20 de octubre 2021    /   ENTRETENIMIENTO
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The Shaggs o cómo hacer del peor álbum de la historia lo mejor que le ha pasado al rock

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Hay padres que te forzaban a apuntarte a judo o a ballet como actividad extraescolar, aunque lo detestases con todas tus fuerzas. Pero terminabas obedeciendo y al menos asistías a un par de clases antes de corroborar que, efectivamente, aquello no era lo tuyo. Algo parecido le sucedió a finales de los 60 a las hermanas Wiggin de la pequeña población rural de Fremont (New Hampshire, Estados Unidos). Con la particularidad de que su padre, Austin Wiggin, tenía una personalidad marcadamente férrea y testaruda, y prácticamente no descansó hasta ver cómo sus hijas formaban su propio grupo de música rock y grababan un álbum.

El resultado fue titulado Philosophy of the World, y si eres capaz de escucharlo más de diez segundos, te preguntarás qué diablos trataban de invocar aquellas canciones.

Sin comerlo ni beberlo, el trío formalizado como The Shaggs pasó a la historia por intentar tocar sin tener apenas nociones musicales. Sin embargo, su influencia musical fue mucho mayor de lo que esta simple anécdota familiar merecería. La razón, por supuesto, es que el mundo está poblado de ilusos románticos —incluyamos el que escribe estas líneas— que idealizaron la actitud positiva y el sin-talento con el que el grupo trataba de ofrecer lo mejor de sí mismas. Fans e integrantes de la industria musical se encargaron de que el espíritu Shaggs llegase casi hasta nuestros días.

FORMARÁS LA BANDA DE TUS SUEÑOS

Como toda historia épica, todo comienza con una profecía. La madre de Austin Wiggin le leyó las palmas de las manos cuando era joven y de ello contrajo tres pronósticos: que se casaría con una mujer rubia, que tendría dos hijas después de que su madre muriera y que ellas formarían un popular grupo de música. Las dos primeras dieron en la diana, así que ¿por qué no acabar lo que bien empieza?

Cuando Dorothy, la mayor de ellas, cumplió 17 años, Austin la sacó del colegio junto a sus hermanas Betty y Helen, las apartó de su círculo de amistades, les compró instrumentos y les hizo practicar con ellos cada día. Las jóvenes no se atrevieron a objetar ante los temperamentales dictámenes del patriarca. El propio Austin eligió el nombre de la banda (en mención al peinado de moda que llevaban, al estilo de un perro shaggy) y les consiguió pequeños bolos locales donde pudiesen lucirse. Según The New Yorker, los vecinos pensaban que la banda «apestaba». Pero nada parecía derrumbar la ilusión familiar. Especialmente la de Austin, quien todavía creía que tenía bajo su techo a las futuras Ronettes.

FILOSOFÍA DEL MUNDO

Unas cuantas funciones los sábados por la noche en el bar de la esquina no parecían suficientes. En 1969 Austin consiguió que sus particulares estrellas del teen rock grabasen un LP, el primero y el único de la banda, que llamarían Philosophy of the World, y cuyo título, de alguna manera probablemente naíf y casual, realizaba un apesadumbrado llamado a la conciencia colectiva en tiempos tan significativos como eran los coetáneos a la Guerra de Vietnam, las distensiones de la Guerra Fría y los asesinatos raciales de figuras públicas como Martin Luther King.

Solo que la banda no parecía tener ningún tipo de conciencia política. Más allá de sus tiempos arrítmicos y atonales o sus composiciones estridentes, las letras, escritas por Dot (Dorothy), guardan en sí cierta tristeza nostálgica y adolescente que busca encajar en el mundo.

Canciones como Who Are Parents? o Why Do I Feel? tratan de encontrar una respuesta a enunciados existencialistas, como por qué hay niños que no obedecen a sus padres (tengamos en cuenta su historial) o por qué la vida es una montaña rusa de emociones. Otras canciones hablan de cuestiones igual o más importantes en la vida preadulta, como aquella vez en la que se perdió su gato Foot Foot (My Pal Foot Foot) o el eterno acompañante que las sigue allá donde vayan (My Companion). No, Flos Mariae, no es el Señor, es la radio.

El mensaje de The Shaggs podría aproximarse a este tipo de agrupaciones musicales cristianas, pero realmente la simpleza de sus letras se asemejaban más a las de una banda infantil. No buscaban el adoctrinamiento, pero tampoco la subversión. Si en algún momento se denominó su estilo como proto-punk, se debía sin duda a su sonido irreverente, alejado de todo ritmo matemático, más accidental que intencionado, antes que a unas estrofas que parecían dirigidas al público de una fiesta de graduación.

