11 de marzo 2020    /   ENTRETENIMIENTO
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Fotos  Francesco Jodice / Wikimedia Commons

Cómo teletrabajar en tiempos de coronavirus

Una información de servicio público de Yorokobu para el mundo de habla hispana

11 de marzo 2020    /   ENTRETENIMIENTO     por        Fotos  Francesco Jodice / Wikimedia Commons
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La cosa ha llegado como el amor en la canción de Bamboleo. Llega así, de esa manera, uno no tiene la culpa y, ahora nos vemos todos en casa, teletrabajando y tratando de convivir con nuestras hijas e hijos en un entorno y a unas horas atípicas.

Es un nuevo mundo de sensaciones: el tacto del pijama, el olor de las cocinas entrando por los patios interiores, los repartidores de publicidad de restaurantes chinos llamando al portero automático…

En Yorokobu llevamos 10 años ininterrumpidos de devoción por el teletrabajo, así que, por una vez, sabemos de lo que hablamos. Si el teletrabajo durante la crisis del coronavirus es tu primer acercamiento a esta sugerente práctica, estás de suerte, aunque no sabemos si buena o mala. Estas son las enseñanzas que la experiencia nos ha dictado en una década de trabajo en chándal.

Artículo relacionado

Número uno. Lo más importante. Regla de oro. Primer mandamiento: no es recomendable abrirse la primera cerveza antes de las 12 del mediodía. Y a las 13.30h se baja a tomar el vermut. Al vermut lo llamamos actividad de #TeamBuildingConTorreznos.

Las consecuencias de comenzar a beber cerveza antes del mediodía pueden resultar fatales y han sido observadas y documentadas en experimentos controlados con seres humanos.

Si empiezas antes de las 12, puedes acabar como Hermann Tertsch, escribiendo cosas nazis a las 3 de la tarde, pidiendo un golpe de Estado a las 9 y montando una pelea de taburetes en un club nocturno a las 4 de la mañana. Así que recuerda: solo y borracho no quiero echar el rato (de teletrabajo) antes del meridiano.

Justo por debajo de la importancia de la cerveza, está la higiene. Porque a esta hora ya estarás duchado, ¿no? ¿NO?

Como decía Thomas de Quincey en Del asesinato considerado como una de las bellas artes, «si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar; del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente». Y, finalmente, uno acaba no duchándose para teletrabajar.

Otra de las claves para el éxito en esta misión pasa por la gestión y optimización de tiempo y tareas. Antes de sentarte a trabajar, has de poner la lavadora. La sacas y la tiendes en el siguiente descanso, en el café de las 11. En un día como hoy, para la hora de comer ya tienes ropa interior fresca y limpia.

Si dejas demasiado tiempo la ropa al sol, se pierde la magia, pero si la recoges en el momento exacto, puedes ponerte los calzoncillos en la cara para apreciar el efecto Mimosín en toda su grandeza. Trabaja, pero mantente alerta.

Llegada la hora de la comida, no seas tan cutre como yo, que me alimento como un gorrino delante del ordenador. Tengo coartada: si me pongo delante de la tele a ver las noticias, acaba apareciendo Josep Pedrerol y rompo la tele a patadas. Llevo siete desde comienzos de curso.

Cosas prohibidísimas:

– La videoconsola. Si entras, no sales.
– Pornhub en la pausa del descanso.
– Netflix sonando de fondo para que alguna voz te haga compañía.
– Tentempiés de más de 5 minutos. Aprovecha después de tender la lavadora.
– YouTube o cualquier otra cosa infinita de este planeta.
– Twitter. Sobre todo si eres imbécil y carente de autocontrol, como yo.
– Hacer la compra semanal online, porque de ahí se pasa a Amazon y de Amazon, a Discogs, y ahí sí que estamos perdidos.

A partir de estas directrices, trata de sobrevivir sin ponerte forrondosco como un maorí. Desecha los hidratos en los piscolabis y opta por cosas como el edamame, queso fresco, algo de fruta y buenas tarrinas de fuagrás o Nutella a cucharadas.

Seguro que entre todos somos capaces de partir de esta situación para afrontar un nuevo futuro con diferentes paradigmas laborales.

