3 de octubre 2016    /   IDEAS
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Thibaud Herem: el dibujante que intenta reflejar el alma de los edificios

3 de octubre 2016    /   IDEAS     por          
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Los ordenadores arrebataron el alma a los edificios. Ocurrió hace años, cuando la representación de la arquitectura se concentró en las manos de promotores inmobiliarios. Buscando una fidelidad edulcorada, los dibujantes fueron sustituidos por programas de ordenador. Y así, poco a poco, los dibujos de edificios fueron ganando en detalles y perdiendo en personalidad. Se convirtieron en fotocopias.

herem

Thibaud Herem se ha propuesto revertir esta realidad. Lo está haciendo a mano, ladrillo a ladrillo, dibujando una historia que va más allá de la mera representación fiel de una realidad. «Creo que el dibujo de un edificio cuenta otra historia, una que el diseño gráfico no puede relatar», reflexiona este arquitecto de la tinta. «Mi misión no es vender una propiedad, sino rendir homenaje estético a un edificio que amo». Herem quiere reflejar el alma de las moles de ladrillo y cemento, una motivación, considera el ilustrador, que se ha perdido en la actualidad.

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Antes de los edificios estaban los ratones. Fue su libro Know your rodent (una guía ilustrada de roedores) el que permitió a Herem cambiar la tableta por la pluma y abandonar su trabajo como diseñador gráfico. Este francés nunca ha tenido aficiones muy mainstream y lo sabe. Por eso quizá sus dibujos llaman tanto la atención, porque reflejan lo que nadie más quiere dibujar. «Creo que encuentro interés en los temas desconocidos», reflexiona, «me gusta pensar que estoy transmitiendo algo de información al público».

Pero, si alguien ha aprendido en estos años, ese ha sido el propio Herem. Reconoce no tener ninguna formación en el campo de la arquitectura, pero las horas pasadas frente al papel, poniendo un ladrillo de tinta sobre otro, le han dado ciertos conocimientos. Y hablamos de muchas horas: «Un trabajo normal me puede llevar unas 200 y, si hablamos de algo más grande, se me puede ir fácilmente a las 1.000». Por suerte, Herem asegura que esta pintura tan precisa tiene un efecto «terapéutico» en él, y la llega a considerar «una forma de meditación».

herem

Herem no tiene ninguna preferencia entre la arquitectura francesa y la inglesa, dos de sus inspiraciones más recurrentes. Sin embargo, fue su primer viaje a Londres, ciudad donde reside en la actualidad, el que le hizo descubrir una pasión latente. «Vi el potencial interés que podría tener la gente en este estilo y tuve la certeza de que si me lo proponía, nunca dejaría de trabajar en ello». Y en ello sigue.

Tampoco tiene Herem ningún estilo preferido, aunque quizá sea el art déco el que más ha retratado (su segundo libro, London Deco, da buena cuenta de ello). Sin embargo, no se limita a un estilo o a un lugar concreto, sus fuentes de inspiración son tan bastas que Herem se ha atrevido incluso con la arquitectura de ficción.

Su dibujo del Gran Hotel Budapest, edificio recreado para la película de Wes Anderson, ha sido uno de los que más se han extendido por la Red. Pero en este ilustrador no destaca tanto su éxito sino cómo disfrutó en el proceso de creación: más de 600 horas en las que asegura haberse sentido transportado al universo de Anderson.

herem

En los últimos meses Herem ha desarrollado un gusto desmedido por los árboles y las plantas. Algunos los cultiva él mismo («mi último éxito es un pino negro japonés», indica). Otros se han empezado a colar en los márgenes de sus edificios, dando una pincelada orgánica a sus imponentes fachadas. Son la última incorporación de un estilo en constante evolución. ¿Lo próximo? Quién sabe, igual unos grafitis. Herem no lo confirma pero asegura, sin el mínimo ápice de ironía, que pasó muchos años pintando con espray. Es entonces cuando toda su obra cobra una nueva dimensión. El pintor de la arquitectura se formó pintando sobre ella.

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Thibaud Herem se ha propuesto revertir esta realidad. Lo está haciendo a mano, ladrillo a ladrillo, dibujando una historia que va más allá de la mera representación fiel de una realidad. «Creo que el dibujo de un edificio cuenta otra historia, una que el diseño gráfico no puede relatar», reflexiona este arquitecto de la tinta. «Mi misión no es vender una propiedad, sino rendir homenaje estético a un edificio que amo». Herem quiere reflejar el alma de las moles de ladrillo y cemento, una motivación, considera el ilustrador, que se ha perdido en la actualidad.

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Antes de los edificios estaban los ratones. Fue su libro Know your rodent (una guía ilustrada de roedores) el que permitió a Herem cambiar la tableta por la pluma y abandonar su trabajo como diseñador gráfico. Este francés nunca ha tenido aficiones muy mainstream y lo sabe. Por eso quizá sus dibujos llaman tanto la atención, porque reflejan lo que nadie más quiere dibujar. «Creo que encuentro interés en los temas desconocidos», reflexiona, «me gusta pensar que estoy transmitiendo algo de información al público».

Pero, si alguien ha aprendido en estos años, ese ha sido el propio Herem. Reconoce no tener ninguna formación en el campo de la arquitectura, pero las horas pasadas frente al papel, poniendo un ladrillo de tinta sobre otro, le han dado ciertos conocimientos. Y hablamos de muchas horas: «Un trabajo normal me puede llevar unas 200 y, si hablamos de algo más grande, se me puede ir fácilmente a las 1.000». Por suerte, Herem asegura que esta pintura tan precisa tiene un efecto «terapéutico» en él, y la llega a considerar «una forma de meditación».

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Herem no tiene ninguna preferencia entre la arquitectura francesa y la inglesa, dos de sus inspiraciones más recurrentes. Sin embargo, fue su primer viaje a Londres, ciudad donde reside en la actualidad, el que le hizo descubrir una pasión latente. «Vi el potencial interés que podría tener la gente en este estilo y tuve la certeza de que si me lo proponía, nunca dejaría de trabajar en ello». Y en ello sigue.

Tampoco tiene Herem ningún estilo preferido, aunque quizá sea el art déco el que más ha retratado (su segundo libro, London Deco, da buena cuenta de ello). Sin embargo, no se limita a un estilo o a un lugar concreto, sus fuentes de inspiración son tan bastas que Herem se ha atrevido incluso con la arquitectura de ficción.

Su dibujo del Gran Hotel Budapest, edificio recreado para la película de Wes Anderson, ha sido uno de los que más se han extendido por la Red. Pero en este ilustrador no destaca tanto su éxito sino cómo disfrutó en el proceso de creación: más de 600 horas en las que asegura haberse sentido transportado al universo de Anderson.

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En los últimos meses Herem ha desarrollado un gusto desmedido por los árboles y las plantas. Algunos los cultiva él mismo («mi último éxito es un pino negro japonés», indica). Otros se han empezado a colar en los márgenes de sus edificios, dando una pincelada orgánica a sus imponentes fachadas. Son la última incorporación de un estilo en constante evolución. ¿Lo próximo? Quién sabe, igual unos grafitis. Herem no lo confirma pero asegura, sin el mínimo ápice de ironía, que pasó muchos años pintando con espray. Es entonces cuando toda su obra cobra una nueva dimensión. El pintor de la arquitectura se formó pintando sobre ella.

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