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4 de abril 2017    /   CREATIVIDAD
por
fotografia  Katerina Kamprani

Los objetos más frustrantes jamás creados

4 de abril 2017    /   CREATIVIDAD     por        fotografia  Katerina Kamprani
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Los vídeos de objetos mal alineados o de elementos que no cuadran en un entorno ordenado generan en la mayoría de los espectadores diferentes grados de incomodidad, ansiedad o frustración.

No hace falta sufrir un trastorno obsesivo-compulsivo grave para que esas imágenes te molesten un poco, aunque la mayoría de las veces no seas capaz ni siquiera de indicar el motivo de esa molestia.

Nos referimos a vídeos como este, titulado precisamente El vídeo más insatisfactorio del mundo jamás hecho:

Lo curioso es que, pese a que estas imágenes nos incomodan de distintas formas, también ejercen un fuerte magnetismo. No podemos dejar de mirarlas, como en una tortura leve y consentida.

Todas estas emociones, y quizá otras, buscaba la artista Katerina Kamprani cuando comenzó su serie The Uncomfortable, que se puede traducir literalmente como «lo incómodo».

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Las imágenes de The Uncomfortable son limpias y minimalistas. La intención de la autora es que parezca «una sesión fotográfica seria de productos» para que los espectadores centren su atención en los objetos creyendo que son normales «y solo se den cuenta del problema unos instantes después». En eso radica el juego que ella propone: en un primer vistazo a algo reconocible, por ejemplo una regadera; y una posterior detección de algo que no va bien. Este proceso, según ella, es muy rápido: «Cuando el espectador ve un objeto que reconoce, simula su uso en la cabeza e inmediatamente siente confusión».

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Precisamente, gran parte de esa incomodidad radica en imaginarse uno intentando usar ese objeto, pinchar algo con ese tenedor imposible o sentarse en esa silla disparatada. La ansiedad es «muy común» según la artista y, aunque no tiene ejemplos de personas con ansiedad diagnosticada que le hayan dado su opinión sobre la obra, sí que se encuentra con que «algunas personas se ríen y otras se enfadan» cuando la ven en internet. Ella no descarta que este proyecto sea, de alguna manera, una manifestación del hecho de que ella misma tenga un cierto «miedo» a encontrarse en situaciones incómodas.

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El proceso para crear un objeto frustrante

Cuando busca un nuevo objeto, sigue algunas reglas. En primer lugar, selecciona objetos muy conocidos y fáciles de usar y descarta aquellos que son más complicados o usan tecnología. «Después, analizo su función y cada pequeño paso en la interacción del usuario y trato de sabotear discretamente uno de esos pasos», explica. No cesa cuando se le ocurre una primera idea, sino que sigue pensando distintas formas de hacer incómodo ese objeto. «La solución que me sorprende hasta a mí y que me hace partirme de risa es la que pasa el corte».

Hasta ahora, los objetos solo estaban modelados en un programa 3D y presentados de forma realista. Pero Kamprani está preparando ahora su primera exposición en solitario, que tendrá lugar durante la Zagreb Design Week (del 9 al 14 de mayo), y para ella ha fabricado a escala real algunos de sus objetos favoritos.

Si tuviera que quedarse con un objeto, sería la regadera. «Aunque surgió de forma no intencionada, me parece que tiene una personalidad propia y que se mira a sí misma, como una regadera introvertida. ¡O una que se negara a regar las plantas!».

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Incómodos pero no inutilizables

Aunque son incomodísimos, todos los objetos de Katerina Kamprani podrían usarse de una u otra forma. «Creo que ese es el valor principal de mi proyecto y es algo que no planeé, ocurrió de forma intuitiva. Creo que mi objetivo es aproximarme al espectador de un modo amistoso para que realmente quieran usar mis objetos. Pero entonces, en un detalle muy pequeño, hay un problema que quizá con esfuerzo puede ser solventado. Si los objetos fueran totalmente inutilizables dejarían un sentimiento de decepción que no quiero. Prefiero enfocarme en el sentimiento de sorpresa y después dejar una sensación optimista. ¡Aunque haya algo que no esté bien en ellos, siempre hay una solución para que haya un final feliz!».