MEJORES QUE LOS BEATLES

A la fiesta shaggy se llegaron a presentar personalidades inesperadas, como Kurt Cobain, quien llegó a afirmar que Philosophy of the World constaba entre sus 50 álbumes favoritos. También el músico y compositor Frank Zappa llegó a tocar en la radio algunas covers de sus canciones favoritas del álbum. Y cuando el pianista y compositor Terry Adams, componente de la banda NRBQ y propietario de uno de los LP originales, convenció a su discográfica para reeditarlo a comienzos de los 80, el crítico de rock Lester Bang escribió en The Village Voice una frase lapidaria sobre el redescubrimiento de The Shaggs, que otorgaría a su trabajo la concepción definitiva de objeto de culto: «Son mejores que los Beatles».

¿Era la música de The Shaggs verdaderamente una obra maestra o eran los críticos unos cuantos mitómanos encandilados por un trío de adolescentes inconscientes de lo que hacían?

Mientras que la revista Rolling Stone las consideraba como «cantantes lobotomizadas de la familia Trapp», Bang quiso leer mucho más allá entre los versos de Dot: «Básicamente, todo se reduce a que, a diferencia de los Stones, estas chicas dicen que te amamos, ya seas gordo, flaco, retrasado o incluso Norman Podhoretz. […] No hay diferencias, abrazan todo porque son verdaderas humanistas de un solo mundo con miras a nuestro futuro social, cuya única esperanza es un comunismo redefinido basado en el intercambio de corazón abierto de todo lo que tienes con todos los seres sintientes. […] ¿Cómo suenan? ¡Perfecto! —insistía Bang— ¡No saben tocar lo más mínimo! Pero principalmente tuvieron la actitud correcta, que es todo lo que el rock’n’roll ha sido desde el primer día».

El relanzamiento de Philosophy of the World propició, por una parte, la revalorización del LP original y su búsqueda inagotable por coleccionistas masoquistas dispuestos a pagar una fortuna para quedarse sin oídos, y por otra parte, la publicación en 1982 de otro álbum, Shaggs Own Thing, un recopilatorio de canciones antiguas y otros materiales nuevos que no llegaron a grabarse debido a la muerte de Austin en 1975 y la consecuente disolución de la banda.

En los 90 Philosophy se reeditó en formato CD y las hermanas Wiggin volvieron a tocar como invitadas en el concierto de celebración del 30 aniversario de NRBQ. En honor a las famosas palabras de Lester Bang, en 2001 la discográfica Animal World lanzó un álbum tributo: Better Than The Beatles, A Tribute To The Shaggs, con canciones reinterpretadas por otros artistas indies y experimentales del rock, como Ida o Deerhoof.

Después del fallecimiento de Helen, encargada de la batería, en 2013 Dot decidió que su aportación al mundo de la música debía continuar y a sus 60 años comenzó su carrera en solitario con el lanzamiento de Ready! Get! Go!, con canciones inéditas de The Shaggs y nuevas canciones compuestas con su nueva banda. El álbum mantiene la inocencia de las letras de aquellos años (la canción Banana Bike es toda una declaración de intenciones) e incluso los desafines vocales tan característicos. Los fans se congratulaban de que no hubiese aprendido nada en todo este tiempo.

THE SHAGGS, EL MUSICAL

Todo producto cultural tiene su episodio de reunión, y más aun en los tiempos nostálgicos en los que vivimos. En 2017 la banda Wilco invitó a Dot y a Betty a reunirse en el Solid Sound Festival de Massachusetts, y como era de esperar, no acertaron ni una sola nota. Llegados a este punto ya te estarás preguntando cuándo se realizará el biopic de la banda. Y no te equivocas, pero en esta ocasión, el teatro se adelantó al cine.

El musical titulado, cómo no, Philosophy of the World, se estrenó primero en Los Ángeles, en 2003, y ocho años después llegó al Off Broadway. La obra reproducía la historia de la familia Wiggin a través de canciones totalmente nuevas —compuestas por Joy Gregory y Gunnar Madsen—, que expresan los sentimientos de cada personaje, combinados con algunos extractos del álbum original. En 2019 la obra todavía pudo verse estrenada en Catskill, una ciudad en los alrededores de Nueva York.

Si alguna vez tanta crítica severa afectó sobre el ánimo de las integrantes, apenas lo hicieron públicamente palpable. Una cosa salió bien seguro: supieron subirse a la cresta de la ola cada vez que alguien emprendía la cruzada de rescatar su legado. En la última entrevista que Dot concedió a Rolling Stone, agradecía haber formado parte de «algo que se había hecho más grande de lo que era».

Finalmente, Austin Wiggin parecía tener razón: sus hijas eran unas estrellas que el mundo acabaría reivindicando en momentos de flaqueza. Su música siempre trató de hacer de este un lugar mejor: realmente el gato Foot Foot nunca llegó a aparecer, pero en la letra de su canción encuentra de nuevo el camino a su hogar.

