19 de diciembre 2019    /   CREATIVIDAD
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¿Es posible aprender sororidad?

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La sororidad, tal y como la define la RAE, se trata de una «relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento». Es decir, dejar de ver a las otras féminas como enemigas, siempre expuestas a la crítica (también femenina), para empezar a ser más empáticas entre las propias mujeres.

No se trata de un movimiento que espera grandes gestos, sino de un movimiento para cambiar precisamente las cosas más pequeñas del día a día. Algo que puede parecer banal, pero que no lo es tanto.

El hecho de tratarse de una idea algo abstracta hace que muchas veces resulte difícil aplicarla, lo que lleva a preguntarse: ¿Se puede aprender la sororidad? La respuesta es sí.

Ejemplo de ello es The Sorority Van, unas jornadas entre mujeres en torno a la sororidad con diferentes actividades que ya se ha celebrado en diferentes ciudades españolas como Madrid, Bilbao, Valencia o Mallorca.

APRENDER SORORIDAD

La idea parte de cuatro expertas en psicología y sexología que deciden unir sus diferentes talleres formativos en torno a este nuevo concepto con el fin de crear una experiencia mucho más amplia y rica.

«Nuestro objetivo principal es ayudar a las mujeres a que crezcan personal y profesionalmente. Para ello creamos jornadas de todo un día en las que realizamos talleres prácticos, ponencias y ejercicios a través de los cuales se trabajan muchas materias», expone María Torre, sexóloga y una de las promotoras de la iniciativa.

Las actividades incluyen charlas sobre relaciones sanas, amor y apego; autoestima corporal; cuerpos eróticos o masturbación femenina; además de contar en cada parada con las intervenciones de profesionales femeninas de cada ciudad como artistas, fisioterapeutas, psicólogas, empresarias, madres, escritoras…

The Sorority Van, talleres de sororidad entre mujeres

Realmente no se trata solo de asistir a un taller formativo, sino de compartir experiencias en un ambiente en el que se genera confianza y complicidad. Se trata de llegar a la conclusión de que el trabajo entre mujeres puede sumar mucho más si se hace como equipo y no desde el enfrentamiento.

Por eso, más allá de las féminas que intervienen, la clave está en las que acuden. «En los grupos de mujeres siempre se genera una energía especial. De algún modo, estamos conectadas por un hilo invisible tejido de experiencias, preocupaciones, anhelos, realidades, injusticias y luchas en común», aporta Esperanza Gil, psicóloga y otra de las promotoras.

«Durante la jornada las mujeres se abrazan, se consuelan, se animan, bailan juntas, se miman, se piropean, comparten sus sentimientos y experiencias, se muestran fuertes, se muestran vulnerables, se escuchan», insiste Gil, que agrega que «en unas pocas horas, se logran resultados muy potentes a nivel personal».

UN CONCEPTO EN CRECIMIENTO

Las mujeres que acuden a las jornadas llegan sin tener muy claro qué es eso de la sororidad, explica María Torres. «Es necesario explicarlo continuamente». Pese a que «se habla mucho de ello, ocupa titulares y crece su popularidad en las redes sociales y medios de comunicación, en el fondo no se entiende qué quiere decir».

Desde su perspectiva, más allá de la definición oficial, la sororidad «es un movimiento en el que las mujeres abandonamos nuestras diferencias para apoyarnos en todos los terrenos. A través de él estamos rompiendo mitos que se han atribuido a la amistad entre nosotras».

Sin embargo, no consiste en hacerse amiga de toda mujer que se cruce en el camino por el simple hecho de ser mujer, algo que tampoco tendría sentido. Se trata, más bien, de «aceptar nuestras diferencias a través de la sororidad y superarlas mostrándolos empáticas, acercándonos a otras posiciones y opiniones y estrechando lazos para ver cómo nos podemos ayudar».

En este sentido, las jornadas de The Sorority Van pretenden precisamente eso: juntar a mujeres diferentes para que busquen puntos en común y vean qué pueden aportarse en un momento determinado.

No consiste en caer en el buenrollismo, sino de dejar a un lado esos falsos mitos de que las mujeres deben competir en físico y sexualidad. Hay que concienciarse de eso si se pretende avanzar en el feminismo.

Por esa razón, las mujeres que acuden a estas jornadas aprenden a crear armas contra esos pensamientos para que, «cuando se vean sorprendidas por un pensamiento de ese tipo, sean capaces de pararse a pensar de dónde viene, por qué lo han tenido y cómo pueden trabajarlo para ir, poco a poco, eliminándolos», concluye Torre.

