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4 de octubre 2017    /   CINE/TV
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Storytel: un Netflix para leer con los oídos

4 de octubre 2017    /   CINE/TV     por          
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Pasear al perro, hacer la compra o tumbarte en el sofá mientras te cuentan una novela con una voz bien empacada, llena de matices expresivos. Es, en parte, el regreso al placer arcaico de penetrar en una historia a través de las palabras de un narrador. Ese viaje al pasado con tecnología del presente es lo que se proponen desde Storytel, el Netflix de los audiolibros.

Pese a que en Europa el consumo de audiolibros lleva años aumentando, en España el sector no terminaba de cuajar. Según el director nacional de Storytel Javier Celaya, por culpa de un sambenito: «Había una leyenda urbana sobre que en España no había demanda». Esta idea nació de un fracaso.

Hace 17 años, Alfaguara lanzó una colección de audiolibros. «Era una serie maravillosa con voces de Charo López y semejantes, pero se adelantó a su tiempo. En aquel momento, la tecnología reinante era el walkman, esa especie de tartera que tenías que agarrar con las dos manos en la que metías una casete que se te enrollaba y la tenías que arreglar cada dos por tres», explica Celaya.

Ese fracaso de una oferta cuidada de Alfaguara cebó el prejuicio de que en España no funcionaría este formato. En el resto de Europa, según Celaya, ya ocupa el 30% de las ventas editoriales. Con el ejemplo de otros países, poco a poco, se han vencido resistencias y editoriales como Penguin Random House han ido lanzando títulos en español.

La producción se multiplica año tras año. En los últimos tres años ha sido el sector que más ha crecido dentro del mercado editorial. ¿El motivo? Las pautas de consumo han acabado resultando propicias para un tipo de lectura que, en principio, pareció inviable. «Se están creando nuevos hábitos de consumo; el primero es la movilidad que el teléfono te ofrece. Puedes leer en cualquier momento y lugar. El libro físico, e incluso el digital, te obliga a parar y enfocarte solo en él», explica Celaya.

«En este nuevo mundo multitarea, casi el 25% de las personas usan el audiolibro en el coche, otros paseando al perro o haciendo la compra». Su intención es recuperar a esos lectores a los que «la lectura en papel se les cae de las manos» y han dejado de leer seducidos por otras ofertas de contenidos más accesibles.

Sin embargo, aplicar la multitarea a la lectura parece un desafío. El nivel de concentración que exigen muchas obras hace difícil que podamos exprimirlas en toda su magnitud mientras limpiamos la casa. «En los audiolibros cabe de todo, pero sí hay historias más o menos amables dependiendo de momentos de más o menos concentración», aclara Celaya.

«Estamos acostumbrados a oír la radio al conducir y eso no quita atención del coche ni de la radio, pero sí es cierto que algunas historias necesitan mayor concentración. Pero igual que cuando surgió el libro (que se nos olvida que es una tecnología); como era un formato muy amable, los escritores se dieron cuenta de que podían escribir historias de 700 o 1.000 páginas. Ahora vamos a un mundo más visual y oral, y probablemente las historias que nazcan para ser escuchadas tendrán unas tramas, frecuencias y ritmos diferentes a los del papel», pronostica.

Celaya echa mano de Dickens para explicar cómo podrán adaptarse las narraciones a los nuevos usos. «Parece que hablamos de futuro, pero es una vuelta al pasado enriquecido». El escritor británico lanzaba los capítulos de su novela en periódicos y sabía que cada fragmento debía tener una trama atrayente y soltar un gancho al final para que el lector regresara en la siguiente edición.

«En el audiolibro es similar. Tienen que ser historias muy dinámicas que te enganchen para que fluyan en la cabeza de manera ágil a pesar de las distracciones. Por ejemplo, no sería bueno para historias que tuvieran muchos flashbacks». Aun así, explica, un buen porcentaje, cerca de un 20%, escucha los audiolibros en el sofá de su casa, sin concentrarse en nada más.