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Hay padres que te forzaban a apuntarte a judo o a ballet como actividad extraescolar, aunque lo detestases con todas tus fuerzas. Pero terminabas obedeciendo y al menos asistías a un par de clases antes de corroborar que, efectivamente, aquello no era lo tuyo. Algo parecido le sucedió a finales de los 60 a las hermanas Wiggin de la pequeña población rural de Fremont (New Hampshire, Estados Unidos). Con la particularidad de que su padre, Austin Wiggin, tenía una personalidad marcadamente férrea y testaruda, y prácticamente no descansó hasta ver cómo sus hijas formaban su propio grupo de música rock y grababan un álbum.

El resultado fue titulado Philosophy of the World, y si eres capaz de escucharlo más de diez segundos, te preguntarás qué diablos trataban de invocar aquellas canciones.

Sin comerlo ni beberlo, el trío formalizado como The Shaggs pasó a la historia por intentar tocar sin tener apenas nociones musicales. Sin embargo, su influencia musical fue mucho mayor de lo que esta simple anécdota familiar merecería. La razón, por supuesto, es que el mundo está poblado de ilusos románticos —incluyamos el que escribe estas líneas— que idealizaron la actitud positiva y el sin-talento con el que el grupo trataba de ofrecer lo mejor de sí mismas. Fans e integrantes de la industria musical se encargaron de que el espíritu Shaggs llegase casi hasta nuestros días.

FORMARÁS LA BANDA DE TUS SUEÑOS

Como toda historia épica, todo comienza con una profecía. La madre de Austin Wiggin le leyó las palmas de las manos cuando era joven y de ello contrajo tres pronósticos: que se casaría con una mujer rubia, que tendría dos hijas después de que su madre muriera y que ellas formarían un popular grupo de música. Las dos primeras dieron en la diana, así que ¿por qué no acabar lo que bien empieza?

Cuando Dorothy, la mayor de ellas, cumplió 17 años, Austin la sacó del colegio junto a sus hermanas Betty y Helen, las apartó de su círculo de amistades, les compró instrumentos y les hizo practicar con ellos cada día. Las jóvenes no se atrevieron a objetar ante los temperamentales dictámenes del patriarca. El propio Austin eligió el nombre de la banda (en mención al peinado de moda que llevaban, al estilo de un perro shaggy) y les consiguió pequeños bolos locales donde pudiesen lucirse. Según The New Yorker, los vecinos pensaban que la banda «apestaba». Pero nada parecía derrumbar la ilusión familiar. Especialmente la de Austin, quien todavía creía que tenía bajo su techo a las futuras Ronettes.

FILOSOFÍA DEL MUNDO

Unas cuantas funciones los sábados por la noche en el bar de la esquina no parecían suficientes. En 1969 Austin consiguió que sus particulares estrellas del teen rock grabasen un LP, el primero y el único de la banda, que llamarían Philosophy of the World, y cuyo título, de alguna manera probablemente naíf y casual, realizaba un apesadumbrado llamado a la conciencia colectiva en tiempos tan significativos como eran los coetáneos a la Guerra de Vietnam, las distensiones de la Guerra Fría y los asesinatos raciales de figuras públicas como Martin Luther King.

Solo que la banda no parecía tener ningún tipo de conciencia política. Más allá de sus tiempos arrítmicos y atonales o sus composiciones estridentes, las letras, escritas por Dot (Dorothy), guardan en sí cierta tristeza nostálgica y adolescente que busca encajar en el mundo.

Canciones como Who Are Parents? o Why Do I Feel? tratan de encontrar una respuesta a enunciados existencialistas, como por qué hay niños que no obedecen a sus padres (tengamos en cuenta su historial) o por qué la vida es una montaña rusa de emociones. Otras canciones hablan de cuestiones igual o más importantes en la vida preadulta, como aquella vez en la que se perdió su gato Foot Foot (My Pal Foot Foot) o el eterno acompañante que las sigue allá donde vayan (My Companion). No, Flos Mariae, no es el Señor, es la radio.

El mensaje de The Shaggs podría aproximarse a este tipo de agrupaciones musicales cristianas, pero realmente la simpleza de sus letras se asemejaban más a las de una banda infantil. No buscaban el adoctrinamiento, pero tampoco la subversión. Si en algún momento se denominó su estilo como proto-punk, se debía sin duda a su sonido irreverente, alejado de todo ritmo matemático, más accidental que intencionado, antes que a unas estrofas que parecían dirigidas al público de una fiesta de graduación.

