21 de noviembre 2011    /   ENTRETENIMIENTO
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Tesoros escondidos en Google Street View

21 de noviembre 2011    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Entre los millones de retazos que componen la cotidianidad de las personas, los ecosistemas donde desarrollan sus vidas, siempre hay pequeñas gotas de extrema belleza que, en ocasiones, pasan desapercibidas debido a la fuerza de la costumbre. El ‘siempre han estado ahí’ es enemigo de tomarse un segundo para mandar a paseo la rutina. A veces, basta con que llegue un extraño para poner un luminosos foco en una postal que había estado siempre presente pero camuflada.

Así ocurría hasta que el fotógrafo Aaron Hobson tuvo a bien peinar la ciudad de Los Ángeles para buscar localizaciones para un trabajo. “Me pidieron que dirigiese un pequeño trabajo autobiográfico que se rodaría en 2012. Como no conozco muy bien la ciudad, comencé a utilizar google Earth para encontrar escenarios”, explica el artista.

Hobson pasó incontables horas dedicado a la tarea y quedó alucinado con la cantidad de espacio que han fotografiado los coches de Google. “Cuando terminé de encontrar las localizaciones, comencé a explorar el globo por mi cuenta, sólo para divertirme”. Hobson ya estaba dando la vuelta al mundo.

Comenzó en un pequeño rincón de Noruega y se dispuso a recorrer millones de kilómetros, millones de fotografías en una inmersión que le hizo ‘perderse’ por el mundo. “Ya vivo en un lugar remoto [es originario de Adirondack Mountains, en la frontera entre el estado de Nueva York y Quebec]. Quería encontrar otros lugares similares al que yo habitaba”, explica. Como la mayoría de las vistas a pie de calle de Estados unidos son de una calidad que dejaba bastante que desear, se marchó a ‘patear’ España, Francia e Italia entre otros lugares.

Así a base de horas y fotos, consiguió reunir “una docena de localizaciones que se ajustaban a mi exigencia estética y narrativa”, dice. “Yo estaba acostumbrado a trabajos que se centran en el aislamiento emocional y la belleza remota. Decidí mirar hacia fuera”, cuenta Hobson. “Si fuera rico y no tuviese familia y un trabajo a jornada completa me dedicaría a viajar a estos lugares y hacer mis propias fotos. Pero este trabajo va más de mostrar la alucinante tecnología de Google Street View, que permite a cualquiera con un ordenador y conexión a Internet explorar el mundo”.

Google Street View ha sido fuente de creatividad desde su nacimiento. Se han hecho vídeos musicales utilizando su tecnología (como este y este), ha planteado una nueva forma de explotación publicitaria, o ha abierto un debate acerca de la privacidad de los ciudadanos en las calles que, incluso, ha tenido respuestas artísticas (ver página 22 del número 4 de Yorokobu).

Para Hobson, la propuesta tiene más ventajas que inconvenientes derivados del ansia de privacidad. “No puedo entender cómo a la gente le preocupa que fotografíen la fachada de su casa. Intento compartir lugares bellos y esplendorosos, lugares aislados donde la vida es difícil y menos avanzada. Eso es lo mejor. No van sólo a las ciudades, van a todos sitios”, resalta el fotógrafo estadounidense.

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Entre los millones de retazos que componen la cotidianidad de las personas, los ecosistemas donde desarrollan sus vidas, siempre hay pequeñas gotas de extrema belleza que, en ocasiones, pasan desapercibidas debido a la fuerza de la costumbre. El ‘siempre han estado ahí’ es enemigo de tomarse un segundo para mandar a paseo la rutina. A veces, basta con que llegue un extraño para poner un luminosos foco en una postal que había estado siempre presente pero camuflada.

Así ocurría hasta que el fotógrafo Aaron Hobson tuvo a bien peinar la ciudad de Los Ángeles para buscar localizaciones para un trabajo. “Me pidieron que dirigiese un pequeño trabajo autobiográfico que se rodaría en 2012. Como no conozco muy bien la ciudad, comencé a utilizar google Earth para encontrar escenarios”, explica el artista.

Hobson pasó incontables horas dedicado a la tarea y quedó alucinado con la cantidad de espacio que han fotografiado los coches de Google. “Cuando terminé de encontrar las localizaciones, comencé a explorar el globo por mi cuenta, sólo para divertirme”. Hobson ya estaba dando la vuelta al mundo.

Comenzó en un pequeño rincón de Noruega y se dispuso a recorrer millones de kilómetros, millones de fotografías en una inmersión que le hizo ‘perderse’ por el mundo. “Ya vivo en un lugar remoto [es originario de Adirondack Mountains, en la frontera entre el estado de Nueva York y Quebec]. Quería encontrar otros lugares similares al que yo habitaba”, explica. Como la mayoría de las vistas a pie de calle de Estados unidos son de una calidad que dejaba bastante que desear, se marchó a ‘patear’ España, Francia e Italia entre otros lugares.

Así a base de horas y fotos, consiguió reunir “una docena de localizaciones que se ajustaban a mi exigencia estética y narrativa”, dice. “Yo estaba acostumbrado a trabajos que se centran en el aislamiento emocional y la belleza remota. Decidí mirar hacia fuera”, cuenta Hobson. “Si fuera rico y no tuviese familia y un trabajo a jornada completa me dedicaría a viajar a estos lugares y hacer mis propias fotos. Pero este trabajo va más de mostrar la alucinante tecnología de Google Street View, que permite a cualquiera con un ordenador y conexión a Internet explorar el mundo”.

Google Street View ha sido fuente de creatividad desde su nacimiento. Se han hecho vídeos musicales utilizando su tecnología (como este y este), ha planteado una nueva forma de explotación publicitaria, o ha abierto un debate acerca de la privacidad de los ciudadanos en las calles que, incluso, ha tenido respuestas artísticas (ver página 22 del número 4 de Yorokobu).

Para Hobson, la propuesta tiene más ventajas que inconvenientes derivados del ansia de privacidad. “No puedo entender cómo a la gente le preocupa que fotografíen la fachada de su casa. Intento compartir lugares bellos y esplendorosos, lugares aislados donde la vida es difícil y menos avanzada. Eso es lo mejor. No van sólo a las ciudades, van a todos sitios”, resalta el fotógrafo estadounidense.

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