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2 de junio 2017    /   IDEAS
por
fotografia  Carol Guillaume

Tu vecina también va a locales swingers

2 de junio 2017    /   IDEAS     por        fotografia  Carol Guillaume
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Nadie conoce a nadie. Y no es solo el título de la película de Mateo Gil, sino una verdad que puede aplicarse a muchos ámbitos de la vida, también a la sexualidad. Un ejemplo es cuando decides ir a un club swinger, pensando que estás rompiendo con todas las normas establecidas y haciendo algo superrevolucionario, y te encuentras allí hasta a tu vecina. Esa que nunca habrías pensado.

Los locales liberales cada vez tienen más público y están tendiendo a normalizarse, incluso en las conversaciones de oficina o en reuniones familiares. Al menos como tema de debate. Porque si se da el caso de encontrar allí a alguien conocido, responderá lo mismo que tú: que solo entró a ver cómo era, que no sabía que era ese tipo de local o que solo ha ido con su pareja a mirar y nada más. Pero lo cierto es que el perfil de persona que va a un club liberal cada vez es más amplio.

«Si lo vemos desde un punto de vista sociológico, me da impresión de que es parte de una tendencia a consumir más experiencias que productos. Y esta tendencia se puede ver como un consumo de otro tipo de experiencias, también relacionadas con el sexo. Eso se ve facilitado por todas las webs y apps dedicadas a los contactos, que cada día crecen más», aporta Miguel Vagalume, activista en Golfxs con principios.

No solo intercambios de pareja

Lo primero que hay que aclarar es que un local liberal de swingers no es lo mismo que un local de intercambio de parejas, como muchas veces se malinterpreta. Podría decirse que es «algo más».

La principal diferencia es que en un local swinger, la idea es ir a un lugar en el que las personas se reúnen «para disfrutar relacionándose sexualmente en público», mientras que un intercambio de parejas «se puede organizar en un apartamento, un hotel, una casa rural, etc.».

Así, un intercambio de parejas puede ser algo más privado que se organice a través de webs o apps especializadas, donde generalmente se tiene un primer contacto por webcam y luego se busca un lugar concreto donde organizar el encuentro.

En cambio, un local liberal ofrece más posibilidades, ya que la idea es ir en pareja o solo (hay días específicos para cada público), tomar una copa, conocer gente nueva y disfrutar del ambiente y de todo lo que pueda pasar. «Un club swinger puede ser un lugar para disfrutar de la vida social en ese ambiente, sin necesidad de hacer nada más, si no apetece. No hay compromiso de nada», aporta Vagalume, que sin embargo recuerda que se trata de un lugar donde se practica sexo en público, por lo que «no todo el mundo se siente a gusto en esa situación, en la que todo el mundo te puede mirar, mientras que a otra gente es precisamente eso es lo que más le excita».

Bandera swinger. Autor: Sombrasdeted
Bandera swinger. Autor: Sombrasdeted

Las normas claras

En las webs de estos locales liberales, como Encuentros VIP en Madrid, una de las cosas que más llama la atención es su decálogo de normas, entre las que se destaca el respetar siempre un no, ser amable, la limpieza y la higiene, tomar en cuenta los sentimientos de los demás, no forzar situaciones o solo jugar a aquello que sea divertido para todos. Porque las normas de comportamiento son vitales para que un local lleno de gente teniendo sexo en público funcione bien y sin percances de ningún tipo.

Para ello, otra de las claves es diferenciar días para cada público. Por ello, en este tipo de locales, generalmente, hay días solo parejas y días en los que también puede acudir gente sola. Y también hay clases. Si las mujeres solas normalmente pasan gratis o a precios muy reducidos, debido a que son más demandadas, por ejemplo para tríos, los hombres solos pagan más y las parejas, algo menos. Igualmente, para generar diferentes ambientes, también se hacen fiestas temáticas.

Aunque los propios locales tienen temas diferentes. Si bien los hay más sofisticados, con un bar en la entrada y en la parte más íntima, zonas de jacuzzi, de sofás y camas redondas, también se puede optar por entornos más vinculados al sado, que incluyen jaulas y mazmorras. O incluso podemos saltarnos la parte del bar e ir a saunas en las que todo surge de forma fluida y natural.

Otra filosofía de vida

Plantear en pareja la posibilidad de acudir a un club swinger es abrir un debate, pero también la posibilidad de nuevas fantasías. «A veces se asume que se pasa de no relacionarse sexualmente con nadie más a hacerlo con otras personas», relata Vagalume. «Sin embargo, lo que aporta mucho son todos los pasos que se pueden dar. Se puede fantasear en pareja con la idea de lo que se podría hacer, y solo eso ya puede ser muy excitante, si es una idea que les atrae a ambos miembros de la pareja».

