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26 de noviembre 2013    /   IDEAS
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Suiza no es ni buena ni mala… es rara

26 de noviembre 2013    /   IDEAS     por          
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En el paladar del ciudadano, Suiza sabe a muchas cosas. Sabe a chocolate, claro. Sabe a neutralidad eterna. Sabe a que uno no termina de tener muy claro si está o no políticamente en Europa. Y sabe, cómo no, a dinero y secretismo contable. Pero Suiza es, ante todo, un país peculiar y muy diferente a todo lo que le rodea, una especie de isla política en el corazón de Europa, con cosas muy buenas… y otras aberrantes.

El país es verde y blanco por su paisaje y su clima. Y blanco y rojo, por su bandera y el movimiento que se inició en su seno y que como símbolo tiene su propia bandera, aunque invertida. Carece de mar, pero mueve muchísimo dinero extranjero. Está en el corazón de Europa, pero no es europea. De hecho, siempre ha estado en medio de todo, pero apenas tiene que ver con nada. Suiza es una cosa rarísima si lo comparas con lo que tiene alrededor.

Posiblemente lo primero que llama la atención es cómo se organizan. Vale, tienen un nivel estatal, uno cantonal y uno local, lo cual no sorprende en muchas partes del mundo y menos en esta España de las Cortes, las Autonomías, las Diputaciones y los Ayuntamientos. Lo curioso es ver cómo reparten sus poderes.

Pongamos el caso de España: aquí un partido gana las elecciones y el presidente nombra un Consejo de Ministros donde rara vez se cuela algún independiente, y casi nunca alguien de otro partido. Bueno, eso pasa en España y en casi cualquier lugar. Menos en Suiza. Allí el poder Ejecutivo lo gestiona el Consejo Federal, formado por siete personas… que no solo pertenecen al partido que logra la mayoría. De hecho, ese consejo se ha mantenido inalterable durante décadas.

¿Que cómo funciona? Con una ley no escrita pero conocida como ‘fórmula mágica’. Consiste en repartir de forma siempre idéntica esos siete puestos por partidos e idiomas, haciendo que esa cámara sea representativa de una sociedad que, por lo visto, es tan estable que parece hasta aburrida. De hecho, desde 1959 y hasta 2003 ese reparto fue siempre idéntico, rigiéndose el país durante 44 años por dos miembros de tres partidos (PRD, PDC, PSS) y uno adicional de un cuarto partido (UDC); además, cuatro de ellos debían ser germanohablantes y los otros tres de las minorías latinas del país -francesa e italiana, básicamente-.

Es decir, que voten lo que voten los ciudadanos, casi siempre el resultado es el mismo… De hecho eso es así porque se vota más o menos lo mismo y en similar proporción. Al menos hasta 2003, cuando la UDC -el partido que contaba con un asiento el en Consejo Federal- multiplicó sus votos, lo que provocó que se cambiara el reparto de asientos y pasara a tener dos en detrimento del PDC.

Vaya, un cambio en la Suiza inmutable.

¿Es positivo o negativo ese sistema de cuotas? Depende: es muy representativo, qué duda cabe, pero solo funciona si la sociedad es siempre así… o si el sistema se adapta a los posibles cambios. Da, eso sí, poca cabida a la irrupción de nuevos partidos o ideas, pero aporta estabilidad, sin duda.

Pero ¿y quiénes son estos de UDC? Un partido que se ha ido convirtiendo con el paso del tiempo en una derecha muy conservadora en lo social, adalid de frenar la inmigración y promotora de algunas de las iniciativas más polémicas que ha vivido el país.

Recordarás aquel cartel de las ovejas blancas echando a la oveja negra de la bandera suiza en una durísima campaña contra la inmigración en aras de «la seguridad». Era suya. O aquel polémico referéndum de hace unos años, concretamente de 2009, preguntaba sobre prohibir la construcción de minaretes en las mezquitas suizas. También era suyo. Por cosas como estas se les suele incluir en el catálogo de partidos ultraderechistas.

Que un partido así emerja en Suiza tiene mucho sentido: es un país tan próspero, tan acostumbrado a estar al margen de todo, que parece lógico pensar que sea poco amigo de las injerencias… Y para muchos suizos la inmigración es una injerencia en su tranquila vida al margen de todo. Vaya, que uno se vuelve conservador cuando tiene algo que conservar y defensor de lo suyo cuando entiende que es distinto a lo de los demás.

