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12 de junio 2012    /   BUSINESS
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These shoes are made for believers

12 de junio 2012    /   BUSINESS     por          
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De vez en cuando, la mirada de todo el mundo se centra en un lugar concreto de la Tierra. En ocasiones, es ella misma la que provoca la llamada de atención. En marzo de 2011, lo hizo en Japón. Un año antes, Haití había sido el sitio elegido.

En el primer país provocó el terremoto más potente de los sufridos por Japón en los últimos 140 años, capaz de desencadenar un voraz tsunami. Claro que de la crisis nuclear que generó el fenómeno, el planeta no se responsabiliza… En Haití, habría que remontarse un poco más atrás en el tiempo, 200 años antes en concreto, para poder encontrar un seísmo con una potencia similar a la del que desoló el país en enero de 2010.

Suele pasar que cuando el mundo fija su atención en las consecuencias de desastres naturales como estos, olvida otras realidades que, con independencia de cataclismos, siguen existiendo en otras partes del mundo. Se olvida, por ejemplo, que la tasa de mortalidad infantil en Perú supera el 20% o que su índice de pobreza se sitúa en un 40%. O que en Tanzania, el trabajo infantil afecta a cerca de 4 millones de niños…

Hay quien, sin embargo, tiene siempre muy presente todas estas realidades. Tanto las que surgen de repente fruto de un desastre natural como las que llevan encalladas años en una sociedad y que pasan casi inadvertidas para muchas otras personas.

Son los que El Naturalista denomina believers y de los que dice que son personas que creen en las personas y en la posibilidad de mejorar el mundo a partir de un cambio en su comportamiento y actitud.

La propia marca se considera believer y por eso se ha propuesto cambiar el mundo. Y si no, al menos, mejorarlo en la medida de lo posible mediante proyectos de cooperación al desarrollo y transformación social.

Uno de ellos lo lleva a cabo precisamente en Japón. Allí trabaja en la construcción de un almacén para los pescadores de Migayi, uno de los colectivos más afectados por el tsunami del pasado año.

En Tanzania, El Naturalista colabora en un proyecto coordinado por la ONG Amigos de Tanzania cuyo propósito es el de construir una granja de pollos para el Baobab Children’s House.

Construir una casa en la que acoger a 40 madres y 120 niños sin hogar en Tiabaya, localidad de la provincia peruana de Arequipa, es el objetivo del proyecto en el que la marca colabora con el Hogar de Niños Especiales San José Benito Cottolengo en el país sudamericano.

Y en Haití, la razón del ser del proyecto en el que El Naturalista trabaja junto a la ONG Acoger y Compartir es la construcción de un comedor en la escuela San Luis de Fonfrède.

A todos ellos, El Naturalista quiere que se unan más believers. Y por eso, las cajas de zapatos de su marca incluyen un tarjetón con un código personal que hay que introducir en la sección Donar de la web Webelieveinpeople.org. Una vez insertado, el believer solo tiene que elegir con cuál de los cuatro proyectos desea colaborar.

De vez en cuando, la mirada de todo el mundo se centra en un lugar concreto de la Tierra. En ocasiones, es ella misma la que provoca la llamada de atención. En marzo de 2011, lo hizo en Japón. Un año antes, Haití había sido el sitio elegido.

En el primer país provocó el terremoto más potente de los sufridos por Japón en los últimos 140 años, capaz de desencadenar un voraz tsunami. Claro que de la crisis nuclear que generó el fenómeno, el planeta no se responsabiliza… En Haití, habría que remontarse un poco más atrás en el tiempo, 200 años antes en concreto, para poder encontrar un seísmo con una potencia similar a la del que desoló el país en enero de 2010.

Suele pasar que cuando el mundo fija su atención en las consecuencias de desastres naturales como estos, olvida otras realidades que, con independencia de cataclismos, siguen existiendo en otras partes del mundo. Se olvida, por ejemplo, que la tasa de mortalidad infantil en Perú supera el 20% o que su índice de pobreza se sitúa en un 40%. O que en Tanzania, el trabajo infantil afecta a cerca de 4 millones de niños…

Hay quien, sin embargo, tiene siempre muy presente todas estas realidades. Tanto las que surgen de repente fruto de un desastre natural como las que llevan encalladas años en una sociedad y que pasan casi inadvertidas para muchas otras personas.

Son los que El Naturalista denomina believers y de los que dice que son personas que creen en las personas y en la posibilidad de mejorar el mundo a partir de un cambio en su comportamiento y actitud.

La propia marca se considera believer y por eso se ha propuesto cambiar el mundo. Y si no, al menos, mejorarlo en la medida de lo posible mediante proyectos de cooperación al desarrollo y transformación social.

Uno de ellos lo lleva a cabo precisamente en Japón. Allí trabaja en la construcción de un almacén para los pescadores de Migayi, uno de los colectivos más afectados por el tsunami del pasado año.

En Tanzania, El Naturalista colabora en un proyecto coordinado por la ONG Amigos de Tanzania cuyo propósito es el de construir una granja de pollos para el Baobab Children’s House.

Construir una casa en la que acoger a 40 madres y 120 niños sin hogar en Tiabaya, localidad de la provincia peruana de Arequipa, es el objetivo del proyecto en el que la marca colabora con el Hogar de Niños Especiales San José Benito Cottolengo en el país sudamericano.

Y en Haití, la razón del ser del proyecto en el que El Naturalista trabaja junto a la ONG Acoger y Compartir es la construcción de un comedor en la escuela San Luis de Fonfrède.

A todos ellos, El Naturalista quiere que se unan más believers. Y por eso, las cajas de zapatos de su marca incluyen un tarjetón con un código personal que hay que introducir en la sección Donar de la web Webelieveinpeople.org. Una vez insertado, el believer solo tiene que elegir con cuál de los cuatro proyectos desea colaborar.

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