MEJORES QUE LOS BEATLES

A la fiesta shaggy se llegaron a presentar personalidades inesperadas, como Kurt Cobain, quien llegó a afirmar que Philosophy of the World constaba entre sus 50 álbumes favoritos. También el músico y compositor Frank Zappa llegó a tocar en la radio algunas covers de sus canciones favoritas del álbum. Y cuando el pianista y compositor Terry Adams, componente de la banda NRBQ y propietario de uno de los LP originales, convenció a su discográfica para reeditarlo a comienzos de los 80, el crítico de rock Lester Bang escribió en The Village Voice una frase lapidaria sobre el redescubrimiento de The Shaggs, que otorgaría a su trabajo la concepción definitiva de objeto de culto: «Son mejores que los Beatles».

¿Era la música de The Shaggs verdaderamente una obra maestra o eran los críticos unos cuantos mitómanos encandilados por un trío de adolescentes inconscientes de lo que hacían?

Mientras que la revista Rolling Stone las consideraba como «cantantes lobotomizadas de la familia Trapp», Bang quiso leer mucho más allá entre los versos de Dot: «Básicamente, todo se reduce a que, a diferencia de los Stones, estas chicas dicen que te amamos, ya seas gordo, flaco, retrasado o incluso Norman Podhoretz. […] No hay diferencias, abrazan todo porque son verdaderas humanistas de un solo mundo con miras a nuestro futuro social, cuya única esperanza es un comunismo redefinido basado en el intercambio de corazón abierto de todo lo que tienes con todos los seres sintientes. […] ¿Cómo suenan? ¡Perfecto! —insistía Bang— ¡No saben tocar lo más mínimo! Pero principalmente tuvieron la actitud correcta, que es todo lo que el rock’n’roll ha sido desde el primer día».

El relanzamiento de Philosophy of the World propició, por una parte, la revalorización del LP original y su búsqueda inagotable por coleccionistas masoquistas dispuestos a pagar una fortuna para quedarse sin oídos, y por otra parte, la publicación en 1982 de otro álbum, Shaggs Own Thing, un recopilatorio de canciones antiguas y otros materiales nuevos que no llegaron a grabarse debido a la muerte de Austin en 1975 y la consecuente disolución de la banda.

En los 90 Philosophy se reeditó en formato CD y las hermanas Wiggin volvieron a tocar como invitadas en el concierto de celebración del 30 aniversario de NRBQ. En honor a las famosas palabras de Lester Bang, en 2001 la discográfica Animal World lanzó un álbum tributo: Better Than The Beatles, A Tribute To The Shaggs, con canciones reinterpretadas por otros artistas indies y experimentales del rock, como Ida o Deerhoof.

Después del fallecimiento de Helen, encargada de la batería, en 2013 Dot decidió que su aportación al mundo de la música debía continuar y a sus 60 años comenzó su carrera en solitario con el lanzamiento de Ready! Get! Go!, con canciones inéditas de The Shaggs y nuevas canciones compuestas con su nueva banda. El álbum mantiene la inocencia de las letras de aquellos años (la canción Banana Bike es toda una declaración de intenciones) e incluso los desafines vocales tan característicos. Los fans se congratulaban de que no hubiese aprendido nada en todo este tiempo.

THE SHAGGS, EL MUSICAL

Todo producto cultural tiene su episodio de reunión, y más aun en los tiempos nostálgicos en los que vivimos. En 2017 la banda Wilco invitó a Dot y a Betty a reunirse en el Solid Sound Festival de Massachusetts, y como era de esperar, no acertaron ni una sola nota. Llegados a este punto ya te estarás preguntando cuándo se realizará el biopic de la banda. Y no te equivocas, pero en esta ocasión, el teatro se adelantó al cine.

El musical titulado, cómo no, Philosophy of the World, se estrenó primero en Los Ángeles, en 2003, y ocho años después llegó al Off Broadway. La obra reproducía la historia de la familia Wiggin a través de canciones totalmente nuevas —compuestas por Joy Gregory y Gunnar Madsen—, que expresan los sentimientos de cada personaje, combinados con algunos extractos del álbum original. En 2019 la obra todavía pudo verse estrenada en Catskill, una ciudad en los alrededores de Nueva York.

Si alguna vez tanta crítica severa afectó sobre el ánimo de las integrantes, apenas lo hicieron públicamente palpable. Una cosa salió bien seguro: supieron subirse a la cresta de la ola cada vez que alguien emprendía la cruzada de rescatar su legado. En la última entrevista que Dot concedió a Rolling Stone, agradecía haber formado parte de «algo que se había hecho más grande de lo que era».

Finalmente, Austin Wiggin parecía tener razón: sus hijas eran unas estrellas que el mundo acabaría reivindicando en momentos de flaqueza. Su música siempre trató de hacer de este un lugar mejor: realmente el gato Foot Foot nunca llegó a aparecer, pero en la letra de su canción encuentra de nuevo el camino a su hogar.

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