8 de enero 2013    /   IDEAS
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Te quiero, inútil

8 de enero 2013    /   IDEAS     por          
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inutil
Puede que una bicicleta con las ruedas cuadradas no sirva para nada, pero eso es lo que la convierte en algo encantador. Hemos vivido demasiados años bajo la servidumbre de la funcionalidad, de lo productivo, de lo irrenunciable… Ha llegado la hora, quizá con más razón que nunca, de reivindicar lo que no sucede, lo que no merece atención, lo que no da dinero… ni lo quita.
Coleccionar cactus, acudir el último jueves de cada mes a un seminario sobre repostería medieval, ver antiguos anuncios de televisión o zurcir calcetines son algunas de las actividades/pasividades que pueden encajar en este nuevo enfoque.
También hay personas que no sirven para nada, aunque ellas en general no son conscientes de ello. Ser un manitas, un tipo eficaz, un Señor Lobo o un conseguidor podía tener encanto en los años noventa, pero ahora se estila un cierto aire hipster que cultiva el orgullo por no tener oficio conocido, y no estoy hablando de los ninis. La funcionalidad está sobrevalorada, y ser un zopenco puede tener su lado encantador.
El grado de felicidad puede medirse por el número de horas que dedicamos a actividades absolutamente improductivas, lo que no quiere decir que seamos unos vagos.
La Thermomix es el enemigo natural de esta filosofía, o la navaja suiza multiusos, o el chaleco de aventura lleno de bolsillos. No conviene acercarse a las Pirámides de Giza con un traje claro y pajarita, como si fuéramos a la ópera. Keops nos lo agradecerá desde el Más Allá, y nosotros quedaremos espléndidos en la foto. Hay que revisar el concepto de dandy, aunque no mucho. Simplemente hay que incluir a las chicas que lo merezcan, pues el dandismo femenino es doblemente inútil y por ello mucho más apreciable.
Hay blogs dedicados a recopilar cosas inútiles con la sana y clara intención de hacer reir, pero con un inesperado efecto colateral de desear esos objetos. Vayan algunos ejemplos: Martillo de vidrio, Extintor inflamable, Agua deshidratada en polvo, Secador de pelo sumergible, Ancla hinchable, etc.
Permítanme recomendarles este dispositivo para dejar caer un huevo desde una altura de cinco pisos sin que se rompa.
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Para muchos es inútil votar, para otros lo es abstenerse, pero lo verdaderamente inútil es tener una opinión sobre algo. Perseguir un objetivo en la vida es una de las cosas más tontas que nos inculcan desde pequeños, y una sentencia de la que pocos se libran. Una fuente de insatisfacciones, en definitiva. Como ya apunta el poeta Lao Tse en su Tao Te King: “El sabio nada hace, y por eso no yerra”. Defiende la eficacia de la no acción y de la no intención, y no le ha ido mal, a juzgar por los miles de años que lleva el librito en circulación.
Recele de la gente habilidosa, eficaz, resolutiva, fiable, de principios sólidos o de grandes virtudes. En el siglo XXI lo bello, si inútil es dos veces hermoso, a lo que puede replicarse que lo inútil y feo tiene un difícil pase.
Confío en que este artículo no les haya servido para nada.

inutil
Puede que una bicicleta con las ruedas cuadradas no sirva para nada, pero eso es lo que la convierte en algo encantador. Hemos vivido demasiados años bajo la servidumbre de la funcionalidad, de lo productivo, de lo irrenunciable… Ha llegado la hora, quizá con más razón que nunca, de reivindicar lo que no sucede, lo que no merece atención, lo que no da dinero… ni lo quita.
Coleccionar cactus, acudir el último jueves de cada mes a un seminario sobre repostería medieval, ver antiguos anuncios de televisión o zurcir calcetines son algunas de las actividades/pasividades que pueden encajar en este nuevo enfoque.
También hay personas que no sirven para nada, aunque ellas en general no son conscientes de ello. Ser un manitas, un tipo eficaz, un Señor Lobo o un conseguidor podía tener encanto en los años noventa, pero ahora se estila un cierto aire hipster que cultiva el orgullo por no tener oficio conocido, y no estoy hablando de los ninis. La funcionalidad está sobrevalorada, y ser un zopenco puede tener su lado encantador.
El grado de felicidad puede medirse por el número de horas que dedicamos a actividades absolutamente improductivas, lo que no quiere decir que seamos unos vagos.
La Thermomix es el enemigo natural de esta filosofía, o la navaja suiza multiusos, o el chaleco de aventura lleno de bolsillos. No conviene acercarse a las Pirámides de Giza con un traje claro y pajarita, como si fuéramos a la ópera. Keops nos lo agradecerá desde el Más Allá, y nosotros quedaremos espléndidos en la foto. Hay que revisar el concepto de dandy, aunque no mucho. Simplemente hay que incluir a las chicas que lo merezcan, pues el dandismo femenino es doblemente inútil y por ello mucho más apreciable.
Hay blogs dedicados a recopilar cosas inútiles con la sana y clara intención de hacer reir, pero con un inesperado efecto colateral de desear esos objetos. Vayan algunos ejemplos: Martillo de vidrio, Extintor inflamable, Agua deshidratada en polvo, Secador de pelo sumergible, Ancla hinchable, etc.
Permítanme recomendarles este dispositivo para dejar caer un huevo desde una altura de cinco pisos sin que se rompa.
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Para muchos es inútil votar, para otros lo es abstenerse, pero lo verdaderamente inútil es tener una opinión sobre algo. Perseguir un objetivo en la vida es una de las cosas más tontas que nos inculcan desde pequeños, y una sentencia de la que pocos se libran. Una fuente de insatisfacciones, en definitiva. Como ya apunta el poeta Lao Tse en su Tao Te King: “El sabio nada hace, y por eso no yerra”. Defiende la eficacia de la no acción y de la no intención, y no le ha ido mal, a juzgar por los miles de años que lleva el librito en circulación.
Recele de la gente habilidosa, eficaz, resolutiva, fiable, de principios sólidos o de grandes virtudes. En el siglo XXI lo bello, si inútil es dos veces hermoso, a lo que puede replicarse que lo inútil y feo tiene un difícil pase.
Confío en que este artículo no les haya servido para nada.

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