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19 de marzo 2018    /   IDEAS
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Bacterias para dejar de ser la segunda industria más contaminante del mundo

19 de marzo 2018    /   IDEAS     por          
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«Todos los tintes son químicos, por eso la industria textil es la segunda más contaminante del mundo después de la del petróleo». Estas palabras pronunciadas por la arquitecta Anastasia Pistofidou, directora de la sección textil del Fab Lab Barcelona, sirven de trasfondo para explicar una de las grandes innovaciones de los últimos tiempos en el ámbito de la moda: teñir la ropa con bacterias.

Quizás parezca una marcianada, pero la línea investigativa emprendida por la red de laboratorios Textile & Clothing in Business Lab (de la que forma parte el Fab Lab Barcelona) ofrece una salida interesante al grave desastre de los vertidos tóxicos en los ríos. El problema resulta especialmente acuciante en algunos países asiáticos, sobre todo en aquellos en los que se concentra el grueso de la producción textil a nivel mundial.

De hecho, hay ríos en la India que bajan teñidos con el color de moda de la temporada en Occidente. Si las bacterias son la solución, ¿por qué no darles una oportunidad? «Al contrario de lo que ocurre con los químicos, el tinte producido por bacterias no contamina nada. Una vez que lo esteriliza y las mata, estas no pueden actuar ni reproducirse», explica Anastasia Pistofidou a Yorokobu.

Pero ¿cómo se tiñe la ropa con bacterias? «Básicamente has de encontrar un recipiente en el que inocular y hacer crecer la bacteria, poner el textil con la comida de la bacteria y esperar a que esta crezca sobre el tejido a la vez que lo va tiñendo. Se crea un diálogo entre el diseño y el microorganismo, una simbiosis con el medio que tú ofreces a la bacteria para que esta pueda desarrollar el diseño, porque en realidad las bacterias son aquí las auténticas diseñadoras», agrega la arquitecta griega.  

tinte bacterias -4

Más allá del mencionado vertido de químicos, la industria textil lleva décadas propiciando dinámicas de terrible calado medioambiental. Hace apenas unos meses, la influyente Fundación MacArthur denunció –a través de un informe– que el negocio de la moda está generando 1.200 millones de toneladas de emisiones de efecto invernadero cada año, más que todos los vuelos internacionales y los envíos de paquetería juntos.

La cifra iba acompañada de otros apuntes alarmantes que, una vez sumados, desembocaban en la misma conclusión: la industria completa precisa de un reseteo integral.

Porque ¿de qué sirve encontrar la solución a los vertidos si en paralelo aceleramos el cambio climático? ¿Qué haremos cuando ya no queden ríos en los que verter? En este sentido, el proyecto de las bacterias tiene menos de funcional que de utópico:

«La industria actual tiene como objetivo producir más cantidad con menos coste. Nosotros en el Fab Textiles enseñamos una manera novedosa de teñir, pero también aspiramos a cambiar la forma de pensar. El objetivo no debe ser hacer cosas inmediatas y baratas. Las bacterias, por ejemplo, tardan dos o tres días en crear el tinte, lo cual es muchísimo tiempo para la industria; pero piénsalo: ¿de verdad es tanto tiempo?».

«Para que esto funcione tiene que cambiar absolutamente todo», opina Pistofidou, que compartió su experiencia en una conferencia el pasado 15 de marzo en el ciclo Human Hardware celebrado en el Mazda Space en Barcelona.

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Foto parallax: Clara Davis, Carolin Vogler for Fabricademy BCN 2017 

Reforma o revolución, esa es la cuestión. A pesar de lo dicho, la arquitecta parece inclinarse más hacia la primera opción, o al menos eso es lo que se deduce de la cita que soporta su pensamiento. Esta pertenece a Richard Buckminster y dice así:

«Nunca cambiarás las cosas luchando contra la realidad existente. Para cambiar algo, construye un nuevo modelo que haga que el modelo actual sea obsoleto». Anastasia Pistofidou y el Fab Lab Barcelona funcionan bajo ese criterio, como también lo hacen muchas empresas pioneras en el panorama tecnológico.

Reformulan una idea para desplazar la anterior hasta arrinconarla y, finalmente, descatalogarla.

