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20 de julio 2016    /   CINE/TV
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Estas imágenes muestran de qué color es el pasado

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El pasado no es en blanco y negro. Es en color aunque muchas fotografías y películas no lo muestren. Pero ahora un libro titulado The paper time machine intenta recuperar los tonos reales de las imágenes pretéritas. En esta obra recurren al retoque digital para que antiguas fotografías en blanco y negro adquieran esos colores que la tecnología de la época no pudo captar.

¿De qué color es el pasado? El acervo cultural de la sociedad, basado en grabados, daguerrotipos y fotografías en blanco y negro, ha creado en el imaginario colectivo la idea de que el pasado es gris o sepia.

Aunque sea complicado proyectarse en esas imágenes, el pasado tenía los mismos colores del presente. Las casas podían ser de ladrillo, estar enlucidas con yesos de diferentes colores, con plantas de hojas verdes en los balcones, las fruterías eran toda una sinfonía cromática, en las carnicerías colgaban carnes de todos los tipos de rojo, y el cielo, sin duda, era azul. En resumen, el pasado era igual que el presente. Al menos en lo que a colores se refiere.

Para demostrarlo, Wolfang Wild, responsable de Retronaut, una web cuyo reclamo es ‘El pasado como nunca lo hubieras creído’, ha puesto en marcha The paper time machine, un proyecto editorial en el que recopila y comenta más de un centenar de imágenes históricas restauradas y coloreadas digitalmente imaginando cómo debían haber sido los colores de la estampa original.

El proceso de restauración ha sido obra de Jordan Lloyd, de la compañía Dynamichrome, empresa con amplia experiencia en retocar imágenes y, más concretamente, en añadir color a fotografías en blanco y negro con tal cuidado que resultan realmente creíbles.

Recientemente el MIT consiguió crear un algoritmo capaz de reconstruir una señal de audio partiendo de las vibraciones experimentadas por los objetos presentes en un archivo de vídeo mudo. Por ejemplo, reconstruir las palabras de una persona según la vibración que su voz produjo en las hojas de una planta o en el líquido de un vaso.

Según Abe Davis, investigador del MIT y uno de los responsables del estudio The Visual Microphone: Passive Recovery of Sound from Video, «cuando el sonido choca contra un objeto, lo hace vibrar. El movimiento de esta vibración crea una sutil señal visual, invisible a simple vista». Esa imagen, que sería ya una onda sonora, es la que permite reconstruir el audio.

Por el momento no ha sido posible desarrollar una cosa semejante para los colores. No hay forma de medir la refracción de la luz en los objetos que aparecen en una imagen en blanco y negro y determinar el color que tenían. Hasta que eso suceda, la recreación de imágenes en color partiendo de fuentes monocromas debe hacerse según la imaginación del colorista y las informaciones que existan en la actualidad sobre el lugar o las personas representadas.

Eso es justamente lo que hace The paper time machine. Para determinar, por ejemplo, los colores de la máscara de Tutankamón, recurre a las notas que Howard Carter escribió en su diario y a materiales procedentes del museo de El Cairo, donde se conserva la pieza original. Para determinar el color de una imagen de guerra, consulta los archivos en los que se conservan datos sobre los uniformes, la impedimenta o las armas.

De hecho, algunas de las imágenes de Wolfand Wild y Jordan Lloyd aportan detalles que gran parte de la población desconoce. Por ejemplo, el aspecto de la Torre Eiffel durante su construcción, que distaba mucho de ser como es en la actualidad. No tanto por la arquitectura, sino por el color rojo veneciano con el que había sido pintado el metal.

A pesar de lo atractivo del experimento de Wild y Lloyd, la propuesta tiene sus puntos débiles, entre los que destaca el respeto al derecho moral del autor de la imagen. Una situación semejante a la que se dio cuando las productoras de Hollywood decidieron colorear famosas películas por considerar que el blanco y negro era poco comercial.

Para sacar este proyecto adelante han pedido la ayuda del micromecenazgo y por ahora les funciona bastante bien. Los colaboradores tienen varias opciones. Desde recibir el libro en versión digital por 15 euros, hasta el libro físico y la conversión de una foto personal en blanco y negro a color por una aportación de 1.200 euros. Quien desee pagar 6.000 recibirá, junto a todo lo anterior, un breve documental de 15 minutos con el proceso de restauración y coloreado de su imagen.

