22 de febrero 2012    /   IDEAS
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Técnicas de combate parlamentario

22 de febrero 2012    /   IDEAS     por          
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No sé cuántos de vosotros habréis hecho el magno ejercicio de ver un debate parlamentario, ya sea un Pleno, una sesión de control, una sesión de investidura o un debate sobre el Estado de la Nación. Cualquier acto en el que haya diputados preguntando y diputados respondiendo en el Hemiciclo vale. Un coñazo, diréis muchos. Quizá, pero hay una sutil estrategia en cada intervención marcada por un enemigo común: el tiempo de las intervenciones. ¿Quieres consejos sobre cómo ganar un debate usando el cronómetro a tu favor?

¿Cómo dar la opinión de tu grupo parlamentario y preguntar a la vez? Es más, ¿cómo preguntar para hacer quedar en evidencia a tu rival político? Dicho así suena aburrido, pero tratémoslo de otra forma. ¿Cómo aprender a dejar desarmado a tu rival en un debate? Ese es uno de los principales trabajos de los portavoces en el Congreso: luchan frente a frente con rivales, con las palabras como armas y el tiempo como límite.

Técnica 1, ‘la granada de mano’. Esto es, lanzar tu arma más explosiva primero y luego ya veremos. Se trata de invertir la mayor parte de tu tiempo en hacer la pregunta, desgranando tu crítica e intentando poner a la Cámara en contra del diputado al que se pregunta. La ventaja es el efecto sorpresa: si la granada hace impacto dejas a tu rival con poco margen de respuesta. El inconveniente: agotas gran parte de tu tiempo y confías en que tu ataque sea tan bueno no haga falta replicar.

Técnica 2, ‘mejor lo hablamos’. Eso lo usan los diputados que no quieren hacer mucha sangre, fundamentalmente los del mismo grupo parlamentario del Gobierno o los de grupos ideológicamente afines. Lanzas la pregunta usando un tiempo medio, responden en un tiempo medio, replicas agradeciendo y subrayando algo de lo dicho y se replica cerrando el debate.

Técnica 3, ‘banzai’. Es una de las técnicas favoritas de los grupos en la oposición. Plantean preguntas breves, sin argumentación, a veces hasta obvias para facilitar que el rival se cebe en la respuesta. Si tienes suerte, tu rival agotará gran parte de su tiempo destrozándote por hacer una pregunta nimia. La ventaja: tú dispondrás de todo tu tiempo para la réplica y evidenciar que lo más probable es que no te haya contestado, sino que se haya dedicado a mofarse, momento adecuado para lanzar tu argumentación final y devolver el golpe. Arriesgado, pero efectista si sabes hacerlo.

Técnica 4, ‘mejor ni hablamos’. Es una de esas contestaciones que ni contestan, pero que no hacen falta. Puede ser una variante de cualquiera de las anteriores cuando la técnica sale mal, algo así como ir a tirar un penalty a lo Panenka y que el portero se quede quieto y la bola le vaya mansamente a las manos.

Técnica 5, ‘el contraataque’. A veces la mejor forma de ganar un debate es una respuesta ingeniosa que anule la posibilidad de réplica. Es especialmente recomendable para preguntas reiteradas a los que no se quiere contestar. Eso sí, hace falta saber hacerlo.

Para saber qué técnica es mejor usar será importante saber de cuánto tiempo dispones. Y en el Congreso eso es una muy buena pregunta: el reglamento del Congreso es tan disperso que es prácticamente imposible saber cuánto tiempo tiene cada diputado para hablar. Varios fragmentos del reglamento del Congreso, fundamentalmente en el Tomo 9 (capítulo primero y capítulo segundo)

Artículos que afectan al uso del tiempo en las intervecniones en el Congreso:

183.1. Las interpelaciones se sustanciarán ante el Pleno, dando lugar a un turno de exposición por el autor de la interpelación, a la contestación del Gobierno y a sendos turnos de réplica. Las primeras intervenciones no podrán exceder de diez minutos, ni las de réplica de cinco.

183.2. Sobre las interpelaciones: Después de la intervención de interpelante e interpelado podrá hacer uso de la palabra un representante de cada Grupo Parlamentario, excepto de aquel de quien proceda la interpelación, por término de cinco minutos para fijar su posición.

