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27 de junio 2018    /   DIGITAL
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‘The Disconnect’: la revista digital que solo puedes leer si apagas internet

27 de junio 2018    /   DIGITAL     por          
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¿Cuántas cosas has dejado de hacer para llegar hasta aquí? Puede que hayas dejado varios artículos a medias, que no termines este, que entre uno y otro hayas consultado tus redes sociales varias veces o que, ahora mismo, otro enlace, otra pestaña, sin luces de neón pero como si así fuera, esté insinuando: «pínchame». Para combatir esos enlaces irresistibles, Chris Bolin, un ingeniero de software de Denver, ha creado una revista digital que, al abrirla, pide al lector: «Por favor, desconecta internet». No hay otra forma de acceder al contenido de The Disconnect.

En 2013, Bolin estaba escribiendo su tesina de máster y no lograba concentrarse. En busca de las razones de su dispersión, descubrió lo que le estaba impidiendo entregarse a su principal tarea en ese momento: su capacidad para perderse en internet. Desde entonces, tiene por costumbre apagar el wifi y dejar el teléfono móvil en modo avión de vez en cuando. Por amor propio.

Aquel hallazgo le llevó a escribir un ensayo sobre la necesidad de desconectar titulado Offline Only. Aunque está publicado en su web, por coherencia, es imposible leer el texto sin desconectarse.

«¿Quieres ser productivo? Simplemente desconéctate, porque mantener una conexión constante a internet es mantener una conexión constante a las interrupciones, tanto externas como internas», escribió.

Continuó preguntándose por la posibilidad de generar contenidos que, como el propio texto, requieran apagar el wifi: «¿Y si los lectores tuvieran acceso a esa gloriosa concentración que nos hace devorar una novela del tirón, en horas, en un tiempo tan satisfactorio? ¿Y si los creadores pudieran emparejar esto con el poder de los dispositivos modernos? Nuestros teléfonos y portátiles serían plataformas increíbles para el contenido inventivo si pudiéramos aprovechar nuestra atención».

El contenido exclusivamente fuera de línea, según este ingeniero de software, «obligaría a los creadores a pensar de otra manera» porque no habría enlaces que los empujaran a distraerse. «Cuando estás desconectado, solo puedes estar en un lugar: aquí mismo», escribió.

«Aquel ensayo tuvo tanto éxito que me propuse crear una revista que sólo se pudiera leer offline», dice el creador de The Disconnect a Yorokobu. En busca de un medio híbrido, que conjugara lo bueno de lo digital y de lo analógico, Bolin ideó una revista digital que solo se puede leer una vez se ha apagado internet. Quería jugar con la ironía de este oxímoron.

El primer número está centrado en la relación del ser humano con la tecnología. Todos los textos –ensayos, relatos y poemas– abordan las posibilidades constructivas y devastadoras que ofrece internet. Según explica Bolin en uno de los artículos: «Encontrarás un poema sobre el hambre de silencio, un cuento sobre la monetización de la muerte y una exposición sobre el futuro de los dispositivos digitales».

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The Disconnect es gratuita y no contiene publicidad. El primer número fue elaborado íntegramente de manera voluntaria. La financiación, a partir del segundo número, la garantizan las donaciones anónimas, tanto individuales como procedentes de una organización sin ánimo de lucro. «No hemos dicho cuál es, pero el siguiente número está a punto de salir y ahí lo anunciaremos», adelanta Bolin.

¿Y cómo es posible consultar sin conexión un medio al que solo se puede acceder gracias a internet y cuyo contenido no se muestra antes? «¡Es magia! Los magos no explican sus trucos… pero sí, puedo hacer el spoiler: la revista entera es muy muy pequeña, más o menos como una fotografía. Cuando ves la página por primera vez, toda la revista se descarga rápidamente antes de que te desconectes. Luego, cuando ya te has desconectado, se envía una señal al código que le dice que muestre el contenido que se ha descargado previamente», explica Bolin.

Tal como esperaba, ha recibido e-mails de lectores que aseguran que, por primera vez en muchos años, han logrado leer un artículo largo sin interrupciones en su ordenador.

Por su trabajo, que aspira a mantener, no siente aversión a internet, sino más bien al contrario: lo considera uno de los mejores inventos de la humanidad. «Simplemente, creo que necesitamos ser más conscientes de cómo lo usamos: ninguna cosa buena puede ser utilizada de mala manera», añade.

Como él, trabajadores de empresas como Google y Facebook se están desconectando cada vez más sin que eso los convierta en tecnófobos. Lo que han visto quienes trabajan con la tecnología y con internet, según Bolin, es que la distracción imperante en la red no es una tendencia casual, sino que detrás de ella hay un esfuerzo ingente por distraer a los usuarios.

«El software posibilita que las distracciones cada vez sean más poderosas. Si ves un anuncio en una revista impresa, quizá 100 personas están detrás. Pero cuando ves un anuncio en una página web, miles y miles de personas han estado trabajando para que ese anuncio te distraiga», dice.

La tendencia a desconectar entre quienes viven de la red no es una paradoja. Más bien habría que preguntarse qué no hemos entendido de internet, qué secretos conocen los que se adentran en sus profundidades a diario y qué estamos haciendo mal. Quizá así logremos leer artículos de manera ininterrumpida. Y, sí, escribirlos.

