18 de noviembre 2020    /   CIENCIA
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Una mascarilla de ciencia ficción como le gustaría a Tony Stark

18 de noviembre 2020    /   CIENCIA     por          
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De tela, higiénicas, quirúrgicas, lavables… Mascarillas hay muchas, pero hasta ahora pocas han resuelto dos de los grandes problemas que han surgido con su uso: uno, la dificultad de comunicación que suponen para las personas sordas, ya que no les permiten leer los labios de su interlocutor; y dos, respirar con comodidad sin sensación de ahogo.

Afortunadamente, las mentes creativas siguen dándole vueltas al tema. Y la buena noticia es que un ingeniero rumano, Ciprian Burzo, ha diseñado un prototipo de mascarilla que podría solventar el problema, además de añadir algún plus más. Su proyecto, The Social Mask, ha sido uno de los galardonados en el concurso de ideas Re-imagining face coverings and PPE challenge que organiza el MIT de Massachusetts a través de la plataforma The Pandemic Response CoLab.

The Social Mask

La máscara diseñada por Burzo está hecha con policarbonato y polipropileno, materiales que reducen el riesgo de alergias, ese otro inconveniente derivado del uso prolongado de estos sistemas de protección frente al covid. Parte de su estructura está realizada por impresión 3D y su frontal contiene un dispositivo modular que puede ser quitado o reemplazado cuando se necesite.

Pero la novedad de The Social Mask está en que integra, además, sensores y válvulas de respiración, un sistema de ventilación con filtro, sensores de temperatura y una pantalla en la que se muestra ese resultado. A través de una aplicación, el usuario podrá controlar con su smartphone diversas funciones. «Al recoger los datos de la máscara, el algoritmo realiza un porcentaje de la posible infección con el SARS COV-19. Todos los usuarios aparecerán en el mapa para que una persona no infectada evite el área con posibles infecciones», explica Burzo. Esos avisos llegarán en forma de notificaciones a su móvil localizando a los posibles infectados en tiempo real y dentro de un radio de 300 m.

«Para detectar a las personas asintomáticas, se ha integrado un biosensor en el frente que detectará las partículas, y junto con la placa madre y el adaptador bluetooth, enviará al usuario información en un dispositivo móvil. También en el lateral, el sensor de temperatura enviará en tiempo real la temperatura del usuario», aclara aún más su creador.

Las mascarillas diseñadas por este ingeniero rumano son transparentes, lo que permite a las personas con discapacidad auditiva leer los labios de su interlocutor para poder comunicarse con él sin problemas. Y sus válvulas de aire permiten respirar sin dificultad, por lo que se hacen muy útiles cuando se practica ejercicio.

The Social Mask

Burzo ha ideado un diseño moderno y minimalista para sus máscaras, en varios colores, buscando reducir su tamaño para hacerlas más cómodas. Él las describe como «bonitas, futuristas e inteligentes». Además, al estar compuesta de varios módulos, estos pueden quitarse para facilitar su lavado y eliminar las nanopartículas que puedan infectarnos.

«Las mascarillas serán inicialmente calibradas», afirma Burzo. «Tanto el sensor de temperatura a un lado de la máscara como el biosensor. En caso de fallo de funcionamiento pueden ser reemplazados».

El ingeniero rumano estima que, si encuentra financiación y un laboratorio con su correspondiente equipo para ponerlo en marcha, sus mascarillas podrían salir a la venta en febrero de 2021 con un coste aproximado de 30 dólares. «Yo desarrollaría la app gratuitamente y esta sería gratuita también para los usuarios», concluye.

De tela, higiénicas, quirúrgicas, lavables… Mascarillas hay muchas, pero hasta ahora pocas han resuelto dos de los grandes problemas que han surgido con su uso: uno, la dificultad de comunicación que suponen para las personas sordas, ya que no les permiten leer los labios de su interlocutor; y dos, respirar con comodidad sin sensación de ahogo.

Afortunadamente, las mentes creativas siguen dándole vueltas al tema. Y la buena noticia es que un ingeniero rumano, Ciprian Burzo, ha diseñado un prototipo de mascarilla que podría solventar el problema, además de añadir algún plus más. Su proyecto, The Social Mask, ha sido uno de los galardonados en el concurso de ideas Re-imagining face coverings and PPE challenge que organiza el MIT de Massachusetts a través de la plataforma The Pandemic Response CoLab.

The Social Mask

La máscara diseñada por Burzo está hecha con policarbonato y polipropileno, materiales que reducen el riesgo de alergias, ese otro inconveniente derivado del uso prolongado de estos sistemas de protección frente al covid. Parte de su estructura está realizada por impresión 3D y su frontal contiene un dispositivo modular que puede ser quitado o reemplazado cuando se necesite.

Pero la novedad de The Social Mask está en que integra, además, sensores y válvulas de respiración, un sistema de ventilación con filtro, sensores de temperatura y una pantalla en la que se muestra ese resultado. A través de una aplicación, el usuario podrá controlar con su smartphone diversas funciones. «Al recoger los datos de la máscara, el algoritmo realiza un porcentaje de la posible infección con el SARS COV-19. Todos los usuarios aparecerán en el mapa para que una persona no infectada evite el área con posibles infecciones», explica Burzo. Esos avisos llegarán en forma de notificaciones a su móvil localizando a los posibles infectados en tiempo real y dentro de un radio de 300 m.

«Para detectar a las personas asintomáticas, se ha integrado un biosensor en el frente que detectará las partículas, y junto con la placa madre y el adaptador bluetooth, enviará al usuario información en un dispositivo móvil. También en el lateral, el sensor de temperatura enviará en tiempo real la temperatura del usuario», aclara aún más su creador.

Las mascarillas diseñadas por este ingeniero rumano son transparentes, lo que permite a las personas con discapacidad auditiva leer los labios de su interlocutor para poder comunicarse con él sin problemas. Y sus válvulas de aire permiten respirar sin dificultad, por lo que se hacen muy útiles cuando se practica ejercicio.

The Social Mask

Burzo ha ideado un diseño moderno y minimalista para sus máscaras, en varios colores, buscando reducir su tamaño para hacerlas más cómodas. Él las describe como «bonitas, futuristas e inteligentes». Además, al estar compuesta de varios módulos, estos pueden quitarse para facilitar su lavado y eliminar las nanopartículas que puedan infectarnos.

«Las mascarillas serán inicialmente calibradas», afirma Burzo. «Tanto el sensor de temperatura a un lado de la máscara como el biosensor. En caso de fallo de funcionamiento pueden ser reemplazados».

El ingeniero rumano estima que, si encuentra financiación y un laboratorio con su correspondiente equipo para ponerlo en marcha, sus mascarillas podrían salir a la venta en febrero de 2021 con un coste aproximado de 30 dólares. «Yo desarrollaría la app gratuitamente y esta sería gratuita también para los usuarios», concluye.

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