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4 de diciembre 2018    /   IDEAS
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Las ventajas de ir a terapia de pareja antes de empezar la convivencia

4 de diciembre 2018    /   IDEAS     por          
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Cuidar la salud no es solo ir al médico cuando uno se encuentra mal, sino seguir unos hábitos saludables. Cada vez se tiene más en cuenta el concepto de prevención. Quizás por el influjo de la cultura de la empresa, cada vez es más habitual acudir a un chequeo médico solo para asegurar que todo está bien.

Esta filosofía todavía no se ha aplicado al sexo. Y debería. Las personas solo se preocupan de su vida sexual cuando surge un problema. A los gabinetes de sexología llegan parejas que no se han planteado realmente el dilema hasta que se han puesto a buscar un hijo.

La primera clave para llevar una vida sexual saludable no es solo ponerse un preservativo, sino también cuidar de la relación de pareja. Hay momentos de la relación en los que no viene mal hacer un chequeo, por prevenir. Por ejemplo, antes de mudarse a vivir juntos.

Como aporta Iris Martínez, psicóloga y terapeuta de pareja, «si se acude a terapia antes de que los estragos sean importantes, se conseguirá una relación más satisfactoria para ambos, con más recursos para afrontar posibles baches futuros».

Expectativas vs. realidad

La convivencia puede parecer, en principio, un paraíso para disfrutar más de la vida sexual: os veis más, tenéis dónde hacerlo… Pero, en realidad, es un momento de especial delicadeza en el terreno emocional y sexual. A veces, es más fácil que surja un encuentro sexual tras una cita que viendo la tele en el sofá, en pijama tras un duro día de trabajo.

Desde su experiencia, Iris Martínez lo confirma: «Parejas que llevan diez años de relación y terminan a los seis meses de convivencia son un claro ejemplo». Por eso, insiste en que es mejor acudir a terapia antes de que se acumulen los problemas: es una forma de prepararse para las discusiones en Ikea, una herramienta «para las nuevas situaciones a las que nos enfrentamos con nuestra pareja al vivir juntos».

En lo que respecta al sexo, señala que «se tiende a pensar que la sexualidad, cuando se convive, debería ser espontánea, con una regularidad determinada, etc». Unas expectativas que no siempre se cumplen en la vida real. «La terapia nos ayuda a poner el foco en la realidad de la situación, en reencontrarnos como pareja en otro escenario que requiere otros cuidados y puntos de atención que pueden ser diferentes a los que pensamos».

Hay otros temas claves que se pueden abordar en una terapia de pareja sin que exista inicialmente un problema. La experta incide en dos cuestiones cruciales que gran parte de las parejas deben trabajar: la comunicación y la negociación. «Se entiende la terapia como forma de arreglar lo que ya está roto, en lugar de como medio de cuidado y mantenimiento para evitar fisuras»

Aunque la pareja se conozca desde hace tiempo y crea que no habrá sorpresas, «cuando empieza la relación, llegamos con nuestros antiguos hábitos y tenemos que encontrar un punto en el que ambos estemos cómodos para evitar adquirir costumbres que a la larga quemen la mecha de la paciencia».  Y, de paso, apaguen la de la pasión.

¿Por qué tiene mala fama la terapia de pareja?

¿Por qué, pese a todas las ventajas, las personas siguen viendo la terapia de pareja como algo negativo, como si necesitar la ayuda de un tercero en discordia supusiera una derrota o algo parecido?

La experta señala que ir al psicólogo o al sexólogo sigue siendo la última opción. «Cuando se ha intentado todo para que la relación mejore y no se ha conseguido, es cuando se acude a profesionales». Desde su perspectiva, es obvio que «el factor económico tiene algo que ver», pero la cuestión de fondo es otra: «Aún pesa la idea de que ir a terapia es algo malo, y no hay nada malo en aceptar que no se tienen las herramientas para afrontar según qué situaciones».

Aunque parece que estos datos van cambiando, sobre todo en el caso de la gente joven, que ya tiene menos reparo en acudir a un psicólogo cuando lo necesita. Según datos de la consulta de la psicóloga Silvia Álava de 2016 publicados por la Agencia EFE, «ha bajado la media de edad, desde hace unos ocho años es habitual ver gente joven, de entre 20 y 35 años; suponen el 37 por ciento de las consultas». Una edad en la que, casualmente, suele ser habitual convivir con la primera pareja. Según esta misma fuente, «las terapias de pareja son la cuarta parte de todas las actuaciones».

