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29 de agosto 2016    /   CINE/TV
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The Bletchley Circle: Señoras que… resuelven crímenes

29 de agosto 2016    /   CINE/TV     por          
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Durante la Segunda Guerra Mundial, millones de mujeres trabajaron en las fábricas: montaron, probaron y repararon aparatos de todo tipo, ensamblaron aviones de combate y otras máquinas de guerra y de paz. Otras mujeres llevaron negocios y ejercieron oficios reservados a los hombres en tiempos de paz. Tras la guerra fue necesario reincorporar al trabajo a los excombatientes. (Adaptación difícil como refleja la película Los mejores años de nuestra vida, dirigida por William Wyler en 1946). La reincorporación de los hombres a la vida civil se hizo a costa de las mujeres: no hubo integración, no se compartieron espacios. Las mujeres fueron apartadas por completo de los «trabajos de hombres».

Octubre 1942. Mujeres montan un motor de avión para Douglas Aircraft Company, California. Foto por La LIbrería del Congreso de EEUU.
Octubre 1942. Mujeres montan un motor de avión para Douglas Aircraft Company, California. Foto por La LIbrería del Congreso de EEUU.

La sociedad —mujeres incluidas— y los medios (prensa, radio y la incipiente televisión) borraron de la memoria que las mujeres habían demostrado capacidades y conocimientos en «cosas de hombres».

El cine contribuyó al olvido: la mujer buena era la jovencita casadera, después la mamá y esposa. En la realidad y en el cine, las mujeres ya no podían ser electricistas ni mecánicas ni ejercer puestos de responsabilidad. Una mujer, como mucho, podía aspirar a un sobresueldo vendiendo confitura o galletas caseras. Una mujer sólo regentaría un negocio como viuda a falta de un hijo varón con edad para ponerse al frente.

Se pasó con el tiempo de «para esto queremos a un hombre» a «una mujer no está capacitada para este trabajo». Sólo estaba bien visto que una mujer fuera mecanógrafa, maestra, limpiadora, enfermera… estando soltera. De casada era la señora de la casa. Y punto.

La película Un día en Nueva York (On the town), estrenada cuatro años después del fin de la contienda, tiene una escena reveladora. Frank Sinatra es un infante de marina que regresa a casa y se sorprende que una mujer sea taxista.

Un dia en Nueva York

La escena se debe a la guionista Betty Comden. También de 1949 es La costilla de Adam, escrita por Garson Kanin y Ruth Gordon, que homenajea a la mujer trabajadora con dos menciones en un tribunal. Son raros, por infrecuentes, pequeños homenajes a la mujeres que trabajaron «como los hombres».

Si menciones y referencias hubieran sido frecuentes no se estaría aún hablando sobre la necesidad del feminismo. (La prensa española e internacional ha demostrado con sus titulares y artículos machistas durante las olimpiadas de Río 2016 que el feminismo tiene trabajo para largo).

​Otras mujeres no sólo vieron truncadas sus carreras profesionales tras la guerra, además se vieron obligadas a guardar secreto so pena de incurrir en delito de alta traición. Es el caso de las mujeres que con su esfuerzo contribuyeron a que Alan Turing descifrara la máquina Enigma. Turing tenía en el complejo Bletchley Park (Buckinghamshire) el apoyo de un ejército de 8.000 criptógrafos, de las cuales 6.600 eran mujeres.

Ellas transcribían las transmisiones por radio del ejército nazi, estaban atentas a los cambios e intentaban descifrarlos. Un trabajo complejo que no tuvo reconocimiento hasta pasados 30 años de la guerra. Ni siquiera estaban autorizadas a decir que trabajaron en Bletchley Park. De esta manera, se desperdició el talento de 6.600 mujeres obligadas —como delincuentes en protección de testigos— a pasar por «mujeres normales»: madres y esposas, y si eran solteras como camareras, mecanógrafas, bibliotecarias… Este es el contexto de la serie británica The Bletchley Circle, en el que mujeres caídas en el ostracismo resuelven complejos crímenes.

The Bletchley Circle (la serie)

The Bletchley Circle (en Netflix) tiene como creador a Guy Burt y cuenta con el sello de ITV (Downton Abbey, Broadchurch). Comienza ambientada en 1944. Vemos a las protagonistas recogiendo y descifrando códigos. Salta a 1954 y muestra a las protagonistas en las rutinas domésticas y trabajos por debajo de sus talentos y conocimientos.

Mientras que ellas viven estancadas, olvidadas, el Estado se preocupa por los hombres que sirvieron al ejército dentro y fuera del campo de batalla. Es una interesante idea de guion (qué feo sin tilde) que Timothy, el esposo de Sarah, sea un soldado condecorado que escala peldaños en el trabajo.

Mientras, Sarah limpia sobre limpio y cuida a sus hijos. Una mujer realizada tal y como la sociedad aún pinta. («Oh, soy abogada, pero tengo 30 años y no tengo marido» es un argumento de comedia romántica y telerrealidad estadounidense). Por supuesto, el marido ignora el pasado de su esposa durante la guerra. Para él, Sarah tiene la rara habilidad de resolver los crucigramas rápidamente.