Nos daremos cuenta de que este país está preparado para ir abandonando paulatinamente las oficinas, la contaminación atmosférica bajará, pensaremos de una vez por todas en maneras de crear políticas de conciliación real y llegará la primavera para acabar con el coronavirus. Y nuestros queridos empresarios dejarán de pedir despidos más rápidos y más baratos.

La cosa ha llegado como el amor en la canción de Bamboleo. Llega así, de esa manera, uno no tiene la culpa y, ahora nos vemos todos en casa, teletrabajando y tratando de convivir con nuestras hijas e hijos en un entorno y a unas horas atípicas.

Es un nuevo mundo de sensaciones: el tacto del pijama, el olor de las cocinas entrando por los patios interiores, los repartidores de publicidad de restaurantes chinos llamando al portero automático…

En Yorokobu llevamos 10 años ininterrumpidos de devoción por el teletrabajo, así que, por una vez, sabemos de lo que hablamos. Si el teletrabajo durante la crisis del coronavirus es tu primer acercamiento a esta sugerente práctica, estás de suerte, aunque no sabemos si buena o mala. Estas son las enseñanzas que la experiencia nos ha dictado en una década de trabajo en chándal.

Número uno. Lo más importante. Regla de oro. Primer mandamiento: no es recomendable abrirse la primera cerveza antes de las 12 del mediodía. Y a las 13.30h se baja a tomar el vermut. Al vermut lo llamamos actividad de #TeamBuildingConTorreznos.

Las consecuencias de comenzar a beber cerveza antes del mediodía pueden resultar fatales y han sido observadas y documentadas en experimentos controlados con seres humanos.

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Si empiezas antes de las 12, puedes acabar como Hermann Tertsch, escribiendo cosas nazis a las 3 de la tarde, pidiendo un golpe de Estado a las 9 y montando una pelea de taburetes en un club nocturno a las 4 de la mañana. Así que recuerda: solo y borracho no quiero echar el rato (de teletrabajo) antes del meridiano.

Justo por debajo de la importancia de la cerveza, está la higiene. Porque a esta hora ya estarás duchado, ¿no? ¿NO?

Como decía Thomas de Quincey en Del asesinato considerado como una de las bellas artes, «si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar; del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente». Y, finalmente, uno acaba no duchándose para teletrabajar.

Otra de las claves para el éxito en esta misión pasa por la gestión y optimización de tiempo y tareas. Antes de sentarte a trabajar, has de poner la lavadora. La sacas y la tiendes en el siguiente descanso, en el café de las 11. En un día como hoy, para la hora de comer ya tienes ropa interior fresca y limpia.

Si dejas demasiado tiempo la ropa al sol, se pierde la magia, pero si la recoges en el momento exacto, puedes ponerte los calzoncillos en la cara para apreciar el efecto Mimosín en toda su grandeza. Trabaja, pero mantente alerta.

Llegada la hora de la comida, no seas tan cutre como yo, que me alimento como un gorrino delante del ordenador. Tengo coartada: si me pongo delante de la tele a ver las noticias, acaba apareciendo Josep Pedrerol y rompo la tele a patadas. Llevo siete desde comienzos de curso.

Cosas prohibidísimas:

– La videoconsola. Si entras, no sales.
– Pornhub en la pausa del descanso.
– Netflix sonando de fondo para que alguna voz te haga compañía.
– Tentempiés de más de 5 minutos. Aprovecha después de tender la lavadora.
– YouTube o cualquier otra cosa infinita de este planeta.
– Twitter. Sobre todo si eres imbécil y carente de autocontrol, como yo.
– Hacer la compra semanal online, porque de ahí se pasa a Amazon y de Amazon, a Discogs, y ahí sí que estamos perdidos.

A partir de estas directrices, trata de sobrevivir sin ponerte forrondosco como un maorí. Desecha los hidratos en los piscolabis y opta por cosas como el edamame, queso fresco, algo de fruta y buenas tarrinas de fuagrás o Nutella a cucharadas.

Seguro que entre todos somos capaces de partir de esta situación para afrontar un nuevo futuro con diferentes paradigmas laborales.

Nos daremos cuenta de que este país está preparado para ir abandonando paulatinamente las oficinas, la contaminación atmosférica bajará, pensaremos de una vez por todas en maneras de crear políticas de conciliación real y llegará la primavera para acabar con el coronavirus. Y nuestros queridos empresarios dejarán de pedir despidos más rápidos y más baratos.

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