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8 de julio 2016    /   CREATIVIDAD
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Tu tatarabuelo también hacía fotos en color

8 de julio 2016    /   CREATIVIDAD     por          
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La primera película en color de revelado químico se produjo hacia 1914 y hubo que esperar varias décadas para que se popularizara en el ámbito doméstico. Eso ocurrió en los años 50 y 60. Sin embargo, desde finales del siglo XIX, ya había reproducciones fotográficas en color.

El Camera Museum de Suiza acoge hoy, y hasta finales del próximo agosto, una exposición en la que se muestran estas primeras manifestaciones de la fotografía en color: A tour of the world in Photocromes.

Uno de esos procesos fue el creado por Hans Jackob Schmid, empleado de la Zurich Printing Company. Lo patentó con el nombre de fotocromo en 1888 y, a partir de entonces, se comenzó a comercializar.

El éxito del invento fue tal que, un año más tarde, se fundó una nueva compañía, la Photochrom Co., dedicada únicamente a los fotocromos y que contrató una abultada plantilla de fotógrafos cuya obligación era viajar por todo el mundo para generar imágenes de las que se pudieran obtener más de esas imágenes en color.

El procedimiento de Jakob Schmid no era precisamente sencillo e implicaba diferentes técnicas muy variadas. Desde el proceso de revelado químico al de la cromolitografía o la impresión industrial.

Partiendo de un negativo en blanco y negro tomado con una cámara fotográfica, se sacaban otros tantos negativos dependiendo de los colores que se deseaban reproducir y que podían ir desde seis a 10 o 15. Una vez hecho esto, esos nuevos negativos eran transferidos a una plancha litográfica y se imprimían con tintas transparentes hasta generar una imagen en color.

Comercializados en diferentes formatos, desde 12 x 17 a 48 x 91 centímetros, y de manera unitaria o en álbumes temáticos, los fotocromos vivieron una época dorada que coincidió con el auge del turismo. Aquellos que tenían la oportunidad de viajar, podían recordar a su regreso los lugares en los que habían estado o enseñárselos a sus amigos y familiares a un precio asequible.

Ante este aumento de demanda, en 1896 se fundaron The Photocrom Co. Ltd. de Londres y en 1896 la Detroit Photographic Company en 1905 que explotaban la patente bajo licencia de Photochrom Co,. quien por entonces había cambiado su nombre a otro más comercial: Photoglob.

Entre todas ellas llegaron a producir decenas de miles de imágenes, algunas de la cuales se vendieron por millones cuando el gobierno de Estados Unidos permitió que los fotocromos pudieran enviarse por correo, lo que los convirtió en las primeras tarjetas postales en color.

El estallido de la Primera Guerra Mundial, la aparición de la primera película en color que simplificaba considerablemente el proceso de revelado, y las mejoras de las técnicas de impresión que superaron a las técnicas litográficas, provocaron que los fotocromos dejasen de ser rentables.

Aunque la técnica continuó utilizándose hasta los años 70 en el campo de las artes gráficas, especialmente en la reproducción de obras de arte, hacia los años 20 del siglo pasado cesó su producción masiva.

La exposición del Camera Museum recopila alrededor de 500 de estas piezas procedentes de las colecciones de Gerhard Honegger y Thomas Ganz, adquiridas por la institución entre 2006 y 2008.

El grueso de las imágenes son paisajes de lugares tan variados como Pekín, Moscú, Marsella, Nápoles, Argelia o Plymouth aunque también hay algunas escenas domésticas y retratos.

En ese sentido, además de su atractivo visual, los fotocromos poseen un importante valor antropológico que de todas formas debe ser tomado con cierta cautela.

Debido a que la fuente original del fotocromo es un negativo en blanco y negro y que el responsable de la separación de colores no solía ser el mismo que el fotógrafo, muchos de los colores que aparecen en ellos son totalmente inventados.

Salvo ciertos elementos como el cielo, el mar, las montañas –nevadas o verdes de césped–, las rocas en los que es posible determinar de qué color son, lo cierto es las tonalidades de los edificios, de los complementos o de las ropas, dependían completamente de la imaginación del operario.

