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18 de noviembre 2014    /   CINE/TV
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'The affair': la lengua miente, las manos, no

18 de noviembre 2014    /   CINE/TV     por          
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The affair es la historia de un hombre y de una mujer que se dan la mano. Con esta acción sencilla comienzan a ser amantes aunque no lo saben.
(Contiene spoilers del piloto de The Affair).
El hombre es Noah; la mujer, Alison. No se conocen en una página web para buscadores de aventuras fuera de la pareja. Se ven por primera vez en una cafetería de pueblo, en los Hamptons. (No es raro: en España, en los pueblos de la costa, el bar de dominó y pan con pringá está a un paseo de las casas de verano estilo Baviera).
Alison es camarera; Noah, un cliente que entra con su mujer y sus cuatro hijos. Alison y Noah cuentan la historia a un detective de la policía. Qué ocurrió y cómo son cuestiones que no importan en este punto de la historia: aquí interesa cómo nace la pasión entre dos extraños. Cada uno cuenta la historia como la recuerda (es pronto para establecer qué mentiras hay a posta).
Noah recuerda a Alison con el cabello suelto, el perfil de unos pechos generosos, las piernas desnudas, la sonrisa aniñada… Recuerda o imagina en el hombro la mano de ella al pasar (quizá un roce casual al que da una importancia que no tiene —Alison no lo «menciona»).
Alison se pinta a sí misma con un recogido de pelo profesional. Cree recordar el porte seguro de Noah, sosteniendo en brazos con cariño a la hija más pequeña, recortado por el sol; los ojos cálidos y la sonrisa cansada y acogedora.
Hay pequeñas contradicciones entre los relatos de Noah y Alison: cambian las ropas, las actitudes de los niños y la esposa de Noah, los diálogos y hasta los pedidos a la cocina. Noah cuenta que su pequeña se atraganta y él consigue que expulse una canica. Alison relata cómo ella salvó a la pequeña. Después de este incidente, Noah busca a Alison en los baños para agradecerle su intervención (según Alison). Noah busca a uno de sus hijos (según Noah). Uno o ambos mienten. Después, hay un punto de coincidencia absoluta entre los relatos: Noah se presenta y alarga la mano a Alison. Ella la toma. Entre la historia de Noah y Alison hay un matiz: Noah recuerda su mano envuelta por las dos manitas de Alison. Lo único cierto es que ambos estrechan las manos. En este momento, se convierten en amantes, aunque no lo saben.
Soy Noah - por Noah
Soy Noah - `por Alison
Una mano dice lo que la lengua calla por torpeza, por miedo, por prudencia o para no molestar o no hacer daño. La mano es delatora a pesar del dueño: tiembla, suda, se quiere cerrar en la mano ajena, acoge aún estando fría… (Los brazos cruzados aprisionan las manos para que no se expresen).
Las manos de Noah y Alison revelan el deseo y el reconocimiento del otro. La mano de Noah provoca que la derrotada y triste Alison se sienta confortada. La mano de Alison provoca que Noah se sienta reconocido como hombre. No es raro que ambos futuros amantes coincidan en este punto: entre los recuerdos confusos, las manos y lo que tocan son lo único real. Toco, luego existo.
Joseph Conrad y Nabokov hicieron referencia al tacto para no perderse en el caos.
Humbert Humbert, el personaje narrador de Lolita de Nabokov, escribe desde la cárcel. El relato está lleno de las impresiones propias de un loco egocéntrico condenado a muerte. Curiosamente, entre Humbert Humbert y Noah hay una similitud. Así habla Humbert de sí mismo: «mi intensa virilidad», «mi aire viril, «la magia de mi virilidad»… hasta una veintena de referencias a la hombría. Por su parte, Noah relata al detective cómo es abordado en una piscina pública por una mujer joven y atractiva; una mujer a la que no presta atención. (Aunque quizá esto refleja un defecto que se nos achaca a los hombres: se dice que nos gusta jugar al parchís, que nos comemos una y contamos veinte). Volviendo a la idea del tacto atrapando la realidad, Humbert Humbert escribe:

Es extraño que el sentido del tacto, tan infinitamente menos precioso para los hombres que la vista, se convierta en los momentos críticos en nuestro principal —si no único— asidero con la realidad.