Pero entre ese sistema político tan aparentemente poco natural y esos resquicios de ultraconsdervadurismo -cuando no xenofobia- hay propuestas muy interesantes. Allí la ley obliga a que las cuestiones importantes se consulten en referéndum a los ciudadanos. Vale, esto también lo dice la Constitución Española, pero la clave está en definir esas ‘cuestiones importantes’: en nuestro caso solo lo son aquellos cambios relativos a la estructura del Estado (monarquía, organización territorial, sistema bicameral…), siendo que ni siquiera todos los cambios en la Constitución merecen necesariamente de refrendo popular. De hecho, se ha cambiado la Constitución dos veces (una para entrar en Europa y otra hace dos años y medio para limitar el déficit) y tú no votaste nada.

En Suiza esto no funciona así. De hecho, para las cosas que no entran en esa consideración de ‘importantes’, también se puede proponer un referendum de forma sencilla: bastará con que 50.000 ciudadanos lo pidan, cuando en todo el país hay unos ocho millones de habitantes. Calcula: habrá un referendum cuando el 0,6% del país lo pida. Haciendo la conversión a nuestro país, bastaría que lo pidieran 282.000 personas -que es casi los votos que tuvieron partidos como Equo o ERC en las pasadas elecciones-.

Esto, dirán los detractores de convocar tantos referéndums, es sostenible en un país muy estable (salta a la vista que Suiza lo es) y donde la participación ciudadana sea sólida. ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Es decir: ¿en España la gente cada vez vota menos y por eso no tendría sentido hacer tantos referéndums, o como la gente no se siente implicada cada vez vota menos? Solo un dato: desde que tenemos democracia solo ha habido dos años en los que no se ha celebrado elección alguna en nuestro país: 2002 y este 2013 que aún no ha terminado. Es decir, que votar votamos… Otra cosa es que votemos para cosas que nos motiven. Porque a ti te gustaría que hubiera referéndums para cada ley importante, ¿o no?

En eso Suiza mola. Y claro, también mola que es un país muy muy próspero. Tanto que apalea el dinero… aunque no siempre el suyo. Por sus bancos pasan millones de divisas extranjeras, tranquilas las fortunas de que los suizos, además de neutrales, son discretos. Tal es la opacidad de las cuentas en el país que no pocas veces se ha señalado eso como un auténtico problema, como una suerte de paraíso económico para capitales de los que poco o nada se sabe. ¿Evasión fiscal? ¿Blanqueo? Todo es posible, o no, cuando nada se sabe del origen o destino, ni de las cantidades, que allí se mueven. De hecho de eso en España sabemos bastante: el caso Bárcenas estalló cuando se tuvo acceso a esas cuentas, y es en España donde está (no sabría decir si preso o protegido) Hervé Falciani, que reveló algunos secretos sobre cuentas poco claras en su muy discreto país.

Y eso ha sido (y está siendo) un escandalazo, a pesar de que poco ha trascendido de lo que él sabe. De hecho, su propio estatus y el grado en el que coopera o no con la Justicia es un misterio, porque lo que él sabe podría (o no) poner en jaque a muchas fortunas del continente.

¿Y cómo es posible que haya tantas diferencias en el corazón del continente? Volviendo a lo de antes, porque Suiza está en medio de todo y dentro de nada. No es miembro de la UE, aunque sí está dentro del espacio Schengen y firmó dicho tratado. Tampoco, claro, tiene el euro, pero es sede de no pocas organizaciones continentales y mundiales. Siempre distantes, siempre neutrales, siempre discretos… parece una buena técnica.

Entonces, ¿qué es Suiza? Un país riquísimo (bien) donde se mueven opacos capitales (mal). Limpio, eficiente y respetado, próspero (bien), pero con un sistema político artificial y podría decirse que inflexible (mal). Neutral y equilibrado, estable como pocos (bien) pero nada implicado en nada de lo que le rodea, lo que le hace estar aislado en lo político (mal). Uno de los primeros bastiones donde la nueva ultraderecha empezó a resurgir (mal), pero cuna de una profunda cultura por los referéndums y la participación ciudadana (bien).

