18 de enero 2022    /   CIENCIA
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 Fotos de Nick Mann, extraídas de 'Cómo funcionan las cosas' (Larousse Editorial)

Theodore Gray, el hombre que susurra a los objetos antes de destriparlos

'Cómo funcionan las cosas', escrito por Theodore Gray, traducido por Alicia Almonacid y publicado por Larousse, es un libro que sirve para mostrar y comprender la lógica interna de los objetos fabricados y obra de la mente humana

18 de enero 2022    /   CIENCIA     por          Fotos de Nick Mann, extraídas de 'Cómo funcionan las cosas' (Larousse Editorial)
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A la hora de recoger un premio, los premiados siempre se acuerdan de su familia, amigos, parejas, el cambio climático, la sanidad pública, de los políticos que hacen lo contrario de lo que ellos creen que es lo correcto, etc., pero ¿qué pasa con los coches de alta gama, las habitaciones de hotel con jacuzzi, los restaurantes estrella Michelin, la ropa de entretiempo, las drogas (al margen del tabaco y el alcohol) y con las videoconsolas? ¿No les deben también momentos de felicidad?

Y, sin embargo, ni una sola palabra de agradecimiento. Esos premiados son unos hipócritas, todo lo contrario que el frívolo y pijo jefe de gabinete de la presidenta de los Estados Unidos, interpretado por Jonah Hill, en la película No mires arriba, que en una escena de la misma pronuncia una especie de oración por las cosas: «Hay cosas muy guapas, cosas materiales, como pisazos de la leche, relojes, coches, ropa y más movidas que pueden desaparecer, así que una oración por todo eso. Amén».

Cómo funcionan las cosas de Theodore Gray

Este libro de letras blancas sobre páginas de fondo negro va un poco en esa línea. Aunque las cosas que honra son otras. Theodore Gray, quien se identifica con un martillo, una bicicleta y con el sistema de fontanería y electricidad de una casa, describe su libro Cómo funcionan las cosas como una carta de amor a todo lo mecánico y eléctrico, en agradecimiento por toda la alegría y comodidad que le han brindado a lo largo de su vida.

Es un libro que muestra el inanimado y vivo mundo de los objetos. Objetos con los que el autor jugó y que construyó, desarmó, rompió, y arregló. Todos ellos verbos que le producen una sensación de bienestar.

Theodore Gray es un hombre que uno se le imagina susurrándole a las cosas antes de diseccionarlas. Un tipo que no recuerda ni los nombres ni las caras de los que fueron compañeros suyos durante un año en la Universidad de Gotinga (Alemania), pero nunca olvida el aspecto del gran condensador de potencia del equipo de sonido en llamas de una zona común de la residencia en la que vivió en aquel universitario curso de 1984.

Theodore Gray (Urbana, Illinois, Estados Unidos de América, 1969) es un licenciado en Química que escribe una columna en la revista de ciencia divulgativa y recreativa Popular Science, ha creado aclamadas aplicaciones como The Elements, Solar System y Disney Animated, esta última galardonada con un premio BAFTA, es dueño de Periodictable.com y creador de los carteles de la tabla periódica con fotografías.

Además, es autor de Los elementos. Una exploración visual de todos los átomos que se conocen en el universo; Ciencia loca: Experimentos que se pueden hacer en casa, aunque mejor no intentarlo; Moléculas: Los elementos y la composición de todas las cosas y Cómo funcionan las cosas: la vida interior de las máquinas cotidianas, libros todos ellos publicados por Larousse. Es un tipo al que le encantan las cosas mecánicas desde que le interesó la química.

En este último libro Theodore Gray explora los entresijos mecánicos e históricos de docenas de objetos cotidianos. Y lo hace a través de una narración que combina la sugestión y la curiosidad acompañada de unas quirúrgicas fotografías de Nick Mann para revelarnos el funcionamiento interno de cerraduras, relojes, balanzas, telares, máquinas de coser y secadores de pelo, entre otros muchos objetos.

Estos últimos son los únicos dispositivos eléctricos de mano configurados para que consuman la cantidad máxima de energía que el código eléctrico (National Electrical Code, en España el equivalente es el Reglamento Electrónico para Baja Tensión) permite extraer legalmente de un enchufe de una pared. Si pudiesen consumir más energía, los fabricantes los harían más potentes, se puede leer en este libro de interioridades. Todos los objetos que aparecen en su libro son sistemas mecánicos que Gray considera los fundadores de la industria y la civilización actuales.

Cómo funcionan las cosas, además de interesarle a mi padre, puede ser un libro al que recurran muchas veces diseñadores, fabricantes o aficionados de los objetos mecánicos.