Las otras protagonistas viven igualmente entre el tedio y el estancamiento. Millie habla varios idiomas, pero sobrevive como camarera y lleva pantalones, cosa rara entonces. Por otro lado, Lucy tiene memoria eidética, pero plancha y plancha para un marido grotesco y maltratador. Finalmente, Jean pasó de jefa de criptógrafas a bibliotecaria. Son protagonistas propias de un drama doméstico-social. Sin embargo, el inicio (¡ah, la importancia de la primera escena!) revela que The Bletchley Circle es otro género dramático.

Sarah, abrumada por la rutina, sigue la pista a un asesino de mujeres por los periódicos. Este asesino serial actúa siguiendo un patrón. Solo Sarah se ha percatado de ello. Estamos en la ficción, pero no es improbable: la policía no trabajará con el concepto de asesino serial hasta los años 70. Por esto, Scotland Yark no da crédito a Sarah, a la que considera un ama de casa sin cualificar. La policía quiere pruebas, no teorías. Esto obliga a Sarah a reunir a sus antiguas compañeras.

The Bletchley CIrcle - Millie
The Bletchley CIrcle – Millie, la camarera que habla varios idiomas.

Durante las dos temporadas de The Bletchley Circle, el paternalismo condescendiente de los hombres está en gestos y sonrisas, y frases como «no te preocupes por estas cosas». Si la policía acepta hablar con Sarah es porque los inspectores no tienen pistas. Pero ante la incredulidad de las autoridades, ellas no temen mirar a la cara a los asesinos. Así funciona The Bletchley Circle, tanto como delicioso juguete de suspense como homenaje a unas mujeres olvidadas.

El mensaje feminista no se hace evidente: no hay discursos sobre la valía de la mujer. Hay criminales y mujeres que los cazan. Esto es una lección para artistas militantes: caza al público con entretenimiento, no con panfletos. The Bletchley Circle simplemente retrata una época en la que la mujer apenas contaba para poco más que el cuidado de la casa.

Ellas, que son las protagonistas, no necesitan arengas para motivarse las unas a las otras. Ellas saben lo que valen y resuelven las cosas. Y los temas son escabrosos: crímenes, violaciones, trata de blancas… Sin embargo, se elude con acierto la sangre y los desnudos. En The Bletchley Circle la inteligencia femenina es la otra protagonista o, mejor dicho, la inteligencia, sin más. La inteligencia no entiende de sexos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, millones de mujeres trabajaron en las fábricas: montaron, probaron y repararon aparatos de todo tipo, ensamblaron aviones de combate y otras máquinas de guerra y de paz. Otras mujeres llevaron negocios y ejercieron oficios reservados a los hombres en tiempos de paz. Tras la guerra fue necesario reincorporar al trabajo a los excombatientes. (Adaptación difícil como refleja la película Los mejores años de nuestra vida, dirigida por William Wyler en 1946). La reincorporación de los hombres a la vida civil se hizo a costa de las mujeres: no hubo integración, no se compartieron espacios. Las mujeres fueron apartadas por completo de los «trabajos de hombres».

Octubre 1942. Mujeres montan un motor de avión para Douglas Aircraft Company, California. Foto por La LIbrería del Congreso de EEUU.
Octubre 1942. Mujeres montan un motor de avión para Douglas Aircraft Company, California. Foto por La LIbrería del Congreso de EEUU.

La sociedad —mujeres incluidas— y los medios (prensa, radio y la incipiente televisión) borraron de la memoria que las mujeres habían demostrado capacidades y conocimientos en «cosas de hombres».

El cine contribuyó al olvido: la mujer buena era la jovencita casadera, después la mamá y esposa. En la realidad y en el cine, las mujeres ya no podían ser electricistas ni mecánicas ni ejercer puestos de responsabilidad. Una mujer, como mucho, podía aspirar a un sobresueldo vendiendo confitura o galletas caseras. Una mujer sólo regentaría un negocio como viuda a falta de un hijo varón con edad para ponerse al frente.

Se pasó con el tiempo de «para esto queremos a un hombre» a «una mujer no está capacitada para este trabajo». Sólo estaba bien visto que una mujer fuera mecanógrafa, maestra, limpiadora, enfermera… estando soltera. De casada era la señora de la casa. Y punto.

La película Un día en Nueva York (On the town), estrenada cuatro años después del fin de la contienda, tiene una escena reveladora. Frank Sinatra es un infante de marina que regresa a casa y se sorprende que una mujer sea taxista.

Un dia en Nueva York

La escena se debe a la guionista Betty Comden. También de 1949 es La costilla de Adam, escrita por Garson Kanin y Ruth Gordon, que homenajea a la mujer trabajadora con dos menciones en un tribunal. Son raros, por infrecuentes, pequeños homenajes a la mujeres que trabajaron «como los hombres».