Eso sí, cuidado con pensar que los referéndums son cosa de la izquierda o la socialdemocracia, porque nada más lejos: el último que han celebrado, este mismo fin de semana, ha resuelto no limitar la diferencia salarial de un directivo a doce veces el sueldo de un trabajador como máximo, así que seguirá habiendo desequilibrios de hasta cien veces el sueldo medio. Todo sea por la prosperidad, aunque el desequilibrio social condicione en la ecuación.

Suiza es un lío difícilmente entendible para muchos europeos. Pero ahí sigue, admirada y denostada a partes iguales.

En el paladar del ciudadano, Suiza sabe a muchas cosas. Sabe a chocolate, claro. Sabe a neutralidad eterna. Sabe a que uno no termina de tener muy claro si está o no políticamente en Europa. Y sabe, cómo no, a dinero y secretismo contable. Pero Suiza es, ante todo, un país peculiar y muy diferente a todo lo que le rodea, una especie de isla política en el corazón de Europa, con cosas muy buenas… y otras aberrantes.

El país es verde y blanco por su paisaje y su clima. Y blanco y rojo, por su bandera y el movimiento que se inició en su seno y que como símbolo tiene su propia bandera, aunque invertida. Carece de mar, pero mueve muchísimo dinero extranjero. Está en el corazón de Europa, pero no es europea. De hecho, siempre ha estado en medio de todo, pero apenas tiene que ver con nada. Suiza es una cosa rarísima si lo comparas con lo que tiene alrededor.

Posiblemente lo primero que llama la atención es cómo se organizan. Vale, tienen un nivel estatal, uno cantonal y uno local, lo cual no sorprende en muchas partes del mundo y menos en esta España de las Cortes, las Autonomías, las Diputaciones y los Ayuntamientos. Lo curioso es ver cómo reparten sus poderes.

Pongamos el caso de España: aquí un partido gana las elecciones y el presidente nombra un Consejo de Ministros donde rara vez se cuela algún independiente, y casi nunca alguien de otro partido. Bueno, eso pasa en España y en casi cualquier lugar. Menos en Suiza. Allí el poder Ejecutivo lo gestiona el Consejo Federal, formado por siete personas… que no solo pertenecen al partido que logra la mayoría. De hecho, ese consejo se ha mantenido inalterable durante décadas.

¿Que cómo funciona? Con una ley no escrita pero conocida como ‘fórmula mágica’. Consiste en repartir de forma siempre idéntica esos siete puestos por partidos e idiomas, haciendo que esa cámara sea representativa de una sociedad que, por lo visto, es tan estable que parece hasta aburrida. De hecho, desde 1959 y hasta 2003 ese reparto fue siempre idéntico, rigiéndose el país durante 44 años por dos miembros de tres partidos (PRD, PDC, PSS) y uno adicional de un cuarto partido (UDC); además, cuatro de ellos debían ser germanohablantes y los otros tres de las minorías latinas del país -francesa e italiana, básicamente-.

Es decir, que voten lo que voten los ciudadanos, casi siempre el resultado es el mismo… De hecho eso es así porque se vota más o menos lo mismo y en similar proporción. Al menos hasta 2003, cuando la UDC -el partido que contaba con un asiento el en Consejo Federal- multiplicó sus votos, lo que provocó que se cambiara el reparto de asientos y pasara a tener dos en detrimento del PDC.

Vaya, un cambio en la Suiza inmutable.

¿Es positivo o negativo ese sistema de cuotas? Depende: es muy representativo, qué duda cabe, pero solo funciona si la sociedad es siempre así… o si el sistema se adapta a los posibles cambios. Da, eso sí, poca cabida a la irrupción de nuevos partidos o ideas, pero aporta estabilidad, sin duda.

Pero ¿y quiénes son estos de UDC? Un partido que se ha ido convirtiendo con el paso del tiempo en una derecha muy conservadora en lo social, adalid de frenar la inmigración y promotora de algunas de las iniciativas más polémicas que ha vivido el país.

