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8 de febrero 2016    /   DIGITAL
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La tecnología está robando nuestros recuerdos

8 de febrero 2016    /   DIGITAL     por          
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¿Dónde está aquella foto del día que se le cayó el diente? ¿Y qué fue de ese video que hicimos con el móvil cuando nuestro hijo empezó a caminar en el pasillo de la abuela? Deben de estar en el ordenador que está en el sótano. O quizás lo subimos a Dropbox. ¡Ah, no! Creo que están en el disco duro externo que usamos de copia de seguridad. ¡Por favor! ¡No sé dónde tengo los recuerdos de mis niños!

El hermano mayor suele ser el que más fotos tiene. Los padres inmortalizan con el móvil el primer llanto, cuando dijo ‘mamá’, el día que se le cayó el diente, el disfraz de gusano, cuando se manchó con el puré de verdura… ¡Todo! El segundo hijo tiene varias fotos de su infancia y algún video, y a partir del tercero la cantidad va reduciéndose a las tomas de grupo de los tres hermanos.

Aun así no dejamos de recoger todos los momentos. Si lo pensamos, es muy probable que tengamos al menos una foto por mes de nuestra vida desde que tenemos móviles. ¿Para qué? Para el futuro, para poder dejarles una infancia visualizada. ¿Por qué queremos guardar cómo éramos si ya no somos? ¿Nuestros hijos tendrán tiempo de ver su exvida en tiempo casi real? ¿Podremos dejarles un legado de su historia en un formato universal que funcione en el futuro?

Cuando era pequeña se usaban los álbumes de fotos. Mis padres hacían fotografías, las ponían por orden en grandes páginas protegidas por una especie de plástico pegajoso y guardaban los negativos para hacer copias. Mis abuelos tenían álbumes con los momentos más importantes de su vida en blanco y negro. Mis padres heredaron fotos y álbumes de su infancia que repartieron entre todos los hermanos. Los álbumes se heredan, son el legado histórico familiar.

¿Nuestros hijos tendrán tiempo de ver su exvida en tiempo casi real? ¿Podremos dejarles un legado de su historia en un formato universal que funcione en el futuro?

Yo misma, de adolescente, llevaba mi cámara a todos los sitios, una de esas que había que rodar un rick rick rick para pasar la foto. Y hacía, como mucho, 36, que era el carrete más grande, y había que seleccionar qué se fotografiaba y qué no, nada de hacer imágenes tontas que no servían para nada.

De cada viaje y de cada momento especial hacía un álbum que iba directo a la estantería. También guardaba los sobres con las fotografías no «albumeadas» y los negativos: «verano del 83». Y ahí estábamos, mucho más jóvenes, con zapatones, hombreras y tupé, sonriendo a la cámara. Ves la foto y te acuerdas de aquel día, de lo bien que lo pasaste, de la música que sonaba y hasta del olor a mar… Y siguen en su álbum, algo amarillas, pero guardando a la chica de ayer como si fuera hoy.

tecnologia perdida

Cuando pasamos a las cámaras digitales empezó el robo de la memoria, la sombra del olvido. Aunque parecía que todo eran ventajas, en realidad, era el principio del fin de los recuerdos. Podíamos hacer todas las fotos que quisiéramos, las tarjetas de memoria permitían mucho más de 36, no había que revelar ni esperar al revelado y, además, se descargaban al instante en el ordenador. Si no salías bien, se borraba sin más. Éramos ordenados y metódicos, carpetas por años, por viajes, por tema…

Desde el momento en que se sabe que va a nacer un niño hay constancia visual de su vida: las ecografías, los videos en 3D, el día del parto, los primeros días en el hospital. Los más cuidadosos guardan en carpetas ordenadas por fecha la vida de sus hijos y no las pierden al cambiar de tecnología, pero lo normal es que nuestros niños se estén quedando sin recuerdos. Cuando cambiamos de ordenador, de móvil o de tecnología, en general, se hace muy difícil recuperar e incluso encontrar los archivos del pasado.