El tratamiento sonoro, al igual que la elección del tipo de papel y la tipografía, debe escogerse con delicadeza. El director de Storytel en España explica el proceso: «Cada vez que tenemos que pasar una obra a audio nos reunimos con la editorial para hablar del enfoque. Vemos si conviene voz masculina y femenina. Después se hace un simple de tres voces y el editor nos ayuda a entender si representa mejor el contenido una voz más aguda, más grave o plana».

«Los locutores no pueden estar más de dos horas al día grabando porque el tono y la frecuencia baja. Al día siguiente, hacen ejercicios de voz y, al entrar al estudio, equilibramos con cómo dejó la voz el día anterior». Es decir, la voz, como la guitarra, se afina antes de cada sesión.

El formato se presta también a construir cada historia con distintos niveles de interpretación o teatralización. «Hay dos escuelas; la británica tiene mucho de teatro. La última biografía sobre Lincoln en la Guerra Civil tiene 136 personajes y se ha montado con 136 voces. Es una ópera, una experiencia sonora apasionante».

La escuela nórdica es similar a la hispana. «Una sola voz hace todo el libro, pero interpreta. Si en un momento de la narrativa hay cabreo, sonoramente notas enfado. Al ser un mercado que acaba de empezar, usamos una sola voz, pero lo enriquecemos con ciertos sonidos especiales, música, ruidos o el sonido de una tormenta, si la tormenta es parte importante de la trama».

La diferencia de años de implantación hace que los libros sean más o menos sofisticados. El mercado está creciendo y la estrategia de Storytel (por un pequeño pago al mes permite el acceso a todos sus contenidos), pretende facilitar y seguir las pautas de la nueva cultura de consumo que ya da frutos en proyectos como Netflix.

Pasear al perro, hacer la compra o tumbarte en el sofá mientras te cuentan una novela con una voz bien empacada, llena de matices expresivos. Es, en parte, el regreso al placer arcaico de penetrar en una historia a través de las palabras de un narrador. Ese viaje al pasado con tecnología del presente es lo que se proponen desde Storytel, el Netflix de los audiolibros.

Pese a que en Europa el consumo de audiolibros lleva años aumentando, en España el sector no terminaba de cuajar. Según el director nacional de Storytel Javier Celaya, por culpa de un sambenito: «Había una leyenda urbana sobre que en España no había demanda». Esta idea nació de un fracaso.

Hace 17 años, Alfaguara lanzó una colección de audiolibros. «Era una serie maravillosa con voces de Charo López y semejantes, pero se adelantó a su tiempo. En aquel momento, la tecnología reinante era el walkman, esa especie de tartera que tenías que agarrar con las dos manos en la que metías una casete que se te enrollaba y la tenías que arreglar cada dos por tres», explica Celaya.

Ese fracaso de una oferta cuidada de Alfaguara cebó el prejuicio de que en España no funcionaría este formato. En el resto de Europa, según Celaya, ya ocupa el 30% de las ventas editoriales. Con el ejemplo de otros países, poco a poco, se han vencido resistencias y editoriales como Penguin Random House han ido lanzando títulos en español.

La producción se multiplica año tras año. En los últimos tres años ha sido el sector que más ha crecido dentro del mercado editorial. ¿El motivo? Las pautas de consumo han acabado resultando propicias para un tipo de lectura que, en principio, pareció inviable. «Se están creando nuevos hábitos de consumo; el primero es la movilidad que el teléfono te ofrece. Puedes leer en cualquier momento y lugar. El libro físico, e incluso el digital, te obliga a parar y enfocarte solo en él», explica Celaya.

«En este nuevo mundo multitarea, casi el 25% de las personas usan el audiolibro en el coche, otros paseando al perro o haciendo la compra». Su intención es recuperar a esos lectores a los que «la lectura en papel se les cae de las manos» y han dejado de leer seducidos por otras ofertas de contenidos más accesibles.