Recordarás aquel cartel de las ovejas blancas echando a la oveja negra de la bandera suiza en una durísima campaña contra la inmigración en aras de «la seguridad». Era suya. O aquel polémico referéndum de hace unos años, concretamente de 2009, preguntaba sobre prohibir la construcción de minaretes en las mezquitas suizas. También era suyo. Por cosas como estas se les suele incluir en el catálogo de partidos ultraderechistas.

Que un partido así emerja en Suiza tiene mucho sentido: es un país tan próspero, tan acostumbrado a estar al margen de todo, que parece lógico pensar que sea poco amigo de las injerencias… Y para muchos suizos la inmigración es una injerencia en su tranquila vida al margen de todo. Vaya, que uno se vuelve conservador cuando tiene algo que conservar y defensor de lo suyo cuando entiende que es distinto a lo de los demás.

Pero entre ese sistema político tan aparentemente poco natural y esos resquicios de ultraconsdervadurismo -cuando no xenofobia- hay propuestas muy interesantes. Allí la ley obliga a que las cuestiones importantes se consulten en referéndum a los ciudadanos. Vale, esto también lo dice la Constitución Española, pero la clave está en definir esas ‘cuestiones importantes’: en nuestro caso solo lo son aquellos cambios relativos a la estructura del Estado (monarquía, organización territorial, sistema bicameral…), siendo que ni siquiera todos los cambios en la Constitución merecen necesariamente de refrendo popular. De hecho, se ha cambiado la Constitución dos veces (una para entrar en Europa y otra hace dos años y medio para limitar el déficit) y tú no votaste nada.

En Suiza esto no funciona así. De hecho, para las cosas que no entran en esa consideración de ‘importantes’, también se puede proponer un referendum de forma sencilla: bastará con que 50.000 ciudadanos lo pidan, cuando en todo el país hay unos ocho millones de habitantes. Calcula: habrá un referendum cuando el 0,6% del país lo pida. Haciendo la conversión a nuestro país, bastaría que lo pidieran 282.000 personas -que es casi los votos que tuvieron partidos como Equo o ERC en las pasadas elecciones-.

Esto, dirán los detractores de convocar tantos referéndums, es sostenible en un país muy estable (salta a la vista que Suiza lo es) y donde la participación ciudadana sea sólida. ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Es decir: ¿en España la gente cada vez vota menos y por eso no tendría sentido hacer tantos referéndums, o como la gente no se siente implicada cada vez vota menos? Solo un dato: desde que tenemos democracia solo ha habido dos años en los que no se ha celebrado elección alguna en nuestro país: 2002 y este 2013 que aún no ha terminado. Es decir, que votar votamos… Otra cosa es que votemos para cosas que nos motiven. Porque a ti te gustaría que hubiera referéndums para cada ley importante, ¿o no?

En eso Suiza mola. Y claro, también mola que es un país muy muy próspero. Tanto que apalea el dinero… aunque no siempre el suyo. Por sus bancos pasan millones de divisas extranjeras, tranquilas las fortunas de que los suizos, además de neutrales, son discretos. Tal es la opacidad de las cuentas en el país que no pocas veces se ha señalado eso como un auténtico problema, como una suerte de paraíso económico para capitales de los que poco o nada se sabe. ¿Evasión fiscal? ¿Blanqueo? Todo es posible, o no, cuando nada se sabe del origen o destino, ni de las cantidades, que allí se mueven. De hecho de eso en España sabemos bastante: el caso Bárcenas estalló cuando se tuvo acceso a esas cuentas, y es en España donde está (no sabría decir si preso o protegido) Hervé Falciani, que reveló algunos secretos sobre cuentas poco claras en su muy discreto país.

Y eso ha sido (y está siendo) un escandalazo, a pesar de que poco ha trascendido de lo que él sabe. De hecho, su propio estatus y el grado en el que coopera o no con la Justicia es un misterio, porque lo que él sabe podría (o no) poner en jaque a muchas fortunas del continente.

¿Y cómo es posible que haya tantas diferencias en el corazón del continente? Volviendo a lo de antes, porque Suiza está en medio de todo y dentro de nada. No es miembro de la UE, aunque sí está dentro del espacio Schengen y firmó dicho tratado. Tampoco, claro, tiene el euro, pero es sede de no pocas organizaciones continentales y mundiales. Siempre distantes, siempre neutrales, siempre discretos… parece una buena técnica.