Cada cambio de tecnología borra un trocito de nuestra memoria familiar. No lo percibimos, pero los cambios de formato están dejándonos sin recuerdos

Mi hijo mayor nació en el inicio de las cámaras digitales, tuvo la suerte de que todavía imprimíamos las imágenes, supongo que herencia de un pasado de álbumes. Puede sentarse en el sofá y pasar las páginas de su pasado. Pero la hermana, además de ser la segunda, no tiene fotografías impresas, su pasado es digital.

Solo si nos concentramos mucho y le dedicamos tiempo, puede ver cómo fue su infancia. No tiene ningún álbum en papel, necesita que le mostremos sus fotos digitales. Y es una pena, porque cada vez va a ser más difícil recuperar ese archivo audiovisual. Ya no tenemos reproductor de DVD en casa, ni tampoco sabemos bien dónde guardamos los archivos de la cámara de fotos digital, y las fotos del móvil ya son tantas que tampoco es fácil encontrar un determinado momento. Lo ideal sería hacerles un álbum impreso con los mejores momentos de su vida. Algunos padres lo hacen, pero nosotros ya lo haremos, ya lo haremos… y pasa el tiempo y no lo tienen.

Cada cambio de tecnología borra un trocito de nuestra memoria familiar. No lo percibimos, pero los cambios de formato están dejándonos sin recuerdos. La ilusión de acceder a un dispositivo nuevo nos hace olvidar que hay que preservar muy bien lo registrado con el anterior o será imposible recuperarlo una vez que demos el salto a un formato nuevo y más avanzado. No se nota, sucede muy lentamente, pero la adaptación a las nuevas tecnologías nos hace perder el acceso a lo salvado en las antiguas.

Dejamos trocitos de nuestro pasado en tecnologías que van quedando obsoletas hasta el punto de no tener reproductores para poder verlas. Si tenías guardadas las fotos de aquel viaje inolvidable en un zip, o las pasas a un formato actual o empieza a comer rabitos de pasa para no olvidar. ¿O acaso sigues pudiendo ver vídeos en VHS?

Fotos, cientos de fotos, ¡miles de fotos! Las nombrábamos y las guardábamos en carpetas con un título más o menos fácil de identificar. Copia en el disquete, en el zip o en el disco duro del ordenador. Empezábamos a tener grabadoras de CD y luego de DVD. Pasábamos las imágenes, ¡cabían! Fue entonces cuando irrumpieron los teléfonos con cámara, mejoraron la definición y cada vez se hacían más y más fotos: ¡gratis!

El almacenamiento también mejoró: con los USB fue más sencillo transportar las fotos y además se podía borrar el contenido para introducir otro, no como los CD, que una vez «tostados» ya no había vuelta atrás. La tecnología facilitó su transmisión y la gente se dedicó a enviar fotos por correo electrónico para acabar subiéndolas a las redes sociales o enviarlas por WhastApp.

La tecnología, además de borrar el pasado de nuestra familia y comerse los recuerdos en el olvido, también nos está quitando parte de la herencia. Porque ¿es posible legar el archivo de música comprada en digital?

¡El mundo fotografiado prácticamente en tiempo real! Tenemos más opciones de ver lo que está ocurriendo hoy en cualquier parte del mundo que nunca, en foto o en vídeo, hasta en directo. Con comentarios, con enlace a más información, mapeadas y compartidas. Millones de fotos y vídeos. Álbumes virtuales. Redes sociales de imágenes. Redes sociales en general. Grupos de WhatsApp que hay que vaciar porque ya no cabe más información en el móvil. Tenemos nuestras vidas retratadas casi al instante. Y, sin embargo, vamos a perder la memoria visual por los cambios de formato y la ingente cantidad de información que hay que almacenar.

