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14 de marzo 2017    /   IDEAS
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La casa ultraecológica escondida en los Pirineos

14 de marzo 2017    /   IDEAS     por          
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Uno de los arquitectos más reputados en construcción sostenible de España ha reducido sus conceptos y ampliado sus ideas; ha estudiado el sol, el viento y el espacio para brindar una joya arquitectónica en miniatura. Y lo ha hecho por culpa —o gracias— a un oso. Pero no adelantemos acontecimientos, empecemos esta historia por el principio.

Stella Rotger exploró en la mente de Josep Bunyesc antes de conocerlo en persona. Fue en 2008 cuando se adentró en la casa del arquitecto para realizar un proyecto fotográfico. Ambos quedaron encantados por la simbiosis que se generó entre las dos disciplinas pero la cosa quedó allí. Un trabajo bien hecho con cierta repercusión en los medios.

«Lo terminé conociendo cinco o seis años después», relata la fotógrafa, «desde entonces siempre hemos trabajado juntos». El primer trabajo que realizaron como equipo podría considerarse el más personal, a pesar de que ninguno de los dos se conociera, y sentaría las bases de los siguientes.

La casa estudio de Josep Bunyesc es una vivienda pasiva (PHPP). Se conoce con este nombre a los edificios que requieren de poca energía para funcionar, gracias a un uso inteligente de los espacios, y que acumulan aquella que no consumen, para poder cederlo por ejemplo (y es un ejemplo real) a su coche híbrido.

Un inmueble de este tipo puede llegar a ahorrar hasta un 90% del consumo energético. Este es el punto de carga sobre el que pivota toda la arquitectura de Bunyesc, la motivación que da sentido a sus proyectos y la que lo ha convertido en un referente en la arquitectura sostenible.

Desde entonces Bunyesc se ha enfrascado en buscar nuevos retos, no sólo construyendo, sino rehabilitando viejas infraestructuras para convertirlas en viviendas pasivas. No sólo sobre plano, sino en los entornos más abruptos e inaccesibles. Esta búsqueda de retos llevó a Bunyesc a la montaña de Bonabé, en el Parque Natural del Alt Pirineu.

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La cabaña del pastor de Salu era la solución que había propuesto el proyecto Piroslife para compatibilizar la repoblación del oso pardo en los Pirineos y la utilización de sus pastos por parte de las reses. Con un pequeño refugio y un redil la solución parecía al alcance de la mano.

El refugio está ideado para dar cobijo al pastor durante el verano, única estación del año en la que la zona es practicable. Esta particularidad se aplica también al momento de la construcción.


osos

«Lo hicimos en una semana, en junio o julio», confirma Bunyesc. La rapidez de su ejecución responde a la utilización de materiales prefabricados, una técnica que el arquitecto defiende porque «permite fabricar en taller y garantiza la calidad del material y agiliza los procesos».

El arquitecto también se valió de los materiales de la zona. Por ejemplo, la base de la casa está compuesta por una cajón lleno de piedras que recogieron de los alrededores, «más que como cimentación para que no se hunda el terreno, para que el viento no se la lleve», explica Bunyesc. «Así también es un proceso reversible, que el día que se desmonte las piezas se pueden quedar porque forman parte del paisaje».

De momento, ese día parece lejano. La cabaña ha servido ya de refugio a un pastor este verano y hay planes de hacer más por la zona. A medida que, idealmente, el oso vuelva al Pirineo, y los pastores necesiten un lugar donde cobijar al rebaño.

A pesar de la innegable estética de este pequeño refugio, sus formas no se pliegan al capricho del diseño, sino al de la naturaleza. «Su forma está determinada por el lugar y por el clima», explica el arquitecto. Hay una prominente fachada sur con ventanas para que le dé el sol; las placas están bastante inclinadas para que se caiga la nieve; su aerodinámica se ha hecho pensando en la dirección del viento.

Se ha observado y escuchado la naturaleza para conseguir un auténtico refugio pasivo. Y supone un ejemplo, quizá el primero de muchos, de cómo eficiencia, sostenibilidad y diseño pueden ayudar a que vuelva el oso pardo a los Pirineos.