Por esto destacan las manos entre todas las referencias que hace Humbert Humbert sobre su pasado con las mujeres: las manos en la prostituta adolescente, en la grotesca esposa polaca, sobre Lolita y sobre la madre de Lolita («evocar a la hija mientras acariciaba a la madre. Ése era el blanco vientre dentro del cual mi nínfula había sido un pececillo curvado en 1934»). Quizá las únicas verdades de Humbert están en sus manos.
Marlow, el buscador del extraño Kurtz en El corazón de las tinieblas, de Conrad, recuerda que en medio de la selva y la locura ajena encontró un viejo libro de náutica:

Acaricié aquella impresionante antigualla con la mayor ternura posible, temeroso de que fuera a disolverse en mis manos. (…) me hizo olvidar la selva y los peregrinos, en una deliciosa sensación de haber encontrado algo inconfundiblemente real.

Que Conrad y Nabokov hagan referencias al tacto como agarre a la realidad no debe extrañarnos. Conrad es polaco y Nabokov, ruso. Ambos se vieron obligados a abandonar sus países y a escribir en inglés. Es fácil imaginar a ambos escritores perdidos en sus primeros meses, defendiéndose en una lengua extraña entre extraños. Es posible que en tales circunstancias, el tacto se convierta en el medio de comunicación más importante. Un apretón de manos revela quién puede ser amigo o quién se acerca con malas intenciones. (Tampoco es raro que Lolita y El corazón de las tinieblas estén escritos en primera persona, como ambos relatos de The Affair: se busca la condescendencia del lector con las imprecisiones del narrador).
La historia de Noah y Alison también es una historia de confusión, de confusiones cruzadas. La verdad no está en lo que cuentan los protagonistas, sino lo que sienten desde el primer momento en el que se tocan.
Olvidé el nombre de aquella niña que me obligó a bailar con ella en la boda de mis tíos de Madrid. Fue hace treinta años. Recuerdo mi mano en su espalda y su mano en mi hombro. La memoria de las manos.

The affair es la historia de un hombre y de una mujer que se dan la mano. Con esta acción sencilla comienzan a ser amantes aunque no lo saben.
(Contiene spoilers del piloto de The Affair).
El hombre es Noah; la mujer, Alison. No se conocen en una página web para buscadores de aventuras fuera de la pareja. Se ven por primera vez en una cafetería de pueblo, en los Hamptons. (No es raro: en España, en los pueblos de la costa, el bar de dominó y pan con pringá está a un paseo de las casas de verano estilo Baviera).
Alison es camarera; Noah, un cliente que entra con su mujer y sus cuatro hijos. Alison y Noah cuentan la historia a un detective de la policía. Qué ocurrió y cómo son cuestiones que no importan en este punto de la historia: aquí interesa cómo nace la pasión entre dos extraños. Cada uno cuenta la historia como la recuerda (es pronto para establecer qué mentiras hay a posta).
Noah recuerda a Alison con el cabello suelto, el perfil de unos pechos generosos, las piernas desnudas, la sonrisa aniñada… Recuerda o imagina en el hombro la mano de ella al pasar (quizá un roce casual al que da una importancia que no tiene —Alison no lo «menciona»).
Alison se pinta a sí misma con un recogido de pelo profesional. Cree recordar el porte seguro de Noah, sosteniendo en brazos con cariño a la hija más pequeña, recortado por el sol; los ojos cálidos y la sonrisa cansada y acogedora.
Hay pequeñas contradicciones entre los relatos de Noah y Alison: cambian las ropas, las actitudes de los niños y la esposa de Noah, los diálogos y hasta los pedidos a la cocina. Noah cuenta que su pequeña se atraganta y él consigue que expulse una canica. Alison relata cómo ella salvó a la pequeña. Después de este incidente, Noah busca a Alison en los baños para agradecerle su intervención (según Alison). Noah busca a uno de sus hijos (según Noah). Uno o ambos mienten. Después, hay un punto de coincidencia absoluta entre los relatos: Noah se presenta y alarga la mano a Alison. Ella la toma. Entre la historia de Noah y Alison hay un matiz: Noah recuerda su mano envuelta por las dos manitas de Alison. Lo único cierto es que ambos estrechan las manos. En este momento, se convierten en amantes, aunque no lo saben.
Soy Noah - por Noah
Soy Noah - `por Alison
Una mano dice lo que la lengua calla por torpeza, por miedo, por prudencia o para no molestar o no hacer daño. La mano es delatora a pesar del dueño: tiembla, suda, se quiere cerrar en la mano ajena, acoge aún estando fría… (Los brazos cruzados aprisionan las manos para que no se expresen).
Las manos de Noah y Alison revelan el deseo y el reconocimiento del otro. La mano de Noah provoca que la derrotada y triste Alison se sienta confortada. La mano de Alison provoca que Noah se sienta reconocido como hombre. No es raro que ambos futuros amantes coincidan en este punto: entre los recuerdos confusos, las manos y lo que tocan son lo único real. Toco, luego existo.
Joseph Conrad y Nabokov hicieron referencia al tacto para no perderse en el caos.
Humbert Humbert, el personaje narrador de Lolita de Nabokov, escribe desde la cárcel. El relato está lleno de las impresiones propias de un loco egocéntrico condenado a muerte. Curiosamente, entre Humbert Humbert y Noah hay una similitud. Así habla Humbert de sí mismo: «mi intensa virilidad», «mi aire viril, «la magia de mi virilidad»… hasta una veintena de referencias a la hombría. Por su parte, Noah relata al detective cómo es abordado en una piscina pública por una mujer joven y atractiva; una mujer a la que no presta atención. (Aunque quizá esto refleja un defecto que se nos achaca a los hombres: se dice que nos gusta jugar al parchís, que nos comemos una y contamos veinte). Volviendo a la idea del tacto atrapando la realidad, Humbert Humbert escribe:

