4 de noviembre 2016    /   ENTRETENIMIENTO
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Ventajas e inconvenientes de tener un doble

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La primera inversión que debería acometer alguien que disfruta de un patrimonio holgado es la búsqueda y manutención de un doble. ¿Pero qué es exactamente un doble? Una persona con la suficiente coincidencia física con nuestra apariencia como para poder reemplazarnos en situaciones tediosas, inconvenientes, peligrosas o poco deseables.

Están bien documentados los casos de políticos o sátrapas (o ambas cosas) que gozaban de este privilegio. Stalin, Gadafi, Sadam… Pero hay mucha más gente de la que usted cree que tiene un doble a sueldo. Incluso personas de su entorno, que arañan de sus ínfimas nóminas lo indecible para poder procurarse un sosias.

Si el doble es muy convincente puede hacer gozar a tu pareja bajo las sábanas sin que repare en el engaño. O peor aún, sabiendo perfectamente que es un engaño y paladeando la novedad, ¿quién no querría disfrutar de una réplica de su ser amado? Es una perversión exquisita, al alcance de unos pocos, y normalmente tiene lugar con gemelos idénticos, como ilustra la inquietante cinta de David Cronenberg Inseparables (1988), cuyo visionado les recomiendo con entusiasmo. Jeremy Irons duplicado. ¡Ahí es nada!

La segunda novela que escribió el gran Dostoyevski se titula precisamente El doble, y aborda la cuestión desde una óptica diferente. Un funcionario gris y oscuro de la Rusia de los zares se ve reemplazado paulatinamente por otro hombre con quien comparte idéntica fisonomía, el mismo nombre y las mismas habilidades. En realidad es la historia de una sustitución. Y aquí viene el chiste fácil, o no tanto. ¿Realmente había dos Toyevskis, que empujaron a nuestro escritor ruso favorito a sufrir esa paranoia? Alcohólico y ludópata, ¿por qué no habría de alimentar esa pesadilla de ser dos y no saberlo?

Pero puede suceder que el original envidie la vida del doble, y se produzca una inversión de intereses, el doble quedará relegado a las tareas familiares, a la vida contemplativa, mientras el original ocupará el papel del doble, con la impunidad moral que ello otorga. Este caso suele terminar en el diván del psicoanalista, pero conviene ser precavido, pues los psicoanalistas más reputados también suelen tener un doble.

No es preciso recurrir a la cirugía plástica. El estilismo, la actitud, la dicción, los pequeños detalles… Todo ello suele bastar para convencer al populacho de que el personaje famoso que conocen de la televisión está ante ellos, dispuesto a hacerse un selfi. O dos.

Por cierto, hace poco coincidí en un cóctel con un célebre actor y monologuista con quien todo el mundo quería hacerse selfis. Ante el evidente hastío y comprensible agotamiento de paciencia que se dibujaba en su rostro le dije:

Santi, deberías tener un doble que soportara el tedio de la fama, mientras tú estás en la playa o en la peluquería.

A lo que me respondió muy ufano:

¡Qué me vas a contar! El doble soy yo. Millán está en las Bahamas.

Para terminar, ya me dirán si les ha gustado este artículo, porque es el primero que le he encargado a mi doble.

 

Imagen de portada: Razvan Iosif / Shutterstock.com

La primera inversión que debería acometer alguien que disfruta de un patrimonio holgado es la búsqueda y manutención de un doble. ¿Pero qué es exactamente un doble? Una persona con la suficiente coincidencia física con nuestra apariencia como para poder reemplazarnos en situaciones tediosas, inconvenientes, peligrosas o poco deseables.

Están bien documentados los casos de políticos o sátrapas (o ambas cosas) que gozaban de este privilegio. Stalin, Gadafi, Sadam… Pero hay mucha más gente de la que usted cree que tiene un doble a sueldo. Incluso personas de su entorno, que arañan de sus ínfimas nóminas lo indecible para poder procurarse un sosias.

Si el doble es muy convincente puede hacer gozar a tu pareja bajo las sábanas sin que repare en el engaño. O peor aún, sabiendo perfectamente que es un engaño y paladeando la novedad, ¿quién no querría disfrutar de una réplica de su ser amado? Es una perversión exquisita, al alcance de unos pocos, y normalmente tiene lugar con gemelos idénticos, como ilustra la inquietante cinta de David Cronenberg Inseparables (1988), cuyo visionado les recomiendo con entusiasmo. Jeremy Irons duplicado. ¡Ahí es nada!

La segunda novela que escribió el gran Dostoyevski se titula precisamente El doble, y aborda la cuestión desde una óptica diferente. Un funcionario gris y oscuro de la Rusia de los zares se ve reemplazado paulatinamente por otro hombre con quien comparte idéntica fisonomía, el mismo nombre y las mismas habilidades. En realidad es la historia de una sustitución. Y aquí viene el chiste fácil, o no tanto. ¿Realmente había dos Toyevskis, que empujaron a nuestro escritor ruso favorito a sufrir esa paranoia? Alcohólico y ludópata, ¿por qué no habría de alimentar esa pesadilla de ser dos y no saberlo?

Pero puede suceder que el original envidie la vida del doble, y se produzca una inversión de intereses, el doble quedará relegado a las tareas familiares, a la vida contemplativa, mientras el original ocupará el papel del doble, con la impunidad moral que ello otorga. Este caso suele terminar en el diván del psicoanalista, pero conviene ser precavido, pues los psicoanalistas más reputados también suelen tener un doble.

No es preciso recurrir a la cirugía plástica. El estilismo, la actitud, la dicción, los pequeños detalles… Todo ello suele bastar para convencer al populacho de que el personaje famoso que conocen de la televisión está ante ellos, dispuesto a hacerse un selfi. O dos.

Por cierto, hace poco coincidí en un cóctel con un célebre actor y monologuista con quien todo el mundo quería hacerse selfis. Ante el evidente hastío y comprensible agotamiento de paciencia que se dibujaba en su rostro le dije:

Santi, deberías tener un doble que soportara el tedio de la fama, mientras tú estás en la playa o en la peluquería.

A lo que me respondió muy ufano:

¡Qué me vas a contar! El doble soy yo. Millán está en las Bahamas.

Para terminar, ya me dirán si les ha gustado este artículo, porque es el primero que le he encargado a mi doble.

 

Imagen de portada: Razvan Iosif / Shutterstock.com

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