La tecnología, además de borrar el pasado de nuestra familia y comerse los recuerdos en el olvido, también nos está quitando parte de la herencia. Porque ¿es posible legar el archivo de música comprada en digital? ¿Qué pasa con las imágenes subidas a Facebook o a Tuenti? Muchos jóvenes tienen sus años felices almacenados en esta red.

¿Y qué va a pasar con Flickr? Si me muero, ¿podrán heredar la música comprada en la red o los libros digitales? Están asociados a una cuenta, y no sé hasta qué punto eso se podría legar. Mis padres me pueden dejar los libros, los discos y los vídeos, aunque muchos formatos empiezan a ser difíciles de reproducir porque no tenemos a mano los dispositivos para ello. Con razón está de moda la venta de reproductores de vinilo, de cámaras estilo polaroid y, en breve, los reproductores para vídeos en VHS. Somos muchos los románticos que no queremos perder el pasado por culpa de la tecnología.

¿Dónde está aquella foto del día que se le cayó el diente? ¿Y qué fue de ese video que hicimos con el móvil cuando nuestro hijo empezó a caminar en el pasillo de la abuela? Deben de estar en el ordenador que está en el sótano. O quizás lo subimos a Dropbox. ¡Ah, no! Creo que están en el disco duro externo que usamos de copia de seguridad. ¡Por favor! ¡No sé dónde tengo los recuerdos de mis niños!

El hermano mayor suele ser el que más fotos tiene. Los padres inmortalizan con el móvil el primer llanto, cuando dijo ‘mamá’, el día que se le cayó el diente, el disfraz de gusano, cuando se manchó con el puré de verdura… ¡Todo! El segundo hijo tiene varias fotos de su infancia y algún video, y a partir del tercero la cantidad va reduciéndose a las tomas de grupo de los tres hermanos.

Aun así no dejamos de recoger todos los momentos. Si lo pensamos, es muy probable que tengamos al menos una foto por mes de nuestra vida desde que tenemos móviles. ¿Para qué? Para el futuro, para poder dejarles una infancia visualizada. ¿Por qué queremos guardar cómo éramos si ya no somos? ¿Nuestros hijos tendrán tiempo de ver su exvida en tiempo casi real? ¿Podremos dejarles un legado de su historia en un formato universal que funcione en el futuro?

Cuando era pequeña se usaban los álbumes de fotos. Mis padres hacían fotografías, las ponían por orden en grandes páginas protegidas por una especie de plástico pegajoso y guardaban los negativos para hacer copias. Mis abuelos tenían álbumes con los momentos más importantes de su vida en blanco y negro. Mis padres heredaron fotos y álbumes de su infancia que repartieron entre todos los hermanos. Los álbumes se heredan, son el legado histórico familiar.

¿Nuestros hijos tendrán tiempo de ver su exvida en tiempo casi real? ¿Podremos dejarles un legado de su historia en un formato universal que funcione en el futuro?

Yo misma, de adolescente, llevaba mi cámara a todos los sitios, una de esas que había que rodar un rick rick rick para pasar la foto. Y hacía, como mucho, 36, que era el carrete más grande, y había que seleccionar qué se fotografiaba y qué no, nada de hacer imágenes tontas que no servían para nada.

De cada viaje y de cada momento especial hacía un álbum que iba directo a la estantería. También guardaba los sobres con las fotografías no «albumeadas» y los negativos: «verano del 83». Y ahí estábamos, mucho más jóvenes, con zapatones, hombreras y tupé, sonriendo a la cámara. Ves la foto y te acuerdas de aquel día, de lo bien que lo pasaste, de la música que sonaba y hasta del olor a mar… Y siguen en su álbum, algo amarillas, pero guardando a la chica de ayer como si fuera hoy.

