23 de mayo 2022    /   IGLUU
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Si la literatura es el reflejo de la vida, el teatro puede considerarse la vida misma en cuanto que es acción y movimiento. Y si la literatura puede ser instrumento para denunciar las desigualdades sociales, la violencia y otros males que nos aqueja, el teatro es el mayor altavoz de esa denuncia al mostrarnos sobre el escenario esas escenas que no queremos ver. Al menos, el más comprometido.

Este teatro comprometido es el que se llevan a cabo, principalmente, pequeñas compañías independientes y productoras más humildes. Y representan sus obras en salas alternativas. Es lo que se conoce como teatro off, nombre acuñado en la década de los 50 en Nueva York. Fue entonces cuando algunos artistas de distintas áreas comenzaron a crear bordeando lo convencional. De esta manera, evitaban caer en lo popular y se alejaban de las superproducciones a las que el público estaba acostumbrado.

El abanico de temas que aborda el teatro off es amplio y diverso, pero siempre desde un punto de vista comprometido y respetuoso pero crudo. En Madrid, por ejemplo, hay un buen número de este tipo de salas como La Escalera de Jacob, que actualmente representa Reset, una obra hace una crítica sutil a la precariedad económica y a la inconsciencia colectiva.

Otro ejemplo es El Teatro del Barrio, con dos obras en su programación:  No soy tu gitana, sobre la imagen de la mujer gitana desde el siglo XVI hasta hoy. Y No solo duelen los golpes, sobre la violencia de género.

Estos son solo algunos ejemplos que muestra Elena N. Fernández en este artículo de Igluu.

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Si la literatura es el reflejo de la vida, el teatro puede considerarse la vida misma en cuanto que es acción y movimiento. Y si la literatura puede ser instrumento para denunciar las desigualdades sociales, la violencia y otros males que nos aqueja, el teatro es el mayor altavoz de esa denuncia al mostrarnos sobre el escenario esas escenas que no queremos ver. Al menos, el más comprometido.

Este teatro comprometido es el que se llevan a cabo, principalmente, pequeñas compañías independientes y productoras más humildes. Y representan sus obras en salas alternativas. Es lo que se conoce como teatro off, nombre acuñado en la década de los 50 en Nueva York. Fue entonces cuando algunos artistas de distintas áreas comenzaron a crear bordeando lo convencional. De esta manera, evitaban caer en lo popular y se alejaban de las superproducciones a las que el público estaba acostumbrado.

El abanico de temas que aborda el teatro off es amplio y diverso, pero siempre desde un punto de vista comprometido y respetuoso pero crudo. En Madrid, por ejemplo, hay un buen número de este tipo de salas como La Escalera de Jacob, que actualmente representa Reset, una obra hace una crítica sutil a la precariedad económica y a la inconsciencia colectiva.

Otro ejemplo es El Teatro del Barrio, con dos obras en su programación:  No soy tu gitana, sobre la imagen de la mujer gitana desde el siglo XVI hasta hoy. Y No solo duelen los golpes, sobre la violencia de género.

Estos son solo algunos ejemplos que muestra Elena N. Fernández en este artículo de Igluu.

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