21 de agosto 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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Un hombre y sus tareas para el éxito

21 de agosto 2014    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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El éxito tiene un método. Eso pensó B. y puso en práctica un listado de cosas que hacen las personas de éxito antes de desayunar.

Encontré a B. por la calle con un ojo morado.
—¿Qué te ha pasado?
B. carraspeó, se rascó la cabeza y me respondió con cierto reparo:
—Si tienes tiempo, tomamos un café y te cuento…
—No sé si tengo tiempo —mirando mi muñeca sin reloj.
Fuimos a un bar céntrico, con apenas clientes, cosa que gustó a B. Apartados a una mesa con los cafés, me habló:
—Tengo una ruina encima: el coche, la hipoteca…
—Qué me vas a contar…
—Y busqué en Internet cómo ser rico…
Quise una cámara de televisión en aquel instante para mostrar mi estupefacción moderada, como en un episodio de Modern Family
—Y encontré muchos artículos sobre qué hace la gente de éxito antes de desayunar —dijo B.— ¿Has leído alguno?
—Así, por encima.
—Pues decidí poner en práctica una de esas listas. Quería imitar lo que hace la gente que manda en las grandes empresas, los escritores de bestsellers, los mandamases del mundo… Lo primero es levantarse temprano, está claro. Como a las cinco de la mañana. ¿Para trabajar más? No. Te cuento… Si te levantas temprano, tienes una oportunidad para conectar con tu pareja…
—¿En cucharita?
—No seas bruto.
—En verano no, claro.
—Hablo de conectar las almas, de invertir tiempo de calidad con la persona que amas, es lo que dicen los estudiosos del éxito. Así que a las cinco de la mañana digo a mi mujer: «Cariño, ayer, cuando comentaste que no te escuchaba, que estaba siempre enganchado a Twitter y Facebook…» ¡Y me soltó un codazo! Pero a mala leche en todo el ojo.
—Considéralo una medalla…
—Ah, pero no estaba dispuesto a abandonar ante el primer contratiempo. La búsqueda del éxito es la determinación de hacer las cosas. Así que pasé al segundo punto: hacer meditación para conectar con mi yo profundo. Cierro los ojos, dejo que las ideas fluyan, no intento atraparlas, y acabo roncando… Eso dice mi mujer, que me dio otro codazo, en las costillas.
—¿Y se chafaron los planes de ser millonario?
—No, seguí adelante…
—¿La lista es larga?
—Doce.
—¿Y vamos…?
B. siguió hablando como si no me hubiera escuchado:
—Tocaba leer un libro durante quince minutos, pero en casa no tenía más literatura que las etiquetas de los botes del cuarto de baño. Descubrí que incluso un champú de garrafón del súper tiene una escogida mezcla de componentes: aqua, sodium laureth sulfatum, sodium lauryl sulfatum… Me los leí todos.
—Por si sale la pregunta en el Trivial.
—A continuación, tocaba una sesión de networking. Pero mucha gente estaba durmiendo o subiendo los desayunos al Instagram. Fracasados. ¡Yo aún no había desayunado! Había tantas cosas que hacer… Entonces recordé mi proyecto prioritario personal: un banco de jardín…
—Espera…
—… con agujeros en los extremos para que pasen los troncos de limoneros…
—Tú no tienes jardín…
—¿Verdad? Es un ligero contratiempo, pero… es mi proyecto prioritario personal. Los gurús del éxito dicen que antes de la jornada laboral debes dedicar un tiempo al proyecto personal que has ido aparcando durante años.
—¿Y te pusiste?
—Sí.
—¿A qué hora?
—Debía ser temprano, porque llamó el vecino de abajo a la puerta… —dijo B. Apuró el café, ya frío, y siguió—. No importa, me dije. Aún quedan actividades. Una de ellas es el ejercicio físico, así que me puse el chándal y me torcí el tobillo en el último peldaño de la escalera. Así no podía ir al parque. ¿Quieres otra cosa?
Negué con la cabeza.
—Así que subí para escribir la lista de agradecimientos —dijo B.— ¿No sabes lo que es? Tienes que escribir cosas que agradeces a la vida: las personas que conoces, las cosas que haces, lo que tienes…
—Te llevaría poco.
—Bah. Aún quedaba planificar la agenda semanal. Tenía que buscar tiempo para acabar el banco de madera, conectar con la pareja, hacer meditación, escribir agradecimientos, leer un libro, hacer ejercicio, meditar…

El éxito tiene un método. Eso pensó B. y puso en práctica un listado de cosas que hacen las personas de éxito antes de desayunar.

