23 de octubre 2021    /   CREATIVIDAD
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Tetabú, mucho humor para que el mensaje no te haga pupita

23 de octubre 2021    /   CREATIVIDAD     por          
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Sara Batuecas es el nombre real tras el seudónimo de Tebabú, un apelativo que hace alusión al tabú de la teta. Esta joven madrileña de 29 años dice de sí misma que se cayó en una marmita de creatividad cuando era pequeña, y desde entonces sigue soñando con vivir del arte algún día.

No fue la ilustración el primer palo artístico al que se acercó Tetabú, sino la performance «y la crítica social». Tal vez, porque estudió arte dramático. Después, se acercó a la fotografía de manera autodidacta. «Lo que más me interesa retratar es el desnudo artístico femenino mostrándolo desde una perspectiva más natural, sin tabúes y sin estar hipersexualizado». Y como lo de subir desnudos a las redes sociales se hizo muy difícil por la censura que sufren este tipo de imágenes, empezó a dibujar. «Por un lado, para no sentir la censura a mis espaldas y por otro, para poder abarcar más temas que necesito sacar».

Tetabú

Y ahí está el quid de la cuestión. Una de las razones por las que Batuecas dibuja es porque el arte le sirve de terapia. De risoterapia, como puntualiza en la bio de su perfil de Instagram. «Si no, me ahogaría; el arte me permite sacar temas que, sin él, no sabría cómo hacerlo. Siento que debe tener un mensaje detrás, no puede ser únicamente estético. Por otro lado, viendo el vaso medio vacío, el arte es un pozo de precariedad económica ya que sigue sin tener el valor que se merece en la sociedad».

Las viñetas de la madrileña podrían considerarse una especie de diario. «Puedo hablar sobre anécdotas cotidianas, pensamientos que se me ocurren y situaciones sociales en las que necesito posicionarme». Uno de esos intereses sociales es el feminismo, pero abarcando muchas ramas: la liberación del cuerpo, el amor propio, la inclusividad, la sexualidad… Pero asegura que sus ilustraciones no se constriñen a un único tema y que va por épocas. Eso sí, teniendo como inspiración clara «alzar la voz sobre temas que son más tabúes desde un lenguaje más pícaro, a la par que sensibilizar a las personas».

«Intento dibujar casi todos los días algo», explica sobre su proceso de trabajo. «Si estoy en una etapa en la que me cuesta más ponerme a dibujar, me fuerzo; y ya, una vez que me pongo, lo demás sale solo. Que la inspiración te pille trabajando dicen…». Apunta en un bloc de notas las ideas que se le van ocurriendo y recurre a él cuando no sabe qué dibujar.

Tetabú, afirma, es una especie de alter ego que ilustra lo que le gustaría expresar sin un papel de por medio. «El punto sarcástico y de humor me sale solo. No pienso en si gusta más así o no. Pero sé que necesito que esté. Me oxigena y me permite disfrutar mucho más el proceso. Me ayuda a tratar temas más fuertes transformándolos». Y ese tratamiento humorístico y pelín sarcástico a veces consigue involucrar a todo tipo de público, hombres incluidos. Ya se sabe, el mensaje, por duro que parezca, con humor entra. «Pensándolo bien, sí que puede que la gente no se sienta tan atacada. Al igual que yo necesito ese toque de humor para no revolcarme en la crudeza, habrá muchas personas que necesiten lo mismo».

Quizá por eso recurre a los personajes de Los Simpson en ocasiones. Estos dibujos, cuenta, la han acompañado desde la infancia. «Abarcan tantos temas que alguna idea que me viene a la cabeza me es más sencilla plasmarla dibujándoles».

Y concluye: «El humor está mucho más presente en el día a día de lo que creemos. Solo hay que saber apreciarlo».

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Sara Batuecas es el nombre real tras el seudónimo de Tebabú, un apelativo que hace alusión al tabú de la teta. Esta joven madrileña de 29 años dice de sí misma que se cayó en una marmita de creatividad cuando era pequeña, y desde entonces sigue soñando con vivir del arte algún día.

No fue la ilustración el primer palo artístico al que se acercó Tetabú, sino la performance «y la crítica social». Tal vez, porque estudió arte dramático. Después, se acercó a la fotografía de manera autodidacta. «Lo que más me interesa retratar es el desnudo artístico femenino mostrándolo desde una perspectiva más natural, sin tabúes y sin estar hipersexualizado». Y como lo de subir desnudos a las redes sociales se hizo muy difícil por la censura que sufren este tipo de imágenes, empezó a dibujar. «Por un lado, para no sentir la censura a mis espaldas y por otro, para poder abarcar más temas que necesito sacar».

Tetabú

Y ahí está el quid de la cuestión. Una de las razones por las que Batuecas dibuja es porque el arte le sirve de terapia. De risoterapia, como puntualiza en la bio de su perfil de Instagram. «Si no, me ahogaría; el arte me permite sacar temas que, sin él, no sabría cómo hacerlo. Siento que debe tener un mensaje detrás, no puede ser únicamente estético. Por otro lado, viendo el vaso medio vacío, el arte es un pozo de precariedad económica ya que sigue sin tener el valor que se merece en la sociedad».

Las viñetas de la madrileña podrían considerarse una especie de diario. «Puedo hablar sobre anécdotas cotidianas, pensamientos que se me ocurren y situaciones sociales en las que necesito posicionarme». Uno de esos intereses sociales es el feminismo, pero abarcando muchas ramas: la liberación del cuerpo, el amor propio, la inclusividad, la sexualidad… Pero asegura que sus ilustraciones no se constriñen a un único tema y que va por épocas. Eso sí, teniendo como inspiración clara «alzar la voz sobre temas que son más tabúes desde un lenguaje más pícaro, a la par que sensibilizar a las personas».

«Intento dibujar casi todos los días algo», explica sobre su proceso de trabajo. «Si estoy en una etapa en la que me cuesta más ponerme a dibujar, me fuerzo; y ya, una vez que me pongo, lo demás sale solo. Que la inspiración te pille trabajando dicen…». Apunta en un bloc de notas las ideas que se le van ocurriendo y recurre a él cuando no sabe qué dibujar.

Tetabú, afirma, es una especie de alter ego que ilustra lo que le gustaría expresar sin un papel de por medio. «El punto sarcástico y de humor me sale solo. No pienso en si gusta más así o no. Pero sé que necesito que esté. Me oxigena y me permite disfrutar mucho más el proceso. Me ayuda a tratar temas más fuertes transformándolos». Y ese tratamiento humorístico y pelín sarcástico a veces consigue involucrar a todo tipo de público, hombres incluidos. Ya se sabe, el mensaje, por duro que parezca, con humor entra. «Pensándolo bien, sí que puede que la gente no se sienta tan atacada. Al igual que yo necesito ese toque de humor para no revolcarme en la crudeza, habrá muchas personas que necesiten lo mismo».

Quizá por eso recurre a los personajes de Los Simpson en ocasiones. Estos dibujos, cuenta, la han acompañado desde la infancia. «Abarcan tantos temas que alguna idea que me viene a la cabeza me es más sencilla plasmarla dibujándoles».

Y concluye: «El humor está mucho más presente en el día a día de lo que creemos. Solo hay que saber apreciarlo».

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