11 de julio 2017    /   IDEAS
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Fundaste una start-up: eres un sufridor, un mártir del mercado laboral español

11 de julio 2017    /   IDEAS     por          
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Dijiste adiós al contrato indefinido y la jornada laboral de ocho horas para hacerte freelance. Te despediste de tu jefe y del sinfín de decisiones a tu juicio erróneas que tomaba a diario: fundaste una start-up (o una pyme, según la jerga del sector en que te muevas) y te lanzaste a la aventura del emprendimiento.

Eres un sufridor, un mártir del mercado laboral español y de una sociedad que solo tiene ojitos para los funcionarios. Al menos es lo que repites cada vez que te preguntan por qué no libras los festivos, trabajas el fin de semana y llevas varios años sin unas vacaciones dignas de tal nombre.

Como todos los que hicimos y dijimos lo mismo antes que tú, estás equivocado. Es un error que comete el común de los curritos que se da de alta como autónomo o firma la constitución de una SL.

Llevas razón en muchas cosas (que muchos españoles tienen mentalidad de funcionarios, que el emprendimiento está penalizado en este país, que los jefes sí, también tú toman decisiones que no gustan a sus empleados…), pero aún no has comprendido lo fundamental: los trabajadores por cuenta ajena no están hechos de una pasta más dura que la mayoría. Lo que hacen es nutrirse de ilusión, un alimento por desgracia perecedero que, cuando caduca, nos devuelve a una dieta basada en la insípida rutina.

Por eso, sufrido emprendedor, espero que no leas estas líneas o lo hagas desde la tumbona en un idílico paraje sin cobertura. Tú también necesitas vacaciones. Sin citar uno por uno los innumerables estudios que lo afirman, los periodos de descanso estival reducen el estrés, el riesgo de contraer enfermedades cardíacas (en más de un 30%), e incrementan la eficacia y productividad a tu regreso.

Además, está demostrado que ayudan a vivir más años, a sentirse más joven y a esquivar la depresión y el temido síndrome burnout (en plata, estar quemado). Si fueran un puñado de obviedades, autónomos y fundadores de start-ups no estarían arqueando la ceja y resoplando en señal de desaprobación, mascullando: «Ojalá pudiera permitirme coger vacaciones». Ojalá pudieras permitirte no cogerlas.

No será tan obvia la necesidad de salir de la rutina cuando el 94% de los españoles se conectaron a internet estando de vacaciones (incluso un 92% de los que viajaron al extranjero) el pasado verano, según el análisis de AIMC.

Ni será tan obvia si los españoles somos, solo por detrás de los italianos, los que más correos de trabajo envíamos o respondemos durante el supuesto periodo de descanso, según un reciente estudio que también reveló, para sorpresa de nadie, que el 55% somos incapaces de ir a la playa o la piscina sin el móvil (tercer elemento más importante después de la toalla y la crema solar).

Tales son la adicción al trabajo y la incapacidad para desconectar que nos aquejan que hemos acuñado términos como «vacaciones de trabajo», una aporía en toda regla que usamos para designar un cambio temporal de oficina, de la habitual a un coworking con piscina cerca de la costa en el que viviremos rodeados de otros workaholics ávidos de networking (menos descansar, lo que se tercie).

Trabajar junto a la playa y con cerveza es la viva imagen de un brindis al sol. La foto idónea para presumir en Instagram de buena vida sin dejar de alimentar la idea de que el buen emprendedor, el buen autónomo, no tiene vacaciones. El hashtag que sea #AquíSufriendo.

Del resto de freelances y founders, always on, tienes el like asegurado. No esperes que los funcionarios te comenten: estarán muy ocupados disfrutando de sus privilegios. A ellos no les engañas. Sigue mintiéndote a ti mismo.

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Eres un sufridor, un mártir del mercado laboral español y de una sociedad que solo tiene ojitos para los funcionarios. Al menos es lo que repites cada vez que te preguntan por qué no libras los festivos, trabajas el fin de semana y llevas varios años sin unas vacaciones dignas de tal nombre.

