19 de junio 2017    /   CREATIVIDAD
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Antes eran pósteres de ‘Super Pop’ y ahora ilustraciones de Moderna de Pueblo

19 de junio 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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A la gente a la que le gusta algo se la llama aficionado. A la que esa cosa le gusta mucho se les llama fan. Pero ¿cómo se llama a los que les gusta algo mucho mucho, tirando a muchísimo?

La creativa María Rufilanchas lo tiene claro. El término que define eso es tantanfan. Se lo inventó ella a petición de un grupo de ilustradores, entre los que se encontraba Moderna de Pueblo. Estaban preparando una editorial de merchandising, una empresa que produce materiales inspirados en sus trabajos y, cuando llegó el momento de ponerle nombre, decidieron pedirle ayuda a Rufilanchas.

«Recibimos un mail que nos hizo muchísima ilusión. Nos decían que estaban preparando ese proyecto, que habían consultado a otros estudios, pero que lo que les habían propuesto no les gustaba. Por eso recurrían a nosotros», cuenta.


María Rufilanchas es una de las copys más destacadas de la creatividad española. Trabajó casi una década en agencia y, un buen día, decidió independizarse. Ahora tiene su propia agencia de creatividad: Molaría.

«Me encanta pensar nombres. Es un ejercicio de síntesis muy grande que me gusta mucho. Tienen que ser nombres que resulten sugerentes, que cuenten muchas cosas. El propio nombre de Molaría es un ejemplo de eso. También lo es Teta & Teta».

En esta ocasión, el nombre tenía una serie de dificultades añadidas. Debía ser una marca divertida, con personalidad, pero que no compitiera con el nombre de los diferentes ilustradores que formaban parte del proyecto o los que se pudieran incorporar en el futuro.

«Además, teníamos que buscar una marca que tuviera recorrido y pudiera dar todo el juego del mundo. ¡Ah!, y lo más difícil de todo: que el dominio .com estuviera libre».

Después de estudiar el briefing, Rufilanchas y el equipo de Molaría presentaron tres propuestas. «Eligieron la que más nos gustaba: Tantanfan. Un nombre que funcionaba con todos los demás nombres: Tantanfan de Aitor Saraiba, Tantanfan de Monstruo Espagueti, Tantanfan de Díaz-Faes…».


Incluso presentaron mensajes para incorporar ese Tantanfan a las piezas internas de la empresa, como la firma de los mails, las hojas de cartas o las facturas.

«Eran frases como “tantanfan de los emails breves”, “tantanfan del papel en blanco” o “tantanfan de los que pagan en el momento”», explica Rufilanchas.

Ayer, después de meses de trabajo, el proyecto Tantanfan se ha dado a conocer. Ya es posible visitar su página web y adquirir agendas, cuadernos, fundas para móvil, estuches y otros accesorios a los que, la próxima semana, se sumará una colección de ropa. Todo normal si no fuera porque todos esos productos reproducen los dibujos de algunos de los ilustradores más punteros del panorama español actual, entre los que se encuentran María Hesse, Croqueta y Empanadilla, Díaz-Faes, Dalmaus, La Vecina Rubia, Roberta Marrero, Divas de Diván y Oro Jondo.

La idea de Tantanfan surgió cuando Raquel Córcoles (Moderna de Pueblo) y algunos otros profesionales de la ilustración quisieron trasladar sus diseños a otros soportes que no fueran el papel.

«Nos dimos cuenta de que era muy complicado —explica Córcoles—. Requería un gran engranaje para poder encontrar proveedores de calidad que no te hicieran chapuzas, invertir en hacer muestras de todo para asegurar que quedaba perfecto, tener un almacén en casa, esperar al de Correos cada día para que recogiera los paquetes, mil mails de atención al cliente, hacer fotos y promo de todo, programar la web… Sinceramente, ¡no sabíamos dónde nos metíamos!».

Cuando se dieron cuenta del lío que suponía un proyecto como ese, intentaron buscar a alguien que se encargase de todo. «Lo ideal hubiera sido delegar toda esa faena en alguien que ya tuviera experiencia para poder seguir dedicándonos a lo nuestro, pero no había nadie que hiciera eso de la manera en la que lo imaginábamos», afirma Córcoles.

Finalmente Córcoles, junto a Carlos Carrero, Rocío Olmo, Ramón Aller, Clara Asanza y Ana Macías, decidieron poner en marcha Tantanfan para poder vender sus diseños y los de otros ilustradores que, a lo largo del proceso de creación de la empresa les habían planteado su deseo de hacer productos semejantes.

El proyecto lo completan un socio que prefiere mantener el anonimato y la editorial Planeta, responsable de la distribución en tienda física. Ellos son los encargados de aportar ese toque empresarial del que, por ahora, carecen los miembros de Tantanfan.

En el fondo y, como ellos mismos afirman en la web, los ideólogos de Tantanfan no son otros que los que forraban la carpeta con fotos de sus ídolos, los que se escribían sus nombres en la frente y los que llenaban la habitación con sus pósteres. La diferencia es que «ahora hemos crecido y hemos cambiado los pósteres de la Super Pop por serigrafías enmarcadas».