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No se trata de un movimiento que espera grandes gestos, sino de un movimiento para cambiar precisamente las cosas más pequeñas del día a día. Algo que puede parecer banal, pero que no lo es tanto.

El hecho de tratarse de una idea algo abstracta hace que muchas veces resulte difícil aplicarla, lo que lleva a preguntarse: ¿Se puede aprender la sororidad? La respuesta es sí.

Ejemplo de ello es The Sorority Van, unas jornadas entre mujeres en torno a la sororidad con diferentes actividades que ya se ha celebrado en diferentes ciudades españolas como Madrid, Bilbao, Valencia o Mallorca.

APRENDER SORORIDAD

La idea parte de cuatro expertas en psicología y sexología que deciden unir sus diferentes talleres formativos en torno a este nuevo concepto con el fin de crear una experiencia mucho más amplia y rica.

«Nuestro objetivo principal es ayudar a las mujeres a que crezcan personal y profesionalmente. Para ello creamos jornadas de todo un día en las que realizamos talleres prácticos, ponencias y ejercicios a través de los cuales se trabajan muchas materias», expone María Torre, sexóloga y una de las promotoras de la iniciativa.

Las actividades incluyen charlas sobre relaciones sanas, amor y apego; autoestima corporal; cuerpos eróticos o masturbación femenina; además de contar en cada parada con las intervenciones de profesionales femeninas de cada ciudad como artistas, fisioterapeutas, psicólogas, empresarias, madres, escritoras…

The Sorority Van, talleres de sororidad entre mujeres

Realmente no se trata solo de asistir a un taller formativo, sino de compartir experiencias en un ambiente en el que se genera confianza y complicidad. Se trata de llegar a la conclusión de que el trabajo entre mujeres puede sumar mucho más si se hace como equipo y no desde el enfrentamiento.

Por eso, más allá de las féminas que intervienen, la clave está en las que acuden. «En los grupos de mujeres siempre se genera una energía especial. De algún modo, estamos conectadas por un hilo invisible tejido de experiencias, preocupaciones, anhelos, realidades, injusticias y luchas en común», aporta Esperanza Gil, psicóloga y otra de las promotoras.

«Durante la jornada las mujeres se abrazan, se consuelan, se animan, bailan juntas, se miman, se piropean, comparten sus sentimientos y experiencias, se muestran fuertes, se muestran vulnerables, se escuchan», insiste Gil, que agrega que «en unas pocas horas, se logran resultados muy potentes a nivel personal».

UN CONCEPTO EN CRECIMIENTO

Las mujeres que acuden a las jornadas llegan sin tener muy claro qué es eso de la sororidad, explica María Torres. «Es necesario explicarlo continuamente». Pese a que «se habla mucho de ello, ocupa titulares y crece su popularidad en las redes sociales y medios de comunicación, en el fondo no se entiende qué quiere decir».

Desde su perspectiva, más allá de la definición oficial, la sororidad «es un movimiento en el que las mujeres abandonamos nuestras diferencias para apoyarnos en todos los terrenos. A través de él estamos rompiendo mitos que se han atribuido a la amistad entre nosotras».

Sin embargo, no consiste en hacerse amiga de toda mujer que se cruce en el camino por el simple hecho de ser mujer, algo que tampoco tendría sentido. Se trata, más bien, de «aceptar nuestras diferencias a través de la sororidad y superarlas mostrándolos empáticas, acercándonos a otras posiciones y opiniones y estrechando lazos para ver cómo nos podemos ayudar».

En este sentido, las jornadas de The Sorority Van pretenden precisamente eso: juntar a mujeres diferentes para que busquen puntos en común y vean qué pueden aportarse en un momento determinado.

No consiste en caer en el buenrollismo, sino de dejar a un lado esos falsos mitos de que las mujeres deben competir en físico y sexualidad. Hay que concienciarse de eso si se pretende avanzar en el feminismo.

Por esa razón, las mujeres que acuden a estas jornadas aprenden a crear armas contra esos pensamientos para que, «cuando se vean sorprendidas por un pensamiento de ese tipo, sean capaces de pararse a pensar de dónde viene, por qué lo han tenido y cómo pueden trabajarlo para ir, poco a poco, eliminándolos», concluye Torre.

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