tecnologia perdida

Cuando pasamos a las cámaras digitales empezó el robo de la memoria, la sombra del olvido. Aunque parecía que todo eran ventajas, en realidad, era el principio del fin de los recuerdos. Podíamos hacer todas las fotos que quisiéramos, las tarjetas de memoria permitían mucho más de 36, no había que revelar ni esperar al revelado y, además, se descargaban al instante en el ordenador. Si no salías bien, se borraba sin más. Éramos ordenados y metódicos, carpetas por años, por viajes, por tema…

Desde el momento en que se sabe que va a nacer un niño hay constancia visual de su vida: las ecografías, los videos en 3D, el día del parto, los primeros días en el hospital. Los más cuidadosos guardan en carpetas ordenadas por fecha la vida de sus hijos y no las pierden al cambiar de tecnología, pero lo normal es que nuestros niños se estén quedando sin recuerdos. Cuando cambiamos de ordenador, de móvil o de tecnología, en general, se hace muy difícil recuperar e incluso encontrar los archivos del pasado.

Cada cambio de tecnología borra un trocito de nuestra memoria familiar. No lo percibimos, pero los cambios de formato están dejándonos sin recuerdos

Mi hijo mayor nació en el inicio de las cámaras digitales, tuvo la suerte de que todavía imprimíamos las imágenes, supongo que herencia de un pasado de álbumes. Puede sentarse en el sofá y pasar las páginas de su pasado. Pero la hermana, además de ser la segunda, no tiene fotografías impresas, su pasado es digital.

Solo si nos concentramos mucho y le dedicamos tiempo, puede ver cómo fue su infancia. No tiene ningún álbum en papel, necesita que le mostremos sus fotos digitales. Y es una pena, porque cada vez va a ser más difícil recuperar ese archivo audiovisual. Ya no tenemos reproductor de DVD en casa, ni tampoco sabemos bien dónde guardamos los archivos de la cámara de fotos digital, y las fotos del móvil ya son tantas que tampoco es fácil encontrar un determinado momento. Lo ideal sería hacerles un álbum impreso con los mejores momentos de su vida. Algunos padres lo hacen, pero nosotros ya lo haremos, ya lo haremos… y pasa el tiempo y no lo tienen.

Cada cambio de tecnología borra un trocito de nuestra memoria familiar. No lo percibimos, pero los cambios de formato están dejándonos sin recuerdos. La ilusión de acceder a un dispositivo nuevo nos hace olvidar que hay que preservar muy bien lo registrado con el anterior o será imposible recuperarlo una vez que demos el salto a un formato nuevo y más avanzado. No se nota, sucede muy lentamente, pero la adaptación a las nuevas tecnologías nos hace perder el acceso a lo salvado en las antiguas.

Dejamos trocitos de nuestro pasado en tecnologías que van quedando obsoletas hasta el punto de no tener reproductores para poder verlas. Si tenías guardadas las fotos de aquel viaje inolvidable en un zip, o las pasas a un formato actual o empieza a comer rabitos de pasa para no olvidar. ¿O acaso sigues pudiendo ver vídeos en VHS?

Fotos, cientos de fotos, ¡miles de fotos! Las nombrábamos y las guardábamos en carpetas con un título más o menos fácil de identificar. Copia en el disquete, en el zip o en el disco duro del ordenador. Empezábamos a tener grabadoras de CD y luego de DVD. Pasábamos las imágenes, ¡cabían! Fue entonces cuando irrumpieron los teléfonos con cámara, mejoraron la definición y cada vez se hacían más y más fotos: ¡gratis!

El almacenamiento también mejoró: con los USB fue más sencillo transportar las fotos y además se podía borrar el contenido para introducir otro, no como los CD, que una vez «tostados» ya no había vuelta atrás. La tecnología facilitó su transmisión y la gente se dedicó a enviar fotos por correo electrónico para acabar subiéndolas a las redes sociales o enviarlas por WhastApp.

La tecnología, además de borrar el pasado de nuestra familia y comerse los recuerdos en el olvido, también nos está quitando parte de la herencia. Porque ¿es posible legar el archivo de música comprada en digital?

