29 de abril 2016    /   ENTRETENIMIENTO
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Contra el derroche de las piscinas privadas

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«Las piscinas públicas son parte de mi infancia. Cuando era pequeño era el mejor lugar para encontrar a amigos, a vecinos y a personas a las que no veía desde hacía tiempo. Era el sitio ideal para jugar, relajarse y conversar». Stephan Zirwes es un fotógrafo alemán que acaba de ganar con su trabajo Pools el premio Sony World Photography Awards en la categoría de arquitectura.

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Aunque parezcan maquetas hechas por un artesano aficionado a las miniaturas, son piscinas reales, todas situadas en el sur de Alemania. En algunos casos, Zirwes realiza una pequeña manipulación de los azulejos para alterar la forma de estas piscinas. Su intención es invitar al espectador a una reflexión sobre el desperdicio del agua.

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«He viajado a muchos países del mundo y lo normal es que los ricos tengan piscinas privadas», cuenta desde Sudáfrica, donde participa en el festival de fotografía AfrikaBurn. «En Estados Unidos, Europa o aquí en Sudáfrica, casi cada casa tiene una piscina. Yo las he sobrevolado y he hecho fotos en las que puedes ver hasta 40, casi siempre vacías. Son demasiados lugares que nadie usa o que utilizan una hora al día para refrescarse después del trabajo. Son un derroche que va en contra la comunidad. Y encima hay que echarle un mogollón de productos químicos al agua», señala Zirwes.

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Él prefiere las piscinas públicas de Alemania, que son casi gratuitas. «Una familia con tres hijos puede pasar el día con 10 euros», asegura. El fotógrafo cuenta que en su país hay al menos una piscina pública en cada ciudad. «Algunas son enormes: pueden juntarse hasta seis en el mismo recinto. En un día caluroso de verano, se concentran hasta 15.000 personas en el mismo espacio», asegura.

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Zirwes contrapone este modelo al de EE UU, donde las piscinas han sido transformadas en parques de atracciones y el pase familiar cuesta 120 dólares. «La piscina pública es un lugar social, en el que no sólo los ricos pueden disfrutar el placer de un chapuzón refrescante», apunta.

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Todo su trabajo se articula a través de hermosas imágenes aéreas, que divide entre Fields (campos) y Zones (zonas). «Fields está más enfocado a las estructuras, es algo más superficial y simple. En Zones trato un tema especial, como el ocio o la exclusión. No sé ahora mismo si quiero clasificar las piscinas, pero claramente se encuadran dentro de mi producción aérea», aclara Zirwes.

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El fotógrafo suele tomar sus imágenes desde un helicóptero y, en algún caso esporádico, con drones, una técnica que no termina de satisfacerle. «Me gusta tener una visión diferente de las cosas. Cuando comencé con eso, nadie alquilaba helicópteros para hacer trabajos artísticos sin fines comerciales», cuenta. Su fascinación comenzó la primera vez que grabó un vídeo desde el aire para una empresa. «Tuve tiempo de hacer algunas fotos y me apasioné desde el principio», añade.

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«Hoy es diferente: todo el mundo puede hacer fotos fantásticas con un dron. Pero en parte es lo mismo que acontece con las cámaras réflex. Mucha gente posee cámaras profesionales, con las que consiguen fotos de alta calidad. Sin embargo, al final todo depende de lo que vas a hacer con ellas», reflexiona Zirwes.

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Leo Sprungturm2_12C1185

Sifi Nordbecken-40x30_12C1146

 

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Aunque parezcan maquetas hechas por un artesano aficionado a las miniaturas, son piscinas reales, todas situadas en el sur de Alemania. En algunos casos, Zirwes realiza una pequeña manipulación de los azulejos para alterar la forma de estas piscinas. Su intención es invitar al espectador a una reflexión sobre el desperdicio del agua.

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«He viajado a muchos países del mundo y lo normal es que los ricos tengan piscinas privadas», cuenta desde Sudáfrica, donde participa en el festival de fotografía AfrikaBurn. «En Estados Unidos, Europa o aquí en Sudáfrica, casi cada casa tiene una piscina. Yo las he sobrevolado y he hecho fotos en las que puedes ver hasta 40, casi siempre vacías. Son demasiados lugares que nadie usa o que utilizan una hora al día para refrescarse después del trabajo. Son un derroche que va en contra la comunidad. Y encima hay que echarle un mogollón de productos químicos al agua», señala Zirwes.

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Él prefiere las piscinas públicas de Alemania, que son casi gratuitas. «Una familia con tres hijos puede pasar el día con 10 euros», asegura. El fotógrafo cuenta que en su país hay al menos una piscina pública en cada ciudad. «Algunas son enormes: pueden juntarse hasta seis en el mismo recinto. En un día caluroso de verano, se concentran hasta 15.000 personas en el mismo espacio», asegura.

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Zirwes contrapone este modelo al de EE UU, donde las piscinas han sido transformadas en parques de atracciones y el pase familiar cuesta 120 dólares. «La piscina pública es un lugar social, en el que no sólo los ricos pueden disfrutar el placer de un chapuzón refrescante», apunta.

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Todo su trabajo se articula a través de hermosas imágenes aéreas, que divide entre Fields (campos) y Zones (zonas). «Fields está más enfocado a las estructuras, es algo más superficial y simple. En Zones trato un tema especial, como el ocio o la exclusión. No sé ahora mismo si quiero clasificar las piscinas, pero claramente se encuadran dentro de mi producción aérea», aclara Zirwes.

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El fotógrafo suele tomar sus imágenes desde un helicóptero y, en algún caso esporádico, con drones, una técnica que no termina de satisfacerle. «Me gusta tener una visión diferente de las cosas. Cuando comencé con eso, nadie alquilaba helicópteros para hacer trabajos artísticos sin fines comerciales», cuenta. Su fascinación comenzó la primera vez que grabó un vídeo desde el aire para una empresa. «Tuve tiempo de hacer algunas fotos y me apasioné desde el principio», añade.

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«Hoy es diferente: todo el mundo puede hacer fotos fantásticas con un dron. Pero en parte es lo mismo que acontece con las cámaras réflex. Mucha gente posee cámaras profesionales, con las que consiguen fotos de alta calidad. Sin embargo, al final todo depende de lo que vas a hacer con ellas», reflexiona Zirwes.

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