Si menciones y referencias hubieran sido frecuentes no se estaría aún hablando sobre la necesidad del feminismo. (La prensa española e internacional ha demostrado con sus titulares y artículos machistas durante las olimpiadas de Río 2016 que el feminismo tiene trabajo para largo).

​Otras mujeres no sólo vieron truncadas sus carreras profesionales tras la guerra, además se vieron obligadas a guardar secreto so pena de incurrir en delito de alta traición. Es el caso de las mujeres que con su esfuerzo contribuyeron a que Alan Turing descifrara la máquina Enigma. Turing tenía en el complejo Bletchley Park (Buckinghamshire) el apoyo de un ejército de 8.000 criptógrafos, de las cuales 6.600 eran mujeres.

Ellas transcribían las transmisiones por radio del ejército nazi, estaban atentas a los cambios e intentaban descifrarlos. Un trabajo complejo que no tuvo reconocimiento hasta pasados 30 años de la guerra. Ni siquiera estaban autorizadas a decir que trabajaron en Bletchley Park. De esta manera, se desperdició el talento de 6.600 mujeres obligadas —como delincuentes en protección de testigos— a pasar por «mujeres normales»: madres y esposas, y si eran solteras como camareras, mecanógrafas, bibliotecarias… Este es el contexto de la serie británica The Bletchley Circle, en el que mujeres caídas en el ostracismo resuelven complejos crímenes.

The Bletchley Circle (la serie)

The Bletchley Circle (en Netflix) tiene como creador a Guy Burt y cuenta con el sello de ITV (Downton Abbey, Broadchurch). Comienza ambientada en 1944. Vemos a las protagonistas recogiendo y descifrando códigos. Salta a 1954 y muestra a las protagonistas en las rutinas domésticas y trabajos por debajo de sus talentos y conocimientos.

Mientras que ellas viven estancadas, olvidadas, el Estado se preocupa por los hombres que sirvieron al ejército dentro y fuera del campo de batalla. Es una interesante idea de guion (qué feo sin tilde) que Timothy, el esposo de Sarah, sea un soldado condecorado que escala peldaños en el trabajo.

Mientras, Sarah limpia sobre limpio y cuida a sus hijos. Una mujer realizada tal y como la sociedad aún pinta. («Oh, soy abogada, pero tengo 30 años y no tengo marido» es un argumento de comedia romántica y telerrealidad estadounidense). Por supuesto, el marido ignora el pasado de su esposa durante la guerra. Para él, Sarah tiene la rara habilidad de resolver los crucigramas rápidamente.

Las otras protagonistas viven igualmente entre el tedio y el estancamiento. Millie habla varios idiomas, pero sobrevive como camarera y lleva pantalones, cosa rara entonces. Por otro lado, Lucy tiene memoria eidética, pero plancha y plancha para un marido grotesco y maltratador. Finalmente, Jean pasó de jefa de criptógrafas a bibliotecaria. Son protagonistas propias de un drama doméstico-social. Sin embargo, el inicio (¡ah, la importancia de la primera escena!) revela que The Bletchley Circle es otro género dramático.

Sarah, abrumada por la rutina, sigue la pista a un asesino de mujeres por los periódicos. Este asesino serial actúa siguiendo un patrón. Solo Sarah se ha percatado de ello. Estamos en la ficción, pero no es improbable: la policía no trabajará con el concepto de asesino serial hasta los años 70. Por esto, Scotland Yark no da crédito a Sarah, a la que considera un ama de casa sin cualificar. La policía quiere pruebas, no teorías. Esto obliga a Sarah a reunir a sus antiguas compañeras.

The Bletchley CIrcle - Millie
The Bletchley CIrcle – Millie, la camarera que habla varios idiomas.

Durante las dos temporadas de The Bletchley Circle, el paternalismo condescendiente de los hombres está en gestos y sonrisas, y frases como «no te preocupes por estas cosas». Si la policía acepta hablar con Sarah es porque los inspectores no tienen pistas. Pero ante la incredulidad de las autoridades, ellas no temen mirar a la cara a los asesinos. Así funciona The Bletchley Circle, tanto como delicioso juguete de suspense como homenaje a unas mujeres olvidadas.

El mensaje feminista no se hace evidente: no hay discursos sobre la valía de la mujer. Hay criminales y mujeres que los cazan. Esto es una lección para artistas militantes: caza al público con entretenimiento, no con panfletos. The Bletchley Circle simplemente retrata una época en la que la mujer apenas contaba para poco más que el cuidado de la casa.

Ellas, que son las protagonistas, no necesitan arengas para motivarse las unas a las otras. Ellas saben lo que valen y resuelven las cosas. Y los temas son escabrosos: crímenes, violaciones, trata de blancas… Sin embargo, se elude con acierto la sangre y los desnudos. En The Bletchley Circle la inteligencia femenina es la otra protagonista o, mejor dicho, la inteligencia, sin más. La inteligencia no entiende de sexos.

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  • Lo mejor del artículo, que lo firma un hombre.
    Y que reconocer las aportaciones de mujeres en el pasado nos ayuda a respetarlas en el presente

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