Como todos los que hicimos y dijimos lo mismo antes que tú, estás equivocado. Es un error que comete el común de los curritos que se da de alta como autónomo o firma la constitución de una SL.

Llevas razón en muchas cosas (que muchos españoles tienen mentalidad de funcionarios, que el emprendimiento está penalizado en este país, que los jefes sí, también tú toman decisiones que no gustan a sus empleados…), pero aún no has comprendido lo fundamental: los trabajadores por cuenta ajena no están hechos de una pasta más dura que la mayoría. Lo que hacen es nutrirse de ilusión, un alimento por desgracia perecedero que, cuando caduca, nos devuelve a una dieta basada en la insípida rutina.

Por eso, sufrido emprendedor, espero que no leas estas líneas o lo hagas desde la tumbona en un idílico paraje sin cobertura. Tú también necesitas vacaciones. Sin citar uno por uno los innumerables estudios que lo afirman, los periodos de descanso estival reducen el estrés, el riesgo de contraer enfermedades cardíacas (en más de un 30%), e incrementan la eficacia y productividad a tu regreso.

Además, está demostrado que ayudan a vivir más años, a sentirse más joven y a esquivar la depresión y el temido síndrome burnout (en plata, estar quemado). Si fueran un puñado de obviedades, autónomos y fundadores de start-ups no estarían arqueando la ceja y resoplando en señal de desaprobación, mascullando: «Ojalá pudiera permitirme coger vacaciones». Ojalá pudieras permitirte no cogerlas.

No será tan obvia la necesidad de salir de la rutina cuando el 94% de los españoles se conectaron a internet estando de vacaciones (incluso un 92% de los que viajaron al extranjero) el pasado verano, según el análisis de AIMC.

Ni será tan obvia si los españoles somos, solo por detrás de los italianos, los que más correos de trabajo envíamos o respondemos durante el supuesto periodo de descanso, según un reciente estudio que también reveló, para sorpresa de nadie, que el 55% somos incapaces de ir a la playa o la piscina sin el móvil (tercer elemento más importante después de la toalla y la crema solar).

Tales son la adicción al trabajo y la incapacidad para desconectar que nos aquejan que hemos acuñado términos como «vacaciones de trabajo», una aporía en toda regla que usamos para designar un cambio temporal de oficina, de la habitual a un coworking con piscina cerca de la costa en el que viviremos rodeados de otros workaholics ávidos de networking (menos descansar, lo que se tercie).

Trabajar junto a la playa y con cerveza es la viva imagen de un brindis al sol. La foto idónea para presumir en Instagram de buena vida sin dejar de alimentar la idea de que el buen emprendedor, el buen autónomo, no tiene vacaciones. El hashtag que sea #AquíSufriendo.

Del resto de freelances y founders, always on, tienes el like asegurado. No esperes que los funcionarios te comenten: estarán muy ocupados disfrutando de sus privilegios. A ellos no les engañas. Sigue mintiéndote a ti mismo.

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Opiniones 2
  • Yo soy una de las sufridoras de las que habláis.
    Desde enero tengo una empresa de innovación social, aclarando, Agencia de Viajes especializada en personas con movilidad reducida, ofreciendo acompañamiento.
    He dejado mis reuniones con cervecitas después de mis antiguas jornadas de trabajo, mis vacaciones pagadas, mi horario fijo…. y tantas cosas….
    Ahora trabajo 24h al día, no puedo desconectar, cuando no es un curso es el banco dándote alguna buena noticia… pero Soy Feliz !!
    Organizo mi tiempo, soy dueña de mis decisiones, es un mundo apasionante donde encuentras a personas con un valor humano increíble y donde me siento útil a la sociedad y satisfecha con lo que hago.
    Es cierto que he dejado de pensar en ser una «ejecutiva agresiva» a ser una «ñoña soñadora» pero si esto consigue darme de comer me convertiré en una «alegre sufridora» que cree en su trabajo y en hacer lo que siempre a deseado… hacer sonreír a mi gente!!

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