Es extraño que el sentido del tacto, tan infinitamente menos precioso para los hombres que la vista, se convierta en los momentos críticos en nuestro principal —si no único— asidero con la realidad.

Por esto destacan las manos entre todas las referencias que hace Humbert Humbert sobre su pasado con las mujeres: las manos en la prostituta adolescente, en la grotesca esposa polaca, sobre Lolita y sobre la madre de Lolita («evocar a la hija mientras acariciaba a la madre. Ése era el blanco vientre dentro del cual mi nínfula había sido un pececillo curvado en 1934»). Quizá las únicas verdades de Humbert están en sus manos.
Marlow, el buscador del extraño Kurtz en El corazón de las tinieblas, de Conrad, recuerda que en medio de la selva y la locura ajena encontró un viejo libro de náutica:

Acaricié aquella impresionante antigualla con la mayor ternura posible, temeroso de que fuera a disolverse en mis manos. (…) me hizo olvidar la selva y los peregrinos, en una deliciosa sensación de haber encontrado algo inconfundiblemente real.

Que Conrad y Nabokov hagan referencias al tacto como agarre a la realidad no debe extrañarnos. Conrad es polaco y Nabokov, ruso. Ambos se vieron obligados a abandonar sus países y a escribir en inglés. Es fácil imaginar a ambos escritores perdidos en sus primeros meses, defendiéndose en una lengua extraña entre extraños. Es posible que en tales circunstancias, el tacto se convierta en el medio de comunicación más importante. Un apretón de manos revela quién puede ser amigo o quién se acerca con malas intenciones. (Tampoco es raro que Lolita y El corazón de las tinieblas estén escritos en primera persona, como ambos relatos de The Affair: se busca la condescendencia del lector con las imprecisiones del narrador).
La historia de Noah y Alison también es una historia de confusión, de confusiones cruzadas. La verdad no está en lo que cuentan los protagonistas, sino lo que sienten desde el primer momento en el que se tocan.
Olvidé el nombre de aquella niña que me obligó a bailar con ella en la boda de mis tíos de Madrid. Fue hace treinta años. Recuerdo mi mano en su espalda y su mano en mi hombro. La memoria de las manos.

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Opiniones 11
  • No he leido el post porque quiero ver esta serie y luego volveré a opinar…pero aprovecho que paso por aquí para preguntarte si has visto Bron, la serie danesa/sueca policiaca. Y si la has visto, ¿has hecho post? Y si no la has visto ¿a qué estás esperando?
    Y señores de Yorokobu… yo cuento cosas bonitas pero como leches me entero de las siguientes cosas bonitas que se dicen si no hay seguimiento de comentarios????

  • Hola Javier, ya he visto The affair y me ha gustado mucho, creo que va mejorando cuando se termina el verano y se introducen el resto de las tramas.
    Son amantes desde el momento en que se dan la mano y lo saben con una certeza absoluta que hace que aunque se separen, nunca lo hagan lo suficiente como para romper el hilo que les une.
    Y el final es un pedazo de gancho para la segunda.

    • Estoy de acuerdo, Ana. Quizá ella lo idealiza como hombre (y como un buen padre) en cuanto lo ve por primera vez (mucho antes de que hable). Pero como dices: «Son amantes desde el momento en que se dan la mano y lo saben con una certeza absoluta». Sin esas manos no hay historia.

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