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30 de agosto 2017    /   BRANDED CONTENT
 

Personas que han encontrado tesoros en su propio hogar

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El ser humano vive con la pequeña e inconsciente ilusión de descubrir de repente algo inaudito en el mundo que considera conocido, convirtiendo así la cotidianidad en un terreno inexplorado en el que casi cualquier cosa puede pasar. En torno a esta idea, Kia ha creado su lema «Redescrubre tu propio mundo», convencido de que en los lugares cotidianos y entre las personas conocidas se pueden encontrar asombrosos tesoros si se busca bien.

Pero, metáforas aparte, la historia está salpicada de personas que encontraron fortunas inverosímiles en su propia casa. 

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El año pasado, un francés cuyo nombre no ha trascendido heredó una casa que estaba repleta de sorpresas escondidas por la dueña anterior. En concreto, unas 5.000 piezas de oro (monedas, barras y lingotes) distribuidas debajo de los muebles, en el baño o en otros recovecos de la vivienda: por ejemplo, en recipientes atornillados bajo una silla o en cajas de whisky. En total, unos 100 kilos de este metal precioso que, además, estaban acompañados de sus certificados legales de compra. El nuevo dueño, tras llevar a cabo la dorada gymkhana propuesta por la difunta, vendió el lote por 3,5 millones de euros. Aunque él no se quedó con todo ese dinero, ya que la ley de sucesiones (muy controvertida en España) establece en Francia que el Estado también perciba parte del botín.

Aún más reciente es el caso en el que, en una casa de Argentina, una puerta oculta tras una biblioteca daba acceso a una habitación secreta que contenía 75 piezas que pertenecieron a jerarcas del régimen nazi. Los objetos, todos ellos decorados con la esvástica, son muy variados: armas, juguetes, binoculares, vasijas, instrumentos musicales y «un macabro dispositivo médico para medir el tamaño de la cabeza».

En 2012, en Berlín, un albañil estaba cambiando el suelo de una cocina cuando encontró tres kilos de lingotes de oro, monedas y cubertería de plata valorados en 100.000 euros. Corrió a informar a la empresa que le había encargado la reforma y esta, a su vez, a los herederos del piso. Estos han pedido los datos del albañil para agradecerle su honradez, pero no ha trascendido si habrá o no recompensa.

Una persona que remodelaba la casa de sus abuelos en Tennessee en 2014 también se encontró una dorada sorpresa bajo una puerta escondida.

Más allá de este tipo de tesoros, hay quien ha hecho en sus viviendas hallazgos aún más espectaculares.

La impresionante ciudad subterránea de Derinkuyu, en Turquía, fue descubierta de forma accidental. Un hombre hacía reformas en su casa en 1963. Al derribar una pared para ampliar su sótano, se encontró con un túnel. Era una de las muchas entradas a la ciudad intraterrestre de Derinkuyu, que desde 1969 está abierta a visitas turísticas. Tiene 60 metros de profundidad distribuidos en cinco niveles (que pueden ser cerrados por separado) y 18 estancias. Incluye viviendas, bodegas, almacenes, una iglesia y una escuela. Fue diseñada para alojar a unas 20.000 personas, además de cabezas de ganado.

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derinkuyu_underground_city_9785_nevit_enhancer

Fotos: Wikimedia Commons

Se cree que se construyó durante los siglos octavo y séptimo antes de cristo, y que fue utilizada en distintos momentos de la historia como refugio en tiempos de guerra, escondite en el caso de persecuciones y almacenamiento en tiempos de paz.

En 2013, un joven inglés apartó los botes de pintura que se encontraban en una trampilla de su nuevo apartamento y descubrió una escalera que daba acceso a una serie de pasadizos y habitáculos. Resultó que la construcción subterránea pertenecía a un antiguo monasterio inglés del siglo XIX.

Otras personas han encontrado las más variadas sorpresas, desde cartas de amor de la Primera Guerra Mundial hasta un cómic original de Superman valorado en 175.000 dólares.

pexels-photo-325154

Si encuentro un tesoro, ¿me lo quedo?

En los artículos 351 y 352 del Código Civil se especifica que el tesoro oculto pertenece al dueño del terreno en el que se halla independientemente de quién lo encuentre, con la excepción de aquel que se encuentra por casualidad (es decir, sin buscarlo a propósito), ya que en este caso el descubridor se queda la mitad. Así que ya sabes, si encuentras un tesoro, asegúrate de que no se note que lo estabas buscando. Si son objetos interesantes para las ciencias o artes, el Estado podrá adquirirlos a su justo precio. Por ejemplo, unas monedas romanas de gran valor encontradas recientemente en Riotinto (Huelva) serán, tras su restauración, expuestas al público.

Todo esto siempre que no conste la legítima pertenencia del tesoro, porque esa falta de dueño, sumada a su situación «oculta e ignorada» y a su naturaleza valiosa (dinero, alhajas…) es lo que lo convierte en tesoro. Si alguien hace un hallazgo que no sea tesoro (por ejemplo, muebles u otros objetos) está obligado a restituirlo a su poseedor, según el artículo 615 del Código Civil. Si no consta, debe declararlo al alcalde de la ciudad, que lo publicará dos veces por las vías acostumbradas. Si el dueño no se presenta, pasa a manos de quien lo ha encontrado. Si lo hace, está obligado por ley a abonar un «premio» a la persona que lo encontró. Su cuantía puede ascender al 10 o el 20% del valor total de lo hallado.

Una excepción a esto son los objetos arrojados al mar o que este arrastra a las costas, que se rigen por leyes especiales.

Así que ya sabes. Mantén los ojos abiertos, porque no serías el primero que encuentra algo increíble en un sitio por el que pasa todos los días.