¡El mundo fotografiado prácticamente en tiempo real! Tenemos más opciones de ver lo que está ocurriendo hoy en cualquier parte del mundo que nunca, en foto o en vídeo, hasta en directo. Con comentarios, con enlace a más información, mapeadas y compartidas. Millones de fotos y vídeos. Álbumes virtuales. Redes sociales de imágenes. Redes sociales en general. Grupos de WhatsApp que hay que vaciar porque ya no cabe más información en el móvil. Tenemos nuestras vidas retratadas casi al instante. Y, sin embargo, vamos a perder la memoria visual por los cambios de formato y la ingente cantidad de información que hay que almacenar.

La tecnología, además de borrar el pasado de nuestra familia y comerse los recuerdos en el olvido, también nos está quitando parte de la herencia. Porque ¿es posible legar el archivo de música comprada en digital? ¿Qué pasa con las imágenes subidas a Facebook o a Tuenti? Muchos jóvenes tienen sus años felices almacenados en esta red.

¿Y qué va a pasar con Flickr? Si me muero, ¿podrán heredar la música comprada en la red o los libros digitales? Están asociados a una cuenta, y no sé hasta qué punto eso se podría legar. Mis padres me pueden dejar los libros, los discos y los vídeos, aunque muchos formatos empiezan a ser difíciles de reproducir porque no tenemos a mano los dispositivos para ello. Con razón está de moda la venta de reproductores de vinilo, de cámaras estilo polaroid y, en breve, los reproductores para vídeos en VHS. Somos muchos los románticos que no queremos perder el pasado por culpa de la tecnología.

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Opiniones 14
  • Con Google Fotos (y Google Drive) tenemos espacio ilimitado si el contenido ideovisual no es a la máxima resolución. La cuenta Google de por ejemplo Android va asociado al número del móvil de nuestra SIM.

    Ni se prevé que perdamos o olvidemos nuestro número móvil de aquí al 2030, ni se espera que la empresa del mundo de mas alta cotización bursátil sufra un apagón tecnológico en su nube, durante los próximos 14 años.

    A partir de 2030, si atina R. K., ya serà irrelevante…

    • ¿Se acuerda de Messenger? era fantástico! todos conectados! Hace menos de un mes cerró tuenti que era ya la leche! yo entré en mi cuenta hace cosa de un año y descargué mis fotos, ( botón derecho y guardar imagen). El resultado, tengo un CD lleno de fotos de ente 6kb y 150kb, calidad que hace que su impresión sea casi nula, puedo optar por tener un collage de píxeles para tener una foto con un tamaño medio normal, o imprimirlas en tamaño sello de correos.
      ¿Quién asegura que mañana no salga otra forma de guardar las fotos y dejemos en el olvido las que están en la nube mágica?

  • Quizás se pierda el aspecto romántico de los recuerdos, pero estos cambian de una generación a otra. Probablemente lo mismo decían cuando a principios del XIX los primeros teléfonos dejaron atrás a las cartas, y así…

  • Cada generación siente que es mejor que la anterior. A la vez siente que la generación nueva de esta perdiendo de todo lo bonito de la vida. esa mentalidad es egoísta y limitada, simplemente es nuestra falta de adaptabilidad al cambio. La generación nueva no sufrirá, por qué ellos solo conocen el mundo en el que crecieron, no tienen punto de comparación como nosotros.
    Se pueden escribir libros enteros al respecto pero estas palabras se las llevara el viento.

  • Gran verdad Marga. Nada que ver. ¡Esos álbumes apasionantes llenos de fotos! Nada mejor que una tarde sentada en el sofá viendo fotos y rememorando momentos felices. Tengo una foto igual que la que ilustra el artículo. Es la entrada al Zoo de Madrid ¿no?