Entonces, ¿qué es Suiza? Un país riquísimo (bien) donde se mueven opacos capitales (mal). Limpio, eficiente y respetado, próspero (bien), pero con un sistema político artificial y podría decirse que inflexible (mal). Neutral y equilibrado, estable como pocos (bien) pero nada implicado en nada de lo que le rodea, lo que le hace estar aislado en lo político (mal). Uno de los primeros bastiones donde la nueva ultraderecha empezó a resurgir (mal), pero cuna de una profunda cultura por los referéndums y la participación ciudadana (bien).

Eso sí, cuidado con pensar que los referéndums son cosa de la izquierda o la socialdemocracia, porque nada más lejos: el último que han celebrado, este mismo fin de semana, ha resuelto no limitar la diferencia salarial de un directivo a doce veces el sueldo de un trabajador como máximo, así que seguirá habiendo desequilibrios de hasta cien veces el sueldo medio. Todo sea por la prosperidad, aunque el desequilibrio social condicione en la ecuación.

Suiza es un lío difícilmente entendible para muchos europeos. Pero ahí sigue, admirada y denostada a partes iguales.

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Opiniones 21
  • He aprendido muchas cosas en el artículo, aunque te queda la sensación de que tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, a partes iguales. Lo cierto es que lo bueno es desproporcionadamente superior a lo malo. Coge cualquier ranking que se te ocurra que mida algo deseable o indeseable y Suiza estará entre las primeras posiciones de lo deseable y las últimas de lo indeseable. Como ejemplo de metaranking, ahí va el del mejor lugar del mundo en el que se puede nacer, que precisamente es Suiza: http://www.economist.com/news/21566430-where-be-born-2013-lottery-life

    • Discrepo totalmente con ese comentario.

      Suiza tiene más cosas buenas que malas si lo miras sólo desde la perspectiva de los suizos. Si lo miras globalmente el daño que hace Suiza al resto de países al ser un paraíso fiscal es enorme.

      • Sin duda hace daño pero también hay que tener en cuenta que aunque las finanzas tienen un peso muy importante (11-12% del PIB) no lo es todo. Suiza también ha creado muchas empresas innovadoras, tiene industria, tecnología, biotecnología, ingeniería, manufactura. No es una riqueza solamente sustentada sobre la fiscalidad creativa. También hay mucho de invertir en educación y I+D. Aquí hay un ejemplo del tipo de empresa que prolifera en el país: https://www.yorokobu.es/el-capitalismo-responsable-tambien-existe/

        Con esto no quiero exculparlos pero si dar a entender que su riqueza viene de muchas otras vías también.

        • Estimado Marcus,

          Ese es el peso directo del sector de las finanzas en el PIB suizo. El peso indirecto es mucho mayor: sector joyero, sector de la restauración (hoteles, restaurantes, etc), aseguradoras, … No le resto méritos a Suiza en sus los logros científicos y en materia de protección social, pero creo que tan loables méritos se basan en un sistema que pudre a medio planeta.
          Lo de «fiscalidad creativa» me suena un poco a eufemismo.
          Un abrazo.

      • Estoy totalmente de acuerdo. Suiza es algo más que un paraíso fiscal: es un paraíso fiscal cuyos «logros» en lo social le permiten erigirse como estandarte moral, y eso sí que es peligroso. La democracia suiza, su sistema de protección social, el alto nivel de ingresos de sus habitantes y demás éxitos se basan en buena medida sobre el narcotráfico, tráfico de armas, corrupción política, especulación financiera, esclavitud minera y otros males de la humanidad. Por suerte, hay muchos suizos conscientes de esa realidad y decididos a cambiarla.

      • Le dieron los suizos el dinero a Bárcenas o quien fue?? importa que lo tenga en suiza o lo tenga bajo el colchon…. el dinero lo han robado los españoles en españa, será la hacienda española quien debe controlar a los chorizos politicos que defraudan

    • Suiza es para mi un país repugnante, donde los narcoraficantes, mafias, dictadores, proxenetas, asesinos, etc, toda la maldad del planeta coloca su dinero. Es un país de doble moral, xenofobo, racista e hipocrita que vive del sufrimiento de mundo. Me da autentico asco. Discrepo en que las cosas buenas sean mas que las malas, para mi las malas son evidentemente muy superiores a las buenas, no entiendo como la gente no ve esto.

