23 de mayo 2019    /   ENTRETENIMIENTO
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 Photo by Dillon Shook on Unsplash

‘Tumbing’, ‘silloning’ y ‘edredoning’: un sufijo inglés para crear neologismos

Conversaciones ortográficas

23 de mayo 2019    /   ENTRETENIMIENTO     por          Photo by Dillon Shook on Unsplash
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—¿Qué vas a hacer este finde?

—Un mix de tumbing, silloning y tocamiento de bolo a dos manos que me está haciendo salivar ya, no te digo más.

—¡Mira que eres aburrido! ¡Vamos a hacer algo!, ¿no? ¿Unas cañas por Lavapiés y un cine por la tarde?

—¿Un cine? ¿Para qué, para que me metas a ver una peli de esas tuyas que no sirven ni para echarte la siesta? No, gracias. Me quedo en casa.

—Bueno, pues propón tú el plan

—Ya te lo he dicho. Además, Nuria tampoco sale este fin de semana y nos apetece un rollo más casero.

—Vamos, que lo del silloning es una excusa. Tú, lo que vas a practicar de verdad es el edredoning.

—Todo lo que me dejen y más. ¡Cómo lo sabes!

Que el contacto entre lenguas las enriquece es más cierto que afirmar que el sol sale por el este. De toda la vida de Dios, los idiomas pegan la oreja unos a otros, escuchan palabrejas nuevas y se las quedan como propias para ayudarse a designar nuevas realidades inexistentes hasta ese momento en su vocabulario.

El latín lo hizo con el griego, el inglés con el latín y el francés, y el español mamó de toda lengua que se le arrimó a lo largo de su larga historia.

Pero una cosa es tomar prestadas ciertas palabras, lo que viene siendo la tradición, y otra, que la morfología de una lengua llegue a influir en la de otra. Y eso es lo que está ocurriendo en español (al menos en el español de Ejpaña) con el muy british sufijo -ing. Para que luego digan que no innovamos.

Así nos lo explica Alberto Bustos en su Blog de Lengua: «La adopción del sufijo -ing constituye una muestra más de la intensa anglización a que está sometido nuestro idioma».

Usual o no, lo cierto es que cada vez más escuchamos neologismos como tumbing, silloning, balconing, edredoning, puenting (por cierto, esta última ya incluida en la última actualización del DRAE) y todo lo que se nos pase por la imaginación y la creatividad.

Son sustantivos que expresan una acción en la que interviene, de alguna manera, el objeto al que se refiere el nombre base (el sillón, en el caso de silloning) y que pueden responder también a necesidades expresivas.

Volviendo al ejemplo anterior, al decir silloning estamos dejando claro que no nos vamos a levantar del mismo ni con agua caliente.

La RAE los considera «formaciones híbridas» ya que en español no existe ese sufijo -ing, «de modo que no son recomendables», advierte.

«De todos modos, se emplean principalmente con intención humorística y en el registro informal o coloquial. En caso de usarse, deberían destacarse con cursiva (o con comillas si no es posible usar la cursiva) para indicar que no se ajustan a nuestro sistema ortográfico», concluye la Academia.

¿Por qué ocurre esto? Porque nos parece que el inglés es mucho más pintón, resultón, molón y prestigioso que el humilde español y porque nos gusta una gracia más que a un tonto un carrito, así que no podíamos dejar pasar la oportunidad de demostrar ese peaso sentío del humor que tenemos a la hora de ser expresivos y chistosos. Que para aburrida ya está Theresa May.

—¿Qué vas a hacer este finde?

—Un mix de tumbing, silloning y tocamiento de bolo a dos manos que me está haciendo salivar ya, no te digo más.

—¡Mira que eres aburrido! ¡Vamos a hacer algo!, ¿no? ¿Unas cañas por Lavapiés y un cine por la tarde?

—¿Un cine? ¿Para qué, para que me metas a ver una peli de esas tuyas que no sirven ni para echarte la siesta? No, gracias. Me quedo en casa.

—Bueno, pues propón tú el plan

—Ya te lo he dicho. Además, Nuria tampoco sale este fin de semana y nos apetece un rollo más casero.

—Vamos, que lo del silloning es una excusa. Tú, lo que vas a practicar de verdad es el edredoning.

—Todo lo que me dejen y más. ¡Cómo lo sabes!

Que el contacto entre lenguas las enriquece es más cierto que afirmar que el sol sale por el este. De toda la vida de Dios, los idiomas pegan la oreja unos a otros, escuchan palabrejas nuevas y se las quedan como propias para ayudarse a designar nuevas realidades inexistentes hasta ese momento en su vocabulario.

El latín lo hizo con el griego, el inglés con el latín y el francés, y el español mamó de toda lengua que se le arrimó a lo largo de su larga historia.

Pero una cosa es tomar prestadas ciertas palabras, lo que viene siendo la tradición, y otra, que la morfología de una lengua llegue a influir en la de otra. Y eso es lo que está ocurriendo en español (al menos en el español de Ejpaña) con el muy british sufijo -ing. Para que luego digan que no innovamos.

Así nos lo explica Alberto Bustos en su Blog de Lengua: «La adopción del sufijo -ing constituye una muestra más de la intensa anglización a que está sometido nuestro idioma».

Usual o no, lo cierto es que cada vez más escuchamos neologismos como tumbing, silloning, balconing, edredoning, puenting (por cierto, esta última ya incluida en la última actualización del DRAE) y todo lo que se nos pase por la imaginación y la creatividad.

Son sustantivos que expresan una acción en la que interviene, de alguna manera, el objeto al que se refiere el nombre base (el sillón, en el caso de silloning) y que pueden responder también a necesidades expresivas.

Volviendo al ejemplo anterior, al decir silloning estamos dejando claro que no nos vamos a levantar del mismo ni con agua caliente.

La RAE los considera «formaciones híbridas» ya que en español no existe ese sufijo -ing, «de modo que no son recomendables», advierte.

«De todos modos, se emplean principalmente con intención humorística y en el registro informal o coloquial. En caso de usarse, deberían destacarse con cursiva (o con comillas si no es posible usar la cursiva) para indicar que no se ajustan a nuestro sistema ortográfico», concluye la Academia.

¿Por qué ocurre esto? Porque nos parece que el inglés es mucho más pintón, resultón, molón y prestigioso que el humilde español y porque nos gusta una gracia más que a un tonto un carrito, así que no podíamos dejar pasar la oportunidad de demostrar ese peaso sentío del humor que tenemos a la hora de ser expresivos y chistosos. Que para aburrida ya está Theresa May.

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