La primera película en color de revelado químico se produjo hacia 1914 y hubo que esperar varias décadas para que se popularizara en el ámbito doméstico. Eso ocurrió en los años 50 y 60. Sin embargo, desde finales del siglo XIX, ya había reproducciones fotográficas en color.

El Camera Museum de Suiza acoge hoy, y hasta finales del próximo agosto, una exposición en la que se muestran estas primeras manifestaciones de la fotografía en color: A tour of the world in Photocromes.

Uno de esos procesos fue el creado por Hans Jackob Schmid, empleado de la Zurich Printing Company. Lo patentó con el nombre de fotocromo en 1888 y, a partir de entonces, se comenzó a comercializar.

El éxito del invento fue tal que, un año más tarde, se fundó una nueva compañía, la Photochrom Co., dedicada únicamente a los fotocromos y que contrató una abultada plantilla de fotógrafos cuya obligación era viajar por todo el mundo para generar imágenes de las que se pudieran obtener más de esas imágenes en color.

El procedimiento de Jakob Schmid no era precisamente sencillo e implicaba diferentes técnicas muy variadas. Desde el proceso de revelado químico al de la cromolitografía o la impresión industrial.

Partiendo de un negativo en blanco y negro tomado con una cámara fotográfica, se sacaban otros tantos negativos dependiendo de los colores que se deseaban reproducir y que podían ir desde seis a 10 o 15. Una vez hecho esto, esos nuevos negativos eran transferidos a una plancha litográfica y se imprimían con tintas transparentes hasta generar una imagen en color.

Comercializados en diferentes formatos, desde 12 x 17 a 48 x 91 centímetros, y de manera unitaria o en álbumes temáticos, los fotocromos vivieron una época dorada que coincidió con el auge del turismo. Aquellos que tenían la oportunidad de viajar, podían recordar a su regreso los lugares en los que habían estado o enseñárselos a sus amigos y familiares a un precio asequible.

Ante este aumento de demanda, en 1896 se fundaron The Photocrom Co. Ltd. de Londres y en 1896 la Detroit Photographic Company en 1905 que explotaban la patente bajo licencia de Photochrom Co,. quien por entonces había cambiado su nombre a otro más comercial: Photoglob.

Entre todas ellas llegaron a producir decenas de miles de imágenes, algunas de la cuales se vendieron por millones cuando el gobierno de Estados Unidos permitió que los fotocromos pudieran enviarse por correo, lo que los convirtió en las primeras tarjetas postales en color.

El estallido de la Primera Guerra Mundial, la aparición de la primera película en color que simplificaba considerablemente el proceso de revelado, y las mejoras de las técnicas de impresión que superaron a las técnicas litográficas, provocaron que los fotocromos dejasen de ser rentables.

Aunque la técnica continuó utilizándose hasta los años 70 en el campo de las artes gráficas, especialmente en la reproducción de obras de arte, hacia los años 20 del siglo pasado cesó su producción masiva.

La exposición del Camera Museum recopila alrededor de 500 de estas piezas procedentes de las colecciones de Gerhard Honegger y Thomas Ganz, adquiridas por la institución entre 2006 y 2008.

El grueso de las imágenes son paisajes de lugares tan variados como Pekín, Moscú, Marsella, Nápoles, Argelia o Plymouth aunque también hay algunas escenas domésticas y retratos.

En ese sentido, además de su atractivo visual, los fotocromos poseen un importante valor antropológico que de todas formas debe ser tomado con cierta cautela.

Debido a que la fuente original del fotocromo es un negativo en blanco y negro y que el responsable de la separación de colores no solía ser el mismo que el fotógrafo, muchos de los colores que aparecen en ellos son totalmente inventados.

Salvo ciertos elementos como el cielo, el mar, las montañas –nevadas o verdes de césped–, las rocas en los que es posible determinar de qué color son, lo cierto es las tonalidades de los edificios, de los complementos o de las ropas, dependían completamente de la imaginación del operario.

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Opiniones 2
  • Una técnica que siempre he adorado lo de los colores de ropa y edificios que dependían del operario lo ignoraba y ciertamente un detalle importante jk

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