Cuidar la salud no es solo ir al médico cuando uno se encuentra mal, sino seguir unos hábitos saludables. Cada vez se tiene más en cuenta el concepto de prevención. Quizás por el influjo de la cultura de la empresa, cada vez es más habitual acudir a un chequeo médico solo para asegurar que todo está bien.

Esta filosofía todavía no se ha aplicado al sexo. Y debería. Las personas solo se preocupan de su vida sexual cuando surge un problema. A los gabinetes de sexología llegan parejas que no se han planteado realmente el dilema hasta que se han puesto a buscar un hijo.

La primera clave para llevar una vida sexual saludable no es solo ponerse un preservativo, sino también cuidar de la relación de pareja. Hay momentos de la relación en los que no viene mal hacer un chequeo, por prevenir. Por ejemplo, antes de mudarse a vivir juntos.

Como aporta Iris Martínez, psicóloga y terapeuta de pareja, «si se acude a terapia antes de que los estragos sean importantes, se conseguirá una relación más satisfactoria para ambos, con más recursos para afrontar posibles baches futuros».

Expectativas vs. realidad

La convivencia puede parecer, en principio, un paraíso para disfrutar más de la vida sexual: os veis más, tenéis dónde hacerlo… Pero, en realidad, es un momento de especial delicadeza en el terreno emocional y sexual. A veces, es más fácil que surja un encuentro sexual tras una cita que viendo la tele en el sofá, en pijama tras un duro día de trabajo.

Desde su experiencia, Iris Martínez lo confirma: «Parejas que llevan diez años de relación y terminan a los seis meses de convivencia son un claro ejemplo». Por eso, insiste en que es mejor acudir a terapia antes de que se acumulen los problemas: es una forma de prepararse para las discusiones en Ikea, una herramienta «para las nuevas situaciones a las que nos enfrentamos con nuestra pareja al vivir juntos».

En lo que respecta al sexo, señala que «se tiende a pensar que la sexualidad, cuando se convive, debería ser espontánea, con una regularidad determinada, etc». Unas expectativas que no siempre se cumplen en la vida real. «La terapia nos ayuda a poner el foco en la realidad de la situación, en reencontrarnos como pareja en otro escenario que requiere otros cuidados y puntos de atención que pueden ser diferentes a los que pensamos».

Hay otros temas claves que se pueden abordar en una terapia de pareja sin que exista inicialmente un problema. La experta incide en dos cuestiones cruciales que gran parte de las parejas deben trabajar: la comunicación y la negociación. «Se entiende la terapia como forma de arreglar lo que ya está roto, en lugar de como medio de cuidado y mantenimiento para evitar fisuras»

Aunque la pareja se conozca desde hace tiempo y crea que no habrá sorpresas, «cuando empieza la relación, llegamos con nuestros antiguos hábitos y tenemos que encontrar un punto en el que ambos estemos cómodos para evitar adquirir costumbres que a la larga quemen la mecha de la paciencia».  Y, de paso, apaguen la de la pasión.

¿Por qué tiene mala fama la terapia de pareja?

¿Por qué, pese a todas las ventajas, las personas siguen viendo la terapia de pareja como algo negativo, como si necesitar la ayuda de un tercero en discordia supusiera una derrota o algo parecido?

La experta señala que ir al psicólogo o al sexólogo sigue siendo la última opción. «Cuando se ha intentado todo para que la relación mejore y no se ha conseguido, es cuando se acude a profesionales». Desde su perspectiva, es obvio que «el factor económico tiene algo que ver», pero la cuestión de fondo es otra: «Aún pesa la idea de que ir a terapia es algo malo, y no hay nada malo en aceptar que no se tienen las herramientas para afrontar según qué situaciones».

Aunque parece que estos datos van cambiando, sobre todo en el caso de la gente joven, que ya tiene menos reparo en acudir a un psicólogo cuando lo necesita. Según datos de la consulta de la psicóloga Silvia Álava de 2016 publicados por la Agencia EFE, «ha bajado la media de edad, desde hace unos ocho años es habitual ver gente joven, de entre 20 y 35 años; suponen el 37 por ciento de las consultas». Una edad en la que, casualmente, suele ser habitual convivir con la primera pareja. Según esta misma fuente, «las terapias de pareja son la cuarta parte de todas las actuaciones».

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