Pese a ello, advierte que si se pretende dar el paso de ir realmente a un club swinger, hay que tener en cuenta que una cosa son las fantasías y otra la realidad. «Ir al club swinger por primera vez puede ser estresante, porque pensamos que nos verán en situaciones que normalmente solo tenemos en privado. Igual los nervios nos hacen beber más de la cuenta. Quizá el día que vamos no hay casi nadie en el local o nadie de una edad similar o nadie que te atraiga. Pueden pasar mil cosas. El truco es hacerlo en equipo, contando con tu pareja como tu mejor cómplice».

Para ello, como experto en la filosofía de pareja abierta, aporta una serie de recomendaciones, tales como «tener claro que es algo que se desea, que se siente que se necesita, para ir o no más allá de la fantasía», además de hablar de un modo reflexivo y serio sobre ello para saber «si ambos se refieren lo mismo cuando piensan en abrir la pareja». La idea sería entender si eso significa poder incluir más personas, pero siempre estando juntos, si se puede ligar por separado, si se plantea la posibilidad del intercambio o sexo en grupo, si la idea es hacer un trio, si es algo puntual o algo que se vaya a querer repetir.

Por último, a la hora de pasar a la acción, Vagalume recomienda «ir poco a poco, que lo vivamos como algo que compartimos como cómplices. Si la sensación es otra, quizá no es buena idea seguir adelante». Así, otro de sus consejos es «no solo escuchar a quien sigue en el ambiente, que obviamente va a tener una opinión positiva, sino también a quien se ha ido y saber por qué».

En este sentido, otra de las ideas antes de dejarse llevar por lo que pueda pasar en un club swinger puede ser acudir previamente a talleres o charlas sobre parejas abiertas, donde poder hacerse una idea de qué es lo que se va a encontrar, qué expectativas reales tener y qué conflictos es probable que surjan, así como herramientas para gestionarlos.

Así, en las charlas de Golfxs con principios, se plantean temas como «la gestión de la culpa relacionada con las relaciones abiertas,  los diferentes tipos de relaciones no monógamas, cómo manejar los celos, cómo convivir varias personas en una relación poliamorosa, BDSM y fetichismo, identidad sexual, etc.». Quizás un buen punto de partida en el que empezar a pensar, antes de actuar.

Nadie conoce a nadie. Y no es solo el título de la película de Mateo Gil, sino una verdad que puede aplicarse a muchos ámbitos de la vida, también a la sexualidad. Un ejemplo es cuando decides ir a un club swinger, pensando que estás rompiendo con todas las normas establecidas y haciendo algo superrevolucionario, y te encuentras allí hasta a tu vecina. Esa que nunca habrías pensado.

Los locales liberales cada vez tienen más público y están tendiendo a normalizarse, incluso en las conversaciones de oficina o en reuniones familiares. Al menos como tema de debate. Porque si se da el caso de encontrar allí a alguien conocido, responderá lo mismo que tú: que solo entró a ver cómo era, que no sabía que era ese tipo de local o que solo ha ido con su pareja a mirar y nada más. Pero lo cierto es que el perfil de persona que va a un club liberal cada vez es más amplio.

«Si lo vemos desde un punto de vista sociológico, me da impresión de que es parte de una tendencia a consumir más experiencias que productos. Y esta tendencia se puede ver como un consumo de otro tipo de experiencias, también relacionadas con el sexo. Eso se ve facilitado por todas las webs y apps dedicadas a los contactos, que cada día crecen más», aporta Miguel Vagalume, activista en Golfxs con principios.

No solo intercambios de pareja

Lo primero que hay que aclarar es que un local liberal de swingers no es lo mismo que un local de intercambio de parejas, como muchas veces se malinterpreta. Podría decirse que es «algo más».

La principal diferencia es que en un local swinger, la idea es ir a un lugar en el que las personas se reúnen «para disfrutar relacionándose sexualmente en público», mientras que un intercambio de parejas «se puede organizar en un apartamento, un hotel, una casa rural, etc.».

Así, un intercambio de parejas puede ser algo más privado que se organice a través de webs o apps especializadas, donde generalmente se tiene un primer contacto por webcam y luego se busca un lugar concreto donde organizar el encuentro.