Un libro en el que las fuentes son el entusiasmo y el coleccionismo del autor, los mercados de antigüedades y de falsificaciones rusos y chinos, subastas y la página web de pujas eBay, además de los catálogos de suministros para prisiones. Un libro que bucea en el interior de todo tipo de objetos, menos en el cerebro humano, que es el órgano que los idea y fabrica. Un centro nervioso que usamos a diario y que apenas nos hacemos una idea de cómo es.

Lo mismo nos pasa con el sifón del desagüe, que si no fuera por ese mecanismo en forma de U que hay debajo de la pila, la tubería que conecta con el fregadero siempre estaría obstruida.

Para Theodore Gray conocer los objetos en profundidad es conocernos a nosotros mismos. Gracias a este libro, compuesto por cinco capítulos e historias personales del autor entremedias, el lector toma conciencia de lo que es accionar un interruptor.

El primer capítulo es sobre los objetos, comunes e inusuales, fabricados con carcasas transparentes. Theodore Gray se pregunta a quién le importa el color de un objeto cuando, gracias a la transparencia, se tiene la opción de ver la evolución de condensadores, inductores, resistencias y transformadores, hasta hoy, que son microchips.

Las carcasas transparentes permiten observar cómo encajan las piezas entre sí y cómo funcionan los mecanismos de los teléfonos, televisores, calculadoras, auriculares, ordenadores, relojes, secadores de pelo, etc. Estos objetos de carcasas transparentes se usan en las prisiones para que los presos no escondan tentaciones, cuenta el autor.

Los tres capítulos siguientes los protagonizan las cerraduras, los relojes y las básculas. Cada epígrafe explica cómo funcionan las diferentes versiones de cada uno de ellos, cómo se fabrican y cómo han evolucionado a lo largo del tiempo.

Las cerraduras, que hoy son códigos PIN, son objetos más antiguos que los relojes, los mismos que al principio eran un palo clavado en el suelo y que no funcionaban los días nublados. Las básculas, más antiguas que las cerraduras, pesan desde gramos de sal hasta el planeta Tierra. Determinan el peso y el precio de las cosas (de las personas, solo lo primero); en los laboratorios son precisas y en los mercados, más holgadas.

El último capítulo lleva por título La fabricación de tejidos, un epígrafe en el que el autor cuenta cómo funcionan las máquinas que se usan para recolectar, desmotar, hilar, tejer y coser algodón, así como los importantes cambios que introdujeron estas máquinas en el mundo.

Como curiosas son las lecciones que regala este libro que visibiliza el interior de las máquinas cotidianas: antes de desarmar y hurgar un objeto, hay que desconectarlo y las máquinas que construye uno mismo se pueden arreglar, las que construyen otros, no. La creación como descubrimiento.

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A la hora de recoger un premio, los premiados siempre se acuerdan de su familia, amigos, parejas, el cambio climático, la sanidad pública, de los políticos que hacen lo contrario de lo que ellos creen que es lo correcto, etc., pero ¿qué pasa con los coches de alta gama, las habitaciones de hotel con jacuzzi, los restaurantes estrella Michelin, la ropa de entretiempo, las drogas (al margen del tabaco y el alcohol) y con las videoconsolas? ¿No les deben también momentos de felicidad?

Y, sin embargo, ni una sola palabra de agradecimiento. Esos premiados son unos hipócritas, todo lo contrario que el frívolo y pijo jefe de gabinete de la presidenta de los Estados Unidos, interpretado por Jonah Hill, en la película No mires arriba, que en una escena de la misma pronuncia una especie de oración por las cosas: «Hay cosas muy guapas, cosas materiales, como pisazos de la leche, relojes, coches, ropa y más movidas que pueden desaparecer, así que una oración por todo eso. Amén».

Cómo funcionan las cosas de Theodore Gray

Este libro de letras blancas sobre páginas de fondo negro va un poco en esa línea. Aunque las cosas que honra son otras. Theodore Gray, quien se identifica con un martillo, una bicicleta y con el sistema de fontanería y electricidad de una casa, describe su libro Cómo funcionan las cosas como una carta de amor a todo lo mecánico y eléctrico, en agradecimiento por toda la alegría y comodidad que le han brindado a lo largo de su vida.

Es un libro que muestra el inanimado y vivo mundo de los objetos. Objetos con los que el autor jugó y que construyó, desarmó, rompió, y arregló. Todos ellos verbos que le producen una sensación de bienestar.

Theodore Gray es un hombre que uno se le imagina susurrándole a las cosas antes de diseccionarlas. Un tipo que no recuerda ni los nombres ni las caras de los que fueron compañeros suyos durante un año en la Universidad de Gotinga (Alemania), pero nunca olvida el aspecto del gran condensador de potencia del equipo de sonido en llamas de una zona común de la residencia en la que vivió en aquel universitario curso de 1984.