188.3. Sobre las preguntas: En el debate, tras la escueta formulación de la pregunta por el Diputado, contestará el Gobierno. Aquél podrá intervenir a continuación para replicar o repreguntar y, tras la nueva intervención del Gobierno, terminará el debate. Los tiempos se distribuirán por el Presidente y los intervinientes, sin que en ningún caso la tramitación de la pregunta pueda exceder de cinco minutos. Terminado el tiempo de una intervención, el Presidente automáticamente dará la palabra a quien deba intervenir a continuación o pasará a la cuestión siguiente.

189.2. Sobre las preguntas: Se tramitarán conforme a lo establecido en el apartado 3 del artículo anterior, con la particularidad de que las primeras intervenciones serán por tiempo de diez minutos y las de réplica de cinco. Podrán comparecer para responderlas los Secretarios de Estado y los Subsecretarios.

Artículo 191. Las semanas en que exista sesión ordinaria del Pleno se dedicarán, por regla general, dos horas como tiempo mínimo a preguntas e interpelaciones.

¿Queda claro? No, ¿verdad? Seguimos sin saber exactamente cuánto tiempo tiene cada grupo, si un grupo más representativo tiene más peso que otro minoritario, si el Grupo Mixto reparte sus tiempos… Así que mejor recurrimos al texto ‘ya lo apañamos’ y listo, el artículo 32 del reglamento del Congreso, que habla sobre el papel del presidente :

1. El Presidente del Congreso ostenta la representación de la Cámara, asegura la buena marcha de los trabajos, dirige los debates, mantiene el orden de los mismos y ordena los pagos, sin perjuicio de las delegaciones que pueda conferir.

2. Corresponde al Presidente cumplir y hacer cumplir el Reglamento, interpretándolo en los casos de duda y supliéndolo en los de omisión. Cuando en el ejercicio de esta función supletoria se propusiera dictar una resolución de carácter general, deberá mediar el parecer favorable de la Mesa y de la Junta de Portavoces.

3. El Presidente desempeña, asimismo, todas las demás funciones que le confieren la Constitución, las leyes y el presente Reglamento.

Es decir, que se reparte el tiempo y el orden de las intervenciones como el presidente diga. Así las cosas, preparad las armas, que os harán falta.

No sé cuántos de vosotros habréis hecho el magno ejercicio de ver un debate parlamentario, ya sea un Pleno, una sesión de control, una sesión de investidura o un debate sobre el Estado de la Nación. Cualquier acto en el que haya diputados preguntando y diputados respondiendo en el Hemiciclo vale. Un coñazo, diréis muchos. Quizá, pero hay una sutil estrategia en cada intervención marcada por un enemigo común: el tiempo de las intervenciones. ¿Quieres consejos sobre cómo ganar un debate usando el cronómetro a tu favor?

¿Cómo dar la opinión de tu grupo parlamentario y preguntar a la vez? Es más, ¿cómo preguntar para hacer quedar en evidencia a tu rival político? Dicho así suena aburrido, pero tratémoslo de otra forma. ¿Cómo aprender a dejar desarmado a tu rival en un debate? Ese es uno de los principales trabajos de los portavoces en el Congreso: luchan frente a frente con rivales, con las palabras como armas y el tiempo como límite.

Técnica 1, ‘la granada de mano’. Esto es, lanzar tu arma más explosiva primero y luego ya veremos. Se trata de invertir la mayor parte de tu tiempo en hacer la pregunta, desgranando tu crítica e intentando poner a la Cámara en contra del diputado al que se pregunta. La ventaja es el efecto sorpresa: si la granada hace impacto dejas a tu rival con poco margen de respuesta. El inconveniente: agotas gran parte de tu tiempo y confías en que tu ataque sea tan bueno no haga falta replicar.

Técnica 2, ‘mejor lo hablamos’. Eso lo usan los diputados que no quieren hacer mucha sangre, fundamentalmente los del mismo grupo parlamentario del Gobierno o los de grupos ideológicamente afines. Lanzas la pregunta usando un tiempo medio, responden en un tiempo medio, replicas agradeciendo y subrayando algo de lo dicho y se replica cerrando el debate.

Técnica 3, ‘banzai’. Es una de las técnicas favoritas de los grupos en la oposición. Plantean preguntas breves, sin argumentación, a veces hasta obvias para facilitar que el rival se cebe en la respuesta. Si tienes suerte, tu rival agotará gran parte de su tiempo destrozándote por hacer una pregunta nimia. La ventaja: tú dispondrás de todo tu tiempo para la réplica y evidenciar que lo más probable es que no te haya contestado, sino que se haya dedicado a mofarse, momento adecuado para lanzar tu argumentación final y devolver el golpe. Arriesgado, pero efectista si sabes hacerlo.