Encontré a B. por la calle con un ojo morado.
—¿Qué te ha pasado?
B. carraspeó, se rascó la cabeza y me respondió con cierto reparo:
—Si tienes tiempo, tomamos un café y te cuento…
—No sé si tengo tiempo —mirando mi muñeca sin reloj.
Fuimos a un bar céntrico, con apenas clientes, cosa que gustó a B. Apartados a una mesa con los cafés, me habló:
—Tengo una ruina encima: el coche, la hipoteca…
—Qué me vas a contar…
—Y busqué en Internet cómo ser rico…
Quise una cámara de televisión en aquel instante para mostrar mi estupefacción moderada, como en un episodio de Modern Family
—Y encontré muchos artículos sobre qué hace la gente de éxito antes de desayunar —dijo B.— ¿Has leído alguno?
—Así, por encima.
—Pues decidí poner en práctica una de esas listas. Quería imitar lo que hace la gente que manda en las grandes empresas, los escritores de bestsellers, los mandamases del mundo… Lo primero es levantarse temprano, está claro. Como a las cinco de la mañana. ¿Para trabajar más? No. Te cuento… Si te levantas temprano, tienes una oportunidad para conectar con tu pareja…
—¿En cucharita?
—No seas bruto.
—En verano no, claro.
—Hablo de conectar las almas, de invertir tiempo de calidad con la persona que amas, es lo que dicen los estudiosos del éxito. Así que a las cinco de la mañana digo a mi mujer: «Cariño, ayer, cuando comentaste que no te escuchaba, que estaba siempre enganchado a Twitter y Facebook…» ¡Y me soltó un codazo! Pero a mala leche en todo el ojo.
—Considéralo una medalla…
—Ah, pero no estaba dispuesto a abandonar ante el primer contratiempo. La búsqueda del éxito es la determinación de hacer las cosas. Así que pasé al segundo punto: hacer meditación para conectar con mi yo profundo. Cierro los ojos, dejo que las ideas fluyan, no intento atraparlas, y acabo roncando… Eso dice mi mujer, que me dio otro codazo, en las costillas.
—¿Y se chafaron los planes de ser millonario?
—No, seguí adelante…
—¿La lista es larga?
—Doce.
—¿Y vamos…?
B. siguió hablando como si no me hubiera escuchado:
—Tocaba leer un libro durante quince minutos, pero en casa no tenía más literatura que las etiquetas de los botes del cuarto de baño. Descubrí que incluso un champú de garrafón del súper tiene una escogida mezcla de componentes: aqua, sodium laureth sulfatum, sodium lauryl sulfatum… Me los leí todos.
—Por si sale la pregunta en el Trivial.
—A continuación, tocaba una sesión de networking. Pero mucha gente estaba durmiendo o subiendo los desayunos al Instagram. Fracasados. ¡Yo aún no había desayunado! Había tantas cosas que hacer… Entonces recordé mi proyecto prioritario personal: un banco de jardín…
—Espera…
—… con agujeros en los extremos para que pasen los troncos de limoneros…
—Tú no tienes jardín…
—¿Verdad? Es un ligero contratiempo, pero… es mi proyecto prioritario personal. Los gurús del éxito dicen que antes de la jornada laboral debes dedicar un tiempo al proyecto personal que has ido aparcando durante años.
—¿Y te pusiste?
—Sí.
—¿A qué hora?
—Debía ser temprano, porque llamó el vecino de abajo a la puerta… —dijo B. Apuró el café, ya frío, y siguió—. No importa, me dije. Aún quedan actividades. Una de ellas es el ejercicio físico, así que me puse el chándal y me torcí el tobillo en el último peldaño de la escalera. Así no podía ir al parque. ¿Quieres otra cosa?
Negué con la cabeza.
—Así que subí para escribir la lista de agradecimientos —dijo B.— ¿No sabes lo que es? Tienes que escribir cosas que agradeces a la vida: las personas que conoces, las cosas que haces, lo que tienes…
—Te llevaría poco.
—Bah. Aún quedaba planificar la agenda semanal. Tenía que buscar tiempo para acabar el banco de madera, conectar con la pareja, hacer meditación, escribir agradecimientos, leer un libro, hacer ejercicio, meditar…

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