En este caso concreto, de triunfar su modelo de industria, dejaría obsoleto uno actual basado en la deslocalización, la mano de obra barata, el consumo urgente y el producto efímero. En resumen, aquello que responde a la etiqueta Fast Fashion.

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«La sociedad quiere convertirlo todo en consumible y no sé si tiene sentido ir contra esa tendencia, por eso tenemos un proyecto llamado Super Fast Fashion con el que fabricamos ropa a partir de bioplásticos. Las piezas que salen de este proyecto son utilizables durante el tiempo que tú quieras, pero luego las puedes volver a cocinar, sacar un diseño distinto y repetir el proceso tantas veces como te apetezca», afirmó en el evento.

Es el clásico do it yourself pasado por el tamiz de la tecnología; ahí estuvo el núcleo de la conferencia y el espíritu del trabajo que viene desarrollando su equipo en el Fab Lab Barcelona. Mitad diseño, mitad activismo.

La arquitecta griega aprovechó su disertación para abrir una puerta al futuro de la industria de la moda, que según parece pasa por controlar cada proceso en el ciclo de un producto. Primero, la creación de la materia prima (los bioplásticos) o la programación de la misma (bacterias).

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Final project of Carolin Vogler for Fabricademy BCN 2017

A continuación, el diseño realizado con herramientas digitales y descargable a partir de otros subidos en código abierto. Seguidamente, el prototipaje en cartón o bioplástico. Después, la manufactura convertida en impresiones 3D con diferentes texturas y para terminar, el reciclaje. Volver a empezar.

«A través de la democratización de materiales, tecnología y conocimientos queremos que la gente pase de ser consumidora a prosumidora, de modo que empiece a producir aquello que necesita. Antes la impresión 3D solo existía en el ámbito medicinal o militar, pero ahora cada uno puede tener su propia impresora en casa».

«Puede descargar los patrones e incluso escanear su cuerpo con una herramienta digital que saca un tallaje propio. No podemos seguir consumiendo al ritmo que lo hacemos, eso ya se acabó; ahora toca cambiar la mentalidad y avanzar en un futuro que será realidad de aquí a 10 años», cerró Pistofidou.

«Todos los tintes son químicos, por eso la industria textil es la segunda más contaminante del mundo después de la del petróleo». Estas palabras pronunciadas por la arquitecta Anastasia Pistofidou, directora de la sección textil del Fab Lab Barcelona, sirven de trasfondo para explicar una de las grandes innovaciones de los últimos tiempos en el ámbito de la moda: teñir la ropa con bacterias.

Quizás parezca una marcianada, pero la línea investigativa emprendida por la red de laboratorios Textile & Clothing in Business Lab (de la que forma parte el Fab Lab Barcelona) ofrece una salida interesante al grave desastre de los vertidos tóxicos en los ríos. El problema resulta especialmente acuciante en algunos países asiáticos, sobre todo en aquellos en los que se concentra el grueso de la producción textil a nivel mundial.

De hecho, hay ríos en la India que bajan teñidos con el color de moda de la temporada en Occidente. Si las bacterias son la solución, ¿por qué no darles una oportunidad? «Al contrario de lo que ocurre con los químicos, el tinte producido por bacterias no contamina nada. Una vez que lo esteriliza y las mata, estas no pueden actuar ni reproducirse», explica Anastasia Pistofidou a Yorokobu.

Pero ¿cómo se tiñe la ropa con bacterias? «Básicamente has de encontrar un recipiente en el que inocular y hacer crecer la bacteria, poner el textil con la comida de la bacteria y esperar a que esta crezca sobre el tejido a la vez que lo va tiñendo. Se crea un diálogo entre el diseño y el microorganismo, una simbiosis con el medio que tú ofreces a la bacteria para que esta pueda desarrollar el diseño, porque en realidad las bacterias son aquí las auténticas diseñadoras», agrega la arquitecta griega.  

tinte bacterias -4

Más allá del mencionado vertido de químicos, la industria textil lleva décadas propiciando dinámicas de terrible calado medioambiental. Hace apenas unos meses, la influyente Fundación MacArthur denunció –a través de un informe– que el negocio de la moda está generando 1.200 millones de toneladas de emisiones de efecto invernadero cada año, más que todos los vuelos internacionales y los envíos de paquetería juntos.

