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6 de noviembre 2012    /   BUSINESS
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Cómo crear una startup por Walter White aka Heisenberg (Breaking Bad)

6 de noviembre 2012    /   BUSINESS     por          
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El que suscribe estas líneas no pretende alentar carreras criminales, pero no ignora que Walter White, alias Heisenberg, tiene una mente brillante. Esto puede aclarar cómo un inocente profesor de química se hace rico en poco tiempo con una carrera delictiva. Por eso no perdí la oportunidad de contactar con Heisenberg.

La entrevista tiene lugar en un despacho prefabricado dentro de una nave industrial. Localización: desconocida. Dos tipos me han llevado a ciegas allí. Heisenberg es un caballero a la antigua usanza y me ofrece café. Acepto, por supuesto.

«Sus enemigos dicen que tiene una  mente brillante…», intento halagarlo.

«¿Quiere saber por qué hago cristales azules, y no otra cosa?», dice Heisenberg, y a continuación confiesa: «Pude haber sido socio de una empresa puntera en tecnología, pero cometí un error. No es bueno acostarse con la mujer de tu socio».

Le comento que en España tenemos un dicho.

«Donde comas… Lo conozco», dice Heisenberg con una sonrisa, y prosigue: «¿Por qué cristales azules? Había un mercado, y pensé que podía satisfacerlo con algo diferente. Pero no fue fácil, los principios nunca lo son. Para empezar, te metes en algo que desconoces. Alguien me dijo: Usted puede saber mucho sobre química, pero igual no sabe de negocios».

«Hay un  mercado y uno tiene los conocimientos necesarios. ¿Y después?», digo.

«Planes. Necesitas planes», dice Heisenberg. «Hay gente que necesita lo que haces, pero si no pueden llegar hasta ti, tendrás que llegar hasta ellos. Eso significa darlo todo: el tiempo y las energías. Sentarse en el suelo, fumar marihuana, comer Cheetos y masturbarse no son planes».

«Emprender es tomar el control», dice Heisenberg.

«Dicen que su secreto es el azul…», digo.

«Algunos dijeron que el azul era un error, el azul es ciencia». Heisenberg me recuerda cuántos descubrimientos e inventos partieron de un error:  la penicilina, los rayos X, el caucho vulcanizado. «Lo que para unos es un error, para otros puede ser una oportunidad».

Quiero preguntarle por la ética en los negocios, pero me abstengo para que el encuentro no acabe de manera abrupta.

«¿No tiene miedo», digo.

«He pasado toda mi vida asustado», dice Heisenberg, asustado de las cosas que podrían suceder. Pero todo cambió desde que me dijeron que tenía cáncer. Me levanto para darle una patada en los dientes al miedo, ese bastardo».

«En su negocio, la elección del personal…», digo.

«Es complicada», dice Heisenberg. «Puedes elegir al mejor profesional. Pero ¿estás seguro de su lealtad? Sólo hay que saber cuál es el talento de la gente que tienes, y poner a cada uno donde debe estar». Mira su reloj. «Se acabó su tiempo».

El que suscribe estas líneas no pretende alentar carreras criminales, pero no ignora que Walter White, alias Heisenberg, tiene una mente brillante. Esto puede aclarar cómo un inocente profesor de química se hace rico en poco tiempo con una carrera delictiva. Por eso no perdí la oportunidad de contactar con Heisenberg.

La entrevista tiene lugar en un despacho prefabricado dentro de una nave industrial. Localización: desconocida. Dos tipos me han llevado a ciegas allí. Heisenberg es un caballero a la antigua usanza y me ofrece café. Acepto, por supuesto.

«Sus enemigos dicen que tiene una  mente brillante…», intento halagarlo.

«¿Quiere saber por qué hago cristales azules, y no otra cosa?», dice Heisenberg, y a continuación confiesa: «Pude haber sido socio de una empresa puntera en tecnología, pero cometí un error. No es bueno acostarse con la mujer de tu socio».

Le comento que en España tenemos un dicho.

«Donde comas… Lo conozco», dice Heisenberg con una sonrisa, y prosigue: «¿Por qué cristales azules? Había un mercado, y pensé que podía satisfacerlo con algo diferente. Pero no fue fácil, los principios nunca lo son. Para empezar, te metes en algo que desconoces. Alguien me dijo: Usted puede saber mucho sobre química, pero igual no sabe de negocios».

«Hay un  mercado y uno tiene los conocimientos necesarios. ¿Y después?», digo.

«Planes. Necesitas planes», dice Heisenberg. «Hay gente que necesita lo que haces, pero si no pueden llegar hasta ti, tendrás que llegar hasta ellos. Eso significa darlo todo: el tiempo y las energías. Sentarse en el suelo, fumar marihuana, comer Cheetos y masturbarse no son planes».

«Emprender es tomar el control», dice Heisenberg.

«Dicen que su secreto es el azul…», digo.

«Algunos dijeron que el azul era un error, el azul es ciencia». Heisenberg me recuerda cuántos descubrimientos e inventos partieron de un error:  la penicilina, los rayos X, el caucho vulcanizado. «Lo que para unos es un error, para otros puede ser una oportunidad».

Quiero preguntarle por la ética en los negocios, pero me abstengo para que el encuentro no acabe de manera abrupta.

«¿No tiene miedo», digo.

«He pasado toda mi vida asustado», dice Heisenberg, asustado de las cosas que podrían suceder. Pero todo cambió desde que me dijeron que tenía cáncer. Me levanto para darle una patada en los dientes al miedo, ese bastardo».

«En su negocio, la elección del personal…», digo.

«Es complicada», dice Heisenberg. «Puedes elegir al mejor profesional. Pero ¿estás seguro de su lealtad? Sólo hay que saber cuál es el talento de la gente que tienes, y poner a cada uno donde debe estar». Mira su reloj. «Se acabó su tiempo».

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