Este contenido está presentado por el Nuevo KIA Picanto, que ayudará a quien lo conduzca a redescubrir su propio mundo, si no mediante el hallazgo de tesoros, sí acompañándole a verlo con otros ojos. Más información sobre sus prestaciones en www.kia.com.

cochealargada

Foto de portada y parallax: Pexels

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Pero, metáforas aparte, la historia está salpicada de personas que encontraron fortunas inverosímiles en su propia casa. 

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El año pasado, un francés cuyo nombre no ha trascendido heredó una casa que estaba repleta de sorpresas escondidas por la dueña anterior. En concreto, unas 5.000 piezas de oro (monedas, barras y lingotes) distribuidas debajo de los muebles, en el baño o en otros recovecos de la vivienda: por ejemplo, en recipientes atornillados bajo una silla o en cajas de whisky. En total, unos 100 kilos de este metal precioso que, además, estaban acompañados de sus certificados legales de compra. El nuevo dueño, tras llevar a cabo la dorada gymkhana propuesta por la difunta, vendió el lote por 3,5 millones de euros. Aunque él no se quedó con todo ese dinero, ya que la ley de sucesiones (muy controvertida en España) establece en Francia que el Estado también perciba parte del botín.

Aún más reciente es el caso en el que, en una casa de Argentina, una puerta oculta tras una biblioteca daba acceso a una habitación secreta que contenía 75 piezas que pertenecieron a jerarcas del régimen nazi. Los objetos, todos ellos decorados con la esvástica, son muy variados: armas, juguetes, binoculares, vasijas, instrumentos musicales y «un macabro dispositivo médico para medir el tamaño de la cabeza».

En 2012, en Berlín, un albañil estaba cambiando el suelo de una cocina cuando encontró tres kilos de lingotes de oro, monedas y cubertería de plata valorados en 100.000 euros. Corrió a informar a la empresa que le había encargado la reforma y esta, a su vez, a los herederos del piso. Estos han pedido los datos del albañil para agradecerle su honradez, pero no ha trascendido si habrá o no recompensa.

Una persona que remodelaba la casa de sus abuelos en Tennessee en 2014 también se encontró una dorada sorpresa bajo una puerta escondida.

Más allá de este tipo de tesoros, hay quien ha hecho en sus viviendas hallazgos aún más espectaculares.

La impresionante ciudad subterránea de Derinkuyu, en Turquía, fue descubierta de forma accidental. Un hombre hacía reformas en su casa en 1963. Al derribar una pared para ampliar su sótano, se encontró con un túnel. Era una de las muchas entradas a la ciudad intraterrestre de Derinkuyu, que desde 1969 está abierta a visitas turísticas. Tiene 60 metros de profundidad distribuidos en cinco niveles (que pueden ser cerrados por separado) y 18 estancias. Incluye viviendas, bodegas, almacenes, una iglesia y una escuela. Fue diseñada para alojar a unas 20.000 personas, además de cabezas de ganado.

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Fotos: Wikimedia Commons

Se cree que se construyó durante los siglos octavo y séptimo antes de cristo, y que fue utilizada en distintos momentos de la historia como refugio en tiempos de guerra, escondite en el caso de persecuciones y almacenamiento en tiempos de paz.

En 2013, un joven inglés apartó los botes de pintura que se encontraban en una trampilla de su nuevo apartamento y descubrió una escalera que daba acceso a una serie de pasadizos y habitáculos. Resultó que la construcción subterránea pertenecía a un antiguo monasterio inglés del siglo XIX.

Otras personas han encontrado las más variadas sorpresas, desde cartas de amor de la Primera Guerra Mundial hasta un cómic original de Superman valorado en 175.000 dólares.

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Si encuentro un tesoro, ¿me lo quedo?

En los artículos 351 y 352 del Código Civil se especifica que el tesoro oculto pertenece al dueño del terreno en el que se halla independientemente de quién lo encuentre, con la excepción de aquel que se encuentra por casualidad (es decir, sin buscarlo a propósito), ya que en este caso el descubridor se queda la mitad. Así que ya sabes, si encuentras un tesoro, asegúrate de que no se note que lo estabas buscando. Si son objetos interesantes para las ciencias o artes, el Estado podrá adquirirlos a su justo precio. Por ejemplo, unas monedas romanas de gran valor encontradas recientemente en Riotinto (Huelva) serán, tras su restauración, expuestas al público.

Todo esto siempre que no conste la legítima pertenencia del tesoro, porque esa falta de dueño, sumada a su situación «oculta e ignorada» y a su naturaleza valiosa (dinero, alhajas…) es lo que lo convierte en tesoro. Si alguien hace un hallazgo que no sea tesoro (por ejemplo, muebles u otros objetos) está obligado a restituirlo a su poseedor, según el artículo 615 del Código Civil. Si no consta, debe declararlo al alcalde de la ciudad, que lo publicará dos veces por las vías acostumbradas. Si el dueño no se presenta, pasa a manos de quien lo ha encontrado. Si lo hace, está obligado por ley a abonar un «premio» a la persona que lo encontró. Su cuantía puede ascender al 10 o el 20% del valor total de lo hallado.

Una excepción a esto son los objetos arrojados al mar o que este arrastra a las costas, que se rigen por leyes especiales.

Así que ya sabes. Mantén los ojos abiertos, porque no serías el primero que encuentra algo increíble en un sitio por el que pasa todos los días.

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Opiniones 2
  • El autor escribe: «asegúrate de que no se note que lo estabas buscando»… ¿en serio lo piensan e incitan al robo descarado?… y luego se preguntan porqué hay tanta corrupción en españa…
    Como dice un amigo mío, ojalá los puritanos ingleses nos hubieran conquistado…

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