  • No estoy de acuerdo con lo que dices de que el sistema político no es flexible.
    Yo vivo en Suiza, y por lo que sé no hay absolutamente nada en las leyes electorales que impida cambios. Si la gente vota siempre los mismo en las mismas proporciones es una cosa, pero no es porque el sistema no permita cambios.

    De hecho, en otros países el partido que gana prácticamente disfruta de 4 años de dictadura. Aquí no. Aquí no hay 1 presidente de 1 partido y todos sus acólitos. El consejo lo forman 7 personas, los que salgan de las urnas (lo de los idiomas y eso simplemente refleja la realidad de la población, no está fijado) y las decisones las consensúan. Siempre. Y cuando salen de la reunión se sabe qué han decidido y van todos a una, no se sabe quién estaba a favor y quién estaba en contra de lo que hayan acordado.

    A mí el sistema de gobierno y la ley electoral, incluyendo los frecuentes referéndums me da mucha envidia.

  • Yo también vivo en Suiza 🙂
    Excelente artículo, antes de todo.
    Discrepo con el autor en que el sistema de gobierno es malo. Es altamente representativo y no hay rodillo. Más al contrario, los consejeros saben aparcar sus diferencias para remar por el bien común. La corrupción no existe. Sabes que jamás te van a engañar, que nunca te van a robar. Un ejemplo: en un edificio público, ha habido un coste de 15 millones de francos (calderilla para ellos) por un techo en mal estado. En el ayuntamiento están indignados con el constructor. Yo soy de Valencia, y con eso está todo dicho de cómo me siento al comparar.
    Soy científico y el autor se ha dejado por comentar el tremendo peso de las universidades e institutos de investigación suizos. La ETH de Zürich está plagada de premios Nobel y la EPF de Lausana es líder en tecnología. La producción científica y el número de proyectos concedidos igual o supera a España, con una población 5 veces menor.
    Otro tema es el perfeccionismo. Se nota en todo. En las instalaciones de las casas, en la confección de páginas web, en la atención de los comercios, en la escritura de personas incluso con bajos estudios, etc… Los suizos no conocen a Pepe Gotera y Otilio.
    En el tema ambiental, la gestión de residuos es avanzadísima. Los lagos son prácticamente agua mineral a pesar de tener gran presión humana, algunos de ellos.
    Lástima que todo esto quede algo desligitimado por el secreto bancario, si bien su peso en la economía real estaría por determinar. Yo mismo me siento algo culpable por majenar dinero que a saber de dónde viene, y si alguna vez hubiera un referendum para acabar con esto, sin duda que votaría que sí. Probablemente seguirían siendo igual de ricos, y entonces sí que serían un modelo para todos.

  • Sistema político artificial? ya quisiera el gato lamer del plato. . . La llamada «fórmula mágica» se aplica exclusivamente al poder ejecutivo, o sea, al gobierno que, envidiablemente, se encuentra separado por completo del poder «legislativo» que es quien legisla, y que es un parlamento votado por todos y representado proporcionalmente. En España estamos a años luz de la separación de poderes, en Suiza van sobrados. En cuanto a iniciativas como los minaretes o cerrar las tiendas a las seis de la tarde… podrás estar más o menos de acuerdo, pero ha sido el pueblo soberano quien ha decidido si só o si no, y por eso nadie se queja de las leyes, porque son las más legítimas de Europa o del mundo.

  • Hay una errata en el artículo o otro de los embates de la corrección política. El surgimiento de la nueva «ultraderecha» es bien, y no mal. Los suizos parecen ser algo más inteligentes que la mayoría de europeos y parece ser que no quieren dejar que ciertos efectos de la globalización arrasen su pequeño, estable, próspero y seguro país. Además parece que se han convertido en los defensores de derechos como la libertad de expresión contra los nuevos moralistas de lo políticamente correcto, que no vacilan en limitar libertades si estas interfieren con su distorsionada perspectiva de lo que el mundo debe ser. No entiendo por qué iba a ser eso malo. Más «ultraderechas» así hacen falta en Europa.

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