Sin embargo, aplicar la multitarea a la lectura parece un desafío. El nivel de concentración que exigen muchas obras hace difícil que podamos exprimirlas en toda su magnitud mientras limpiamos la casa. «En los audiolibros cabe de todo, pero sí hay historias más o menos amables dependiendo de momentos de más o menos concentración», aclara Celaya.

«Estamos acostumbrados a oír la radio al conducir y eso no quita atención del coche ni de la radio, pero sí es cierto que algunas historias necesitan mayor concentración. Pero igual que cuando surgió el libro (que se nos olvida que es una tecnología); como era un formato muy amable, los escritores se dieron cuenta de que podían escribir historias de 700 o 1.000 páginas. Ahora vamos a un mundo más visual y oral, y probablemente las historias que nazcan para ser escuchadas tendrán unas tramas, frecuencias y ritmos diferentes a los del papel», pronostica.

Celaya echa mano de Dickens para explicar cómo podrán adaptarse las narraciones a los nuevos usos. «Parece que hablamos de futuro, pero es una vuelta al pasado enriquecido». El escritor británico lanzaba los capítulos de su novela en periódicos y sabía que cada fragmento debía tener una trama atrayente y soltar un gancho al final para que el lector regresara en la siguiente edición.

«En el audiolibro es similar. Tienen que ser historias muy dinámicas que te enganchen para que fluyan en la cabeza de manera ágil a pesar de las distracciones. Por ejemplo, no sería bueno para historias que tuvieran muchos flashbacks». Aun así, explica, un buen porcentaje, cerca de un 20%, escucha los audiolibros en el sofá de su casa, sin concentrarse en nada más.

El tratamiento sonoro, al igual que la elección del tipo de papel y la tipografía, debe escogerse con delicadeza. El director de Storytel en España explica el proceso: «Cada vez que tenemos que pasar una obra a audio nos reunimos con la editorial para hablar del enfoque. Vemos si conviene voz masculina y femenina. Después se hace un simple de tres voces y el editor nos ayuda a entender si representa mejor el contenido una voz más aguda, más grave o plana».

«Los locutores no pueden estar más de dos horas al día grabando porque el tono y la frecuencia baja. Al día siguiente, hacen ejercicios de voz y, al entrar al estudio, equilibramos con cómo dejó la voz el día anterior». Es decir, la voz, como la guitarra, se afina antes de cada sesión.

El formato se presta también a construir cada historia con distintos niveles de interpretación o teatralización. «Hay dos escuelas; la británica tiene mucho de teatro. La última biografía sobre Lincoln en la Guerra Civil tiene 136 personajes y se ha montado con 136 voces. Es una ópera, una experiencia sonora apasionante».

La escuela nórdica es similar a la hispana. «Una sola voz hace todo el libro, pero interpreta. Si en un momento de la narrativa hay cabreo, sonoramente notas enfado. Al ser un mercado que acaba de empezar, usamos una sola voz, pero lo enriquecemos con ciertos sonidos especiales, música, ruidos o el sonido de una tormenta, si la tormenta es parte importante de la trama».

La diferencia de años de implantación hace que los libros sean más o menos sofisticados. El mercado está creciendo y la estrategia de Storytel (por un pequeño pago al mes permite el acceso a todos sus contenidos), pretende facilitar y seguir las pautas de la nueva cultura de consumo que ya da frutos en proyectos como Netflix.

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Opiniones 2
  • A veces nos olvidamos de la importancia del sonido en cualquier producción audiovisual, y cuando nos encontramos con entretenimiento que es únicamente auditivo aprendemos a valorar realmente esta parte del trayecto. Cuando he empezado a leer el artículo no he acabado de entender por qué Storytel era mejor que aficionarse a un podcast, pero no es lo mismo escuchar sobre algo que te interesa que escuchar cómo te cuentan una historia. Además, hay bastantes sitios como este que, además de darle la importancia que el sonido se merece, también te permite traducir simultáneamente para que puedas disfrutar de cosas que igual no están a tu alcance por el tema de idiomas. En general me parece una iniciativa fetén, la verdad. Gracias por compartirla.

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