor grado de intimidad con alguien?
Pero tengan cuidado, debo confesarles que desde que escribí este artículo y ella lo leyó accidentalmente, cada vez que miro a mi mujer siento algo más que amor y lujuria… siento hambre.
Y ella… siente miedo.

¡Descarga Yorokobu gratis en formato digital!

Llévate el PDF del Gran Reseteo por la cara haciendo clic aquí.

Compártelo twitter facebook whatsapp
Palabras con mucho cuento: «Cotilla»
Crossy Road: ¿puede un juego ser demasiado adictivo?
Frida en el país de sus propias maravillas
Orgullo de ‘twerking’: en mi culo mando yo
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 32
  • Si alguien tiene dificultades para vomitar puede leerse esto y al menos le ayudará. Guardadlo en favoritos jajja

  • Cuanta susceptibilidad. Que no coméis carne vosotros? Que no habéis visto trozos de cadáveres no humanos en súpermercados y carnicerías jamás, o habéis manejado parte de estos antes de cocinarlos? No entiendo porque os despierta tanto asco y os provoca tanta repugnancia si estáis cansados de ver carne cruda y cosas peores, estoy segura.

  • Empezando porque nadie es capaz de escribir esto a no ser que busque polémica gratuita o realmente este mal de la cabeza! es patético….. Ya puestos también podría explicar que se va fabricar unos collares con los huesos de la columna o que se va a guardar el pelo para una peluca….. Anda ya! Primero esto es una farsa y segundo todo aquel que encuentre un mínimo de placer al escrito necesita un psicólogo. Yorokobú, no es necesario llegar a esto para llamar la atención! Pésimo artículo……. Yo pediría la dimisión del director de contenidos.

  • Cómo no, ¡de Dyaz tenía que ser! Tendría que haber apostado algo.
    Cada vez que veo un artículo en Yorokobu que parece escrito por alguien con muerte cerebral viene del mismo. Es que nunca falla.
    Este tío es el único que hace que me planteé seriamente dejar de ver esta página, ¿porqué no le largan?

    • Rod, solo puedo decirte que conozco al sr Dyaz y simplemente esta acabado, presume de lo que no es, no vale un pimiento en la cama y solamente tiene imaginación.Esa es la razón por la que supongo que escribe aquí.Hay ecritores profesionales en Yorokobu que se reirán de su cara y que desde luego escriben «algo» no como él.Dice que a su pareja le encantó el articulo, ja ja ja, no me extrañaria que fuese una oveja.

      • Querida Bea:
        No recuerdo haberme metido en la cama con nadie que se llame Bea, por lo que supongo que utilizas un seudónimo. Es una pena, porque quería felicitarte personal y nominalmente. Eres la única lectora que ha entendido el artículo ¡Es cierto, mi pareja es una oveja! ¿Acaso era tan difícil de descifrar?
        ¡Enhorabuena!

  • Creo que hace falta tener un poquito de sentido del humor para ver la ironía en todo esto. Las recetas son de lo más deliciosas. Y está basado en una gran verdad: la comida y el sexo están íntimamente unidos. Para una terapia de choque, recomiendo la peli «El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante» de Peter Greenaway.

    • Gracias, Marga, ¡qué gran película! Pero parece que solo me habéis entendido las chicas. Por cierto, a mi pareja le ha encantado el artículo… porque sabe que soy un gran cocinero 😉

  • A quien no le guste, que se borre. No entenderé nunca por qué hay que agredir a quien no nos está atacando.

  • intente tener la mente abierta por los tipos de comentarios que ojee antes de leer el articulo.. y la verdad en un momento me pareció extraño, mas que todo me parece que redactor se la quiere dar de interesante y luego al leer los dos últimos párrafos me dio risa. me parece una farsa. XD

  • Esas recetas son un asco, no están hechas con carne humana!
    Soy admiradora de Hannibal Lecter, ahora eres mi segundo favorito.
    Ñam, ñam, me dio hambre.
    XD
    Son tan estúpidos quienes reclaman, si son tan ricos los cerebros humanos, Mmm. XD
    Siempre comemos carne, alguno se ha preguntado si es humana? XD
    Vean «Y si nos comemos a Raúl?»

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    El rollo legal de las cookies

    La Ley 34/2002 nos obliga a avisarte de que usamos cookies propias y de terceros (ni de cuartos ni de quintos) con objetivos estadísticos y de sesión y para mostrarte la 'publi' que nos da de comer. Tenemos una política de cookies majísima y bla bla bla. Si continúas navegando, asumimos que aceptas y que todo guay. Si no te parece bien, huye y vuelve por donde has venido, que nadie te obliga a entrar aquí. Pincha este enlace para conocer los detalles. Tranquilo, este mensaje solo sale una vez. Esperamos.

    ACEPTAR
    Aviso de cookies