Técnica 4, ‘mejor ni hablamos’. Es una de esas contestaciones que ni contestan, pero que no hacen falta. Puede ser una variante de cualquiera de las anteriores cuando la técnica sale mal, algo así como ir a tirar un penalty a lo Panenka y que el portero se quede quieto y la bola le vaya mansamente a las manos.

Técnica 5, ‘el contraataque’. A veces la mejor forma de ganar un debate es una respuesta ingeniosa que anule la posibilidad de réplica. Es especialmente recomendable para preguntas reiteradas a los que no se quiere contestar. Eso sí, hace falta saber hacerlo.

Para saber qué técnica es mejor usar será importante saber de cuánto tiempo dispones. Y en el Congreso eso es una muy buena pregunta: el reglamento del Congreso es tan disperso que es prácticamente imposible saber cuánto tiempo tiene cada diputado para hablar. Varios fragmentos del reglamento del Congreso, fundamentalmente en el Tomo 9 (capítulo primero y capítulo segundo)

Artículos que afectan al uso del tiempo en las intervecniones en el Congreso:

183.1. Las interpelaciones se sustanciarán ante el Pleno, dando lugar a un turno de exposición por el autor de la interpelación, a la contestación del Gobierno y a sendos turnos de réplica. Las primeras intervenciones no podrán exceder de diez minutos, ni las de réplica de cinco.

183.2. Sobre las interpelaciones: Después de la intervención de interpelante e interpelado podrá hacer uso de la palabra un representante de cada Grupo Parlamentario, excepto de aquel de quien proceda la interpelación, por término de cinco minutos para fijar su posición.

188.3. Sobre las preguntas: En el debate, tras la escueta formulación de la pregunta por el Diputado, contestará el Gobierno. Aquél podrá intervenir a continuación para replicar o repreguntar y, tras la nueva intervención del Gobierno, terminará el debate. Los tiempos se distribuirán por el Presidente y los intervinientes, sin que en ningún caso la tramitación de la pregunta pueda exceder de cinco minutos. Terminado el tiempo de una intervención, el Presidente automáticamente dará la palabra a quien deba intervenir a continuación o pasará a la cuestión siguiente.

189.2. Sobre las preguntas: Se tramitarán conforme a lo establecido en el apartado 3 del artículo anterior, con la particularidad de que las primeras intervenciones serán por tiempo de diez minutos y las de réplica de cinco. Podrán comparecer para responderlas los Secretarios de Estado y los Subsecretarios.

Artículo 191. Las semanas en que exista sesión ordinaria del Pleno se dedicarán, por regla general, dos horas como tiempo mínimo a preguntas e interpelaciones.

¿Queda claro? No, ¿verdad? Seguimos sin saber exactamente cuánto tiempo tiene cada grupo, si un grupo más representativo tiene más peso que otro minoritario, si el Grupo Mixto reparte sus tiempos… Así que mejor recurrimos al texto ‘ya lo apañamos’ y listo, el artículo 32 del reglamento del Congreso, que habla sobre el papel del presidente :

1. El Presidente del Congreso ostenta la representación de la Cámara, asegura la buena marcha de los trabajos, dirige los debates, mantiene el orden de los mismos y ordena los pagos, sin perjuicio de las delegaciones que pueda conferir.

2. Corresponde al Presidente cumplir y hacer cumplir el Reglamento, interpretándolo en los casos de duda y supliéndolo en los de omisión. Cuando en el ejercicio de esta función supletoria se propusiera dictar una resolución de carácter general, deberá mediar el parecer favorable de la Mesa y de la Junta de Portavoces.

3. El Presidente desempeña, asimismo, todas las demás funciones que le confieren la Constitución, las leyes y el presente Reglamento.

Es decir, que se reparte el tiempo y el orden de las intervenciones como el presidente diga. Así las cosas, preparad las armas, que os harán falta.

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Opiniones 6
  • Sospecho que la retórica es un arte demasiado complejo como para reducirlo a la cuestión de cómo preguntar o cómo responder.

  • Hablar sin decir nada, escapándose por las ramas. La mejor lección, la de José Mota Cruz y Raya: En algún momento, alguien hizo algo en algún lugar…

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