  • Hacelo sencillo, volvé al rollo (como se dice en mi Argentina), película fotográfica y NO lo tratés de pasado, de viejo NI de obsoleto, digo, la calidad del celuloide es insuperable: colores, blanco y negros, calidez, definición, naturalidad, realeza y justamente, que acá lo mencionás indirectamente: DURABILIDAD DEL NEGATIVO Y DE LAS FOTOGRAFÍAS EN SÍ, porque NO son lo mismo, las digitales son IMPRESAS, TINTA SOBRE PAPEL y las de CELULOIDE SON REVELADAS, que con los QUÍMICOS SE VAN DESCUBRIENDO LA FOTOGRAFÍA EN EL PAPEL MEDIANTE UNA LUZ QUE PASA DEL NEGATIVO AL PAPEL. NADA mejor que lo FÍSICO: NEGATIVOS Y SUS FOTOS, CDs, VINILOS y sí, TAMBIÉN YO SIGO VIENDO EN VHS que es HERMOSÍSIMO. La vida Analógica ES LA MEJOR. Tenés calidez, calidad, calor y futuro, porque TUS RECUERDOS NO se borran 😉 . Digo, además, por suerte, cada vez se venden más rollos y cada vez más hay nuevos rollos (películas fotográficas) 😉 .

  • Tu artículo es la defección exacta de por que hace tres años empecé mi tesis doctoral sobre el album de fotos en dispositivos móviles y su papel en la creación de memoria. Ahora mi pillas en el último apretón para acabarla. No creo que haya encontrado la solución mágica, pero si te puedo decir que hay gente que está cerca.

    Toda tecnología disruptiva provoca incertidumbre y lo cierto es que nos han tocado dos cambios seguidos, por que aún no teníamos del todo claro como organizar las fotos de nuestras cámaras digitales cuando nos encontramos haciendo fotos con los móviles. Así que ya teníamos un problema, y lo empeoramos. Pero cuando hay un problema, tarde o temprano aparece alguien dispuesto a hacer negocio solucionándolo, y ahora mismo tenemos a los grandes de la industria (Google, Microsoft, Apple y Amazon entre otros) peleándose por nuestras fotos y buscando ofrecernos la mejor solución posible.

    Así que no digo yo no mire con nostalgia los viejos albums de fotos con imágenes de mi infancia y juventud, que lo hago, pero creo que este problema se solucionará, y ademas lo hará pronto. Así que cuando le explique a mi hijo que sus primos mayores casi no tienen fotos de su infancia, por exceso de fotos, me mirará con cara de «que cosas más raras hacíais antes».

    Eso si, haber perdido 15 años de memoria no deja de ser una putada.

    Gracias por tu artículo.

  • Estoy totalmente de acuerdo con Marga, el exceso de información hoy, hace que no demos valor a las imagenes, y ellas son el pilar de los recuerdos (viendo una foto se te «abre» ese momento (¿te acuerdas de aquel señor tan simpatico que nos explico como iba?), que sin la llave se pierde en nuestra cabeza.
    Yo tengo en mi casa fotos de mis abuelos (reveladas hace mas de 80 años), !! Y ESTÁN !!,
    quien me puede asegurar que mis nietos dentro de 80 años van a poder ver las fotos de sus abuelos??.
    Yo sigo revelando mis imagenes en papel (no todas claro), pero asi estoy seguro que tendré recuerdos dentro de 20 años (la mayoria de mis amigos cambiaron de movil y perdieron esas «image-recuerdos») y eso a mi me da la tranquilidad de saber que conservaré mi pasado.

  • Me pareció increíble leer este artículo que parecía la nota de prensa hecha por http://www.My-Life.social , que tiene como finalidad, no solo guardar cronológicamente todos nuestros recuerdos, si no, que además también permite recuperar y compartir desde la privacidad, contenidos puntuales con esa persona en cuestión, pero no en las RRSS ni resto de plataformas publicas. Gran artículo Marga, felicitarte por la redacción y por este artículo que refleja un problema tan real como universal hasta hace muy poco.

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