En cambio, un local liberal ofrece más posibilidades, ya que la idea es ir en pareja o solo (hay días específicos para cada público), tomar una copa, conocer gente nueva y disfrutar del ambiente y de todo lo que pueda pasar. «Un club swinger puede ser un lugar para disfrutar de la vida social en ese ambiente, sin necesidad de hacer nada más, si no apetece. No hay compromiso de nada», aporta Vagalume, que sin embargo recuerda que se trata de un lugar donde se practica sexo en público, por lo que «no todo el mundo se siente a gusto en esa situación, en la que todo el mundo te puede mirar, mientras que a otra gente es precisamente eso es lo que más le excita».

Bandera swinger. Autor: Sombrasdeted
Bandera swinger. Autor: Sombrasdeted

Las normas claras

En las webs de estos locales liberales, como Encuentros VIP en Madrid, una de las cosas que más llama la atención es su decálogo de normas, entre las que se destaca el respetar siempre un no, ser amable, la limpieza y la higiene, tomar en cuenta los sentimientos de los demás, no forzar situaciones o solo jugar a aquello que sea divertido para todos. Porque las normas de comportamiento son vitales para que un local lleno de gente teniendo sexo en público funcione bien y sin percances de ningún tipo.

Para ello, otra de las claves es diferenciar días para cada público. Por ello, en este tipo de locales, generalmente, hay días solo parejas y días en los que también puede acudir gente sola. Y también hay clases. Si las mujeres solas normalmente pasan gratis o a precios muy reducidos, debido a que son más demandadas, por ejemplo para tríos, los hombres solos pagan más y las parejas, algo menos. Igualmente, para generar diferentes ambientes, también se hacen fiestas temáticas.

Aunque los propios locales tienen temas diferentes. Si bien los hay más sofisticados, con un bar en la entrada y en la parte más íntima, zonas de jacuzzi, de sofás y camas redondas, también se puede optar por entornos más vinculados al sado, que incluyen jaulas y mazmorras. O incluso podemos saltarnos la parte del bar e ir a saunas en las que todo surge de forma fluida y natural.

Otra filosofía de vida

Plantear en pareja la posibilidad de acudir a un club swinger es abrir un debate, pero también la posibilidad de nuevas fantasías. «A veces se asume que se pasa de no relacionarse sexualmente con nadie más a hacerlo con otras personas», relata Vagalume. «Sin embargo, lo que aporta mucho son todos los pasos que se pueden dar. Se puede fantasear en pareja con la idea de lo que se podría hacer, y solo eso ya puede ser muy excitante, si es una idea que les atrae a ambos miembros de la pareja».

Pese a ello, advierte que si se pretende dar el paso de ir realmente a un club swinger, hay que tener en cuenta que una cosa son las fantasías y otra la realidad. «Ir al club swinger por primera vez puede ser estresante, porque pensamos que nos verán en situaciones que normalmente solo tenemos en privado. Igual los nervios nos hacen beber más de la cuenta. Quizá el día que vamos no hay casi nadie en el local o nadie de una edad similar o nadie que te atraiga. Pueden pasar mil cosas. El truco es hacerlo en equipo, contando con tu pareja como tu mejor cómplice».

Para ello, como experto en la filosofía de pareja abierta, aporta una serie de recomendaciones, tales como «tener claro que es algo que se desea, que se siente que se necesita, para ir o no más allá de la fantasía», además de hablar de un modo reflexivo y serio sobre ello para saber «si ambos se refieren lo mismo cuando piensan en abrir la pareja». La idea sería entender si eso significa poder incluir más personas, pero siempre estando juntos, si se puede ligar por separado, si se plantea la posibilidad del intercambio o sexo en grupo, si la idea es hacer un trio, si es algo puntual o algo que se vaya a querer repetir.

Por último, a la hora de pasar a la acción, Vagalume recomienda «ir poco a poco, que lo vivamos como algo que compartimos como cómplices. Si la sensación es otra, quizá no es buena idea seguir adelante». Así, otro de sus consejos es «no solo escuchar a quien sigue en el ambiente, que obviamente va a tener una opinión positiva, sino también a quien se ha ido y saber por qué».

En este sentido, otra de las ideas antes de dejarse llevar por lo que pueda pasar en un club swinger puede ser acudir previamente a talleres o charlas sobre parejas abiertas, donde poder hacerse una idea de qué es lo que se va a encontrar, qué expectativas reales tener y qué conflictos es probable que surjan, así como herramientas para gestionarlos.

Así, en las charlas de Golfxs con principios, se plantean temas como «la gestión de la culpa relacionada con las relaciones abiertas,  los diferentes tipos de relaciones no monógamas, cómo manejar los celos, cómo convivir varias personas en una relación poliamorosa, BDSM y fetichismo, identidad sexual, etc.». Quizás un buen punto de partida en el que empezar a pensar, antes de actuar.

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