A la gente a la que le gusta algo se la llama aficionado. A la que esa cosa le gusta mucho se les llama fan. Pero ¿cómo se llama a los que les gusta algo mucho mucho, tirando a muchísimo?

La creativa María Rufilanchas lo tiene claro. El término que define eso es tantanfan. Se lo inventó ella a petición de un grupo de ilustradores, entre los que se encontraba Moderna de Pueblo. Estaban preparando una editorial de merchandising, una empresa que produce materiales inspirados en sus trabajos y, cuando llegó el momento de ponerle nombre, decidieron pedirle ayuda a Rufilanchas.

«Recibimos un mail que nos hizo muchísima ilusión. Nos decían que estaban preparando ese proyecto, que habían consultado a otros estudios, pero que lo que les habían propuesto no les gustaba. Por eso recurrían a nosotros», cuenta.


María Rufilanchas es una de las copys más destacadas de la creatividad española. Trabajó casi una década en agencia y, un buen día, decidió independizarse. Ahora tiene su propia agencia de creatividad: Molaría.

«Me encanta pensar nombres. Es un ejercicio de síntesis muy grande que me gusta mucho. Tienen que ser nombres que resulten sugerentes, que cuenten muchas cosas. El propio nombre de Molaría es un ejemplo de eso. También lo es Teta & Teta».

En esta ocasión, el nombre tenía una serie de dificultades añadidas. Debía ser una marca divertida, con personalidad, pero que no compitiera con el nombre de los diferentes ilustradores que formaban parte del proyecto o los que se pudieran incorporar en el futuro.

«Además, teníamos que buscar una marca que tuviera recorrido y pudiera dar todo el juego del mundo. ¡Ah!, y lo más difícil de todo: que el dominio .com estuviera libre».

Después de estudiar el briefing, Rufilanchas y el equipo de Molaría presentaron tres propuestas. «Eligieron la que más nos gustaba: Tantanfan. Un nombre que funcionaba con todos los demás nombres: Tantanfan de Aitor Saraiba, Tantanfan de Monstruo Espagueti, Tantanfan de Díaz-Faes…».


Incluso presentaron mensajes para incorporar ese Tantanfan a las piezas internas de la empresa, como la firma de los mails, las hojas de cartas o las facturas.

«Eran frases como “tantanfan de los emails breves”, “tantanfan del papel en blanco” o “tantanfan de los que pagan en el momento”», explica Rufilanchas.

Ayer, después de meses de trabajo, el proyecto Tantanfan se ha dado a conocer. Ya es posible visitar su página web y adquirir agendas, cuadernos, fundas para móvil, estuches y otros accesorios a los que, la próxima semana, se sumará una colección de ropa. Todo normal si no fuera porque todos esos productos reproducen los dibujos de algunos de los ilustradores más punteros del panorama español actual, entre los que se encuentran María Hesse, Croqueta y Empanadilla, Díaz-Faes, Dalmaus, La Vecina Rubia, Roberta Marrero, Divas de Diván y Oro Jondo.

La idea de Tantanfan surgió cuando Raquel Córcoles (Moderna de Pueblo) y algunos otros profesionales de la ilustración quisieron trasladar sus diseños a otros soportes que no fueran el papel.

«Nos dimos cuenta de que era muy complicado —explica Córcoles—. Requería un gran engranaje para poder encontrar proveedores de calidad que no te hicieran chapuzas, invertir en hacer muestras de todo para asegurar que quedaba perfecto, tener un almacén en casa, esperar al de Correos cada día para que recogiera los paquetes, mil mails de atención al cliente, hacer fotos y promo de todo, programar la web… Sinceramente, ¡no sabíamos dónde nos metíamos!».

Cuando se dieron cuenta del lío que suponía un proyecto como ese, intentaron buscar a alguien que se encargase de todo. «Lo ideal hubiera sido delegar toda esa faena en alguien que ya tuviera experiencia para poder seguir dedicándonos a lo nuestro, pero no había nadie que hiciera eso de la manera en la que lo imaginábamos», afirma Córcoles.

Finalmente Córcoles, junto a Carlos Carrero, Rocío Olmo, Ramón Aller, Clara Asanza y Ana Macías, decidieron poner en marcha Tantanfan para poder vender sus diseños y los de otros ilustradores que, a lo largo del proceso de creación de la empresa les habían planteado su deseo de hacer productos semejantes.

El proyecto lo completan un socio que prefiere mantener el anonimato y la editorial Planeta, responsable de la distribución en tienda física. Ellos son los encargados de aportar ese toque empresarial del que, por ahora, carecen los miembros de Tantanfan.

En el fondo y, como ellos mismos afirman en la web, los ideólogos de Tantanfan no son otros que los que forraban la carpeta con fotos de sus ídolos, los que se escribían sus nombres en la frente y los que llenaban la habitación con sus pósteres. La diferencia es que «ahora hemos crecido y hemos cambiado los pósteres de la Super Pop por serigrafías enmarcadas».

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