La cifra iba acompañada de otros apuntes alarmantes que, una vez sumados, desembocaban en la misma conclusión: la industria completa precisa de un reseteo integral.

Porque ¿de qué sirve encontrar la solución a los vertidos si en paralelo aceleramos el cambio climático? ¿Qué haremos cuando ya no queden ríos en los que verter? En este sentido, el proyecto de las bacterias tiene menos de funcional que de utópico:

«La industria actual tiene como objetivo producir más cantidad con menos coste. Nosotros en el Fab Textiles enseñamos una manera novedosa de teñir, pero también aspiramos a cambiar la forma de pensar. El objetivo no debe ser hacer cosas inmediatas y baratas. Las bacterias, por ejemplo, tardan dos o tres días en crear el tinte, lo cual es muchísimo tiempo para la industria; pero piénsalo: ¿de verdad es tanto tiempo?».

«Para que esto funcione tiene que cambiar absolutamente todo», opina Pistofidou, que compartió su experiencia en una conferencia el pasado 15 de marzo en el ciclo Human Hardware celebrado en el Mazda Space en Barcelona.

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Foto parallax: Clara Davis, Carolin Vogler for Fabricademy BCN 2017 

Reforma o revolución, esa es la cuestión. A pesar de lo dicho, la arquitecta parece inclinarse más hacia la primera opción, o al menos eso es lo que se deduce de la cita que soporta su pensamiento. Esta pertenece a Richard Buckminster y dice así:

«Nunca cambiarás las cosas luchando contra la realidad existente. Para cambiar algo, construye un nuevo modelo que haga que el modelo actual sea obsoleto». Anastasia Pistofidou y el Fab Lab Barcelona funcionan bajo ese criterio, como también lo hacen muchas empresas pioneras en el panorama tecnológico.

Reformulan una idea para desplazar la anterior hasta arrinconarla y, finalmente, descatalogarla.

En este caso concreto, de triunfar su modelo de industria, dejaría obsoleto uno actual basado en la deslocalización, la mano de obra barata, el consumo urgente y el producto efímero. En resumen, aquello que responde a la etiqueta Fast Fashion.

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«La sociedad quiere convertirlo todo en consumible y no sé si tiene sentido ir contra esa tendencia, por eso tenemos un proyecto llamado Super Fast Fashion con el que fabricamos ropa a partir de bioplásticos. Las piezas que salen de este proyecto son utilizables durante el tiempo que tú quieras, pero luego las puedes volver a cocinar, sacar un diseño distinto y repetir el proceso tantas veces como te apetezca», afirmó en el evento.

Es el clásico do it yourself pasado por el tamiz de la tecnología; ahí estuvo el núcleo de la conferencia y el espíritu del trabajo que viene desarrollando su equipo en el Fab Lab Barcelona. Mitad diseño, mitad activismo.

La arquitecta griega aprovechó su disertación para abrir una puerta al futuro de la industria de la moda, que según parece pasa por controlar cada proceso en el ciclo de un producto. Primero, la creación de la materia prima (los bioplásticos) o la programación de la misma (bacterias).

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Final project of Carolin Vogler for Fabricademy BCN 2017

A continuación, el diseño realizado con herramientas digitales y descargable a partir de otros subidos en código abierto. Seguidamente, el prototipaje en cartón o bioplástico. Después, la manufactura convertida en impresiones 3D con diferentes texturas y para terminar, el reciclaje. Volver a empezar.

«A través de la democratización de materiales, tecnología y conocimientos queremos que la gente pase de ser consumidora a prosumidora, de modo que empiece a producir aquello que necesita. Antes la impresión 3D solo existía en el ámbito medicinal o militar, pero ahora cada uno puede tener su propia impresora en casa».

«Puede descargar los patrones e incluso escanear su cuerpo con una herramienta digital que saca un tallaje propio. No podemos seguir consumiendo al ritmo que lo hacemos, eso ya se acabó; ahora toca cambiar la mentalidad y avanzar en un futuro que será realidad de aquí a 10 años», cerró Pistofidou.

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Opiniones 1
  • antiguamente se usaban vegertales para teñir la ropa
    ademas las bacterias son seres vivos y matar tantos trae mal karma
    Otra cosa que hace mal es usar demasiado agua para p-ej los vaqueros

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