El pasado no es en blanco y negro. Es en color aunque muchas fotografías y películas no lo muestren. Pero ahora un libro titulado The paper time machine intenta recuperar los tonos reales de las imágenes pretéritas. En esta obra recurren al retoque digital para que antiguas fotografías en blanco y negro adquieran esos colores que la tecnología de la época no pudo captar.

¿De qué color es el pasado? El acervo cultural de la sociedad, basado en grabados, daguerrotipos y fotografías en blanco y negro, ha creado en el imaginario colectivo la idea de que el pasado es gris o sepia.

Aunque sea complicado proyectarse en esas imágenes, el pasado tenía los mismos colores del presente. Las casas podían ser de ladrillo, estar enlucidas con yesos de diferentes colores, con plantas de hojas verdes en los balcones, las fruterías eran toda una sinfonía cromática, en las carnicerías colgaban carnes de todos los tipos de rojo, y el cielo, sin duda, era azul. En resumen, el pasado era igual que el presente. Al menos en lo que a colores se refiere.

Para demostrarlo, Wolfang Wild, responsable de Retronaut, una web cuyo reclamo es ‘El pasado como nunca lo hubieras creído’, ha puesto en marcha The paper time machine, un proyecto editorial en el que recopila y comenta más de un centenar de imágenes históricas restauradas y coloreadas digitalmente imaginando cómo debían haber sido los colores de la estampa original.

El proceso de restauración ha sido obra de Jordan Lloyd, de la compañía Dynamichrome, empresa con amplia experiencia en retocar imágenes y, más concretamente, en añadir color a fotografías en blanco y negro con tal cuidado que resultan realmente creíbles.

Recientemente el MIT consiguió crear un algoritmo capaz de reconstruir una señal de audio partiendo de las vibraciones experimentadas por los objetos presentes en un archivo de vídeo mudo. Por ejemplo, reconstruir las palabras de una persona según la vibración que su voz produjo en las hojas de una planta o en el líquido de un vaso.

Según Abe Davis, investigador del MIT y uno de los responsables del estudio The Visual Microphone: Passive Recovery of Sound from Video, «cuando el sonido choca contra un objeto, lo hace vibrar. El movimiento de esta vibración crea una sutil señal visual, invisible a simple vista». Esa imagen, que sería ya una onda sonora, es la que permite reconstruir el audio.

Por el momento no ha sido posible desarrollar una cosa semejante para los colores. No hay forma de medir la refracción de la luz en los objetos que aparecen en una imagen en blanco y negro y determinar el color que tenían. Hasta que eso suceda, la recreación de imágenes en color partiendo de fuentes monocromas debe hacerse según la imaginación del colorista y las informaciones que existan en la actualidad sobre el lugar o las personas representadas.

Eso es justamente lo que hace The paper time machine. Para determinar, por ejemplo, los colores de la máscara de Tutankamón, recurre a las notas que Howard Carter escribió en su diario y a materiales procedentes del museo de El Cairo, donde se conserva la pieza original. Para determinar el color de una imagen de guerra, consulta los archivos en los que se conservan datos sobre los uniformes, la impedimenta o las armas.

De hecho, algunas de las imágenes de Wolfand Wild y Jordan Lloyd aportan detalles que gran parte de la población desconoce. Por ejemplo, el aspecto de la Torre Eiffel durante su construcción, que distaba mucho de ser como es en la actualidad. No tanto por la arquitectura, sino por el color rojo veneciano con el que había sido pintado el metal.

A pesar de lo atractivo del experimento de Wild y Lloyd, la propuesta tiene sus puntos débiles, entre los que destaca el respeto al derecho moral del autor de la imagen. Una situación semejante a la que se dio cuando las productoras de Hollywood decidieron colorear famosas películas por considerar que el blanco y negro era poco comercial.

Para sacar este proyecto adelante han pedido la ayuda del micromecenazgo y por ahora les funciona bastante bien. Los colaboradores tienen varias opciones. Desde recibir el libro en versión digital por 15 euros, hasta el libro físico y la conversión de una foto personal en blanco y negro a color por una aportación de 1.200 euros. Quien desee pagar 6.000 recibirá, junto a todo lo anterior, un breve documental de 15 minutos con el proceso de restauración y coloreado de su imagen.

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