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30 de noviembre 2015    /   BUSINESS
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Supervivencia: cómo conservar el trabajo en el futuro

30 de noviembre 2015    /   BUSINESS     por          
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En el futuro, el profesional que nunca deberá enviar su CV porque siempre irán antes a buscarlo será un know-mad. O, lo que es lo mismo, un joven con aptitudes digitales, con flexibilidad, varios idiomas y (en muchos casos) freelance. Al VIP del mercado laboral se le conoce en castellano como  “trabajador del conocimiento”, un término que formó el estadounidense John Moravec a partir de dos palabras inglesas: know, conocimiento, y mad, de nómada. Los know-mad, dice Moravec, serán los superhombres del trabajo en el futuro.
Lo dice también Jordi Serrano, fundador de la consultora Future4Work, y que estuvo en noviembre en el festival de economía colaborativa Oui Share Fest Barcelona. El título de su conferencia fue El futuro del trabajo y la sala, esa tarde, se llenó hasta los topes:
«Triunfarán los que tengan una capacidad diferencial. Es decir, los pocos que lleguen a ser el mejor director de cine, la modista número uno o el escritor de best-sellers. Junto a este perfil, destacarán además los profesionales digitales. Pero, entonces, ¿qué hacemos con el resto?», se preguntaba Serrano.
Si desechamos (por estadística) «ser el mejor» en un nicho, contar con habilidades digitales se vuelve nuestra tabla de salvación. Lástima que según un estudio publicado por la UE, la mayoría de los europeos vamos todavía a velocidades analógicas: «cerca del 40% de la fuerza laboral de la UE no dispone de las habilidades digitales suficientes».
La escapatoria, entonces, podría parecer fácil: instruirlos a todos en el arte de «ser digital». Pero el comportamiento de las empresas tecnológicas dan al traste con esta otra opción, porque al parecer consiguen ser muy eficientes económicamente… con relativamente poco personal. Vean sino a Facebook y sus 9.200 empleados, a Twitter con 3.600, o a Whatsapp, con 55. Desalentador.
¿Y entonces? Entonces –dicen los más pesimistas- llegará más desigualdad. La brecha social. En la actualidad, los trabajos tradicionales están siendo amenazados por la automatización de tareas («la mayoría de nuestros puestos podrán remplazarse por un algoritmo») y por un mercado global muy competitivo donde reinan estrategias como la deslocalización y el abaratamiento de salarios. Por eso, en el futuro, para algunas personas la vida va a ser un campo sembrado y fértil, mientras que para otras el terreno será yermo y hostil.
«Viviremos en una ‘economía del reloj de arena‘», dice Serrano, coautor del libro El ocaso del empleo. «Habrá una amplia capa de privilegiados y una muy estrecha clase media, de la que será muy fácil caer a una tercera capa: una también amplia clase baja».

Autoconocimiento para «venderse»

Con todo, hay esperanza. En este período de transición hacia un sistema social (y económico) que todavía desconocemos, lo primero que tendremos que hacer es renunciar a la idea de «trabajo para toda la vida». El concepto está en vías de extinción porque, prevén, habrá trabajo pero escaseará el «empleo estable».
Los que tendrán más posibilidades serán los de mayor capacidad de adaptación al cambio. Recuerden a los know-mads: autónomos, resilientes y preparados para desempeñarse en cualquier lugar.
Serrano dice además que habrá otras dos competencias primordiales. Por un lado la capacidad de tener una visión global («saber de dónde vienen las hostias») y también mucha creatividad: no solo los artistas o los que trabajen en marketing deberán ser imaginativos e innovadores.
«Pero lo más importante será el autoconocimiento», asegura el creador de Future4Work. «Porque el producto que vas a tener que poner en juego vas a ser tú mismo. Y para eso será imprescindible conocer muy bien tus fortalezas y debilidades».

En el futuro, el profesional que nunca deberá enviar su CV porque siempre irán antes a buscarlo será un know-mad. O, lo que es lo mismo, un joven con aptitudes digitales, con flexibilidad, varios idiomas y (en muchos casos) freelance. Al VIP del mercado laboral se le conoce en castellano como  “trabajador del conocimiento”, un término que formó el estadounidense John Moravec a partir de dos palabras inglesas: know, conocimiento, y mad, de nómada. Los know-mad, dice Moravec, serán los superhombres del trabajo en el futuro.
Lo dice también Jordi Serrano, fundador de la consultora Future4Work, y que estuvo en noviembre en el festival de economía colaborativa Oui Share Fest Barcelona. El título de su conferencia fue El futuro del trabajo y la sala, esa tarde, se llenó hasta los topes:
«Triunfarán los que tengan una capacidad diferencial. Es decir, los pocos que lleguen a ser el mejor director de cine, la modista número uno o el escritor de best-sellers. Junto a este perfil, destacarán además los profesionales digitales. Pero, entonces, ¿qué hacemos con el resto?», se preguntaba Serrano.
Si desechamos (por estadística) «ser el mejor» en un nicho, contar con habilidades digitales se vuelve nuestra tabla de salvación. Lástima que según un estudio publicado por la UE, la mayoría de los europeos vamos todavía a velocidades analógicas: «cerca del 40% de la fuerza laboral de la UE no dispone de las habilidades digitales suficientes».
La escapatoria, entonces, podría parecer fácil: instruirlos a todos en el arte de «ser digital». Pero el comportamiento de las empresas tecnológicas dan al traste con esta otra opción, porque al parecer consiguen ser muy eficientes económicamente… con relativamente poco personal. Vean sino a Facebook y sus 9.200 empleados, a Twitter con 3.600, o a Whatsapp, con 55. Desalentador.
¿Y entonces? Entonces –dicen los más pesimistas- llegará más desigualdad. La brecha social. En la actualidad, los trabajos tradicionales están siendo amenazados por la automatización de tareas («la mayoría de nuestros puestos podrán remplazarse por un algoritmo») y por un mercado global muy competitivo donde reinan estrategias como la deslocalización y el abaratamiento de salarios. Por eso, en el futuro, para algunas personas la vida va a ser un campo sembrado y fértil, mientras que para otras el terreno será yermo y hostil.
«Viviremos en una ‘economía del reloj de arena‘», dice Serrano, coautor del libro El ocaso del empleo. «Habrá una amplia capa de privilegiados y una muy estrecha clase media, de la que será muy fácil caer a una tercera capa: una también amplia clase baja».

Autoconocimiento para «venderse»

Con todo, hay esperanza. En este período de transición hacia un sistema social (y económico) que todavía desconocemos, lo primero que tendremos que hacer es renunciar a la idea de «trabajo para toda la vida». El concepto está en vías de extinción porque, prevén, habrá trabajo pero escaseará el «empleo estable».
Los que tendrán más posibilidades serán los de mayor capacidad de adaptación al cambio. Recuerden a los know-mads: autónomos, resilientes y preparados para desempeñarse en cualquier lugar.
Serrano dice además que habrá otras dos competencias primordiales. Por un lado la capacidad de tener una visión global («saber de dónde vienen las hostias») y también mucha creatividad: no solo los artistas o los que trabajen en marketing deberán ser imaginativos e innovadores.
«Pero lo más importante será el autoconocimiento», asegura el creador de Future4Work. «Porque el producto que vas a tener que poner en juego vas a ser tú mismo. Y para eso será imprescindible conocer muy bien tus fortalezas y debilidades».

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