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Uno de los arquitectos más reputados en construcción sostenible de España ha reducido sus conceptos y ampliado sus ideas; ha estudiado el sol, el viento y el espacio para brindar una joya arquitectónica en miniatura. Y lo ha hecho por culpa —o gracias— a un oso. Pero no adelantemos acontecimientos, empecemos esta historia por el principio.

Stella Rotger exploró en la mente de Josep Bunyesc antes de conocerlo en persona. Fue en 2008 cuando se adentró en la casa del arquitecto para realizar un proyecto fotográfico. Ambos quedaron encantados por la simbiosis que se generó entre las dos disciplinas pero la cosa quedó allí. Un trabajo bien hecho con cierta repercusión en los medios.

«Lo terminé conociendo cinco o seis años después», relata la fotógrafa, «desde entonces siempre hemos trabajado juntos». El primer trabajo que realizaron como equipo podría considerarse el más personal, a pesar de que ninguno de los dos se conociera, y sentaría las bases de los siguientes.

La casa estudio de Josep Bunyesc es una vivienda pasiva (PHPP). Se conoce con este nombre a los edificios que requieren de poca energía para funcionar, gracias a un uso inteligente de los espacios, y que acumulan aquella que no consumen, para poder cederlo por ejemplo (y es un ejemplo real) a su coche híbrido.

Un inmueble de este tipo puede llegar a ahorrar hasta un 90% del consumo energético. Este es el punto de carga sobre el que pivota toda la arquitectura de Bunyesc, la motivación que da sentido a sus proyectos y la que lo ha convertido en un referente en la arquitectura sostenible.

Desde entonces Bunyesc se ha enfrascado en buscar nuevos retos, no sólo construyendo, sino rehabilitando viejas infraestructuras para convertirlas en viviendas pasivas. No sólo sobre plano, sino en los entornos más abruptos e inaccesibles. Esta búsqueda de retos llevó a Bunyesc a la montaña de Bonabé, en el Parque Natural del Alt Pirineu.

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La cabaña del pastor de Salu era la solución que había propuesto el proyecto Piroslife para compatibilizar la repoblación del oso pardo en los Pirineos y la utilización de sus pastos por parte de las reses. Con un pequeño refugio y un redil la solución parecía al alcance de la mano.

El refugio está ideado para dar cobijo al pastor durante el verano, única estación del año en la que la zona es practicable. Esta particularidad se aplica también al momento de la construcción.


osos

«Lo hicimos en una semana, en junio o julio», confirma Bunyesc. La rapidez de su ejecución responde a la utilización de materiales prefabricados, una técnica que el arquitecto defiende porque «permite fabricar en taller y garantiza la calidad del material y agiliza los procesos».

El arquitecto también se valió de los materiales de la zona. Por ejemplo, la base de la casa está compuesta por una cajón lleno de piedras que recogieron de los alrededores, «más que como cimentación para que no se hunda el terreno, para que el viento no se la lleve», explica Bunyesc. «Así también es un proceso reversible, que el día que se desmonte las piezas se pueden quedar porque forman parte del paisaje».

De momento, ese día parece lejano. La cabaña ha servido ya de refugio a un pastor este verano y hay planes de hacer más por la zona. A medida que, idealmente, el oso vuelva al Pirineo, y los pastores necesiten un lugar donde cobijar al rebaño.

A pesar de la innegable estética de este pequeño refugio, sus formas no se pliegan al capricho del diseño, sino al de la naturaleza. «Su forma está determinada por el lugar y por el clima», explica el arquitecto. Hay una prominente fachada sur con ventanas para que le dé el sol; las placas están bastante inclinadas para que se caiga la nieve; su aerodinámica se ha hecho pensando en la dirección del viento.

Se ha observado y escuchado la naturaleza para conseguir un auténtico refugio pasivo. Y supone un ejemplo, quizá el primero de muchos, de cómo eficiencia, sostenibilidad y diseño pueden ayudar a que vuelva el oso pardo a los Pirineos.

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Opiniones 2
  • Gracias Enrique. Artículo muy interesante, no conocía a Josep Bunyesc. Soy arquitecto y este es tipo de proyecto hace que la gente aprenda a valorar nuestro trabajo.
    Saludos.

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