19 de enero 2016    /   CREATIVIDAD
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Los senderos invisibles que conectan las letras

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Observa tus dedos mientras se deslizan sobre un teclado para escribir. No te fijes en las teclas sobre las que se posan, sino en los caminos que dibujan entre ellas.

En esos trayectos que van componiendo las palabras se ha basado Darío Dezfuli para su proyecto de tipografía generativa Taboo Wang Xihou. Con él explora la posibilidad de utilizar el lenguaje Opentype no solo para crear palabras, sino como una máquina de dibujo con infinitas posibilidades para representar conceptos. «Mucha gente se quedará fascinada por las formas que se producen, pero lo importante no es cómo son sino qué cuentan», dice Dezfuli. «Mi tipografía no está pensada para ser útil, pero sí es verdad que podría ser entendida como un lenguaje alternativo».

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En un plano más poético, su concepto basado en las ligaduras invisibles entre las letras está unido a una investigación sobre rituales contemporáneos, entre los cuales la escritura, unida inevitablemente al teclado QWERTY como dispositivo de entrada, juega un papel determinante en las culturas. Cuando era niño, a Darío no se le daba mal el juego de adivinar las palabras que alguien dibujaba en su espalda. «Ser capaces de utilizar el sentido del tacto para reconocer los trazos de las letras habla de lo arraigado que está un sistema de escritura en una cultura. Taboo Wang Xihou como sistema logográfico necesitaría siglos para ser leído de esa manera».

Un sistema logográfico se diferencia de uno alfabético en que sus caracteres no representan sonidos, sino palabras enteras. Eso ocurre con la escritura china: por eso tiene un número de caracteres inmenso y es mucho más difícil de aprender.

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La segunda parte del proyecto tiene que ver con el «Tabú de los nombres», un sistema de censura que existió durante la dinastía china Qing (del siglo XII al XIX) y que prohibía escribir algunos nombres propios, como los del emperador, ancestros y otras personas respetables. Para evitar el castigo, la gente cambiaba estos caracteres prohibidos por otros que se les parecían, omitían su último trazo o simplemente dejaban un espacio en blanco. Wang Xihou fue ejecutado por olvidar omitir el último trazo del nombre del emperador en un libro que escribió.

Dezfuli ha traducido esta omisión del último trazo que muchos utilizaban para eludir la censura al sistema Opentype: ha creado una base de datos de insultos y, cuando se teclea la última letra de los mismos, el sistema genera un «glifo de censura» en lugar del logograma que correspondería a esa palabra.

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«Es complicado juzgar los tabús de otras culturas desde nuestra lógica occidental», dice Dezfuli. «Pero sin duda el lenguaje escrito es más poderoso que el oral en el sentido de que se mantiene en el tiempo». Con respecto a manifestaciones no explícitas de censura en la actualidad, Darío recuerda un debate de precampaña política que vio recientemente: «Cuando se pronunció el nombre de Bárcenas, el audio se cortó durante diez segundos».

Dezfuli, cuyo proyecto surgió durante su año de intercambio en ArtEZ Hogeschool voor de Kunsten, una escuela de arte en Arnhem (Holanda), no descarta traducir la idea a otro tipo de manifestaciones artísticas. «Cuando se trabaja con puro concepto, el formato lo dicta ese concepto. Si se explica mejor diseñando un baile que una tipografía, hay que diseñar un baile».

«Me atrae el orden que algunas palabras producen, el contraste que causan dentro de un texto». Sus palabras preferidas son «aluln», cuyo logograma es una flecha, y «capullo». Hay palabras bellas que producen logogramas feos y viceversa. Por ejemplo, «te quiero» es una insulsa raya. «Me parece una casualidad genial que, dentro del desorden que tienen las palabras que se generan, “te quiero” sea una perfecta línea recta».

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Observa tus dedos mientras se deslizan sobre un teclado para escribir. No te fijes en las teclas sobre las que se posan, sino en los caminos que dibujan entre ellas.

En esos trayectos que van componiendo las palabras se ha basado Darío Dezfuli para su proyecto de tipografía generativa Taboo Wang Xihou. Con él explora la posibilidad de utilizar el lenguaje Opentype no solo para crear palabras, sino como una máquina de dibujo con infinitas posibilidades para representar conceptos. «Mucha gente se quedará fascinada por las formas que se producen, pero lo importante no es cómo son sino qué cuentan», dice Dezfuli. «Mi tipografía no está pensada para ser útil, pero sí es verdad que podría ser entendida como un lenguaje alternativo».

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En un plano más poético, su concepto basado en las ligaduras invisibles entre las letras está unido a una investigación sobre rituales contemporáneos, entre los cuales la escritura, unida inevitablemente al teclado QWERTY como dispositivo de entrada, juega un papel determinante en las culturas. Cuando era niño, a Darío no se le daba mal el juego de adivinar las palabras que alguien dibujaba en su espalda. «Ser capaces de utilizar el sentido del tacto para reconocer los trazos de las letras habla de lo arraigado que está un sistema de escritura en una cultura. Taboo Wang Xihou como sistema logográfico necesitaría siglos para ser leído de esa manera».

Un sistema logográfico se diferencia de uno alfabético en que sus caracteres no representan sonidos, sino palabras enteras. Eso ocurre con la escritura china: por eso tiene un número de caracteres inmenso y es mucho más difícil de aprender.

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La segunda parte del proyecto tiene que ver con el «Tabú de los nombres», un sistema de censura que existió durante la dinastía china Qing (del siglo XII al XIX) y que prohibía escribir algunos nombres propios, como los del emperador, ancestros y otras personas respetables. Para evitar el castigo, la gente cambiaba estos caracteres prohibidos por otros que se les parecían, omitían su último trazo o simplemente dejaban un espacio en blanco. Wang Xihou fue ejecutado por olvidar omitir el último trazo del nombre del emperador en un libro que escribió.

Dezfuli ha traducido esta omisión del último trazo que muchos utilizaban para eludir la censura al sistema Opentype: ha creado una base de datos de insultos y, cuando se teclea la última letra de los mismos, el sistema genera un «glifo de censura» en lugar del logograma que correspondería a esa palabra.

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«Es complicado juzgar los tabús de otras culturas desde nuestra lógica occidental», dice Dezfuli. «Pero sin duda el lenguaje escrito es más poderoso que el oral en el sentido de que se mantiene en el tiempo». Con respecto a manifestaciones no explícitas de censura en la actualidad, Darío recuerda un debate de precampaña política que vio recientemente: «Cuando se pronunció el nombre de Bárcenas, el audio se cortó durante diez segundos».

Dezfuli, cuyo proyecto surgió durante su año de intercambio en ArtEZ Hogeschool voor de Kunsten, una escuela de arte en Arnhem (Holanda), no descarta traducir la idea a otro tipo de manifestaciones artísticas. «Cuando se trabaja con puro concepto, el formato lo dicta ese concepto. Si se explica mejor diseñando un baile que una tipografía, hay que diseñar un baile».

«Me atrae el orden que algunas palabras producen, el contraste que causan dentro de un texto». Sus palabras preferidas son «aluln», cuyo logograma es una flecha, y «capullo». Hay palabras bellas que producen logogramas feos y viceversa. Por ejemplo, «te quiero» es una insulsa raya. «Me parece una casualidad genial que, dentro del desorden que tienen las palabras que se generan, “te quiero” sea una perfecta línea recta».

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