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Los vídeos de objetos mal alineados o de elementos que no cuadran en un entorno ordenado generan en la mayoría de los espectadores diferentes grados de incomodidad, ansiedad o frustración.

No hace falta sufrir un trastorno obsesivo-compulsivo grave para que esas imágenes te molesten un poco, aunque la mayoría de las veces no seas capaz ni siquiera de indicar el motivo de esa molestia.

Nos referimos a vídeos como este, titulado precisamente El vídeo más insatisfactorio del mundo jamás hecho:

Lo curioso es que, pese a que estas imágenes nos incomodan de distintas formas, también ejercen un fuerte magnetismo. No podemos dejar de mirarlas, como en una tortura leve y consentida.

Todas estas emociones, y quizá otras, buscaba la artista Katerina Kamprani cuando comenzó su serie The Uncomfortable, que se puede traducir literalmente como «lo incómodo».

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Las imágenes de The Uncomfortable son limpias y minimalistas. La intención de la autora es que parezca «una sesión fotográfica seria de productos» para que los espectadores centren su atención en los objetos creyendo que son normales «y solo se den cuenta del problema unos instantes después». En eso radica el juego que ella propone: en un primer vistazo a algo reconocible, por ejemplo una regadera; y una posterior detección de algo que no va bien. Este proceso, según ella, es muy rápido: «Cuando el espectador ve un objeto que reconoce, simula su uso en la cabeza e inmediatamente siente confusión».

the-uncomfortable-13

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Precisamente, gran parte de esa incomodidad radica en imaginarse uno intentando usar ese objeto, pinchar algo con ese tenedor imposible o sentarse en esa silla disparatada. La ansiedad es «muy común» según la artista y, aunque no tiene ejemplos de personas con ansiedad diagnosticada que le hayan dado su opinión sobre la obra, sí que se encuentra con que «algunas personas se ríen y otras se enfadan» cuando la ven en internet. Ella no descarta que este proyecto sea, de alguna manera, una manifestación del hecho de que ella misma tenga un cierto «miedo» a encontrarse en situaciones incómodas.

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El proceso para crear un objeto frustrante

Cuando busca un nuevo objeto, sigue algunas reglas. En primer lugar, selecciona objetos muy conocidos y fáciles de usar y descarta aquellos que son más complicados o usan tecnología. «Después, analizo su función y cada pequeño paso en la interacción del usuario y trato de sabotear discretamente uno de esos pasos», explica. No cesa cuando se le ocurre una primera idea, sino que sigue pensando distintas formas de hacer incómodo ese objeto. «La solución que me sorprende hasta a mí y que me hace partirme de risa es la que pasa el corte».

Hasta ahora, los objetos solo estaban modelados en un programa 3D y presentados de forma realista. Pero Kamprani está preparando ahora su primera exposición en solitario, que tendrá lugar durante la Zagreb Design Week (del 9 al 14 de mayo), y para ella ha fabricado a escala real algunos de sus objetos favoritos.

Si tuviera que quedarse con un objeto, sería la regadera. «Aunque surgió de forma no intencionada, me parece que tiene una personalidad propia y que se mira a sí misma, como una regadera introvertida. ¡O una que se negara a regar las plantas!».

the-uncomfortable-01

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Incómodos pero no inutilizables

Aunque son incomodísimos, todos los objetos de Katerina Kamprani podrían usarse de una u otra forma. «Creo que ese es el valor principal de mi proyecto y es algo que no planeé, ocurrió de forma intuitiva. Creo que mi objetivo es aproximarme al espectador de un modo amistoso para que realmente quieran usar mis objetos. Pero entonces, en un detalle muy pequeño, hay un problema que quizá con esfuerzo puede ser solventado. Si los objetos fueran totalmente inutilizables dejarían un sentimiento de decepción que no quiero. Prefiero enfocarme en el sentimiento de sorpresa y después dejar una sensación optimista. ¡Aunque haya algo que no esté bien en ellos, siempre hay una solución para que haya un final feliz!».

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Opiniones 3
  • No sé si sucede en otra parte del mundo, pero pareciera que el mobiliario público de la Ciudad de México está inspirado en estos objetos…

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