Theodore Gray (Urbana, Illinois, Estados Unidos de América, 1969) es un licenciado en Química que escribe una columna en la revista de ciencia divulgativa y recreativa Popular Science, ha creado aclamadas aplicaciones como The Elements, Solar System y Disney Animated, esta última galardonada con un premio BAFTA, es dueño de Periodictable.com y creador de los carteles de la tabla periódica con fotografías.

Además, es autor de Los elementos. Una exploración visual de todos los átomos que se conocen en el universo; Ciencia loca: Experimentos que se pueden hacer en casa, aunque mejor no intentarlo; Moléculas: Los elementos y la composición de todas las cosas y Cómo funcionan las cosas: la vida interior de las máquinas cotidianas, libros todos ellos publicados por Larousse. Es un tipo al que le encantan las cosas mecánicas desde que le interesó la química.

En este último libro Theodore Gray explora los entresijos mecánicos e históricos de docenas de objetos cotidianos. Y lo hace a través de una narración que combina la sugestión y la curiosidad acompañada de unas quirúrgicas fotografías de Nick Mann para revelarnos el funcionamiento interno de cerraduras, relojes, balanzas, telares, máquinas de coser y secadores de pelo, entre otros muchos objetos.

Estos últimos son los únicos dispositivos eléctricos de mano configurados para que consuman la cantidad máxima de energía que el código eléctrico (National Electrical Code, en España el equivalente es el Reglamento Electrónico para Baja Tensión) permite extraer legalmente de un enchufe de una pared. Si pudiesen consumir más energía, los fabricantes los harían más potentes, se puede leer en este libro de interioridades. Todos los objetos que aparecen en su libro son sistemas mecánicos que Gray considera los fundadores de la industria y la civilización actuales.

Cómo funcionan las cosas, además de interesarle a mi padre, puede ser un libro al que recurran muchas veces diseñadores, fabricantes o aficionados de los objetos mecánicos.

Un libro en el que las fuentes son el entusiasmo y el coleccionismo del autor, los mercados de antigüedades y de falsificaciones rusos y chinos, subastas y la página web de pujas eBay, además de los catálogos de suministros para prisiones. Un libro que bucea en el interior de todo tipo de objetos, menos en el cerebro humano, que es el órgano que los idea y fabrica. Un centro nervioso que usamos a diario y que apenas nos hacemos una idea de cómo es.

Lo mismo nos pasa con el sifón del desagüe, que si no fuera por ese mecanismo en forma de U que hay debajo de la pila, la tubería que conecta con el fregadero siempre estaría obstruida.

Para Theodore Gray conocer los objetos en profundidad es conocernos a nosotros mismos. Gracias a este libro, compuesto por cinco capítulos e historias personales del autor entremedias, el lector toma conciencia de lo que es accionar un interruptor.

El primer capítulo es sobre los objetos, comunes e inusuales, fabricados con carcasas transparentes. Theodore Gray se pregunta a quién le importa el color de un objeto cuando, gracias a la transparencia, se tiene la opción de ver la evolución de condensadores, inductores, resistencias y transformadores, hasta hoy, que son microchips.

Las carcasas transparentes permiten observar cómo encajan las piezas entre sí y cómo funcionan los mecanismos de los teléfonos, televisores, calculadoras, auriculares, ordenadores, relojes, secadores de pelo, etc. Estos objetos de carcasas transparentes se usan en las prisiones para que los presos no escondan tentaciones, cuenta el autor.

Los tres capítulos siguientes los protagonizan las cerraduras, los relojes y las básculas. Cada epígrafe explica cómo funcionan las diferentes versiones de cada uno de ellos, cómo se fabrican y cómo han evolucionado a lo largo del tiempo.

Las cerraduras, que hoy son códigos PIN, son objetos más antiguos que los relojes, los mismos que al principio eran un palo clavado en el suelo y que no funcionaban los días nublados. Las básculas, más antiguas que las cerraduras, pesan desde gramos de sal hasta el planeta Tierra. Determinan el peso y el precio de las cosas (de las personas, solo lo primero); en los laboratorios son precisas y en los mercados, más holgadas.

El último capítulo lleva por título La fabricación de tejidos, un epígrafe en el que el autor cuenta cómo funcionan las máquinas que se usan para recolectar, desmotar, hilar, tejer y coser algodón, así como los importantes cambios que introdujeron estas máquinas en el mundo.

Como curiosas son las lecciones que regala este libro que visibiliza el interior de las máquinas cotidianas: antes de desarmar y hurgar un objeto, hay que desconectarlo y las máquinas que construye uno mismo se pueden arreglar, las que construyen otros, no. La creación como descubrimiento.

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