¿Cuántas cosas has dejado de hacer para llegar hasta aquí? Puede que hayas dejado varios artículos a medias, que no termines este, que entre uno y otro hayas consultado tus redes sociales varias veces o que, ahora mismo, otro enlace, otra pestaña, sin luces de neón pero como si así fuera, esté insinuando: «pínchame». Para combatir esos enlaces irresistibles, Chris Bolin, un ingeniero de software de Denver, ha creado una revista digital que, al abrirla, pide al lector: «Por favor, desconecta internet». No hay otra forma de acceder al contenido de The Disconnect.

En 2013, Bolin estaba escribiendo su tesina de máster y no lograba concentrarse. En busca de las razones de su dispersión, descubrió lo que le estaba impidiendo entregarse a su principal tarea en ese momento: su capacidad para perderse en internet. Desde entonces, tiene por costumbre apagar el wifi y dejar el teléfono móvil en modo avión de vez en cuando. Por amor propio.

Aquel hallazgo le llevó a escribir un ensayo sobre la necesidad de desconectar titulado Offline Only. Aunque está publicado en su web, por coherencia, es imposible leer el texto sin desconectarse.

«¿Quieres ser productivo? Simplemente desconéctate, porque mantener una conexión constante a internet es mantener una conexión constante a las interrupciones, tanto externas como internas», escribió.

Continuó preguntándose por la posibilidad de generar contenidos que, como el propio texto, requieran apagar el wifi: «¿Y si los lectores tuvieran acceso a esa gloriosa concentración que nos hace devorar una novela del tirón, en horas, en un tiempo tan satisfactorio? ¿Y si los creadores pudieran emparejar esto con el poder de los dispositivos modernos? Nuestros teléfonos y portátiles serían plataformas increíbles para el contenido inventivo si pudiéramos aprovechar nuestra atención».

El contenido exclusivamente fuera de línea, según este ingeniero de software, «obligaría a los creadores a pensar de otra manera» porque no habría enlaces que los empujaran a distraerse. «Cuando estás desconectado, solo puedes estar en un lugar: aquí mismo», escribió.

«Aquel ensayo tuvo tanto éxito que me propuse crear una revista que sólo se pudiera leer offline», dice el creador de The Disconnect a Yorokobu. En busca de un medio híbrido, que conjugara lo bueno de lo digital y de lo analógico, Bolin ideó una revista digital que solo se puede leer una vez se ha apagado internet. Quería jugar con la ironía de este oxímoron.

El primer número está centrado en la relación del ser humano con la tecnología. Todos los textos –ensayos, relatos y poemas– abordan las posibilidades constructivas y devastadoras que ofrece internet. Según explica Bolin en uno de los artículos: «Encontrarás un poema sobre el hambre de silencio, un cuento sobre la monetización de la muerte y una exposición sobre el futuro de los dispositivos digitales».

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The Disconnect es gratuita y no contiene publicidad. El primer número fue elaborado íntegramente de manera voluntaria. La financiación, a partir del segundo número, la garantizan las donaciones anónimas, tanto individuales como procedentes de una organización sin ánimo de lucro. «No hemos dicho cuál es, pero el siguiente número está a punto de salir y ahí lo anunciaremos», adelanta Bolin.

¿Y cómo es posible consultar sin conexión un medio al que solo se puede acceder gracias a internet y cuyo contenido no se muestra antes? «¡Es magia! Los magos no explican sus trucos… pero sí, puedo hacer el spoiler: la revista entera es muy muy pequeña, más o menos como una fotografía. Cuando ves la página por primera vez, toda la revista se descarga rápidamente antes de que te desconectes. Luego, cuando ya te has desconectado, se envía una señal al código que le dice que muestre el contenido que se ha descargado previamente», explica Bolin.

Tal como esperaba, ha recibido e-mails de lectores que aseguran que, por primera vez en muchos años, han logrado leer un artículo largo sin interrupciones en su ordenador.

Por su trabajo, que aspira a mantener, no siente aversión a internet, sino más bien al contrario: lo considera uno de los mejores inventos de la humanidad. «Simplemente, creo que necesitamos ser más conscientes de cómo lo usamos: ninguna cosa buena puede ser utilizada de mala manera», añade.

Como él, trabajadores de empresas como Google y Facebook se están desconectando cada vez más sin que eso los convierta en tecnófobos. Lo que han visto quienes trabajan con la tecnología y con internet, según Bolin, es que la distracción imperante en la red no es una tendencia casual, sino que detrás de ella hay un esfuerzo ingente por distraer a los usuarios.

«El software posibilita que las distracciones cada vez sean más poderosas. Si ves un anuncio en una revista impresa, quizá 100 personas están detrás. Pero cuando ves un anuncio en una página web, miles y miles de personas han estado trabajando para que ese anuncio te distraiga», dice.

La tendencia a desconectar entre quienes viven de la red no es una paradoja. Más bien habría que preguntarse qué no hemos entendido de internet, qué secretos conocen los que se adentran en sus profundidades a diario y qué estamos haciendo mal. Quizá así logremos leer artículos de manera ininterrumpida. Y, sí, escribirlos.

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